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Cita a Ciegas

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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:26 pm
Bueno, a volver a publicar las historias..

Capitulo 1

- Dale, anda, te vas a divertir ¿Cuánto tiempo paso ya? ¿3 años? Tenes que ir, no tenes excusa-
-No tengo ganas, ya te dije no se cuantas veces, no insistas-
-No digas eso, sabes que queres ir. Carlos es un buen hombre, lo conozco hace años, es perfecto para vos-
“Carlos, que nombre poco atrayente” pensaba Majo ”Pero este hermano mío es capaz de quedarse toda la noche insistiendo en que vaya a la condenada cita a ciegas, además, en verdad no tengo nada que hacer…aunque tanta insistencia (Hace tres días que la llama varias veces por día para decirle que vaya) le levantaba sospechas”
-Esta bien, esta bien, si es lo que hace falta para que me dejes de molestar voy-
-Perfecto!!- Podía imaginar a su hermano haciendo un pequeño festejo en el lugar, seguramente estaría haciendo ese estupido baile de la victoria –Entonces, mañana a las 8 pm en el Restaurante La Vie-
-Si, si, lo que digas- Majo corto el teléfono sin decir nada mas, su hermano ya había gastado toda la paciencia que tenia, y lo que mas le molestaba era que el había ganado la batalla.

Llego el Sábado, se hicieron las 7 de la tarde y Majo aun estaba tirada en el sofá viendo televisión, se nota que poco le interesaba la cita; mas bien, había algo que a Majo no le cerraba con respecto a que haya sido su hermano quien organizo esta cita a ciegas, el no era de hacer esas cosas, no era de meterse en la vida de su hermana, y poco le importaba con quien saliera ésta o si andaba sola en el mundo; aunque si es cierto, ya habían pasado 3 años desde la ultima relación que tuvo. Desde aquella noche, siquiera había volteado a ver a alguien.

-Ah… por lo menos tendría que ducharme- Se levanto del sofá, agarro unos jeans y una blusa blanca de su armario y se dirigió al baño, en 15 minutos estaba fuera, peinada y todo. Bueno, peinarse no era un problema, gracias a su hermano. Este le había cortado el pelo hacia cosa de dos semanas, en la ultima venganza que le había hecho, pero le salio mal, ya que Majo se arreglo el cabello de una forma que le encanto y la venganza correspondiente fue mejor. Se le dibujo una sonrisa al recordando lo que había hecho, se calzo sus Converse negros favoritos, tomo las llaves de su auto y salio.

El restaurante pautado quedaba a unos 20 minutos de su casa, pero en el camino tenia que comprar una rosa roja, ya que era la forma que se suponía, Carlos la reconocería. A las 7.55 estuvo en el restaurante, sentada en la mesa que había reservado su hermano. Puso la rosa en el plato de enfrente y se sentó a esperar. No tenia idea como seria este condenado Carlos, su hermano le había dicho solo cosas buenas, pero Majo no se trago nada de eso, “Seguramente es un nerd que nunca tuvo novia, si es compañero en la empresa de software de mi hermano, es la descripción mas probable” “¿Qué estoy diciendo? ¿Como voy a pensar cosas así justamente yo, que estoy en contra de toda discriminación y prejuicio? Pero Juan ya me saco de quicio, que pocas ganas tengo de estar acá… si en 10 minutos no llega me largo”. Saco el libro de turno de la cartera (Si, siempre llevaba un libro en la cartera, tenia poca paciencia y siempre que tenia que esperar para algo, 1 minuto después ya estaba leyendo) y se puso a leer donde había dejado.

-¿José?- Majo levanto la vista al escuchar su nombre, o bueno parte de el. Se encontró con unos ojos azules profundos que la desconcertaron, se perdió totalmente en ellos. Frente a ella tenia a la mujer más hermosa que había visto, tez blanca como porcelana, labios que provocaba comerlos, pelo rojo oscuro y esos ojos que Majo no podía dejar de ver.
-Disculpa, ¿Estas bien? Se te esta cayendo la baba- Dijo la pelirroja, con un tono sincero de preocupación ante la cara que tenia en frente.
-¿Eh?- Dijo Majo aun absorta en sus pensamientos y en la persona que al parecer le hablaba. –Oh!!- Dijo cuando por fin las palabras que habían sido pronunciadas llegaron a su cerebro. –Ah! Disculpa- Dijo Majo, limpiándose el hilo de baba que le escurría. “¿Qué me paso?” pensó, poniéndose roja de los pies a la cabeza. Había quedado totalmente embobada con solo mirarla, eso no estaba bien, “Mañana me hago un electroencefalograma, algo no esta bien” se dijo a si misma, afirmando sus palabras con una mueca de su cabeza.

