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Las hadas del bosque FINALIZADO

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Mensaje por Yurita el Sáb Nov 26, 2016 2:44 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Hola! bueno, por recomendación de una amiga, me gustaría colocar este relato por aquí, advierto que tiene algunas partes de +18 porque nació siendo un oneshot lemon, pero he querido que se vuelva una historia original así que he cambiado algunas partes. Por todo, disfruten y qué lindo forito, no lo conocía para nada x.x


Última edición por Yurita el Dom Feb 26, 2017 3:15 pm, editado 11 veces
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Mensaje por Delfi22 el Dom Ene 15, 2017 9:06 am
Orale!! ahora resulta que la reina de las hadas pervertidas, es la malota!
-Mucho misterio y quién es Lara y como llego a este mundo?...
Esto se esta poniendo mejor...Bien a la espera del siguiente.Saludos.
Delfi22
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Mensaje por Yurita el Sáb Ene 21, 2017 3:35 pm
@Delfi22 escribió:Orale!! ahora resulta que la reina de las hadas pervertidas, es la malota!
-Mucho misterio y quién es Lara y como llego a este mundo?...
Esto se esta poniendo mejor...Bien a la espera del siguiente.Saludos.

ajaj, si, muchos giros :) gracias por leerme siempre, delfi. te mando un abrazo!!
en el siguiente capítulo se explica más de la historia
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Ene 21, 2017 3:36 pm
Lara nos metió a Darya y a mí dentro de un cuarto, con dos elfos armados con ballestas vigilándonos afuera. El pequeño espacio estaba iluminado por piedras brillantes que proyectaban una luz mortecina sobre nosotras. La rusa y yo estábamos en rincones opuestos, con las rodillas recogidas y una mirada perdida en nuestras caras.
—¿Qué crees que nos hagan? —le pregunté. Ella me miró y torció el gesto.
—Pues no lo sé. Esto es un asco. Debí de quedarme en mi casa —me avergoncé cuando lo dijo con ese tono de reproche.
—Pues lamento que sea mi culpa.
—No quise decir eso.
Guardamos silencio un rato más. Pese a que teníamos cosas más importantes de qué preocuparnos, yo no dejaba de pensar en Isis, ni en la forma en la que había gritado cundo Darya le metió el tiro a esa otra chica, justo en el cerebro. Una parte de mí, maliciosa, se alegraba, pero otra se sentía fatal y en lo único en lo que pensaba era en la suerte que habría corrido Isis.
—¿Por qué no me dijiste que era tu novia? —la voz de Darya sonaba a algo como un reproche. Crucé los brazos y desvié la mirada.
—No tenías que saberlo.
—¿Qué no tenía que saberlo? Prácticamente te traje hasta aquí. Merecía saber en qué me estaba metiendo.
—Bueno, pues ya no es mi novia. Y honestamente hay otras cosas relevantes ¿verdad?
Darya farfulló algo, y luego, pesarosa, vino a sentarse junto a mí y cruzó un brazo por mi espalda. Al inicio me resistí, pero luego, asustada y triste, me acurruqué contra ella para llorar.
—Ya, ya. Lamento haberte hablado así. No fue tu culpa. Y sobre el hada que maté, si no lo hacía, pudo haberte clavado ese cuchillo. No lo dudes. Eras tú o ella.
—Pero… Isis ahora está…
—Shh. Ya pasó, Becca. Como tú has dicho, hay otras cosas de las qué preocuparnos. Primero debemos saber cómo vamos a salir de aquí.
—Nadie saldrá de aquí —dijo Lara, abriendo la puerta de hierro. Traía una bandeja de comida con ella, y nos invitó a sentarnos en la mesa destartalada de madera que estaba en un rincón.
Yo tenía hambre, demasiada, así que acepté con el riesgo de que todo estuviera envenenado. No era mucho. Gachas de cereales y pan suave y caliente. Darya sólo comió una fruta, y sin mucho interés. No dejaba de mirar a la alemana como si fuera su peor enemiga.
—La historia es esta —dijo Lara —. Originalmente, éste mundo estaba dividido por un tratado que les daba a los elfos, enanos, hadas y dragones, diferentes territorios para habitar. Había la garantía de que ninguno se metería con el otro. El tratado se originó después de que la primera reina de las hadas pusiera fin a la Guerra del Eclipse, un conflicto armado que se llevó innumerables vidas, y que fue provocada por los intereses políticos de los envy.
—¿Los qué?
—Envy —me contestó Lara —. Seres de las estrellas. Ellos formaban un consejo que dirigía a los otros líderes de las civilizaciones que habitan este mundo. Eran la elite de la elite. Sin embargo, en sus ansias por conseguir el poder, se fueron traicionando entre sí. Las disputas pronto derivaron en asesinatos, y los asesinatos, en guerra.
>Una vez que esta comenzó, las especies se enfrentaron unas a otras para defender sus territorios. En medio del caos, la legión de las hadas logró llegar hasta la fortaleza de los envy y asesinó a su rey. Después de esto, los envy fueron cazados sistemáticamente por las hadas, y sus cuerpos fueron estudiados por ellas. Esto les otorgó mucho conocimiento, porque en ese entonces, los envy gozaban de tecnologías incomparables al resto del mundo. Con el pasar de las generaciones, las hadas fueron aprovechándose del botín y crecieron exponencialmente, hasta que necesitaron cruzar otros territorios. Rompieron el acuerdo.
—Invadieron —dijo Darya, que estaba muy interesada por la historia. Supuse que le debía de recordar a la guerra que ella había vivido. Lara asintió con una sonrisa triste.
—Sí. Después de la guerra contra los envy, las hadas, impulsadas por mecatecnología, se alzaron en armas e invadieron otros reinos. Los elfos fueron los últimos en resistirse, pero también perecieron. Poco a poco éste mundo pasó a ser parte de las hadas, y siguieron cazando a los envy. Sólo quedó uno. Una mujer llamada Ferina, que era maestra del Gremio Tecnológico.
—La Bruja —resolví. Lara asintió.
—Sí. Ferina, la Bruja envy, la última de la especie, creó un arma para acabar con las hadas, llamada el servonucleo. Es capaz de abrir un camino hacia el mundo inmaterial, una dimensión disforme que hará caer sobre las hadas fuerzas demoniacas capaces de destruirlas por completo. No obstante, Morgana, la actual reina de las hadas, se hizo con el arma y envió a Ferina al mundo inmaterial.
>Desde allí, ella intentó abrirse paso, produciendo grandes vacíos en el tejido espacial. En total necesitó de cinco golpes para salir, y con cada golpe, un portal se abrió en el mundo de los humano. Yo fui el resultado del primer golpe. Crucé del mundo humano al inmaterial, y Ferina me confió su misión. Con los siguientes impactos, otras chicas entraron. Tú, Rebeca, fuiste la última y gracias a que tú pasaste, Ferina logró entrar.
—Por eso la reina de las hadas estaba muy apurada en cerrar los portales.
—Sí, porque Ferina estaba trayendo seres desde el mundo inmaterial, para pelear contra las hadas. Darya fue la cuarta. La tercera es una chica de África, llamada Kalila. Es muy rebelde. Escapó de mí, pero no se compara con la segunda. Es japonesa. Una samurái muy buena, hábil y mortífera. Se llama Kura.
—¿Sabes en dónde está? —preguntó Darya. Lara se tomó unos segundos antes de responder. Parecía cansada y molesta.
—Sí… sé en dónde está: es guardaespaldas de la Reina de las Hadas.
Darya fue la que más se sintió conmocionada al escuchar esto. Lo vi cuando frunció las cejas con desdén y se quedó callada unos momentos. Lara suspiró, cansada.
—Creo que será mejor que descansen un poco y asimilen los que les acabo de decir.
Nos dejó la bandeja con el resto de la comida, y salió del cuarto.
Yo toqué la mano de Darya y le acaricié los nudillos. Ella posó sus ojos en mí y sonrió, triste.
—Y yo pensando que todas las hadas eran unas cabronas, y resulta ser que es peor de lo que me imaginé —aunque era cierto, quería que ella supiera cuál era mi opinión. La rusa asintió.
—No sé si creerle o no. Lo de Kura es todavía más extraño. Yo no creo que ella sea la guardaespaldas ¿tú sí?
—Eso no lo sabremos, pero quizá, con el tiempo, descubramos la verdad.

Por la noche, si es que ya lo era, hizo demasiado frío. Darya estaba en un rincón del cuarto, durmiendo sentada, como ya era costumbre en ella. Extrañaba su rifle y se sentí poco segura sin él. Me levanté para verla y la desperté cuidadosamente.
—¿Qué pasa?
—Ven conmigo —le pedí. Somnolienta, se levantó de la silla —Puedo compartir el catre contigo.
—¿Lo dices en serio? —su voz sonaba poco convencida por mi propuesta.
—Sí. No quiero que pases frío. Anda, deja de hacerte a la fuerte y entra.
Me acosté primero y le hice un lado. Darya gruñó y a regañadientes, se acomodó cerca de mí. Muy cerca. Tanto, que cuando quedamos frente a frente, nuestras caras estaban muy próximas. No había mucha luz, pero sí la suficiente como para poder mirarnos en la penumbra. Noté la delicada línea de sus labios, los pómulos y los mechones de cabello que le caían por la mejilla. Era una chica muy bonita, fuerte y valiente.
Y entonces me di cuenta de que estaba pensando mucho en ella, y me avergoncé. ¿Es que intentaba buscar un remplazo para Isis? Recordar lo que ella me había hecho me llenó de rabia y apreté la quijada.
—¿Te pasa algo? Estás pensando en tu novia ¿verdad?
—No es mi novia —repliqué. Todavía sentía escalofríos cuando el grito de Isis, tras la muerte de su amante, venía a mi mente. Una parte muy pequeña de mí estaba agradecida de que Darya le hubiese metido una bala en la cabeza. El pensamiento me hizo sentir oscura y maliciosa, más allá de lo que me gustaría admitir.
—Ella no te merecía. Hiciste tanto y terminó por engañarte.
—Lo sé. Ahora he perdido las ganas de estar aquí, y por si fuera poco, no puedo salir. Desearía regresar —parpadeé rápidamente para borrar lágrimas de melancolía. Echaba de menos a mi mamá, mi mundo real. Darya me besó la frente con ternura.
—Sé que sientes. Yo pasé por lo mismo. Vi a mis hermanos ser ejecutados por los alemanes, y mi pueblo caer bajo los bombardeos. También presencié la muerte de muchos camaradas. Por las noches me sumerjo en la melancolía, y con el tiempo aprendes a hacerte insensible a esos dolores. Tú tienes que enfrentarlos y sentir lo que debas sentir ¿está bien?
No comprendía exactamente qué me estaba queriendo decir. ¿Era correcto amargarme la vida por la traición de Isis? ¿Era correcto sentir odio y traición por su parte? ¿Era correcto alegrarme por el asesinato de su pareja?
De repente noté que Darya Alanova buscaba mis manos, debajo de las sábanas, y entrelazaba mis dedos con los de ella. El contacto, de alguna manera, hizo que esos pensamientos oscuros se desvanecieran. Mi corazón, remojado en odio, se secó un poco.
—Siente odio. Siente rabia. Está bien. Eso te dará fuerzas.
Bajé los párpados y decidí creerle. Ella sabía de qué hablaba. Volví la vista hacia ella y traté de sonreírle.
—Gracias. Me siento mejor.
—Entonces vamos a dormir.
Cruzó una mano por mi vientre y se acurrucó, como una niña asustada. A pesar de que era una grandiosa asesina y una experta tiradora, Darya, en el fondo, seguía siendo una adolescente, con preocupaciones y temores. Si con toda su coraza de determinación tenía problemas para adaptarse a este mundo, yo iba a tener que vérmelas más difícil.

ISIS.
10º regimiento feérico.

La bofetada sonó por toda la tienda, y enrojeció la mejilla de Isis. El hada parpadeó mientras las lágrimas se amontonaban detrás de sus ojos. Tuvo que apretar los puños y clavarse las largas uñas en las manos. Sólo así logró calmarse un poco y miró el odio que había en los ojos de Celesta.
—¡Es una vergüenza! ¡Asesinada por una humana! ¡Tú estabas… tocándote con ella!
Isis tenía muchas cosas qué decir con respecto a eso, pero sabía que su madre no quería escuchar ninguna excusa.
—¡Te dije que tener relaciones con humanos era una mala decisión! —gritó la capitana, andando de un lado a otro por la tienda de campaña —. La Reina de las Hadas ha sido notificada de esto y está viniendo para estudiar este incidente cuanto antes. ¿Estás segura de que nos sabes a dónde se fue Rebeca?
—Te digo la verdad —gruñó Isis. Lo decía en serio —. Ella escapó con la otra humana y también asesinó a las hadas que fueron tras ella.
—Y entre ellas estaba Cendy, la hija de una de las consejeras de la reina ¿Te das cuenta de la magnitud de esto?
El hada asintió. Ella también sentía rabia para con Rebeca. La maldita humana, pensó, se había escapado. Había huido sin siquiera quedarse a escuchar una explicación. Y no sólo eso: ¡su amiga había dado muerte a Fine! El recuerdo le hizo llorar y clavarse las uñas en las manos. Maldijo el día en el que había traído a Rebeca al mundo de las hadas. La chica sin duda estaba mejor en la Tierra.
La teniente Marla entró. Le faltaba el aire.
—¡La reina está aquí!

