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EL CAMINO Y NADA MÁS [Libre]

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Mensaje por Escarlata el Sáb Mayo 09, 2015 2:36 am

Música:

Esa noche no iba a estar despejada, se lo dije varias veces al líder del grupo, pero el hombre solo dijo que cerrara la boca y que siguiéramos un poco más, y al apoyo de los demás solo suspiré. No podía hacer mucho, pero yo conocía esa sensación en el aire y ese aroma que traía consigo... habría una tormenta.

Aun no acababa la tarde cuando el cielo se oscureció casi como por obra de un hechizo, densas nubes de lluvia cubrieron cada espacio en el cielo. Todo el grupo se movilizó hasta llegar a una caverna lo suficientemente amplia para todos. Habíamos pasado el poblado más cercano hacía una hora y ya no había oportunidad de volver. Varios de ellos se apresuraron a cubrir las carretas con las mercancías, otros buscaron proteger a los caballos, a mi me mandaron por leña ni bien até a Windir con los demás corceles.

Eramos no más de diez personas, todas en camino a la siguiente ciudad. Los grupos mercantes eran de lo más variados, ese en especial tenía al líder más tacaño que jamás había conocido. y si me uní a ese era porque comentaban sobre unos asaltos recientes en la ciudad a la que íbamos.

Había pasado más de año y medio viajando en Tarvos y ahora estaba de regreso en mi reino natal, Argos. Seguir pistas sin fundamento era lento, pero mientras me moviera estaba bien, aun había carteles con mi cara... Su cara... Como fuera. Aun había carteles en las estaciones de la guardia, y todos esos ceros de recompensa era algo realmente deprimente. ¿Tan valiosa era la dichosa joya robada? No había podido averiguar nada al respecto de la gema, otra cosa más deprimente aun. Seguía sin saber porqué había pasado todo ese tiempo en la cárcel y porqué ahora no podía volver a casa con mi familia.

Por si fuera poco, la luna no brillaría esa noche sino hasta que parara la lluvia. Mascullé algunas cosas entre labios, pero la poderosa voz del líder de la caravana me hizo respingar.

—¡Muchacho inútil, ve por la leña! —gritó mientras sacaba las cosas para la cena.

—Pero en esa carreta hay maderas...

—¡Ignorante, esa es madera de buena calidad, no leña común! —De la nada estaba frente a mi gritándome y dando golpes con su enorme dedo de salchicha en mi sombrero—. ¡Ahora mueve tu triste esqueleto y gánate la cena! ¡Tienes suerte que te dejara viajar con nosotros! ¡Muévete!

—¡Sí, señor!

Salí corriendo. Los demás trabajadores se echaron a reír y siguieron alistando todo para pasar la noche ahí. El jefe gruñó algunas cosas más que no escuché. Al único que no maltrataba era a su hijo, un robusto y enorme joven que en ese momento organizaba el resto de las labores en el campamento.

El jefe no era un mal tipo, hablaba a ese hijo con amor brusco y con orgullo palpable, era tacaño pero no dejaba que nadie se quedara con hambre luego del viaje, y cuando hablaba de volver con su familia ponía esa brillante sonrisa en su cara.

No, no era un mal tipo.

Para cuando las gotas de lluvia empezaron a caer al suelo ya todos estábamos protegidos, alrededor del fuego y cenando. Todo ese grupo vivía en esa ciudad a la que nos dirigíamos, estaban emocionados por volver y contaban sus planes. Y todos esos planes felices con familias felices me deprimieron. Extrañaba a mi familia. Terminé de cenar y me acomodé en la entrada de la caverna, mi espalda contra el muro de roca y musgo.

Quizá la cortina de nubes no dejaba que su brillo tocara la tierra, pero la luna definitivamente estaba ahí. Aun podía escucharme. Afiné mi instrumento y dejé que mis dedos y boca trataran de alcanzar a la princesa de la noche con mi música.

Déjame alcanzar el brillo en tu sonrisa
Déjame sentir el fresco toque de tu luz


La música arrulló a los cansados mercantes viajeros.

Déjame sentir tu plateada compañía
No me abandones en la tormenta, por favor...


La música siguió saliendo de mi pecho por no sé cuánto tiempo, varias horas al menos hasta que finalmente sentí ese frío brillo contra mis manos. La lluvia se había detenido, era más de medianoche. Y la Luna estaba hermosa, la saludé con la mejor de mis sonrisas y le saludé quitándome el sombrero y reverenciando su presencia. Sí, ella siempre estaba ahí para mi, encontraba respuestas en su luz, en su brillo caprichoso, incluso en su ausencia.