-¿José? Volvió a decir esa voz, resonando en el interior de Majo estremeciendo todo a su paso. “No de nuevo” pensó intentando evitar volver al estado tan vergonzoso del que apenas había logrado salir. Miro de nuevo a la persona que le hablaba, miro a su alrededor, miro la rosa y las ideas por fin, lograron conectarse y cayo en cuenta de que estaba pasando, pero su estado mental aun era deplorable y no pudo evitar decir algo que no tenia demasiado sentido. -¿Carlos?- Pregunto. Al ver la cara de desconcierto de su acompañante se llevo una mano a su frente y se dio un facepalm que se escucho en todo el lugar. –Auch!!- Ahora tenia una mano roja impresa en su frente, esto se ponía cada vez mejor. A esta altura Majo solo quería irse a su casa y recostarse. Había sufrido una hemorragia cerebral que justificaba su estado mental según ella, no podía pronunciar dos palabras coherentes y sentía todo el cuerpo cansado. Como si fuera poco, aun seguía toda roja ya que no paraba de hacer cosas vergonzosas.
Tiro su cabeza hacia atrás, respiro profundamente con los ojos cerrados y finalmente empezó a coordinar palabras.

-¿Estas buscando a un José?- pregunto sin cambiar de posición.
-A UN José no, a ti- Le responde la pelirroja, aun con cara de desconcierto, no estaba segura de que acababa de pasarle a su cita, pero había visto cada cara que le encanto, y ese facepalm le dio mucha risa, ¿Cómo podía alguien pegarse tan fuerte?
-Pues, mi nombre es José, bueno en parte, pero yo ando buscando a un Carlos, y podría asegurar de ante mano que ese no es tu nombre-
-¿Un Carlos?- Se pregunto la chica, ahora con más desconcierto en su cara. –Oh! Disculpa! Debió ser una coincidencia y los dos tenemos citas en el mismo lugar, perdón!-
-No, no, nuestras dos citas deben ser la misma cita- Dijo Majo, ahora volviendo la vista al frente.
-Pero yo no soy un Carlos. No pareces esa clase de hombre, me gustaría ayudarte a encontrar una pareja de tu mismo sexo, pero no te puedo ayudar con eso-
“¿Qué dijo? ¿No parezco esa clase de HOMBRE?”
-Oh! Espera, espera, no soy hombre, mi nombre es José si, pero María José, y me dicen Majo- Dijo con una expresión de “No puedo creer esto”
-¿Majo?- Quien sabe cuanto tiempo había pasado, pero la conversación vista por una tercera persona había consistido en un 95% preguntas y caras raras.
-Disculpa, esto debe ser obra de mi grandioso hermano, esta me las va a pagar- Dijo Majo empuñando una mano sobre la otra.
-No entiendo nada- Dijo la pelirroja, desplomándose sobre la mesa. –Me dijeron que a las 8 pm, en este restaurante, me encontraría con José, quien habría puesto una rosa en la mesa donde se sentaría-
-¿Quién te dijo eso?- Pregunto Majo, poniendo cara seria y totalmente intrigada por saber como había planificado esto su hermano, le salio bastante bien.
-Pues, tu, o eso creía- Se sentó derecha, mirando fijamente a Majo.
-¿Yo? ¿Te hable en algún momento? Porque no lo recuerdo…-