Morgana pidió explícitamente que le trajeran Isis. Celesta y un escuadrón de Hermanas iban escoltando a la principal testigo del asesinato de Fine, y cuando llegaron a la tienda de la reina, un hada armada con un hacha de guerra les impidió el paso.
—Sólo la sospechosa.
—¿Por qué? —preguntó Celesta, malhumorada.
—Obedece.
La capitana murmuró una maldición y empujó suavemente a Isis para que siguiera caminando. El escuadrón de Hermanas se detuvo y dejó que la muchacha entrara sola ante la reina.
Morgana estaba en su sitial de terciopelo y metal. Junto a ella había una humana. Isis la reconoció de inmediato como tal porque no tenía esa aura que distinguía a las hadas. Además vestía con armadura ligera, opaca y sin decoraciones. En la cintura llevaba una espada larga y de hoja delgada. Su rostro, de piel pálida y ojos rasgados, parecía ser más salvaje de lo que realmente era. Notó el aura asesina que manaba de Kura.
—¿Qué fue lo que sucedió?
Isis contó la historia. Incluso tuvo que confesar que su relación carnal con Fine había derivado en sentimientos mutuos de placer y amistad. Le contó sobre Rebeca, de una manera más profunda, y de cómo ella y la otra humana habían escapado del regimiento, y que en su huida, habían asesinado a otras hadas.
—Es… intolerable —gruñó la reina. Una vena se le saltó en el lechoso cuello —. Las armas de fuego de los humanos son… más mortíferas de lo que pensé. He visto cómo las utilizan en su mundo. Un solo soldado puede hacer tanto daño como la mejor de mis Hijas.
Por Hijas, Morgana se refería a las Hermanas. Al final de cuentas, éstas habían sido creadas en serie y por mandato de la reina.
—Quiero a esa humana conmigo.
—No… —habló Isis —. No quiero que le haga daño a Rebeca.
—¿No hacerle daño? Ella y su amiga mataron a la hija de una de mis consejeras. Encontraron su cuerpo lleno de agujeros.
—Es terrible, lo sé, pero…
—Tu cariño por los humanos puede ser un problema, Isis. Tienes que ser leal a mí.
—Lo soy.
—Yo no lo veo así. Tus acciones han sido demasiado para que las tolere. No sólo te relacionaste con una humana y la trajiste aquí, poniendo en movimiento los planes de la Gran Bruja, sino que tuviste relaciones carnales con ella, lo cual es… abominable.
—¿En serio? —preguntó Kura, sorprendida y asqueada. Su voz era rasposa.
—Tus acciones derivaron en la muerte de muchas hadas. Te condeno a muerte.
Isis no tuvo tiempo de digerir lo que había dicho la reina. Sólo alcanzó a abrir los ojos de par en par. En ese momento, Kura lanzó hacia ella una cuchilla que se hundió en su cuello. La visión se le nubló, y cayó de rodillas. Profirió un gemido de dolor y todo el mundo comenzó a dar vueltas ante sus ojos. La respiración se le cortó violentamente y sintió que su corazón se ahogaba en su propia sangre.
—¿Cuánto tiempo para que el veneno pierda efecto? —oyó que le preguntaba la reina a Kura.
—Dos horas.
—Bien. Entonces, llevémosla con nosotros.
Esto fue lo último que Isis escuchó antes de perder la consciencia.
******

Vaya... ahora resulta que Darya tiene cierto interés en Rebeca xD , era sólo cuesti´´on de tiempo. ¿se esperaban lo de Kura? es una maldita sin corazón ! aunque pobre Isis, dijeron que la matarían, pero se la llevaron.
Yurita
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Mensaje por Delfi22 el Dom Ene 22, 2017 10:16 pm
Andale! ahora se me va hacer larga la semana, para saber si Isis murió, que lo dudo ya que es una de las protagonistas, pero la autora nos puede salir con una sorpresa....jajajaja...
Bien se empiezan a cocinar las habas, así que a la espera del siguiente.
Saludos.
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Mensaje por Yurita el Sáb Ene 28, 2017 7:53 pm
@Delfi22 escribió:Andale! ahora se me va hacer larga la semana, para saber si Isis murió, que lo dudo ya que es una de las protagonistas, pero la autora nos puede salir con una sorpresa....jajajaja...
Bien se empiezan a cocinar las habas, así que a la espera del siguiente.
Saludos.

buuu no sacaré a Isis tan fácilmente xD, tengo un destino mas sombrío para ella, ok no jaja
grax por siempre leerme y comentarme Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Ene 28, 2017 7:55 pm
Lara, la chica alemana, nos miró a las dos alternadamente. Sus ojos azules y su pelo rubio le hacían resaltar más por encima de todas las hadas que nos rodeaban, que a diferencia de todas las otras que había visto, tenían la piel cobriza y el pelo castaño. Era como si fueran una raza diferente, de belleza exótica y de rasgos definidos, no como las hadas de allá afuera que se parecían mucho las unas a las otras. Eran la facción rebelde, las que habían estado escondidas y habían escapado del mandato de la reina de las hadas, Morgana.
—Han tenido una noche para pensarlo. No les puedo dar más tiempo ¿Se unirán a nosotros?
Ese tema Darya y yo lo habíamos hablado casi toda la noche, y respondimos.
—Sí. No nos queda opción.
—Como si la tuvieran —le respondió Lara a Darya, y ésta última me tomó de la mano, debajo de la mesa.
—Entonces les encomendaré su primera misión: vayan a la ciudad que está señalada en éste mapa y recojan un paquete que un tal Marceus les dará. Eso es todo.
—¿Quién es Marceus? —quise saber.
—Un mago. Les verá en la catedral. Y no intenten escapar, porque las tenemos bien vigiladas.
—Los rusos cumplimos con nuestra palabra —replicó Darya, indignada ante la falta de confianza que la alemana ponía en ella. Yo sonreí y le acaricié la espalda baja para tranquilizarla.

Una hora más tarde, al fin nos dejaron salir del lugar y nos dejaron muy cerca de la ciudad. Teníamos que hacer el camino a pie. A Darya le habían devuelto sus armas, y nuestros rifles colgaban de nuestros hombros. Ella iba por delante de mí, tomada de mi mano y acariciando mis dedos de vez en cuando, aparentemente de manera inconsciente. Yo, por otra parte, no dejaba de mirar lo bonito que era su cuello, pues su cabello estaba echado a un lado, sobre su hombro izquierdo.
—Uhm… —susurré —, Darya.
—¿Sí?
—¿Tienes miedo?
Me miró por encima del hombro.
—No, realmente no. Y tú tampoco deberías tenerlo. Estás conmigo, no te dejaré sola.

La forma tan apasionada en la que lo dijo hizo que se me encendieran las mejillas. Que me está pasando, me pregunté, y seguí caminando tras ella, sosteniendo más fuerte su mano. Yo si tenía miedo, de hecho. En cualquier momento algo podría hacernos daños y si no estábamos lo suficientemente preparadas, ni nuestros rifles podrían ayudarnos con eso.
Divagaba en estos pensamientos cuando Darya se detuvo. Choqué con su espalda.
—¿Qué pasa?
—Nada. Allí está la ciudad. No resultó tan lejana después de todo.
—Ah, perfecto. Entones vamos y terminemos con esto.

Nos pusimos las túnicas encima para no llamar mucho la atención y mezclarnos con el resto de la gente, que vestía de forma similar. Algunas hadas, de aspecto pobre, andaban descalzas y con caras tristes. Otras, más bonitas, iban y venían con sus compras del mercado. Unas más, escondidas en los callejones, parecían besarse a escondidas. La ausencia de seres masculinos era alarmante.
Llegamos hasta catedral, que era tan grande que se perdía de mi visión. Sus pináculos parecían llegar hasta las nubes. Era de piedra blanca, con algunas gárgolas posadas en las torres y banderines ondeando en la cima de los chapiteles. En frente de la explanada, parado sin nada más que hacer, estaba el brujo Marceus. Le reconocimos porque era el único hombre a la vista.
Darya y yo hablamos con él, y nos sorprendió su aspecto. Donde debían de estar sus ojos, sólo habían dos piedras redondas y no tenía dientes. Su voz se proyectaba sobre nosotras, dentro de nuestra mente.

—Aquí está lo que le servirá a la Gran Bruja —nos dio una caja de madera, sellada con un candado de aspecto raro y de aleación metálica —. Pueden llevársela.
—Ah… gracias —dijo Darya.
En un parpadeo, el brujo se convirtió en una bruma seca y se lo llevó el viento. Al parecer ningún hada se percató de esto. Todas seguían en sus cosas. Darya metió la caja en un fardo y luego nos giramos para volver sobre nuestros pasos.
—¿Quieres ir a beber algo?
—No —contesté, a la defensiva. Tenía que estar vigilando que nadie nos viera.
—Bueno. Regresemos si eso quieres.

Volvimos a internarnos en el bosque. De alguna manera, me pareció que Darya estaba algo enojada, porque no cruzaba palabra conmigo mientras caminábamos y ni siquiera me estaba tomando de la mano. Algo me hizo sentir mal. Una punzada en el pecho. Comencé a preguntarme si ella dolida todavía por haberle ocultado lo de mi noviazgo con Isis. Ya no quería saber nada del hada, ni tampoco de la otra chica que estaba muerta gracias al rifle de la rusa. Era imposible, al menos para mí, en ese momento tan vulnerable, poder sentir culpa o algo más.
Darya se dio la media vuelta para esperarme. Me había quedado atrás.
—Rebeca…
—¿Qué?
—¿Sigues pensando en Isis? —me sorprendió que lo preguntara. Era como si adivinar mis pensamientos.
—Pues un poco, pero es algo que quiero olvidar. Tampoco es que haya sido mi novia súper novia. Más bien… fue algo… pasajero.

—Pero estabas dispuesta a dar la vida por eso. Te traje hasta aquí sin saberlo. Eso me molestó.
—Lo lamento —dije con sinceridad y le miré a los ojos —. No sabía cómo reaccionarías si… te decía que a mí… me gustan las chicas.
Darya se ruborizó.
—Eh… bueno. Me sorprendió saberlo, pero no me importa. Seguimos siendo amigas ¿verdad?
—Sí —me esforcé en sonreír —. Amigas, por supuesto.
Sus ojitos recobraron el brillo que habían perdido. Volvió a tomarme de la mano y seguimos caminando de regreso a la base de los rebeldes.

Una vez que estuvimos cerca, vimos a los elfos que se quitaban las capas de camuflaje y se aparecían ante nosotras para escoltarnos hacia la base subterránea. Le entregamos a Lara el paquete, y ella confirmó la mercancía sin siquiera abrirla, aunque nosotras le pedimos que lo hiciera. Negó con un rotundo no, y nos despachó a nuestras habitaciones.
Nosotras queríamos ver el resto de las instalaciones, pero al parecer la Gran Bruja, Ferina, todavía no confiaba plenamente en nosotras. Así pues, fuimos recluidas de vuelta a nuestro cuarto, que ya estaba mejor amueblado, con un ropero y con una cama más grande. También había una mesa con dos sillas, una letrina y un pequeño cuarto de baño, de madera, con una regadera conectada al sistema de tuberías de la base. Yo la probé. Bajaba un agua fresca que seguramente provendría de alguna clase de manantial.

—Ay, que rica se siente… —el agua me caía en la palma de la mano.
—Entonces voy a bañarme —dijo Darya, y cuando la miré, se había quitado los pantalones y la camisa. Estaba ante mí, en ropa interior, por primera vez. Me quedé como boba durante unos segundos mirando su esbelto cuerpo, y luego reaccioné.
—Ah… sí. Date una ducha. La necesitas.
Ella rió. Sus mejillas pecosas también se colorearon de rubor. Sosteniendo mi mirada en todo momento, entró a la ducha, cerró la puerta y se quedó allí durante un largo rato, mientras que yo, recostada en la cama, no dejaba de pensar en lo coqueta que había sido su mirada hacia mí.

Giré sobre el colchón para ver a la pared. Me puse a pensar si a caso Darya se sentiría… atraída hacia mí de alguna manera. Escuché cuando salió de la ducha, y giré apenas para mirarla por encima de mi hombro. Ella estaba envuelta en una toalla y se secaba el cabello con otra. No dejé de verle sus esbeltos hombros, la piel nacarada que los envolvía y la forma en la que su pelo despeinado se secaba.
—Te toca. Date un buen baño. Parece que estaremos aquí durante un largo tiempo.

Más tarde, cuando las dos ya olíamos a rosas, tocaron a la puerta de nuestro cuarto-celda, y un elfo se apresuró a abrir. En seguida, una ola de aire caliente entró y el voluminoso cuerpo de Ferina, envuelto en esa armadura inmensa que debía pesar más de una tonelada, entró apenas cabiendo por la entrada. Nosotras retrocedimos ante su imponente silueta, que media casi dos metros. Su rostro no lucía para nada contento, aunque tampoco se veía molesta.

Rápidamente me arrodillé, imitando a los elfos. Darya permaneció de pie durante un rato más, desafiante, y también se arrodilló pasados unos segundos.
—Han trabajado bien. El paquete que recibieron es una importante pieza en la elaboración de nuestra arma.
—¿Qué clase de arma? —preguntó Darya.
—Una bomba de espectro rojo. Ya está casi lista. Sólo nos faltan unos cuantos retoques y podremos asaltar el castillo de la reina Morgana. Poco a poco nos estamos acercando. Los taladros trabajan a toda potencia.
—¿Taladros?