La Luna me dijo lo que debía hacer en ese momento:

Era hora de partir.

Tomé mi alforja y ensillé debidamente a Windir. Él podía estar en ese tipo de terrenos, tenía patas robustas. Los viajeros estarían bien, la fogata estaba apagada, nadie los notaría en esa caverna. Monté a mi fiel compañero y miré una última vez al jefe que no era tan malo, a su robusto hijo y a todos sus alegres ayudantes.

—Deja que regresen a casa con sus familias, cuídalos ésta noche, por favor —le pedí a la luna con una sonrisa.

El guardia de esa noche se había dormido, nadie me vio partir.
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Mensaje por Marceline el Sáb Mayo 09, 2015 5:05 am
En días como este teníamos suerte de tener a Eli con nosotras pues había sido la primera en percatarse de la lluvia que se nos venía encima. Conduje la caravana hasta apartarla del camino y adentrarla en el bosque para guarecerla con los arboles de la fría lluvia, durante todo el tiempo que estuvo lloviendo las cuatro permanecimos dentro de la caravana. Estábamos algo apretadas pues la pequeña casa ambulante estaba creada para dos personas y no para cuatro pero en ocasiones como esta no había más remedio que apiñarse todas juntas. Cuando la lluvia ceso salí de la caravana y me encarame al techo sentándome en la cornisa y dejando caer las piernas por fuerza, me estaba mojando las piernas pero no me importaba.

-Ha...-Suspires.- Si me hubieran dicho lo que nos pasaría al aceptar el trabajo lo abríamos echo igual?- Apoye las manos en la madera mojada del techo y mira a la luna.

Hacía ya un par de días que mi hermana y yo nos habíamos ido de Nondo llevándonos a las hermanas Rosseaurs con nosotras. Lo que en principio era una simple tarea de asesinato se había convertido en una persecución por secuestro.
Sacudí la cabeza quitándome todos esos pensamientos de encima y me puse en pie "Pensar en todo eso ahora no sirve de nada, lo echo echo esta y no se puede cambiar. Espero que la siguiente ciudad sea la definitiva." Di un par de taconazos al techo y desplegué mis alas para echar a volar, aquella señal sonora mi hermana la conocía bien, significaba que estaría un rato fuera disfrutando del viento.

Aunque mi hermana pensara que era una cabeza hueca que solo pensaba en si misma lo cierto era que sabía bien que Eli no lo tuvo que pasar bien en todos aquellos momentos que tuvimos que huir de nuestro hogar por mi culpa. Tenía la esperanza de establecernos en Nondo y pasar tranquilamente allí nuestros días como mercenarias, pero nuevamente la rueda de la fortuna nos desdicho y tuvimos que irnos. "Podremos establecernos algún día o nos perseguirán eternamente?"

Siempre que me pregunta les he dicho que cuando salía de volar por las noches era para dar un paseo por el cielo, seguro las muchachas y mi hermana pensaban que me iba a buscar mujeres pero lo cierto de todo eso es que solo buscaba un momento de soledad donde mi voluntad podía flaquear sin que el resto lo notara y se preocupara.

Llevaba ya un rato volando y estaba pesando en volver a la caravana cuando vi una silueta cabalgar en mitad de la noche. Era extraño ver a alguien de viaje en mitad de la noche y mas estando a solas "Sera un ladronzuelo escapando de la milicia?" deseche rápidamente esa idea pues estábamos lejos del siguiente pueblo y la ciudad quedaba a mis espaldas, me quede suspendida en aire y cuando el jinete hubo pasado de largo decidí seguirlo por mera curiosidad.
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Mensaje por Escarlata el Sáb Mayo 09, 2015 12:03 pm
Decidí no forzar el trote de Windir en el suelo lodoso, tampoco quería que se lastimara una pata, eso sí sería catastrófico. El suave trote me permitió observar la sombra que nos daba la suave luz de la luna. Volví a sacar mi lira, qué mejor manera de pasar la madrugada que cantando para mi otra acompañante.

Enredé la rienda en una de mis muñecas para mantener ese paso, aflojé mis dedos y las cuerdas de la lira comenzaron a cantar a mis órdenes. Windir movió las orejas y relinchó un poco, se ponía contento cuando tocaba mientras andábamos. Sacudió la cabeza y sus pequeños relinchos como de potro eran su modo de decirme qué quería escuchar esa noche.

—¿Hoy quieres escuchar algo improvisado, amigo?

Windir sacudió la cabeza, eso era un no.