-No! Bueno, no personalmente, es que… Ah… Veras, yo soy una persona poco sociable, me cuesta hablar con las personas y esas cosas por eso yo nunca… Tengo 22 años y nunca salí con nadie!- Se sonrojo al ver la cara de “oh.. pobrecita” que había puesto su “cita”. –Como sea! Hace unos 4 días me hice una cuenta en MissMatch.com, una página donde pones tus datos, y el sistema te selecciona a las personas con quien te relacionarías mejor. En cuanto la cree, el primer perfil con quien me conectaron fue el tuyo, y esa misma noche me estabas diciendo de salir a cenar para conocernos mejor. Mira!- Dijo, entregandole su telefono. Alli Majo contemplaba a su hermano. Los dos eran muy parecidos, pues son mellizos, y ahora tenian corte de cabello similares, pero todo lo que decia su perfil correspondia a ella, su trabajo, hobbyes, gustos, todo. –Abajo esta la conversación- El sabado a las 8 pm en el restaurant La Vie, me encontraras con una rosa para otra rosa. “Que cursi” penso Majo.
-Si, bueno, yo no te dije nada- Dijo Majo, apoyando su cabeza en su mano como “El Pensador” y observando detenidamente a la pelirroja.- Ese fue mi hermano- Se asusto un poco al ver la cara que ponía la chica, una expresión de miedo y vergüenza. –Este es- Dijo, señalando la foto- Pero todo lo que dice el perfil es mio si, me conoce bastante bien- Dijo levantando una ceja en señal de admiración por su hermano. Pero ahora la expresión de la chica era desconcertante. Se había dado cuenta que la habían engañado, no sabia con quien había hablado. Se puso a pensar en las cosas que podrían haber pasado, “¿Qué tal si hubiera sido un violador o asesino? ¿Quién sabe si esta chica en frente mío no lo es?!” Todos esos pensamientos eran reflejados por los ojos azules que estaban fijos en Majo.
-No te preocupes- Dijo Majo, con un tono dulce que tranquilizo al instante a la chica –No soy violadora ni asesina, mi hermano tampoco, simplemente nos jugó una broma, pero se pasó de la raya esta vez, nunca antes había involucrado a una tercera persona-
Las lágrimas empezaron a escurrir por los ojos de la pelirroja. “Todo fue una broma… una broma”, no podía parar de llorar, se llevo las manos a la cara “Él era solo una broma, aunque dijo que si era ella, bueno no la foto, pero si su perfil”. Majo se quedo pasmada, “Me las vas a pagar Juan, hiciste llorar a una chica hermosa!”
-No, no llores!- Dijo Majo, levantándose y tomando las manos de esa persona que tanto había llamado su atención.- Disculpa, mi hermano es un tarado- La pelirroja miraba a Majo con los ojos azules, ahora rojos de tanto llorar. –Nosotros quedamos huérfanos cuando éramos pequeños, solo nos tenemos uno al otro. Cuando fuimos creciendo nos fuimos separando, como es de esperarse, pero nos invadió el miedo a quedar solos, y lo mejor que se nos ocurrió fue jugarnos bromas, uno se va vengando de lo que hace el otro y así, es una forma de mantenernos conectados, ya que así, siempre andamos pensando en el otro, y cuando la broma finaliza nos damos coscorrones y reímos. Pero últimamente están alcanzando límites que no deben pasar. Por ejemplo, el fue quien me corto el pelo, luego de que yo le apagara su alarma, un día que yo no sabia, tenía un examen importante. Cuando se despertó, salio corriendo en pijama a la universidad. Yo me retorcí de risa, pero a el no le dio mucha gracia y bueno... ahí fue mi pelo. Pero me gusta mas así- Dijo tocándose el pelo. Hace unos 10 días publique en su Facebook fotos de hombres con hombres en situaciones incomodas, y también puse las mismas fotos en su fondo de pantalla y en su celular. Creo que me pase de la raya yo también, pero no era para involucrarte! No se como lo hizo, pero en verdad lo siento, mira, te hizo llorar, eso no se lo voy a perdonar-