—¿Cómo creen que nos vamos a acercar? —Lara apareció a un lado de la bruja — . Nuestros túneles se expanden rápidamente. Es toda una red. Nos encontramos a pocos kilómetros de la ciudad principal.
Allí estaba la casa de Isis, pensé con un nudo en el corazón. Recordé, rápidamente, las cosas traviesas y deliciosas que ella y yo habíamos hecho en su cama.

—Colocaremos la bomba y ¡bum! —los dedos mecánicos de la bruja simularon una explosión —. Todas las hadas serán destruidas. Además el eclipse está cerca.
Darya y yo nos miramos un segundo.
—Tengo un nuevo trabajo para ustedes —nos contó la bruja y comenzó a caminar con pesados pasos por toda la habitación. No dejaba de pensar en todo lo que debía pesar esa inmensa armadura de acero rojo. Me pareció más bien que era una coraza motorizada, porque podía oír el golpeteo de las placas cuando movía sus brazos —. Es una misión un tanto riesgosa. Lara contó que eres soldado ¿verdad, Darya?
—Sí, de Rusia.

—Entonces estás familiarizada con el campo de batalla. Me parece bien. Necesito que ustedes dos se dirijan a Ciudad Principal para preparar los puntos de detonación de la bomba. Llevarán una serie de transmisores que están configurados para adaptarse al código genético de Lara. Originalmente sólo ella los puede activar, pero ahora que tenemos a más humanas con nosotras, seremos capaces de atacar más rápido.
—Entonces ¿esas cosas sólo se activarán con nosotras?
—Sí. Prepárense. Salen en una hora.

Cuando todos se hubieron ido, Darya y yo nos quedamos encerradas, sentadas sobre la cama y mirándonos con atención.
—¿Qué opinas de todo esto? —le pregunté —. Vamos a formar parte de una masacre.
—Recuerda lo que dijo Ferina. Si la reina Morgana activa el servonúcleo, las hadas se convertirán en demonios. Ella quiere destruir esa máquina antes de que eso suceda.
—Pero… no quiero que ellas mueran. Las hadas son inocentes.
—¿Inocentes? —pareció ofendida —. Me sorprende que digas eso después de lo que viste con Isis y la otra chica.
—Ay, no las menciones — sentí un nudo en el pecho —. Son cosas de principios, Darya.

La rusa me tomó de las manos y las besó. Yo me ruboricé.
—Descuida, Rebeca. Las cosas saldrán bien y puede que nos ganemos nuestro boleto para volver a casa.
En eso sí que no había pensado, aunque teníamos que confirmar primero si la bruja era capaz de regresarnos al mundo de los humanos. Y si era así, si podía ver a mi familia otra vez, entonces no dudaría en hacerlo.
—Está bien —dije lentamente — . Veamos qué tiene que ofrecernos la bruja.

Así pues, antes de partir hacia Ciudad Principal, pedimos una pequeña reunión con Ferina. Lara palideció al oír esto, pero nos dejó estar. Dijo que nadie estaba en condiciones de pedirle algo a su Majestad, pero Darya, que no se dejaba intimidar ni por una mujer de dos metros, no cedió

Entramos a los aposentos de la bruja, y nos quedamos allí, esperándola. Era un sitio levemente iluminado por lámparas químicas que soltaban un color amarillento sobre las paredes de piedra. En medio había un estanque natural lleno de agua, y de allí emergió la bruja Ferina. Estaba desnuda, así que Darya apartó la mirada, pero yo no. me quedé como boba mirando sus grandes pechos, su cintura esbelta, las piernas largas y los bordes delicados de su anatomía envuelta por piel lechosa. Su cabello rojizo caía libremente y mojado por detrás de su espalda. Lo único que afeaba su figura, eran las violentas cicatrices que le recorrían el vientre y los muslos.
—¿Qué se les ofrece? —nos preguntó, acercándose a nosotras sin mostrar pena. Darya al fin levantó la vista y vi cómo sus mejillas se coloreaban, puestas en los magníficos senos de la bruja envy.

—Eh… — tuve que hablar yo. Darya estaba fuera de sí —. Nos gustaría saber si… después de todo esto, podríamos regresar a casa.
—Claro —hasta la pregunta pareció extrañarle —. Esa es la idea. Yo recuperaré el control del mundo y ustedes regresarán. Incluso Kura, guardaespaldas de la reina, volverá a su lugar de origen.
—Entonces le ayudaremos —asentí, dispuesta. Darya todavía estaba como zombie. Me parecía muy gracioso.
—¿Algo más?
—No, eso fue todo. Gracias por su tiempo.
Ella se dio la media vuelta y regresó al estanque, donde se hundió por completo.
—¿Estás bien? —le dije a Darya, saliendo de allí.
—Sí… sólo me sorprendió lo bonita que era.
Me reí y le tomé de la mano.
—No me digas que te gustan las chicas.

—No me gustan —replicó —, bueno, al menos eso creo.
De alguna manera, que dijera eso logró que por mi mente pasara un lujurioso deseo. Lo borré enseguida. Después de lo de Isis, no iba a dejar que ninguna chica volviera a cruzarse por mi camino. Lo que más quería ahora era plantar esas cosas en Ciudad Principal, que pasara lo que tuviera que pasar, y finalmente volver a casa.

Si las hadas tenían que morir… entonces yo no tenía nada qué hacer. Al final de todo, ésta era una guerra entre los envy y las hadas.

________________________________

toma! las cosas se empiezan a cocinar entre Darya y Rebeca! no les parecen tiernas? y por otro lado, Rebeca ya tomó una decisión: al carajo las hadas, ella volverá a casa! Muerte a la reina de las hadas, viva la bruja !
Yurita
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Mensaje por Delfi22 el Lun Ene 30, 2017 5:12 pm
Darya y Rebeca..Lara y Kura...y a Isis con quién la emparejo?jajajaja..

Presiento que algo va a salir mal...pero que esas dos se les están alborotando las hormonas..Quiero ver un enfrentamiento entre la reina de las hadas y la sexy bruja...Bien a la espera del siguiente.Saludos

P.S..Es un gusto leerte..
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Mensaje por Yurita el Sáb Feb 04, 2017 12:34 pm
Jaja ja Kura? kura no es precisamente la mejor opción para tener pareja. es una lunática manipuladora! ya lo verás en éste capítulo!

Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Feb 04, 2017 12:35 pm
Los túneles se bifurcaban y se unían en una amplia red subterránea. Me parecía increíble que Ferina hubiese estado trabajando durante tanto tiempo en sus maquinaciones para destruir a las hadas, y también me imaginé el odio que debía de sentir por ellas, por haber acabado con su gente y por encerrarla en el mundo inmaterial sin una sola esperanza de salir con vida de allí.
Los pasillos eran estrechos y estaban pobremente iluminados por piedras químicas empotradas en las paredes. Las únicas que estábamos allí éramos Darya y yo, y mi amiga rusa iba por delante, con el Pssh bien cargado y el dedo en el gatillo.
—Oye, Rebeca ¿qué harás cuando nos regresen a nuestro mundo?
Esa era una pregunta que había estado tratando de no formularme.
—Quiero seguir siendo tu amiga —le respondí con un poco de vergüenza.
—Ya, pero somos de distintos planos temporales. Tengo miedo de que nos separen.
Esa también era una posibilidad que no quería tener en la cabeza. Sonreí para mis adentros al saber que Darya quería seguir estando conmigo incluso a través del tiempo y del espacio. Con ella dirigiéndome, estaba segura de que pronto las cosas podrían mejorar para bien.
—Eso no me preocupa ahora. Antes tenemos que asegurar nuestro boleto de salida.
—Será mejor que tomemos un descanso —nos echamos al piso bajo la luz de una piedra luminiscente. El aire olía a tierra suelta y a otros aromas que no supe identificar. Supuse que eran los minerales del suelo, o alguna extraña reacción química que soltaba ese olor.
Darya se quitó la chaqueta y se soltó el cabello. Estaba algo sucia, con tierra en las mejillas y el pelo mojado pegándose a su cuello, pero todavía así lucía muy linda. Me sonrojé al recordar la vez en la que, al igual que ahora, atrapadas bajo tierra y solas, me masturbé pensando en sus delicadas y frondosas curvas. Además el odio que sentía por Isis, la amargura tras su traición y la indiferencia ante la muerte de la otra hada, me hicieron reconocer que Darya exaltaba mis hormonas y que quería tenerla entre mis brazos cuanto antes.
Me acerqué más a ella y apoyé la cabeza sobre su hombro. Despacio, ella entrelazó sus dedos con los míos y me dio un beso en la cabeza. Eso me hizo sentir muy reconfortada y encendió en mí algo de cariño oculto, como una mecha. Así pues, coloqué una mano sobre su rodilla, giré la cabeza y tímidamente le dejé un beso en el mentón.
Darya me miró con cierta consternación.
—¿Qué hiciste?
—Nada —me avergoncé y decidí guardar un poco de distancia. Al poco rato, Darya rió por lo bajo, cruzó un brazo por mi espalda y me atrajo hacia ella, muy cerca de su pecho. Mi nariz prácticamente quedó en el canalito que dividía sus senos grandes y redondos. Sentía las mejillas arder, y dudé sobre lo que estaba ocurriendo, pero al final de cuentas decidí dejarlo pasar y me amodorré contra sus pechos, disfrutando de lo suaves y firmes que eran. Crucé una mano por su vientre y ella me correspondió con otro beso en la cabeza.
—Te protegeré, Rebeca. No tengas miedo.
—Creo que aunque me lo digas, será difícil no tenerlo.
—Pues yo seré tu apoyo ¿vale?
Sentí su mirada sobre mí, pero no me aparté del cómodo lugar en el que estaba.
Estuvimos así durante un rato hasta que Darya dijo que teníamos que continuar. Abrió el mapa y consultó la brújula que le habían dado. Yo llevaba en mi espalda una mochila con los artefactos explosivos que teníamos que colocar en sitios estratégicos para destruir a las hadas. Todavía no estaba segura de si era cien por ciento lo correcto. Habían cientos de chicas viviendo allí, pequeñas aladas inocentes que correrían peligros. Era imposible que no se me cruzara un pensamiento de misericordia por la cabeza.
—Debemos estar cerca de la ciudad. Justo por encima habrá algunas casas. Hacia allá está el palacio.
—¿Qué puntos debemos marcar?
—Primero que nada, la catedral donde se adora a la luna. Giraremos por acá.
El túnel terminó en una pared de piedra. Darya colocó un explosivo en la superficie de la pared y luego de encender el cronómetro, nos alejamos un poco. Me abrazó para cuidarme con su cuerpo y la explosión derribó el obstáculo. El sonido fue terrible. Sentí como la onda de energía me sacudía los huesos y me daba vueltas el estómago. Los túneles se estremecieron y ristras de polvo cayeron del techo.
Al otro lado del agujero estaban los sistemas de drenaje de la ciudad, con un hedor característico que me hizo vomitar. El agua sucia discurría como un río putrefacto. A Darya no pareció molestarle, y me tomó de la mano mientras recorríamos el sitio.
Unos doscientos metros quizá nos topamos con unas hadas patrulleras. No eran hermanas. Simplemente eran dos chicas armadas con garrotes y armaduras ligeras que vigilaban todo.
—Quédate aquí —dijo Darya mientras dejaba el rifle a un lado y se acercaba sigilosamente por detrás de las hadas.
Mientras lo hacía, vi que sacaba un cuchillo de treinta centímetros de su funda. El tiempo se detuvo para mí cuando, en un movimiento jodidamente rápido, se abalanzó sobre un hada, aprisionó su cuello con su brazo y le clavó el cuchillo justo en el pecho. Temblé de horror. Se me estremeció todo el cuerpo. La otra hada se giró, asustada por lo que ocurría, y en medio de la escasa oscuridad, no logró reaccionar a tiempo. En dos segundos o menos, Darya Alanova sacó una pistola y le metió un tiro entre los ojos a la última hada, que cayó de espaldas al río de porquería y se perdió en la corriente.
La rusa sacó el cuchillo y limpió la sangre en la ropa de una de sus víctimas, y después la pateó para enviarla al fondo de la alcantarilla. Enfundó las armas.
—Despejado. Continuemos.
Corrí hacia ella y la tomé de las manos, mientras intentaba borrar de mi mente la escena de la pequeña masacre. Finalmente llegamos hasta el punto señalado del mapa. Ya nos encontrábamos debajo de la Catedral Lunar. Saqué los artefactos explosivos. Era una esfera grande y pesada, poco más voluminosa que mi puño, llena de pinchos y montada sobre una base de metal que Darya fijó mediante un poco de plastek a la superficie del techo. Colocó otros cuatro más en diferentes puntos y programó las runas de detonación. Sonó un bip repentino y un foco verde se encendió en las esferas.
—Bien. Salgamos de aquí.
Cuando pudimos abandonar los túneles de las alcantarillas nos colocamos las capuchas y anduvimos por las calles como dos forasteras. Las hadas no nos prestaban atención, puesto que se encontraban haciendo sus cosas sin el menor reparo de que pronto volarían en mil pedazos. Otra vez noté cómo el corazón se me encogía de tristeza ante la perspectiva de lo que iba a pasarles.
—¿En dónde estará el servonucleo? —se preguntó Darya.
—Ferina dijo que dentro del castillo.
Las dos miramos hacia la fortaleza de la reina de las hadas. Morgana debería de estar allí, sentada tranquilamente en su trono mientras sus soldados luchaban contra las fuerzas de la Bruja envy.
—Nuestro siguiente objetivo es la torre de energía solar. Tiene una piedra en su interior que capta la luz del sol y la transforma en calor para mover generadores de electricidad. Todo esto era tecnología de los envy.
Al parecer, Darya había estudiado los documentos que nos dieron. Yo los olvidé.
Camufladas entre las demás personas como forasteras, nos acercamos a la torre y la rodeamos. Era una estructura grandísima, ubicada a las afueras de la ciudad. Sólo un sendero llevaba hacia ella y en la puerta de atrás estaba una Hermana cuidando la entrada.
—Alto. No pueden… — antes de que pudiera decir otra cosa, Darya sacó el cuchillo de su funda y lo lanzó contra la mujer. Se le clavó justo en la garganta, de la cual manó un reguero de sangre y se desplomó con un gorgoteo horrible. Tristemente no moría con tanta facilidad, así que Darya desenfundó su pistola. La pegó al pecho del hada y disparó una bala. El sonido salió amortiguado. Recogió sus armas y disparó una vez más a la cadena que sostenía la cerradura de la puerta.
—Iré primero para vigilar. Quédate aquí.
—¿Con el cuerpo?
—Sí.
Darya se internó en la torre, y mientras yo me quedé echa un mar de nervios, con el fusil en la mano y cargado. Me lo llevé al hombro y me agaché para vigilar como ella me había pedido. Si un hada se aparecía, era mi deber dispararle justo en la cabeza para que no pudiera alertar a nadie de nuestra incursión. Pero luego de unos momentos, quien se apareció frente a mí no sólo era un hada, sino ¡una niña!
Debía tener unos ocho o nueve años. El pelo negro y largo, con una serie de pecas en la nariz y ojos plateados. Era preciosa, como una muñequita que me recordó a mi prima favorita, traviesa e inocente. Llegó a mí posición persiguiendo a un animal parecido a un conejo, pero con pequeñas tenazas en vez de boca. La pequeña hadita se me quedó mirando.
—Vete —le pedí —, por favor.
Entonces sucedió lo inevitable. Vio del cuerpo del hada, que apenas había podido esconder detrás de unos arbustos. La niña se asustó y cayó sentada. Yo levanté el rifle y coloqué el ojo en la mirilla y el dedo tenso en el gatillo. Si no la mataba, alertaría a los demás. Nos atraparían y podríamos olvidarnos de nuestro boleto a casa. Comencé a sudar. El dedo me resbalaba del gatillo. Tomé aire. Cerré los ojos y disparé.
No salió una sola bala. Al último segundo, incapaz de soportar la presión y con lágrimas corriendo por mis mejillas, bajé el arma. No podía hacerlo. No era como Darya. No mataría a una niña. La imagen me perseguiría durante el resto de mi vida y no pensaba vivir una con tal carga en mi consciencia.
—Fuera de aquí —le espeté. Ella se levantó, se limpió el polvo del vestido y se fue echa a la carrera por donde había venido. Yo recé para que las hadas no se enteraran de nosotras.
—Ven, Rebeca. Todo despejado.
Me sentí culpable por no decirle a Darya sobre la niña, y la seguí por las escaleras en forma de caracol que subían por toda la instalación. Una gran espiga metálica subía en paralelo a nosotras, e irradiaba energía, como una especie de tallo electrónico que seguramente era de tecnología envy. Una compleja red de tuberías y cables que chispeaban energía recorrían este tallo y terminaban en la cima, en una especie de bulbo que vibraba y que estaba hecho de algo metálico como el cobre.
—Colocaré las cargas. Vigila que nadie venga.
Asentí. Darya sacó los explosivos y los fijó con plastek a unos tubos unidos entre sí mediante abrazaderas de metal. Colocó otras más en el bulbo de energía, usando guantes aislantes para no recibir la corriente que circulaba en la superficie brillante.
—Terminé. Todo para ir en orden…
Pero no fue así. Antes de que pudiéramos bajar, escuchamos pasos que se acercaban por las escaleras. Darya tomó su rifle. Yo abracé el mío. Estábamos en la parte más alta de la estructura y no había salida. Las Hermanas guerreras llegaron a nuestra posición. Iban revestidas de armaduras más elaboradas que a las que acostumbraba ver. Darya disparó. La bala rebotó en el yelmo de una y esta hada levantó una ballesta y no dudó en tirar del gatillo. La flecha se clavó en el hombro de Darya, que chilló y soltó el arma. Yo dejé caer mi Nagant y levanté las manos.
Las hermanas, furiosas por lo que pasaba, nos sometieron de inmediato. Despojaron a Darya del resto de los explosivos y comenzaron a descolocar los que ya estaban activados en el bulbo de energía. Mientras nosotras estábamos en el piso, arrodilladas y hatadas de manos a la espalda. Una de las hermanas pateó a Darya en la cara y yo protesté, pero recibí el mismo golpe en el pecho.
—Ustedes, humanas, no saben dar más que problemas. Las llevaremos con nuestra Divina Majestad para que se encargue de ustedes.