—De acuerdo, no he tenido muchas buenas ideas últimamente, lo sé —miré un poco el cielo—. ¿Qué tal un canto épico de guerreros del pasado? —volvió a negar—. ¿Algo de corazones rotos? —otra negativa—. ¿Canciones de piratas? —otro no, era un público exigente—. De acuerdo, de acuerdo, algo de amor, ya entendí. Necesito conseguirte una novia, compañero.

Windir mostró sus enormes dientes como si riera y yo reí con él. Tome aire. Algunas canciones de amor sonaban bien. Suavicé mi garganta con un bien trago de vino que cargaba en la alforja y de inmediato comencé a cantar. Tenía un público ansioso de amor y una luna sobre mi cabeza.

[Canción]:

Llegó la hora de enamorar
El gran momento para soñar
Una batalla contra la timidez
como si fuera la primera vez

Hay que acudir a la tradición
Si tengo alma de trovador
quizás una serenata es lo mejor
tal vez un poema


Estando a solas en la noche y en medio de la nada permitió que toda mi voz saliera a capricho y con más confianza.

Pero no puedo esperar
Ni siquiera un instante más
Porque puedo perder la razón
Si no estás...

Y cantar tu canción antes del amanecer
Puede ser que parezca algo cursi, tal vez
Pero voy a decirte, mujer...

Que te amo, te quiero, me gustas, te adoro
No puedo vivir sin tu amor...


Windir relinchó de alegría y dio un par de pequeños saltos que casi me quitan el balance. Reí y acaricié sus orejas para que se calmara. Creo que algo menos romántico, pero si te toco algo de corazones rotos no querrás andar, eres un sensible, amigo. Quizá algo más... tranquilo, sí.

Aflojé mis dedos y no canté, pero mi lira lo hizo por mi tocando notas de ninguna canción en específico. Eso alegró a mi compañero y aceleró un poco más el paso. Llegaríamos a la ciudad al amanecer, eso era seguro. Pediría un cuarto, comida caliente con más sal y especias de las que el jefe mercante nos había permitido probar, una ducha y podría estar sin el pecho apretado con los vendajes.

No que tuviera verdaderas montañas de deseo en el pecho, o curvas hechas de suspiros, pero eran ligeramente notorias sin la venda y no podía arriesgarme. No había podido asearme debidamente mientras viajé con los mercantes, al menos no con la calma que me gustaba. La posada sonaba cada vez a una mejor idea.

Me ajusté la máscara en el rostro y dejé que mi sombrero colgara en mi espalda.

—¿Ésta vez me darás suerte, Luna? —miré a la Majestad sonriente y brillante en el cielo—. ¿Me dejarás encontrarla al fin y ver su cara? ¿O me volverá a robar otro chico gato como en el pueblo anterior?

El solo recordarlo me hizo perder la sonrisa pero no el ritmo de mis notas.

—¿O tendré que volver a ser regañado de esa manera tan rara por un grupo de usaguis por molestarlos sin querer? —reí, eso había sido tan patético de mi parte, debía admitirlo—. ¿O me volverán a correr de un burdel clandestino porque no parecía que pudiera pagar a ninguna? —ante eso incluso Windir se burló—. ¡Hey! ¡Pensé que era un comedor, no un burdel! Me dijeron "niñato" y que no podía pagar a nadie de ahí y ese tipo me dio una patada tan fuerte que me dolió el costado por días —suspiré y miré a la luna—. ¿Alguna vez se acabará o seguiré buscándola?

Mi suerte no había mejorado en esos años, mientras no empeorara estaba bien, mientras no me topara con algo de lo que ni mi suerte pudiera salvarme no me quejaría... mucho. Suspiré hondo y de pronto Windir movió las orejas como si percibiera algo que yo no, se puso inquieto y trató de acelerar su paso.

—¿Sientes algo, amigo? —puse atención a los alrededores mientras sujetaba la rienda con firmeza.
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Mensaje por Marceline el Sáb Mayo 09, 2015 2:42 pm
Para sorpresa de mis oídos resulto que no era un ladrón escurriéndose en la noche si no una bardo con una voz dulce y melódica que me dejo encandilada, sin darme cuenta descendí mas de lo que hubiera querido y me deje mecer tranquilamente por las ráfagas de viento.