Mientras lo anterior sucedía, la reina Morgana estaba encantada con su reciente adquisición. Un hada ingeniera llamada Magot, que más bien era un hada con injertos electrónicos en ella, estaba terminando con Isis. Magot era la única que había estudiado a fondo la tecnología de los envy, y literalmente estaba fusionada con ella. Tenía tres brazos, uno de ellos mecánico, que sobresalía de su espalda y que chillaba cuando se movía. No tenía ojos, sino que eran implantes de esferas compuestas, como los ojos de una mosca. Le faltaba cabello, y la mitad del cráneo era de metal, y de él sobresalían fibras biológicas que se enterraban en su espalda y le recorrían la columna. La cara destrozada por los procedimientos quirúrgicos le dejaba siempre con una expresión de socarrona risa.
—Ah… esta niña es perfecta —dijo con voz potenciada —. Su contextura y su cerebro inocente…
—Siempre dije que la hija de Celesta era una buena candidata para esta intervención.
Kura y Morgana miraban con atención a Isis. La chica estaba sobre una mesa metálica. Magot la había abierto en canal y estaba remplazando algunos órganos vitales, como los pulmones y el estómago. Una multitud de pequeños cables se conectaban al corazón, que continuaba palpitando.
Magot extrajo con delicadeza el ojo derecho de Isis, y lo colocó en un recipiente metálico. Después, otra hada le entregó una botella. Dentro estaba un ojo artificial. Lo extrajo con sus dedos mecánicos, tan delgados como pinzas. El órgano tenía unos pequeños cables, como cabellos, que se movían como si tuvieran vida propia. Los acercó al cuenco ocular del cráneo del hada, y estos encontraron rápidamente dónde adherirse. Se enlazaron con los nervios de Isis y luego la ingeniera sólo tuvo que fijar el nuevo implante. Se activó, brillando de un hermoso tono esmeralda.
—Bien. He remplazado y colocado las mejoras. La tecnología de los envy es maravillosa.
Morgana asintió.
—Perfecto.
—La cerraré de inmediato y comenzaré el adoctrinamiento mental para volverla una perrita fiel de la corona.
—Ella es la primera de muchas —sonrió Morgana —. Cuando tengamos a Isis lista, convertiré a todas mis Hijas, las Hermanas de Asalto, en grandes luchadoras potenciadas con la ciencia envy.
La reina miró a Kura.
—¿Es así en tu mundo, querida?
La japonesa asintió.
—En el año 2555, los humanos hemos alcanzado este nivel de tecnología. Me alegra que mis historias le hayan inspirado para lograr esto, majestad.
Evidentemente Kura, a diferencia de las otras humanas que habían traspasado la barrera del mundo inmaterial, era la única que venía del futuro, y sus influencias, su sed de muerte y adicción a la violencia, habían implantado en la reina de las hadas la semilla de la maldad.

****

Okeeeey ahora Isis es un hada-cyborg jjajaja debo dejar de fumar cada vez que me pongo a escribir, pero admitamos que la historia está cada vez mas rara, y mientras tanto las cosas se complican. ya estamos en una fase crítica! qué sucederá con Isis?
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Mensaje por Delfi22 el Vie Feb 10, 2017 10:33 pm
Pensé cualquier cosa, pero hacer a la pobre Isis un cyborg. Que estabas pensando?..jejeje...y Kura y sus maldades...Cuando Rebeca se entere lo que le paso a Isis? y cuando se entere Darya que fueron descubiertas por el error de Rebe...Que lío!..Bien a la espera del siguiente..Nos vemos..
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Mensaje por Yurita el Dom Feb 12, 2017 10:12 pm
@Delfi22 escribió:Pensé cualquier cosa, pero hacer a la pobre Isis un cyborg. Que estabas pensando?..jejeje...y Kura y sus maldades...Cuando Rebeca se entere lo que le paso a Isis? y cuando se entere Darya que fueron descubiertas por el error de Rebe...Que lío!..Bien a la espera del siguiente..Nos vemos..

jaja no sólo eso, sino que se vienen cosas mas... raras xD
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Mensaje por Yurita el Dom Feb 12, 2017 10:15 pm
Nos habían quitado todas las armas y los explosivos, y no sólo eso, sino que nos ataron las manos por detrás de la espalda y nos condujeron como animales a los pies de la reina de las hadas. La primera vez que había estado en el castillo, lo había hecho en calidad de invitada, pero las cosas eran muy diferentes ahora. Las Hermanas nos arrojaron al piso, frente a ella. Yo me mordí el labio y sentí el amargo sabor de la sangre. Darya, que había tratado de resistirse a la captura, tenía una cortada superficial en el brazo y un moretón en la mejilla.

—Pero miren a quiénes tenemos aquí —dijo la melodiosa voz de la reina —. Siempre supe que te convertirías en carne de cañón, querida —sus ojos estaban puestos en mí. La sonrisa de sus labios pintados de rojo me pareció excesivamente cálida como para creerme que de ella podría salir algo peor que una maldición.
—Yo… sólo quiero volver a casa.
—Las dos —añadió Darya.
—Ah, qué tiernas. Sin embargo ya se han convertido en un problema mayúsculo. Tengo que encargarme de ustedes.
Estábamos dentro de una cámara circular, con las paredes iluminadas por una extraña mezcla de colores, como torbellinos, que adoptaban distintas formaciones y me daban vértigo. Junto a la reina había una chica embutida en una armadura ligera, con las facciones asiáticas y una katana colgando de su cintura. Pese a la distancia y a la escasa luz, logré darme cuenta del brillo rojo en sus ojos, como si alguna fuerza flotara dentro de ella.

—Kura…
Cuando pronuncié su nombre, la chica apenas y reaccionó.
— ¡Kura! —grité —¿Qué haces trabajando con ella? Somos humanas ¿qué no quieres regresar a tu tiempo?
—Mi tiempo ha desaparecido. No tengo intenciones de volver a ese mundo destruido.
—¿Qué?
—Kura viene del futuro —explicó el hada —, de varios siglos por delante de tu tiempo, y al parecer, la humanidad está en tal decadencia que es imposible tener una vida tranquila allí. No conozco los detalles, pero Kura es feliz aquí y me sirve mucho. No como ustedes dos, que serán ejecutadas mañana al medio día, en la plaza pública para que todas mis hadas puedan ver el destino que corren aquellos que intenten romper nuestra sagrada estabilidad. Llévenselas.

Las Hermanas nos echaron correas al cuello y nos obligaron a ponernos de pie. Fuimos arrastradas de regreso a nuestra celda y encerradas ahí, en ese reducido espacio que olía a orines y a tierra mojada. La única luz provenía de una pequeña ventada ubicada en lo alto de la pared. La puerta de metal que nos bloqueaba la salida era tan gruesa que ahogaba nuestras voces del exterior.
—¿Qué vamos a hacer, Darya? —le pregunté, al borde de la desesperación absoluta.
—Morir con la frente en alto.
— ¡Darya!
—Yo siempre he estado lista para morir —se recluyó en un rincón, derrotada y triste. Yo lo sabía, aunque también sabía que estaba haciéndose la fuerte, y durante largas horas, ninguna de las dos cruzó palabra alguna.
Yo pensaba en mi familia, en mi mamá a la que no volvería a ver, y en todas las cosas que me perdería, pero también pensaba en la muerte y en lo que se sentiría ser ejecutada ante la vista de cientos de personas. Apreté los puños y comencé a jalarme el cabello en un intento por tranquilizarme. No podía ser como Darya, que estaba tan metida en sus propias emociones que no reaccionaba absolutamente a nada, ni siquiera a las caricias que le hice en los brazos, ni a mis intentos de comunicarme con ella.


El tiempo transcurrió demasiado rápido, y cuando nos despertó el sonido de la puerta abriéndose, Darya y yo saltamos del piso. En algún punto, esperábamos que vinieran a rescatarnos. Nos llevamos una dolorosa decepción, porque se trataba del equipo de ejecución. Eran cuatro hadas fuertes, idénticas entre sí salvo por los peinados. Nos amarraron del cuello con las correas y nos jalaron para salir de la celda. Subimos desde las mazmorras hasta lo alto del sector de calabozos. Nos colocaron sacos en las cabezas. Mi corazón, que ya de por si estaba como loco, se exaltó un poco más. Sentí como nos metían en una carroza y ésta comenzaba a moverse.
La penosa procesión terminó en la plaza. Nos hicieron bajar y nos quitaron los sacos. Pude ver al fin que Darya estaba llorando en silencio. Tenía la nariz roja y las mejillas mojadas. Yo no estaba diferente, y por primera vez en lo que iba del día, nos miramos de verdad. Sentí que debía de decir algo, tratar de calmarla de la misma forma en la que ella lo había hecho para mí. No logré hacerlo. Parecía haber perdido la capacidad de hablar.

Nos subieron al cadalso. La reina de las hadas estaba al frente, de cara a la multitud. A su lado, Kura y otra hada envuelta en capucha permanecían como estatuas. El mar de personas lo conformaba casi una centena de hadas civiles, todas ellas ardiendo de furia y profiriendo maldiciones contra nosotras. Para cuidar el orden, pelotones de Hermanas habían sido desplegadas y sus armaduras brillaban contra el sol de medio día.
—Les dije a todas lo que ustedes habían querido hacer —dijo Morgana —, y no se lo tomaron muy bien. La torre nos provee de energía. Mis hadas suelen ser muy rencorosas y disfrutarán con su muerte. Pueden estar seguras.
Tragué saliva cuando el verdugo subió. Se trataba de un hada de aspecto regio, con musculosos brazos, casi masculinos. Traía en las manos una pesada hacha de guerra, con una hoja tan afilada que se me heló la sangre de sólo mirarlo. El cuerpo entero me temblaba sin control. La sangre que martillaba dentro de mis venas estaba apunto de hacer que me desmayara del más absoluto terror. Miré a Darya. Ella tenía los ojos cerrados y continuaba llorando en silencio.
— ¡No! —exclamé.
—Se fuerte —dijo Darya —. Muere como un soldado, con la frente en alto — abrió los ojos y miró a la multitud.
— ¡Yo no quiero morir!
—Entonces serás la primera —masculló la reina, con voz melodiosa. Aunque me revolví, las Hermanas me obligaron a arrodillarme. La multitud maldecía para mí. Vi sus caras cargadas de odio, desde las niñas hasta las ancianas. Escupían sin alcanzarme, o me arrojaban piedras y palos que por fortuna no lograban alcanzar el cadalso o pasaban peligrosamente cerca de mí.
—¡Mis queridas hijas! —gritó Morgana —, aquí se acaba la historia de estas dos humanas, que intentaron con la peor de las malicias, destruir nuestra preciada ciudad. Son traidoras a la causa. Buscan derrocar todo lo que hemos creado, y morirán por eso. Cortaremos sus cabezas y las clavaremos en lanzas para que todos puedan ver el destino que correrán los traidores.

La verdugo levantó el hacha. Miré a Darya por última vez. Sus ojos entreabiertos miraban a la multitud. Había entrado en ese estado incrédulo, como si de repente se diera cuenta de que iban a matarnos. ¡A matarnos!
—No, por favor —rogué a Morgana, que se divirtió con mi expresión.
Miré al frente. Empecé a hiperventilar. El hada masculina levantó el hacha. Ya podía notar el filo cortándome la garganta. Un grito se acumuló en mi garganta, y cuando iba a expulsarlo, entonces Morgana detuvo el hacha.
—¡Alto! ¿Que demonios es eso?
La tierra empezó a temblar. Las hadas se asustaron y murmuraron desconcertadas mientras se miraban unas a otras. Las Hermanas se pusieron en posiciones defensivas, con las espadas afuera y los escudos preparados. En medio de la gente, hasta la parte de atrás, un torbellino de energías oscuras empezó a crecer de tamaño. El cielo se transformó en un techo cubierto de nubes de tormenta que estallaban rayos.
— ¡Hechicería! —gruñó Morgana.
Una explosión de oscuridad surgió del torbellino. Las hadas se dispersaron, asustadas. Una ráfaga huracanada tiró a la reina y a sus hadas, y también mandó a volar a otras, incluida a las niñas y a las ancianas, estrellándolas contra las paredes de piedra de las casas y convirtiendo sus frágiles cuerpos en pulpas sanginolentas.
— ¡No!
— ¡Deja a esas humanas en paz! —La voz… ¿por qué me sonaba familiar?
— ¡Marceus! — exclamó Darya, cuando la figura encapuchada del hechicero surgió por entre el reguero de cuerpos. Se trataba del mismo hombre con el que nos habíamos encontrado frente a la catedral, el que nos había dado los artefactos que Ferina quería. Seguía aquí. Estaba presenciando nuestra ejecución y decidió hacer algo para impedirlo.
Kura y el hada encapuchada saltaron del cadalso para poner una barrera entre el brujo y la reina. Las manos de Marceus estallaban con rayos azules. Su capucha cayó, rebelando un rostro anciano de cabello blanco y escaso.
En ese momento todo sucedió muy rápido. Darya, con un giro veloz, enredó sus piernas en las del hada más cercana y la hizo caer. Antes de que pudiera levantarse, le propinó una patada tan fuerte que el cuello de la mujer hizo un sonido aterrador. Morgana lanzó una maldición al darse cuenta de esto. Quiso atraparme, y en ese instante me levanté y golpeé su vientre con mi cabeza. La mujer cayó de espaldas. Darya, que había conseguido quitarse las sogas de las manos con un cuchillo del hada muerta, me liberó.
— ¡Vámonos!

No tuvo que decírmelo dos veces. Lo más importante era salir de allí.
Por lo visto, nosotras no éramos la prioridad de la reina, ya que nos dejó ir después de lanzarnos una mirada asesina. Tenía otras cosas en las que ocuparse, como en el mago Marceus que estaba frente a ella, retándole con su magia y con las Hermanas de combate rodeándole en actitud amenazante. Querían acercarse, pero sus armaduras no podrían hacer nada contra los rayos de luz. Además, los gemidos de dolor de las hadas heridas por la tormenta mágica seguían flotando en el aire.
Darya me llevó hasta un rincón donde pudiéramos estar a salvo. Lo primero que hizo nada más llegar, fue mirarme con los ojos desorbitados, me palpó los brazos y el vientre, también las mejillas y la cabeza.
—¿Estás bien? ¿Te han herido o algo?
—Estoy bien… sólo que casi me muero del miedo. ¿Tú lo sabías? ¿Sabías que nos iban a rescatar?
—Vi al hechicero entre demás personas, y albergué la esperanza. Si no le hubiéramos conocido, creo que las cosas serían muy diferentes ahora.
En eso tenía razón. Estábamos vivas. Habíamos escapado por los pelos de una terrible ejecución. Sentí que las lágrimas volvían a mojarme los ojos. Darya me abrazó con todas sus fuerzas y me dio besos en el cuello y en los hombros mientras me acariciaba la espalda con afecto, consolándome y diciendo que todo estaría bien, y yo quería creerle.

Nos separamos y la miré con muchas ganas de besarla. Nada era más estimulante como haber escapado de la muerte. Sin embargo, mis deseos se vieron interrumpidos cuando la voz de la reina discutiendo nos llamó la atención.
—Traidor, pensé que éramos compañeros — le decía al hechicero.
—Jamás podría ser aliado de una mujer que sólo busca desestabilizar el orden natural de las cosas.
— Pero tú no entiendes lo maravillosas que las hadas podemos ser. Somos seres superiores. Seres de luz, hijas de la Luna.
La tormenta de magia seguía imprecando en el cielo. Ya no entraba un sólo rayo de sol. Las nubes se habían tornado púrpuras y negras, y los rayos estallaban como serpientes entre ellas. El viento seguía soplando fuerte. Kura desenvainó la espada y dio un paso para atacar a Marceus, y en ese momento algo más pasó. El cielo escupió una ramificación de rayos rojos que impactaron en el suelo, detrás del mago. Al mismo tiempo, más pelotones de hadas guerreras llegaron de diferentes puntos de la ciudad y tomaron posiciones defensivas. Los rayos se habían concentrado en un sólo punto, y luego, con un sonido como de succión, se abrió un agujero en el espacio. El hechicero soltó una carcajada y se apartó.
—Es… un portal —observó Darya.

Tenía razón, y del portal comenzaron a surgir figuras. Muchas de ellas. Hadas de piel canela y belleza exótica. Elfos armados con arcos y lanzas. Enanos que llevaban toscos fusiles y hachas en las manos, revestidos con sus respectivas armaduras. Después de que unos cien individuos o más salieran y se hubieran formado en columnas, del portal surgió una silueta enorme, un cuerpo embutido en una pesada armadura motorizada, con detalles negros en el metal rojo. El pelo escarlata de Ferina se balanceaba libremente por las corrientes de aire. Uno de sus ojos había sido remplazado por una esfera de luz, que brillaba con el color de la sangre.
Morgana se puso más pálida de lo usual. Incluso desde donde estábamos, pude ver cómo retrocedía un paso.
—Ha pasado tiempo, Morgana —dijo Ferina. Su voz estaba amplificada por la armadura.
— Bruja envy… no te esperaba tan pronto. Pensé que mis fuerzas estaban encargándose de tus lacayos.
— Son miles los que siguen fieles a mí, y he venido a tomar venganza por la aniquilación de cientos de envys a causa de tus ejércitos. Yo soy la última que queda en pie, y te llevaré al infierno. ¡Ataquen!
Las hadas, los elfos y los enanos se lanzaron en masa contra las Hermanas, que correspondieron a la agresión. Las dos ingentes masas de combatientes se enfrascaron en una pelea horrible, donde los gritos de furia y el choque de metal contra metal produjo un ruido estridente. Las hadas rebeldes ensartaban a sus compañeras con sus alabardas, los enanos caían ante la agilidad de las guerreras enemigas, y los elfos cortaban miembros y cercenaban cabezas con sus espadas. Caían por ambos bandos, y pronto la masacre se extendió por toda la plaza hasta que los combatientes se fueron desplegando por las demás calles. Las hadas civiles corrían muertas de miedo, pero eran alcanzadas por las flechas de los elfos, que no hacían discriminación alguna y mataban a todas. Me sentí culpable. Recordé que todas ellas habían mal dicho para mí, que me habían deseado la muerte, escupido en la cara.

—Muéranse, perras —gruñó Darya.
Cuando la plaza estuvo más o menos despejada, la reina de las hadas y la bruja envy estaban frente a frente, aunque a unos veinte metros de distancia. Ambas destilaban poder mágico. El enfrentamiento entre ambas iba a ser mortal.
O eso creí, porque Morgana se rió y con un ademán de la cabeza hizo que una de sus guardaespaldas, la que tenía la capucha, se la quitara. Al principio no le tomé mucha importancia a su apariencia, pero después el corazón se me cayó a los pies. Se trataba de Isis.
—¿Ella? —murmuró la rusa.
Me quedé sin habla. Era Isis. No cabía duda, aunque se veía diferente. Me produjo horror ver que su brazo izquierdo había sido remplazado por uno de metal, de aspecto robótico, con cables y fibras sintéticas ocupando el lugar de los músculos. Varios cables le sobrarían de la columna vertebral y se adentraban en su nuca. Tenía una especie de casco con un visor, que brillaba de un tono esmeralda. Un pequeño tubo de escape en el hombro derecho soltaba una pequeña voluta de humo de combustión. Iba vestida con una armadura ligera a base de placas de metal, con varios cuchillos cruzados en el pecho.
—Tecnología envy —dijo Morgana —, la primera de muchas. Isis, acaba con Ferina.

Quise detenerla, avancé un paso, pero Darya me detuvo. Al mismo tiempo, Isis se lanzó al ataque corriendo a una velocidad demencial. Pisó los cuerpos de los muertos. Ferina se colocó en posición defensiva, bajando el hombro para recibir el impacto de Isis, y también corrió al encuentro con ella. La pesada mole que era la bruja iba a aplastar a la indefensa hada. Quería cerrar los ojos, pero no pude. Los pesados pasos de la armadura motorizada de Ferina hacían estragos en el suelo. Entonces, Isis se deslizó por debajo de las piernas de la bruja. Se incorporó con una agilidad pasmosa y sujetó uno de sus muslos. Con una fuerza colosal, que hizo que escapara más humo del tubito de escape, mi ex novia levantó el pesado cuerpo de Ferina, giró sobre su eje y la lanzó contra una casa.
La bruja atravesó el muro de piedra. Acto seguido Isis le apuntó con el brazo mecánico, y un compartimiento a los costados disparó un rayo de luz que envolvió a Ferina en una explosión de fuego. Mientras tanto, Morgana reía como una desquiciada.
— ¡Ya no soy rival para ti, Ferina! Ahora soy más que eso.
Pese a todo esto, la envy salió de la casa. Ahogó la sonrisa de la bruja. Darya y yo notamos que tenía una abolladura en el pecho, gracias al impacto del láser de Isis.
—Oigan, ustedes dos —Lara apareció a nuestras espaldas. Vestía un traje alemán de la Segunda Guerra Mundial, y traía nuestras armas —. Tenemos una misión que hacer. Vamos a destruir el servonucleo que está en el palacio antes de que las cosas se vuelvan mucho peores de lo que ya están.
Darya se giró hacia mí y me colocó las manos en las mejillas.
—¿Lista, bonita? Vamos a ganarnos nuestro boleto a casa.
Asentí. Estaba dispuesta a todo, con tal de volver.
*******++

Muajaja, el tan esperado enfrentamiento entre la Envy y la Reina xD, al fin y además la historia ya se perfila para terminar :x así que espero les haya gustado joo
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Mensaje por Delfi22 el Vie Feb 17, 2017 5:31 pm
Bueno solo me queda esperar el siguiente capítulo para respirar tranquila y saber que a estas tres no les pasó nada(Lara, Darya y Rebe)...pero tengo el presentimiento que Kura les va a dar problemas...Así que hasta la próxima..