La muchacha dejo caer su sombrero y descubrí que tenía el cabello rubio, por desgracia el bardo termino de cantar pero prosiguió el camino llenado el lugar con las notas de la lira. Con cierta pena en el cuerpo por dejar de escuchar a la mujer decidí remontar el vuelo para no ser descubierta, sin embargo no sirvió de mucho pues el caballo de la joven noto mi presencia y empezó a inquietarse. "Valla... parece que se acabo la serenata" Había sido descuidada, el viento soplaba por mi espalda y con la baja altura seguro que el caballo había notado mi presencia. Tenía dos opciones: Tomar más altura y volver a la caravana o descender e intentar entablar una conversación, y quien sabe, si la chica era mona igual podría terminar la noche retozando por la hierba.

Con la posibilidad de engrosar mi lista de amantes en la cabeza la decisión estaba tomada. Descendí paulatinamente formando una espiral dejando que poco a poco la velocidad de vuelo bajara, produciendo que mi sombra inevitablemente se fuera haciendo más grande sobre la cabeza del caballo y la rubia. Estaba tentada en dejarme caer sobre la grupa del caballo pero no quería que se encabritara y me tirara al suelo, opte por una opción más sensata y me quede planeado encima de ellos. "Me apuesto lo que sea a que si se pone de pie sobre los estribos me puede tocar"

-Buenas noches señorita.- Salude a la desconocida agachando la cabeza y ofreciéndole mi mejor sonrisa.
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Mensaje por Escarlata el Sáb Mayo 09, 2015 3:04 pm
Primero esa sombra tapando la luz de la luna y las estrellas. Largas alas dibujadas en el suelo me hicieron tragar saliva. Ya sabía lo que era. Cuando escuché la voz saludándome pegué un respingo que asustó a Windir también y salió a todo galope... El problema fue que yo me quedé de espaldas en el piso.

—¡Vuelve acá, caballo cobarde...! —me quedé dolorida en el piso mientras miraba esa figura que irrumpía en el cuadro celestial. Windir ya volvería después, era lo de costumbre. Puse bien atención al ser sobre mi.

Una chica dragón, una dragonante... Solo a mi me pasaban éstas cosas. Era bastante impresionante y, ¿Porqué no decirlo? Muy, muy hermosamente intimidante, incluso más que otros que llegué a toparme anteriormente. Estaba sonriéndome, era una sonrisa linda, sí. Revisé mis alrededores. La alforja quedó atada en la silla de Windir, mi lira estaba bien, se me había clavado una piedra en la espalda y fuera del ridículo que acababa de hacer todo lo demás estaba en orden.

—Buenas... ¿Noches? —solté un nada discreto suspiro, no solo estaba ahí, también adivinó que era una chica. Si los del templo enviaran perseguidores de otras razas, como ella, ya me habrían atrapado desde antes. O no eran los sujetos más listos del planeta, o quizá fue otra cosa...

Más en ridículo no puedo quedar en ese momento, así que podía preguntar, ¿verdad?

—¿Cómo supiste que soy una chica? ¿La ropa no me funciona? —le miré como si tuviese el corazón herido, la verdad lo tenía, no podía permitirme esos descuidos. Mi espalda seguía dolorida como para ponerme de pie en ese momento.

En ese momento la sonrisa de la Luna parecía burlona.

Sabía de la fama de su raza, los que había conocido anteriormente solo los había admirado a una respetable y sana distancia, nada que me pusiese en peligro. Ahora tenía a una a menos de dos metros y me sonreía, solo sonreía. Sus cuernos se veían muy amenazadores, su cola larga prometía unos buenos poderosos golpes... Sus ojos verdes brillaban con ese fulgor que no era humano, eran amables en ese momento, pero no quería imaginármela molesta o furiosa o... o usando sus garras y fuerzas en mi pobre y enclenque ser. Iba a ser la cena de una dragonante.

Sí, ya me estaba haciendo mi propio funeral en mi mente.

Solo me sonreía. Aun no amanecía y ya habían adivinado mi secreto, no tenía a mi caballo y una dragonante me sonreía en una hermosa noche después de una tormenta. ¿Ahora qué seguía?
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Mensaje por Marceline el Sáb Mayo 09, 2015 5:28 pm
Contuve con todas mis fuerzas las ganas de reír al ver caer a la chica y escuchar el reclamo que le hacía al caballo, por suerte mantuve la sonrisa en mi cara gracias a que una parte de mi se sentía mal por la huida del caballo y pude contrarrestar un sentimiento con otro.

La cantante estaba realmente sorprendida por mi presencia e incluso diría que asustada, aunque eso no era raro ¿Quien sería capaz de quedarse delante de una figura creada para intimidar sin inmutarse? y sin embargo aunque su cuerpo estaba paralizado por el miedo y la contestación a mi saludo fue dubitativa no corrió ni grito ni intento atacar, simplemente me pregunto como la descubrí.
Aunque lo intente no pude evitarlo, clara sencilla y corta, así fue la risa que se me escapo. Aquellas dos preguntas me habían dejado desconcertada ya que era lo último que habría esperado oír.

-Tu ropa...- Me forcé a mi misma para salir del asombro de sus preguntas y me centre en responderla. La mire fijamente a los ojos y le di un barrido genérico evaluado su vestimenta.- Desde luego la ropa holgada y el antifaz hacen su función.

Batí las alas lentamente hasta aterrizar en el suelo a pocos pasos de la rubia, las membranas se replegaron y los músculos se aflojaron dejando que las dos extremidades disminuyeran su longitud a la mitad.

-Lo que te delata es tu voz.- Le dije acercándome y tendiéndole la mano.- Cualquiera con dos dedos de frente sabe que ese canto es de mujer y si no te han descubierto nunca será porque cantas para los sordos porque sino no me lo explico.- Y de nuevo volvió a salir en mi rostro aquella sonrisa que se debatía entre la amabilidad y la culpa.- Te encuentras bien? Siento haber provocado que tu caballo te tirara al suelo, si quieres puedo traerlo de vuelta.
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Mensaje por Escarlata el Sáb Mayo 09, 2015 6:53 pm
No me comió. No me comió ni me gruñó ni me mostró esos gestos de molestia como había visto de lejos en otros dragonantes, estaba de suerte. Acepté de buena gana su ayuda. Esa fuerte mano fue suficiente para ponerme de pie. La solté casi de inmediato para sobarme donde fuera posible y acomodarme el sombrero. No quería, pero me quejé visiblemente ante ella.

Ya a esas alturas no podía quedar más en ridículo.

—Windir volverá pronto, no te preocupes. No es la primera vez que ese malagradecido me deja a mi suerte —los sonidos de unos cascos a lo lejos me hicieron sonreír, señalé entre unos árboles que estaban a unos quince metros de donde estábamos—. ¿Ves? Se acercará más cuando se sienta en confianza.

Me sacudí la ropa y de frente era aun más impresionante. Era más grande, visiblemente más fuerte y aun más imponente. Al menos con ella sabía que no iba a robarme como esos gatos traviesos de ciudad. Claro, eso no quitaba el gesto nervioso de mi rostro.

Cuando me dijo lo de cantar con voz femenina lo entendí, ese fue el error, el disfraz funcionaba.

—Estando a solas puedo cantar como quiera, pero —tomé mi lira—, en público canto así...

Aclaré mi garganta, toqué algunas notas y mi voz salió un poco más grave a comparación de antes. Canté la misma canción pero con ese nuevo tono de voz. Podía adoptar una posición corporal adecuada, mis hermanos mayores habían sido grandes maestros en ello.

Por cierto, que incluso me enseñaron a eructar "como un campeón". Esos asquerosos me enseñaron muchas cosas... cómo los extraño.

Un par de estrofas después detuve mi música, me quité sl sombrero y me incliné respetuosamente ante ella.

—Aramis Svart a su servicio, madame.

Claro que debía ser respetuosa con un ser más alto que yo, con un cuerpo hecho para matar seres debiluchos como yo, y con un caballo que me abandonaba a la mínima señal de peligro.

Al menos te tengo a ti, mi hermosa Luna sonriente.

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Mensaje por Marceline el Dom Mayo 10, 2015 5:44 am
Los golpes que una se daba al caer del caballo eran bastante molestos y la muchacha no tardo en mostrarlo mientras se frotaba la golpeada espalda. Tal y como dijo la rubia el caballo comenzó ha acercarse con paso dubitativo y pausado hasta llegar a su dueña la cual saco una lira de las alforjas.

Me acerque lentamente hacia el animal con la cabeza agachada mostrando lo que los animales entendían como uno de los puntos débiles del cuerpo. Podría haber intentado dominar al cuadrúpedo pero no era mi montura y a de mas el corcel era asustadizo, así que preferí adoptar una presentación mas sumisa que demostrara mi confianza en el animal. Mientras la muchacha cantaba Windir agacho la cabeza y olisqueo mi cuello durante unos segundos, el animal ya parecía estar tranquilo así que levante la cabeza retrocediendo un par de pasos para que mi cornamenta no le arrancara la mandíbula. En las pupilas del animal ya no se veía aquel blanco característico que indicaba el miedo en los caballos, sonreí levemente mientras posaba la mano en el morro de Windir y cuando su dueña dejo de cantar me gire a mirarla.