*muerte a la reina malvada*
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Mensaje por Yurita el Sáb Feb 18, 2017 3:51 pm
Hola!! muchas gracias por todo, vamos por los siguientes capítulos :)

Darya estaba molesta, lo noté en la resolución de su mirada y por la forma en la que caminaba con pasos decididos. Lara iba al frente de la fila, con el fusil apuntando a la altura de sus hombros. Yo cerraba la marcha, con el dedo en el gatillo y mirando a cada rato por si alguien se nos aparecía por detrás. Nos habíamos internado en lo más profundo del castillo de la reina Morgana, a través de un conducto de desagüe, y desde allí, tomamos una ruta cuidadosamente trazada por debajo de una trampilla que conducía hasta los niveles inferiores.
Eran túneles de piedra, bastante estrechos por los que apenas podíamos ir en fila. No se oía nada más salvo el rumor del agua cayendo desde alguna dirección. La luz nos la daban las piedras químicas empotradas en las paredes, y que brillaban de una manera tenue.

—El servonucleo es un arma de doble filo —explicó Lara, intentando hacernos entender por qué era importante eliminarlo —. La reina lo quiere para manipular las energías que se desprenden del eclipse lunar. Una vez que lo haga, la energía de luz, aquello que es la esencia de las hadas, adquirirá grandes poderes, a costa de convertirlas en seres malignos.
—¿Más de lo que ya son? —preguntó Darya, mordaz. Lara soltó una risa.
—Así es, preciosa. Más de lo que te imaginas. Justo ahora, Ferina estará haciendo todo lo posible para darnos tiempo de llegar hasta él. No debemos fallarle a nuestra señora.
Yo no pensaba tanto en lo que la reina quería o no hacer. lo que me preocupaba era Isis, y lo que habían hecho con ella. Esa velocidad y la endemoniada fuerza no parecían ser propias de ella, ni tampoco los implantes que le daban a su cuerpo un aspecto feo y desastroso. El corazón se me contrajo con un poco de culpabilidad y me dieron ganas de vomitar.

—¿Te sientes mal? —preguntó Darya con preocupación. Le dije que sí, pero ella se limitó a abrazarme despacio y a besarme el cuello.
—Shh. No temas ¿está bien? Te aseguro que me esforzaré para que volvamos a casa.
—Lamento interrumpir su bonita relación, niñas, pero tenemos que movernos —farfulló Lara. Me sonrojé al tener la cara de Darya tan cerca. Ella reaccionó igual. Se dio la vuelta y siguió caminando.

*****
La reina de las hadas apretó los puños. Las mocosas humanas se habían escapado, y no tenía suficientes Hermanas para lanzarlas en su busca. Incluso la poderosa Kura estaba viéndoselas negras, enfrentándose a dos elfos con espadas. La katana de la muchacha apenas alcanzaba a los veloces seres del bosque, pero estos tampoco podían hacerle daño porque no dejaba ninguna abertura que pudieran aprovechar.

Una explosión llamó su atención. Ferina, con la pesada servoarmadura motorizada echando humo, tenía aprisionada a Isis contra el suelo. El hada se revolvía con fuerza y pataleaba. Logró quitarse a la bruja de encima, ponerse de pie de un salto y encajar un puñetazo en el frágil rostro de la envy. La fuerza la envió a atravesar la pared de una casa. Luego, Isis levantó la espada sangrante de un elfo y arremetió contra su rival. El arma se quebró cuando impactó en la placa del antebrazo de la bruja. Ésta se movió como un borrón y agarró a isis del brazo mecanizado. Luego, con una patada en el pecho de la chica, le arrancó la extremidad, que se quedó entre sus dedos chispeando y goteando líquido biológico.
Isis logró levantarse. El muñón de cables humeaba. Sin el braza cañón, no tardaría mucho en caer. La reina al ver esto tomó nota mental de hacer que las aleaciones fueran reconstruidas con mayor densidad para que no pudieran quebrarse con facilidad. Por otra parte, vio que el tubo de escape que sobresalía del hombro del hada experimental estaba echando humo blanco. Eso significaba que el motor interno, el que controlaba el continuo flujo de sangre de su corazón artificial, estaba fallando. La muchacha se desactivaría pronto.

—Esta cosa es la muestra de lo enferma que estás —le dijo Ferina a Morgana, aplastando con sus grandes dedos el brazo de Isis —. Nunca podrás hacer que la mecatecnología de los envy se adapte a tus hadas. No son compatibles.
La reina, que estaba sentada con las piernas cruzadas en el borde del cadalso, se limitó a sonreír.
—Ah, querida. Creo que todavía no has comprendido bien la magnitud de mi poder.
Ferina enfureció y se lanzó al ataque. Sus pasos retumbaban. Poco antes de acercarse a la bruja, el cuerpo de Isis se le plantó en medio. Sin el brazo, la muchacha pateó a la bruja. Ésta retrocedió. La armadura se le había abollado. Frunció las cejas y extendió una mano, de la cual empezó a surgir una luz brumosa y roja. Morgana se puso de pie.
—Maldición.

— ¡Desaparece! —el grito de la envy lanzó el hechizo contra Isis. El hada no alcanzó a esquivarlo, y en ese momento explotó. Su cuerpo quemado y echando chispas salio despedido hacia un callejón y se quedó allí, inmóvil y humeando.
Morgana borró toda expresión de calma de su rostro. Bajó de cadalso e invocó su magia. De inmediato el vestido elegante que llevaba se transformó en una armadura de placas de metal, y un rayo que cayó desde las nubes pintadas de púrpura y negro, se transformó en una espada de doble filo.
Miró a Kura, que sangraba de la pierna derecha. Morgana se teletransportó como una explosión de oscuridad y atacó a los dos elfos, cortándoles la cabeza con un tajo limpio. Los hombres cayeron con la sangre saliendo a presión de sus gargantas.
—Las niñas humanas están dentro del castillo, se dirigen a la bóveda. Ve por ellas y mátalas.
Kura enfundó su katana y realizó una reverencia.
—Como usted ordene, majestad.
—¡Mi Señora! —un hada Hermana se aproximó —. He contactado con el décimo regimiento. Vienen en camino para ayudar.

— ¡Perfecto! Pronto llegarán los refuerzos. Buen trabajo. Vuelve a tus funciones.
El hada realizó un saludo y volvió al cuartel de mando. Morgana se sintió feliz. Las fuerzas del décimo regimiento se encargarían de destruir a los rebeldes. Lo que ella tenía que hacer, mientras tanto, era derrotar a Ferina y cortarle la cabeza.
Miró su espada y se reflejó en ella. Esta se revistió de un molde de luz y luego Morgana desapareció repentinamente. Ferina frunció las cejas mientras sus sentidos buscaban la presencia de su enemiga. Apenas pudo detectarla a tiempo. Estaba a sus espaldas. Giró sobre sus talones y levantó el antebrazo, pero la espada de Morgana, cubierta de luz aniquiladora, fue más fuerte y sin tapujos rebanó el brazo de la bruja.
Esta saltó lejos. La pesada extremidad cayó, chispeando y sangrando. Los implantes de la bruja se aseguraron de detener la hemorragia del muñón sin que esta siquiera expresara más que un leve fruncimiento de labios a causa del dolor. Sin embargo comprendió que la espada era peligrosa. No todas las armas podrían cortar el hibriacero con tanta facilidad. Calculó que la luz no era más que una especie de plasma hipercalentado que despedía ondas capaces de romper los enlaces de los átomos de la armadura, aunque para la reina de las hadas no era más que magia. De todos modos, si no se cuidaba de ella, iba a vérselas mal.
—Yo también quiero regresar a mi tiempo —dijo Lara —, fui una gran teniente antes de que me viera arrasado a esto. Nos quedamos en mitad de la guerra, justo antes de comenzar la invasión a Polonia.

—Malditos alemanes —gruñó Darya, y durante un segundo creí que le metería una bala por el cráneo a Lara, pero esto no sucedió. Siguió caminando sin que no le importase nada más que el destruir el servonucleo y llevarnos de regreso a casa.
Lara de repente se detuvo abruptamente y Darya chocó con su espalda.
—Hemos llegado. Es esa puerta de allá.
La entrada era pequeña, lo suficiente apenas como para que pudiéramos entrar agachadas. Me alegré de que pudiéramos salir de este corredor infernal. Lara sacó una pistola de su funda y disparó contadas veces a los goznes de la trampilla. Después la pateó hacia adentro y saltó al interior de la cámara.

Era un sitio grande y vacío, a excepción de una gran torre de piedra cristalizada, como un diamante cilíndrico que se alzaba unos diez metros, hasta el alto techo. Ristras de luz parecían recorrerle y despedía el sonido de un zumbido. Nacía de la tierra y terminaba en una esfera de metal, tan brillante y cromada que era como un espejo.
—Finalmente llegamos. Coloquemos las cargas y salgamos de aquí. Vigila la entrada, niña —ordenó dirigiéndose a mí.
Lo hice con la tensión en las manos y la excitación al saber que pronto nos podríamos ir a casa. Eso me emocionaba y también me hacía sentir un tanto insegura ante la posibilidad de no volver a ver a Isis, ni descubrir qué le habría pasado. Sentí deseos de volver, más por curiosidad que por cualquier otra cosa.
Darya y Lara plantaron las cargas en la base del cristal, y las interconectaron con cables entre sí. Eran objetos redondos que se pegaban con plastek,una clase de plastilina, a la base y quedaban bien fijas.

—Listo —Lara se metió el detonador al bolsillo —. Vámonos antes de que sea demasiado tarde.
Sonreí cuando Darya me miró y me lanzó un beso en el aire. Les ayudé a trepar por la trampilla y regresamos encima de nuestros paso a través del claustrofóbico corredor. Lo hicimos en silencio, cada una metida en nuestras propias emociones. Darya iba delante de nosotras, y me llevaba tomada de la mano. Yo la sujetaba fuertemente, temiendo que si no lo hacía ella iba a desaparecer.
Entonces se detuvo cuando llegamos a un punto sin retorno.
—Estoy segura de que aquí había una entrada — dijo Darya, asustada. Lara paseó la vista por las paredes.
—La había. Nos encerraron. Saben que estamos aquí.
Comencé a sentirme mal.

—¿Cómo saldremos? No me gustan los sitios pequeños.
—Vayamos por este otro corredor —. Era un riesgo que íbamos a tomar, así que lo hicimos. Estábamos tensas las tres porque no sabíamos qué cosa iban a meterse en nuestro camino a partir de ahora.
Terminamos en una cámara que parecía ser una clase de bodega llenas de cajas selladas con runas mágicas. La cruzamos. Unas escaleras se dirigían a una ventada que estaba en la parte más alta de la pared. Podríamos salir por allí.
—Nadie se mueva o las mato ahora mismo.
La voz hizo que nos detuviéramos. Se trataba de Kura, que aparecía detrás de una de las cajas, y venía con una extraña hada de aspecto siniestro y mecánico, con dedos de aguja y un brazo cibernético saliendo de su espalda. Sentí aprensión y asco al verla. Traía una sonrisa enferma de dientes metálicos y de sus ropajes sacó una especie de caja cuadrada, la cual activó.

No era una bomba ni algo por el estilo, pero cuando lo hizo, mi rifle y el de Darya, así como el fusil y la pistola de Lara, fueron atraídos hacia él como si se tratara de un imán. Desarmadas, retrocedimos cautelosamente. Darcy me escondió detrás de ella. Lara se quedó un poco más al frente
—Kura…
—No permitiré que sigan avanzando y se metan en mis planes.
—¿Tus planes? —cuestionó Darya.
—Sí, y han causado muchos problemas a las hadas —desenvainó la katana y corrió hacia Lara.
La alemana se echó a un lado, rodó por el piso y tomó distancia entre la japonesa y ella. Kura la miraba con ojos encendidos y una maliciosa sonrisa en los labios. Se colocó en posición de ataque y ésta vez fue más rápida, dirigiendo veloces tajos hacia Lara, que no podía hacer otra cosa sino retroceder ágilmente hasta que perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Ese instante lo aprovechó Kura para clavarle la espada en el hombro y literalmente pegarla al piso. El grito de Lara se vio levemente contenido sólo por su orgullo de soldado.

Yo sentí que el alma se me caía a los pies. Kura no se tomaría un sólo respiro. Nos asesinaría sin lugar a dudas. Darya quería ayudar a la alemana, pero el hada extraña nos miraba y apuntaba con el rifle Tokarev, a la vez que lo analizaba como tratando de aprenderse su construcción.
—Son sólo perdedoras del pasado. El Imperio de Japón se ha hecho más poderoso y ahora somos nosotros quienes dominamos.
— ¡Muérete, maldita! —bramó Lara.
Kura sacó la espada. La alzó sobre su cabeza y se preparó para dar el tajo final. Yo grité de horror. Darya gimió de miedo. No pudimos hacer nada cuando la mujer descargó un tajo limpio y certero. La sangre salió disparada a presión. Otro tanto trazó una línea roja en la pared.
Empecé a respirar desesperada. Kura se giró. Su ropa estaba manchada de sangre, al igual que su cara. Miré por un segundo el cuerpo sin cabeza de Lara, y vomité a un lado.

—Siguen ustedes —se pasó la lengua por los labios, bebiendo la sangre de la nazi.
Aunque Darya odiaba a la fascista, se veía claramente aturdida por lo que acababa de pasar. Retrocedió conmigo y al hacerlo me empujó un poco. Me alejé para guardarme detrás de unas cajas, como ella me indicó. Kura no me prestó atención. Empezó a correr con la espada abajo, lista para dirigir un corte contra Darya.
— ¡No! —alcancé a gritar. El arma se volvió un borrón. Cerré los ojos.
El sonido metálico ahogó lo que pudo haber sido el sonido de la carne cortándose.
— ¿Qué demonios?
Abrí los ojos. Darya seguía con vida, y había parado la katana con el filo de su cuchillo de guerra.