"Menuda pareja más extraña... un caballo que no obedece a su amo y una mujer que se hace pasar por hombre incluso en su canto, que aunque sigue siendo agudo se ha vuelto lo suficiente grueso y grave como para hacer dudar a los expertos y engañar a los menos entendidos."

Su presentación me dejo asombrada de nuevo, normalmente era yo la que usaba ese tipo de frases como presentación y engatusamiento para las mujeres, ¿Sera Aramis una conquistadora como yo? ¿O será que es una de sus muchas frases dentro de su argot masculino? Poco me importaba la respuesta pues con su presentación finalizada me dio pie para poder jugar con ella.

-Así que estas a mi servicio... interesante.- Mis labios hablaban con malicia y sonreían lobunos enseñando los dientes y las esmeraldas de mis cuencas relucían seductoras y lujuriosas.- Se me ocurren un par de cosas que podríamos hacer las dos juntas.- Me hacerque a la rubia agachando la mano hasta encontrar su mentón y levante su cara lentamente dejando que nuestros ojos se encontraron.- Puedes llamarme Marceline.
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Mensaje por Escarlata el Dom Mayo 10, 2015 10:23 am
Noté cuando la chica dragonante tranquilizó al caballo y eso me tranquilizó a mi. Ésta vez no tendría que esperar por un largo rato como la última vez que me dejó abandonada. Ese pequeño ingrato, cómo lo adoraba, siempre tenía la cortesía de volver a ver si al menos seguía viva luego de cada ocasión. La vez anterior me despertó relinchando en mi oreja.

Pero la calma fue breve, luego de presentarme con ella la vi en claro son de coqueteo y eso le dio una visión aun más fuerte, más intensa... más dominante y con esa belleza sobrenatural que tienen las criaturas como ella. Esas cosas siempre me sobrepasaban, y esos gestos siempre me intimidaban de sobremanera. Considerando que esos gestos ahora venían de ese poderoso ser ante mi... y su dedo en mi mentón con ese tacto que nunca había sentido...

Todas esas veces, contadas veces, que mi voz atrajo a más de una doncella interesada en algo más que una serenata siempre terminaba mal. Claro, creyendo que era varón y con tanta seguridad en la voz al cantar engañaba a todo mundo, pero apenas abría la boca echaba todo a perder, solo podía balbucear, tragar saliva, decir un sí y luego un no y ponerme nerviosa cuando sus manos trataban de ir más allá. Esa tela enrollada bajo mis pantalones solo era parte del disfraz, claro que no iba a lograr más cosas.

Mi pobre ser no estaba hecho para esas cosas, y mi cuerpo reaccionó de la mejor manera posible.

—Madame Marceline —balbuceé de maneras increíbles y caí de rodillas ante ella, sentía mis brazos temblorosos como gelatina recién hecha. El calor se me subió a la cara, mi lengua tardó en obedecer, no podía ni verla a la cara—. No tengo nada qué ofrecerte con éste cuerpo, solo mi voz y mis melodías si la deseas...

No me desmayé, eso era un gran avance en mi vergonzoso historial.

Windir comenzó a reírse a su manera mostrando sus enormes dientes y para terminar de ponerme en ridículo me quitó el sombrero para mordisquearlo a gusto.

—¡Tú no me ayudes, torpe!

Mi caballo tenía un mejor historial amoroso que yo, más de una vez se me había escapado para visitar yeguas en establos de las ciudades y pueblos de paso... más de una vez tuvimos que escapar de dueños enojados. Si las yeguas supieran que era más cobarde que un ratón y más descarado que un pirata ebrio...

Pero no podía darle entender eso a las yeguas, tampoco podía quedar en más ridículo... Una dragonante y su interés en un buen rato conmigo me intimidó más que aliviarme. Primera vez que otro ser se me acercaba así y no podía comportarme. ¿Pero qué te pueden enseñar las ovejas y las cabras de amor?

¿Qué podía aprender de seres nobles pero inocentes como ellos? Ellos no sabían de amor, eran seres creados para ser protegidos. ¿Qué podía aprender de amor de hermanos mayores tan tímidos a las mujeres como yo? Mis enormes y cerdos hermanos se comportaban como ratones asustados también ante las chicas del pueblo. Ninguno estaba casado aun por esa razón.

La sangre paterna no era nuestra aliada, mi madre tardó años en poder conquistar a mi padre por lo tímido que era.

Una dragonante pretendía algo con mi persona y no era capaz ni de mantener la dignidad. Y mi torpe caballo no era de ayuda, y él sí sabía de esas cosas.