La sorpresa de Kura se reflejó en sus ojos. En un instante, Darya movió el cuchillo como una maestra en el arte, escapó de la japonesa y y logró patearle en el pecho, haciéndola retroceder. Sin darle tiempo de reacción, volvió al ataque, pero ésta vez con rápidos movimientos. Acorralada durante un momento, Kura retrocedió y volvió a ponerse en posición de ataque. Plantó los pies en el piso y embistió a Darya.
La rusa se quedó quieta de repente, y en el último segundo se echó al piso y rodó. Kura plantó los pies y giró sobre sus talones, justo cuando el cuchillo de Darya volaba hacia ella y se le clavaba en el bicep, con tanta fuerza que la hoja salió por el otro lado.
La joven gritó y soltó la katana que hizo un ruido estremecedor. El hada robótica levantó el rifle y disparó, pero falló el tiro. Darya se lanzó contra ella. El hada dejó ir el arma y se dio la media vuelta para correr. Darya recogió la pistola que le pertenecía a Lara y soltó un simple tiro que se adentró en la nuca de la cosa, que cayó muerta.

Se giró hacia la japonesa. Recogió su rifle mientras se dirigía hacia ella.
—Me parece que los japos no saben como luchar cuerpo a cuerpo.
Con una mueca de dolor, Kura se quitó el cuchillo y lo arrojó al piso. La sangre manó a chorros de su herida y ella hizo presión, empapándose los dedos. Yo finalmente sonreí. Había una chance de ganar. Estaba segura de ello.
La japonesa se agachó para tratar de recuperar su katana. Darya disparó y el tiro se le clavó en la mano. Volvió a gritar y se alejó, sangrando por varias heridas.
— ¡Te mataré! ¡Te mataré, maldita comunista!
—Eso siempre nos dicen — en la cara de Darya había algo diferente, un odio casi sobrio y una cara seria. Disparó dos tiros más. Uno a cada rodilla de Kura. La chica cayó al piso, retorciéndose de dolor.
— ¡Ah…! Cabrona…
— ¡Tú intentaste matarme y asesinaste a Lara! Lo cual por cierto, está bien para mí. Una fascista menos de la qué preocuparme.
Que dijera eso hizo que me molestara. Recordé a Lara y se me oprimió el corazón.
—¿Sabes? Cuando todo esto termine y regrese a mi tiempo, tengo intenciones de comunicarle al Camarada Stalin sobre el peligro que son ustedes, los japoneses. Les mantendremos vigilados. Tengo por seguro.
—Ustedes… son como nosotros. ¡Quieren conquistar!
—En efecto —dijo Darya Alanova, y disparó una vez más, en el muslo izquierdo de Kura.

Yo salí de mi escondite y caminé lentamente hacia ella.
—Oye… mátala. Deja de atormentarla.
—Sin piedad, sin remordimiento ¿lo sabías, Rebeca? Los rusos no retrocedemos y ya estoy harta de verme acorraladas por seres que no puedo entender. Esta maldita traidora a a la humanidad colaboraba con las hadas ¿verdad? Tú misma lo has dicho, Kura. Estamos interfiriendo en nuestros planes. A puesto a que deseabas que el Imperio de Japón tuviera acceso a la mecatecnología de los envy. Ibas a hacer que el mundo de las hadas conectara con el humano a través de ti ¿no es así?
Miré a Kura, que se desangraba.
—¿Eso es cierto? —le pregunté.
Ella sonrió socarronamente. Era una afirmación.
—Se terminó para ti — Darya le apuntó justo en medio de los ojos. La japonesa le escupió saliva y sangre, pero apenas rozó a Darya. Ella no tuvo ningún sólo temor en jalar del gatillo, y la bala se incrustó en el cerebro de Kura. No contenta con esto, descargó el último tiro en plena boca de la chica, para borrarle la sonrisa. Soltó la pistola y se giró hacia mí.
—Era el enemigo, Rebeca.
—Lo sé…

—Espérame aquí. Voy a quitarle el detonador al cuerpo de Lara.
—¿De verdad te alegra de que haya muerto ella?
—En realidad… no. Tengo un conflicto moral, pero no importa. Detonemos esta cosa de una vez por todas.
*******
Lara y Kura R.I.P T_T bueno, la historia se torna mas cruda! la próxima semana capítulo final! gracias por leer!
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Mensaje por Delfi22 el Lun Feb 20, 2017 4:48 pm
Que puedo decir...Esperaba que Lara no pasara a mejor mundo.. Isis tenía que terminar así después de la transformación que le hicieron. Y ahora Dayra y Rebeca podrán regresar a sus tiempos o se quedaran juntas en el tiempo de Rebe..Bueno veremos a como queda el final..

*Pensé que iba para más capítulos, pero aun así de cortita me gusto* Neutral
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Mensaje por Umiko el Mar Feb 21, 2017 3:43 am
Estoy empezando a leer este fic, me encanta las historias de fantasía  Laughing

Aunque recién voy en el primer cap, porque recién hace poco se me dio x volver a leer fics xD

Está un poquito limoncito al inicio xD
Pero se ve que tiene buena trama Very Happy

Sigue subiendo tus capis x favor, no abandones la historia l  l

Mientras tanto, yo me pondré al día xD
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Mensaje por Yurita el Dom Feb 26, 2017 3:12 pm
@Delfi22 escribió:Que puedo decir...Esperaba que Lara no pasara a mejor mundo..  Isis tenía que terminar así después de la transformación que le hicieron. Y ahora Dayra y Rebeca podrán regresar a sus tiempos o se quedaran juntas en el tiempo de Rebe..Bueno veremos a como queda el final..

*Pensé que iba para más capítulos, pero aun así de cortita me gusto* Neutral

jeje gracias por haberme comentado siempre!! es un gusto contar con lectoras fieles como tú. un abrazo! Smile
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Mensaje por Yurita el Dom Feb 26, 2017 3:12 pm
@Umiko escribió:Estoy empezando a leer este fic, me encanta las historias de fantasía  Laughing

Aunque recién voy en el primer cap, porque recién hace poco se me dio x volver a leer fics xD

Está un poquito limoncito al inicio xD
Pero se ve que tiene buena trama Very Happy

Sigue subiendo tus capis x favor, no abandones la historia l  l

Mientras tanto, yo me pondré al día xD

jajaj a mí tambine me encantan las historias de fantasía, especialmente si tienen yuri. y de abandonarla no te preocupes, porque ya está terminada xD
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Mensaje por Yurita el Dom Feb 26, 2017 3:15 pm
Capítulo 18

La reina Morgana sintió, más que vio, la muerte de Kura y supo que se le estaba agotando el tiempo. Miró hacia el cielo, tratando de buscar el sol, o la luna, pero todo estaba cubierto de la maliciosa nube de hechicería que el mago había creado para zanjar sus planes. Maldijo a la magia y se alegró de que pronto, a pesar de todos los contratiempos, podría hacerse con el control del mundo humano y comenzar su invasión a los otros reinos.

Ferina echaba humo, literalmente. Los servoimplantes de la armadura estaban sobrecalentados, y algunos de los reparadores vitales ya fallaban. Sangraba de heridas internas, el muñón donde había estado su brazo ya no goteaba sangre, pero la corrupción de la espada estaba gangrenando su piel. El visor óptico le impedía ver con la misma facilidad que antes, así como los neuroimplantes dentro de su cabeza, que chispeaban y por momentos se le iba el pensamiento.
La bruja realmente no era una bruja, aunque para los sentidos de las hadas y para su compacta forma de ver la vida, tal tecnología sólo podía ser obra de la magia. Ferina era, en realidad, una científica, la última envy y estaba segura de que si moría, al menos se llevaría a la reina de las hadas consigo. Sopló un viento frío entre ella y su enemiga. Se estaban tomando un momento de descanso, una tregua silenciosa. Ambas a los extremos de la plaza salpicada por la sangre de hadas rebeldes y leales a la Corona. Los combates seguían sucediendo se en varias partes de la ciudad, y distinguían explosiones potentes cuando las descargas de hechicería golpeaban la tierra.
— Me parece que tu ciudad está a punto de colapsar —dijo Ferina —. Mis elegidas pronto destruirán el servonucleo.

Morgana no se sintió presionada. Un brote de sonrisa irrumpió en su rostro ceniciento. En ese momento, un hada de batalla se le acercó.
—El décimo regimiento se aproxima, mi Señora.
— Perfecto — dijo Morgana en voz baja —. Nuestros soldados aplastarán a toda esta escoria. Ve y sigue al pendiente de las transmisiones.
Cuando el hada se dio la media vuelta, de repente se echó hacia atrás con un agujero en la cabeza. Morgana desvió su vista a las dos humanas que estaban allí. La chica rusa sostenía un rifle y con él había dado muerte a la otra mujer.

No podía decir a ciencia cierta si el hada maligna estaba ganando o no, pero tanto ella como Ferina tenían severas heridas en sus armaduras. La bruja envy era la que peor se veía, y estaba visiblemente más cansada. No había otra sola hada por las cercanías que pudiera prestarnos atención, y la tormenta de magia continuaba moviéndose como una cosa viviente en el cielo.
—Todo se terminó para ti — se burló Darya y sacó el detonador.
Si esperábamos que la bruja sintiera algo de desasosiego, nos equivocamos. En vez de eso ella sonrió.
Algo no iba bien.
—¿Qué estás esperando? —le preguntó Ferina — ¡Hazlo!
No. No. Algo no…

Sin pensarlo, Darya accionó el detonador y un instante después, el suelo se estremeció y se infló cuando la explosión recorrió la basta red de túneles. Los cristales del castillo de rompieron justo cuando la onda de choque escapó e hizo que los edificios soltaran ristras de polvo. Morgana ni siquiera se inmutó. En ese momento Darya, Ferina y yo comprendimos que habíamos cometido un error.
—¿De verdad creen que dejaría el servonucleo en mi palacio?
Inclusive el rostro serio de la bruja se tornó gris.
— ¡Lo tengo conmigo!
Y diciendo esto, del peto de su armadura se abrió un compartimiento y sacó una pequeña esfera, no más grande que un puño. Era una especie de canica con una galaxia en el interior, destilando una luz asombrosamente azul que en manos del hada empezó a tornarse roja. Darya soltó el detonador y apretó los puños. Ferina retrocedió un paso y yo comprendí, muerta de terror, que nuestros planes habían fallado.
— ¡Lara murió en vano! — exclamé.
— ¡Exacto! —A la rusa no le hizo la menor gracia.
Con una carcajada de burla, Morgana rompió la esfera entre su puño, y una onda de energía se desplegó y todo se tiñó con una luz roja. El viento lanzó grandes y calientes ráfagas. Darya me abrazó para protegerme, mientras los techos de madera de las casas volaban por los aires y los rayos convergían donde la reina. Yo quería ver, y asomé mi rostro por encima del hombro de Darya.

Estaba mutando, su carne se transformaba y desacomodaba por causa de la mecatecnología de los envy. Eso no tenía sentido. ¡No tenía sentido! Necesitaría del poder de la Luna para que el servonucleo funcionara ¿verdad? Inclusive la bruja se asustó, y salió despedida al ataque, con pesados pasos como un tanque bípedo. Pero no llegó a tiempo. De repente el cuerpo de Morgana estalló, deformándose a un nivel superior y empezó a ganar tamaño. Ferina clavó las botas en el piso. Darya y yo retrocedimos mientras los rayos latigueaban al hada.
Se le alargó el tronco, y se enroscó como una serpiente. Le surgieron cuernos en los hombros y púas en la espalda, hasta la frente. Su rostro se alargó como el de alguna clase de reptil y le brotaron dos pares más de brazos, cada uno de ellos armado con una garra con forma de guadaña. Las escamas la recubrieron por completo, escamas negras y brillantes.
— ¡Este es el verdadero poder del servonucleo! — gritó el monstruo con una voz distorsionada. No quedaba nada del majestuoso rostro de la reina — ¡He logrado encenderlo sin la necesidad de algo más fuerte que la luz de la Luna!

Media unos cuarenta metros de altura, como un dragón, o una serpiente súper desarrollada. Con un movimiento de su cola, voló los techos de las casas y agrietó la tierra. Se lanzó a través de la plaza con la velocidad de una cobra y agarró a Ferina entre las garras con forma de guadañas. La levantó y la arrojó con gran fuerza contra una de las casas. Después, abriendo la boca, soltó un nimbo de luz que estalló sobre la envy.
Darya soltó el rifle y retrocedió, aterrada y tocándose la cabeza con las manos. La reina se giró hacia nosotras.
— Ustedes… malditas humanas, no han dejado de causar problemas desde su llegada. ¡Desaparecerán!
La rusa me empujó con ella un momento antes de que otra de esas bolas de luz nos golpeara. Caímos. Me hice daño en las muñecas y grité de dolor. Sin embargo ella me abrazó y tiró de mí para llevarme lejos, a un callejón sin salida. Dimos la vuelta, tomadas de la mano y corrimos hacia las afueras de la ciudad. La cola de Morgana derribó un edificio y nosotras nos echamos al piso.
— ¡Las tengo justo donde quería!