Miré a la luna... ¿A ti también te divierte todo esto, verdad, reina de la noche?
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Mensaje por Marceline el Dom Mayo 10, 2015 4:14 pm
Y de nuevo aquella palabra, empezaba a pensar que utilizaba ese término como medida de respeto o miedo o quizá pensaba que si me peloteaba la dejaría tranquila y estaría a salvo... quien sabe; fuera como fuese estaba claro que aquella chica estaba bajo mi merced, incluso un viejo tuerto se daría cuenta de todas las señales que el cuerpo de la bardo lanzaba. Si quisiera podría forzarla y llevármela tras un árbol pero ese no era mi estilo, desde que tengo uso de razón jamás forcé a nadie a yacer conmigo y hoy no sería diferente.

-Si regentara un burdel te aceptaría el titulo pero yo solo soy dueña de dos percherones y de una vieja caravana de circo.- Quería que la muchacha se calmara pero con esas frases que me decía no hacía sino provocarme para que continuara metiéndome con ella y así poderle sacar un tono más de color a su vergüenza.- Pues yo creo que si tienes mucho para ofrecerme, pero se encajar las negativas. No todo el mundo es capaz de encontrar el atractivo en razas que no sean la suya.

"Espero que hacer pública mi rendición por esta noche relaje a la rubia, A ver si por lo menos se puede poner en pie." Desde luego en esta vida nunca sabes lo que va pasar, yo que esperaba que la cantante me dijera algo y va y resulta que hasta su caballo se burla de ella. "Pobrecilla, ni su montura la respeta."

-Windir eso no está bien.- Me acerque al caballo regañándolo.- No puedes hacerle esas cosas a la mano que te da de comer, anda se bueno y devuelve el sombrero.- El animal parecía reticente a dejar de mascar el sombrero, pero no podía quedar mal delante de la joven. Deje de estar enfrente de él y me coloque a uno de sus lados para alcanzar su oreja.- Si le devuelves el sombrero te traeré una manzana bien jugosa...- El caballo me miro y seguía sin querer ceder "Este maldito es más inteligente de lo que parece"- Esta bien... te daré 6 manzanas y 6 zanahorias, ni una mas ni una menos.

Deje de susurrar al caballo con la esperanza de que me hiciera caso y le palmee el cuello antes de volver junto a la rubia. "Mira que abre hecho cosas por conquistar a una mujer pero hacer tratos con caballos es de locos... necesito vacaciones."
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Mensaje por Escarlata el Dom Mayo 10, 2015 5:04 pm
Habían pasado más de cinco minutos desde que me encontré con ella y seguía entera, esa era una buena señal. La sonrisa de la Señora Luna me relajó y me hizo sonreír por lo bajo. Dejar de sentir pavor era una buena idea... digo, de peores había salido, y estar con una dragonante en medio de la nada, a mitad de la madrugada donde nadie pudiese escuchar mis gritos de auxilio... pero no era peor que otras veces.

Escuché lo que dijo acerca de los burdeles... y lo de encontrar belleza en otras razas. ¿Pues qué quise dar a entender? Mejor usar palabras mas generales, los modos de mi pueblo no eran los adecuados. Me rasqué la cabeza esperando encontrar el modo adecuado de disculparme por la confusión y poder salir de esa sin que una dragonante me comiera... en qué sentido era lo de menos.

Noté a la chica dragón regañar a ese torpe de Windir y decirle cosas en la oreja. Tomé un largo respiro para relajarme.

De pronto el sombrero lleno de baba de caballo cayó en mi cabeza, Windir miraba a la dragonante de manera exigente, conocía ese modo en que meneaba la cabeza y hacía ruidos como los de un potro persiguiendo a su madre. Quería algo de ella y ponía su largo hocico en sus manos como buscando algo.

—Muchas gracias, ma---señorita Marceline... —tragué saliva. Maldita sea, ¿acaso no podía hablar de frente con una señorita como una persona normal y sin que mi rostro ardiera?

Quizá si me volvía el chico bardo de nuevo podría articular mejor mis palabras, al menos así podría meterme en papel.

—No es que niegue de la belleza de los tuyos, señorita —pude decirlo sin tartamudear demasiado, aun sentía arder hasta mis orejas—, tu raza siempre es de admirarse y respetarse por igual. Tú en especial eres más llamativa que otros que he visto, admito que soy admiradora de tu presencia.

Bajé la cabeza como cuando solía hablarle a la señora Wingates. Aunque la señora Wingates siempre me trató muy bien y siempre me daba cariños en la cabeza... y ella no era dueña de un burdel... hasta donde sabía.

—No creo ser de más ayuda con mi cuerpo, pero lo que sí puedo ofrecerte es mi voz y mi música, si me lo permites. Me has demostrado que siempre vendrá la buena fortuna cuando menos la espero, y la fortuna fue conocer a alguien como tú.

Hice una educada reverencia, así debía ser ante extraños y recién conocidos, así me habían enseñado. Claro, lo que casi siempre lograba era que todos se rieran de mis modos, o que no los entendieran, pero no necesitaba que nadie más me entendiera.

Solo necesitaba una cosa.

Quizá ella sabría algo, quizá habría escuchado cosas de otras ciudades, no perdía nada con intentarlo y preguntarle.

Poco a poco sentí que mi cara y orejas dejaban de arder. Quizá recordar el miedo que me provocaban sus afilados cuernos y su presencia en general me ayudaría a decir menos tonterías.
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Mensaje por Marceline el Lun Mayo 11, 2015 4:51 am
La inocencia del caballo al pensar que tendría su premio sumado al escrutinio que estaban sufriendo mis manos hicieron que soltara una risilla.

-Bobito no las tengo aquí pero no te preocupes que te las daré, yo siempre cumplo mi palabra.

Palmee el cuello del caballo y acaricie su frente antes de volverme para ver a Aramis que ahora lucia un sobrero mojado y la cual se había puesto de nuevo su máscara de hombre para poder hablar conmigo. Sabía que mi presencia intimidaba pero no sabía que lo hiciera tanto como para eso, la chica tenía que ser realmente tímida o asustadiza como tender que optar por esa estrategia.

-Me alaga tal demostración de caballerosidad pero no es necesario que te inclines, no soy de la realeza solo una simple mercenaria. Levanta la cabeza y trátame como una igual Aramis.- Una brisa llego desde el norte sacudiendo mi cabello levemente.- Hay una pregunta que lleva rondando mi cabeza desde que te aviste desde el cielo... ¿Como es que un bardo camina al amparo de la noche? A día de hoy los caminos son seguros.

Tenía muchas otras preguntas que mi curiosidad necesitaba saciar y las ganas de continuar jugando con ella seguían latentes pero por ahora las apartaría del camino pues la chica no parecía entender que era todo aquello que podía ofrecerme con su cuerpo. "No está nada mal salir a pasear y encontrarse con una belleza andante por el camino, creo que comenzare hacer de esto una rutina a ver si tengo la misma suerte de hoy"
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Mensaje por Escarlata el Lun Mayo 11, 2015 11:09 am
Me tomó un largo suspiro terminar de relajarme, ella no parecía una mala persona. De serlo, Windir no hubiese regresado ni de broma, él era mi mejor alarma para éste tipo de casos. Fui a acomodar la silla que se había movido un poco cuando me tiró.

Su petición de tratarla como a una igual fue igual de tranquilizadora, la miré mientras acomodaba la silla. La luz de la luna siempre hacía que todo se bajo ella se viera más hermoso e impresionante aun, y la dragonante no fue la excepción. El viento y los rayos plateados la hacían ver muy muy bien y eso le dio algo más de calma a mi mente. Si me iban a devorar miembro a miembro al menos iba a ser por una hermosa criatura, era una buena manera de morir.

Dejé mi funeral de lado y suspiré hondo para poder responder a su otra pregunta.

—Por eso mismo, y porque no hay mejor compañía para un viaje que ella —miré a la luna con una sonrisa—. Y en realidad no tengo problema en moverme a cualquier hora del día o de la noche —de pronto puse una mala cara—. Y a decir verdad, el grupo con el que viajaba me tenía de esclavo, y de todos modos íbamos a separar caminos en la ciudad. Hacerlo unas horas antes no hará gran diferencia para ellos.

Le sonreí a la luna.

—Y de no haberlo hecho no me habría encontrado contigo.

Al acomodar las alforjas mi mano palpó aquel cartel de 'se busca'. Nada perdía con preguntar yo ésta vez. Una pregunta por una pregunta sonaba justo. La mire de manera más relajada, quizá como hacía mucho que no lo hacía con alguien. El que supiera que no era un chico era un gran alivio, así no tendría que fingir, al menos no mucho y hasta que me acostumbrara a su enorme y letal presencia.

Mientras ella estuviera sonriendo era bueno, y mientras pudiera hablar más como yo misma y no como el poético bardo que era ligeramente menos cobarde, todo estaría bien. De verdad quería hablar un poco más con ella, era una sensación muy agradable.

—¿Puedo preguntarte algo ésta vez?
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