Estábamos en el suelo, inmóviles ante ella. Su risa malvada, su aterradora apariencia iba a devorarnos. Todo el cuerpo me temblaba con un horror que me calaba los nervios. Vi mi muerte venir cuando abrió la boca y se dispuso a lanzar el rayo de luz.
Entonces algo sucedió. Algo viajando velozmente, dejando detrás una ristra de humo, se estrelló en la mandíbula del monstruo y esta chilló de dolor. Segundos después, las casas fueron derribadas por grandes criaturas parecidas a tortugas gigantescas, armadas con cañones y catapultas en sus caparazones.
— ¡La décima compañía! — exclamó Darya.
Y era cierto. El grito de poderosas Hermanas se dejó sentir por todo el campo de batalla. La reina Morgana gritó de furia. La artillería abrió fuego contra ella, disparando de sus catapultas grandes bolas encendidas, como meteoros, que se estrellaron en sus gruesas escamas. Pelotones de hadas trayendo pesados cañones se apostaron a su alrededor y tiraron obuses cargados de electricidad. Guerreras que montaban maravillosos grifos dispararon flechas potenciadas con hechicería que explotaron en la cara horrenda de la bruja.
— ¡Morgana! —el grito… ¡La voz! ¡La conocía! ¡Celesta!
La busqué. Estaba en la cima de una gigantesca tortuga artillada, que se desplazaba al frente de otras, y tras ella venía una comitiva de orcos y gigantes cíclopes. Enanos de batalla y elfos armados con espadas doradas también le seguían.
— ¡Celesta! ¡Traidora!
— ¡¡Tú eres la traidora!! —le gritó la madre de Isis — ¡Mataste a mi hija y ahora nosotras, la décima compañía, te recluiremos al infierno!
— ¡Eso es lo que te sucederá a ti, maldita hereje! ¡Yo soy la reina de las hadas! ¡Yo decido quien va al inframundo!
Portales pequeños, como espejos de oscuridad, se abrieron alrededor de Morgana y escupieron guerreros de las sombras, esqueletos armados con guadañas y espadas, arcos y fusiles. Se lanzaron en masa contra las fuerzas de la décima compañía.
— ¡Ataquen! ¡No tengan piedad! — rugió Celesta, vestida con la armadura de una de las Hermanas. Lo comprendí. ¡La habían ascendido de rango!
A su llamado, su ejército se dispersó. Los enanos, poderosos con sus hachas, fulminaron con rápidos golpes a los malditos demonios. Las grandes tortugas, cuyos caparazones sostenían las torretas y los cañones, abrieron fuego contra el enemigo. Otras hadas, apostadas en los techos, dispararon sus flechas mágicas.

Ferina estaba quieta en medio de la batalla, sosteniéndose el muñón del brazo y mirando con ojos desorbitados como las hadas se volvian contra su reina. Incluso las que seguían fieles volvían al ataque a defender al monstruo, pero eran exterminadas por sus hermanas con gran facilidad. Morgana disparó rayos de luz y agitó sus garras como guadañas. Una de las tortugas estalló en mil pedazos y sus restos se dispersaron por todos lados, pero como venganza, una de las gigantescas criaturas corrió y embistió a la dragona maldita, y esta cayó. Se arrastró por toda la ciudad como una serpiente, escapando, atravesando edificios. Los grifos la seguían y la hicieron volver a la plaza donde la artillería siguió lloviendo contra ella.
Las escamas explotaron. Darya, con su Tokarev, disparaba y disparaba. En ese momento vi mi Nagant tirado entre los escombros, y corrí hacia él. Esta vez no tenía miedo. No sabía si las pequeñas balas harían daño, pero lo intenté y disparé toda la munición que tenía, corriendo el cerrojo, acomodando cartuchos y repitiendo el proceso una y otra y otra vez.

El grito de Morgana fue aterrador y agudo, mientras se desmoronaba bajo su gran peso y caía sobre las puertas de su propio palacio.
— ¡Alto el fuego! ¡Alto el fuego! —gritó Celesta. El último cañón estalló en el vientre de la bruja, de la que ya no quedaba mucho, salvo una especie de cuerpo mutilado, con los órganos hacia afuera. Largas tripas y huesos rotos empezaron a pudrirse a soltar un olor nauseabundo.
Ferina y Celesta, caminando hombro con hombro, sin hablarse, y cada una embutida en sus pesadas armaduras, se acercaron a lo que quedaba de la cara de la gigantesca dragona. Los ojos sin vida de Morgana evidenciaban su muerte. Las últimas hadas traidoras y leales a la reina estaban siendo cazadas y ejecutadas en público. Sus cuerpos eran incinerados por los lanzallamas y gritaban vivas mientras eran quemadas por sus propias hermanas.
—Se terminó, al fin —Celesta miró a Ferina y le tendió una mano —. No te creí, pero ahora veo que tenías razón.
—Arriesgué todo al contarte. Me alegro de que me creyeras.
Las dos mujeres estrecharon la mano, y en ese momento se percataron de alguien que se nos estaba acercando. Era Isis; pero había algo más en ella. ¡Vida! Tenía una expresión de dolor, claro, y sangraba, pero ya no parecía una autómata.
— ¡Hija! — gritó Celesta y se unió a ella, abrazándola antes de que cayera — ¿qué te han hecho?
Ferina y nosotras nos arrodillamos para ver mejor. El hada… mi… mi amiga, porque eso era, estaba sufriendo. El implante ocular se le había desprendido, pero se ocultaba la cuenca con un pañuelo.

—Se quitó el neurocontrolador — explicó Ferina —. Luchó contra las órdenes implantadas en su mente y comprendió de dónde venían.
—Se arrancó los ojos — concluyó Darya.
—Sí. Al menos el que estaba controlándola.
El único ojo de Isis nos miró, y se detuvo en mí. Levantó una mano y me acarició la mejilla.
—Perdón… — fue lo que dijo, antes de desmayarse.

EPÍLOGO.

Con la caída de la reina Morgana, la paz volvió al mundo feérico, aunque nosotras no lo hicimos a nuestros hogares. Los habitantes, los pocos que habían sobrevivido, regresaron a ocupar sus maltrechas casas mientras una comitiva de hadas obreras, elfos y enanos empezaban las labores de reconstrucción. Aquellos funcionarios que habían estado con la traidora fueron decapitados a la luz publica por la comandante de la décima compañía feérica, y sus cabezas, empaladas, estaban en jaulas y se mostraban en la plaza principal, como una advertencia a los que pensaran volver a usar la mecatecnología de los envy.
Los varios tratados que mantenían a los reinos alejados entre sí fueron quemados, junto con las posesiones de la reina, por los lanzallamas de las Hermanas, y representantes de todos se unieron en un cuartel secreto a hablar sobre la nueva distribución de tierras. Se crearon alianzas y se rompieron acuerdos. Los elfos pudieron volver a sus bosques, y sus ciudades lejanas, al fin tuvieron un respiro. A los enanos se les devolvió las montañas minerales para que pudieran extraer y seguir fortaleciendo la economía de sus regiones. El comercio volvió a abrirse, y la mecatecnología de los envy se hizo pública.
Darya, Isis yo, después de dos meses, contemplábamos a la ciudad que se reconstruía, desde lo alto de una colina.
—Fue algo aterrador — contó Isis, pero con una sonrisa ligera —. Lamento haberte causado problemas, Becca. Y gracias por comprenderme.

—Lo entiendo — suspiré y le acaricié el hombro —. Me alegra de que Ferina haya podido devolverte parte de tu organismo.
—Sí. Ahora soy una reconstrucción. Tengo el corazón mecánico, pero el resto de mi cerebro sigue intacto. También mi brazo… aunque no sé de quién es.
— Te recuperarás —le tranquilizó Darya, que se había vuelto algo así como su amiga, aunque no se llevaban del todo bien. Eran algo indiferentes la una con la otra.
—Estaré esperando su regreso —nos miró a las dos y tomó nuestras manos, para enlazarlas —. Quiero que vuelvan con ella ¿está bien?
— Intentaremos cumplirlo —le dije y miré a Darya — ¿verdad, cariño?
—Eso espero. ¡Qué diablos! La encontraremos.
— Entonces háganlo, por el bien del reino. No podemos permitir que otra humana desconocida se pasee sin protección. Todavía quedan seguidores de Morgana. De eso estamos seguras.
Nos levantamos. Darya me tomó de la mano. Isis miró el gesto y sonrió.
—Es raro. Sé que debería de sentirme mal, pero… soy incapaz.
—El amor no es algo que las hadas entiendan bien — apuntó la rusa, aunque no estaba del todo segura. Ferina decía que los neuroimplantes habían hecho estragos en la corteza de procesamiento emocional de Isis, y le habían hecho olvidar cosas que ella quería olvidar, como nuestro amor y la traición que cometió cuando se acostó con Fine. Eso era bueno en parte, porque me permitía ser la novia de Darya Alanova sin sentir que Isis se ponía celosa.
—Entonces, partimos ahora mismo. El barco nos espera. La han visto en el archipiélago de Cumbris, y hacia allí nos vamos.
—Iría, pero mi madre me necesita a su lado, junto al trono.
— Es lo mejor — expresé con una sensación de paz — . Celesta será una buena reina mientras tanto. Ha desplegado inquisidores para cazar a los herejes, y con el respaldo de Ferina… devolverá el mundo a su curso.
—Gracias por todo, Isis —le dijo Darya, y las dos chicas se estrecharon las manos. Isis le guiñó un ojo.
—Las estaré esperando con una deliciosa comida.
—Más vale que sea comida rusa.
— ¡Jaja! Lo tendré en mente.
El hada se despidió de nosotras y montó su corcel, alejándose rápidamente hacia la ciudad. Darya y yo nos miramos. La tomé de las caderas y ella entrelazó sus brazos alrededor de mi cuello.
—Te amo —me dijo.

— Te amo — le besé en los labios, presionando mi cara contra la suya y haciendo más fuerte nuestro abrazo —. Gracias por mantenerme con vida. Gracias por ayudarme a pelear.
— Fue todo un placer. Ahora, andando. Tenemos que encontrar a la última humana.
Me llevé mi confiable Musin-Nagant al hombro. El regalo más importante que me había hecho Darya, y que ya sabía disparar a la perfección. Besé a mi novia una vez más, y pusimos rumbo hacia el puerto, con la simple y noble idea de recorrer el nuevo mundo, intentando encontrar a la última de nosotras. Sí, echaba de menos mi hogar, pero ¿quién no querría seguir aquí? Los peligros eran muchos, las cosas podrían salirse de control y alguien debía de quedarse para ayudar a mantener la paz. La humana que íbamos a buscar, la otra chica, podría ayudarnos a volver a nuestra amada Tierra, siempre y cuando la encontráramos a tiempo. La necesitábamos para invertir los pliegues espaciales del multiverso que se habían arrugado cuando Ferina los abrió para permitirnos el paso.
Aunque a mí, Isis me había traído cuando escapamos de aquella horrible criatura del bosque, en el fondo, todo esto ya estaba premeditado. Tal vez, incluso desde antes de nacer, la mecatecnología de los envy ya me había elegido, tal vez Ferina ya sabría del futuro de nuestra existencia, y si era así… quería aprender más de él, y vivir, sabiendo que estaba amando a Darya, y que también, peleaba desde aquí para mantener la seguridad de éste mundo, y el de mí mundo, mi adorada Tierra, lejos de las manos del mal.
FIN.
^^^^^^^^
^Wooooooo soy yo o la pelea final me quedó súper epica! jajaja me fascinó, me encanta la fantasía. ahora bien, gracias a toda la gente que me leyó hasta el fin, gracias a mis lectoras que siempre comentaban y me animaban a seguirle adelante!! es un gusto y para ustedes es esta historia. qué les ha parecido? les gustó la batalla final tanto como a mí! jeje,
saludos! gracias por todo
Yurita
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Mensaje por Delfi22 el Sáb Mar 11, 2017 3:39 am
WOW!!! llego el final y yo me quede con las ganas de que estas regresaran a su mundo... pero nada. Ahora debería de haber una segunda parte, para saber algo de la otra humana y ver a nuestras heroínas en nuevas aventuras yuristicas..jejeje..
Y saber si Isis olvido completamente a Rebeca y todo ese rollo.Gracias por compartir tu historia fue corta pero muy entretenida Espero verte pronto por aquí y no olvides que aquí tienes una lectora fiel..Saludos...
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Mensaje por Yurita el Dom Mar 12, 2017 7:34 pm
@Delfi22 escribió:WOW!!! llego el final y yo me quede con las ganas de que estas regresaran a su mundo...   pero nada. Ahora debería de haber una segunda parte, para saber algo de la otra humana y ver a nuestras heroínas en nuevas aventuras yuristicas..jejeje..
Y saber si Isis olvido completamente a Rebeca y todo ese rollo.Gracias por compartir tu historia fue corta pero muy entretenida Espero verte pronto por aquí y no olvides  que aquí tienes una lectora fiel..Saludos...

Smile muchas gracias, Delfi!! siempre tan fiel a mi historia! jajaja un abrazo muy grande y muchísimas gracias por todos tus comentarios, los cuales aprecio mucho y me dieron la motivación. aunque sea con sólo una lectora, mientras sea asi de fiel, continuaré escribiendo! n.n . de momento no creo que haya una segunda temporada. probablemente sí, pero a largo plazo. he comenzado una nueva historia
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Mensaje por juliana mosquera el Vie Mar 17, 2017 1:34 pm
woooo que buen final me gustó espero sigas escribiendo y muchas gracias por compartir tu escritos... éxitos
juliana mosquera
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Mensaje por Yurita el Dom Mar 19, 2017 3:56 pm
@juliana mosquera escribió:woooo que buen final me gustó espero sigas escribiendo y muchas gracias por compartir tu escritos... éxitos

Gracias Juliana! me alegra mucho que te haya gustado! n.n
Yurita
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