La pelirroja no creía lo que acababa de escuchar, ¿Una broma? Las lágrimas fueron reemplazadas por risas. Ahora no podía parar de reír.
-Pero, ¿Por qué te ríes? Mi hermano hizo algo imperdonable, hacer llorar a tan hermosa persona- Se sonrojo por sus propias palabras- No! No quise decir eso! Bueno si, pero no! Perdóname!-
La pelirroja solo reía más y más, “Que persona más interesante esta Majo” pensaba.
-Yo creo que las bromas llegaron hasta acá, mañana le doy un buen regaño a mi hermano, y ya pensaremos una manera mas sana de no perder contacto.-
-¿No quieres vengarte?- Le pregunto a Majo con una sonrisita, que no podría decir si era maléfica o de felicidad.
-Pues, como querer quiero, pero ya no, ya se involucró un tercero y eso no debía pasar. Mejor lo castigo dejándolo en terapia intensiva-
-Ahm, no creo que eso sea conveniente. Si es por mi no te preocupes. Es mas, yo se como me lo puede pagar tu hermano-
-¿Como?- No entendía nada Majo.
-Pues, si vengándose es como ustedes se manejan, creo que al involucrarme me gane el derecho de hacer lo mismo-
Majo cada vez entendía menos, sentía como su cabeza iba a estallar
-¿Qué tal si le decimos que nos hicimos pareja?-
-¿COMO?!-
-Si. El esperaba que tú, al ver que Carlos era una chica, te pongas mal y la pases mal y quien sabe que más paso por esa cabeza. Pero si seguimos saliendo y nos ponemos de “novias” le saldría el tiro por la culata y la broma se le volvería a el- Dijo, sonriendo de oreja a oreja.- Ah! Claro si no te importa salir con una chica, podríamos hacerlo por un día nomás, y luego ya le decimos la verdad y lo regañas, solo evita la terapia intensiva-
-Pues… no es mala idea…- Majo se pasaba la mano por la pera- No es mala idea en lo absoluto, me gusta como piensas- La pelirroja se sonrojo. –podría llamarlo y decirle que todo salio de maravilla, que conocí a mi media naranja, y que mañana quería que nos juntáramos a almorzar para festejar-
- Me gusta, me gusta- dijo la pelirroja afirmando con la cabeza. –Disculpa que quiera jugarle una broma a tu hermano, ni lo conozco-
-No te preocupes, me has hecho muy feliz- La pelirroja solo se ponía mas roja, si eso era posible.- Ahora mismo lo llamo, ¿mañana al mediodía estas libre?
-S..Si!-
-Perfecto- Saca su celular -¿Juan? Hola, quería invitarte a almorzar mañana a mi casa para agradecerte, todo salio de maravilla, CARLOS es una persona maravillosa, por lo poco que nos conocimos- Miro con una sonrisita a su cómplice quien le devolvió otra sonrisa, el corazón de Majo se acelero a mil por hora –¿En el restaurante de tía Patty? Ok… Si, si, mira que sos molesto, nos vemos- Corto – No le pareció la idea de ir a mi casa, creo que temio por su seguridad y mejor nos invitó al restaurante de una tía nuestra que queda cerca de mi casa. Eso complica las cosas.-
-Si quieres cancelamos la venganza- Dijo la pelirroja, con un tono angustiado y mirando para abajo.
-Nada de eso! Esta nos la va a pagar. Solo vayamos un rato antes al restaurante y le explico todo a mi tía.-
-Bueno!- Le dedico otra sonrisa de oreja a oreja. “Esta chica me va a matar a sonrisas” pensó Majo suspirando.
-Oye, no hemos comido. Aprovechemos y brindemos por nuestra venganza- Dijo Majo llamando al mesero.
Se escucho otro Auch! en el restaurante. La pelirroja miraba fijamente a Majo quien recupero la mano roja en la frente que se le había borrado. -¿Cómo te llamas? Pregunto finalmente, el facepalm había sido porque después de todo esto ni sabia como se llamaba esa persona tan especial.
-Oh! Tienes razón, aun no me he presentado- Dijo sonriendo, Majo sintió como su corazón se le salía del pecho. En verdad estaba considerando ir al hospital, por el electroencefalograma y ahora también un electrocardiograma, esta chica le provocaba algo que no estaba bien. –Me llamo Mía-

“Mía” Majo se sonrojo, Mia seria suya por un día y eso le gusto.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:27 pm
Capitulo 2

Mía había quedado de ir a la casa de Majo a las 11 AM para, de ahí, ir al restaurante pautado, que quedaba a unas 10 cuadras de su casa.
Eran las 10.50 AM y Majo se estaba viendo el espejo del baño. Bueno, viendo es una forma de decir porque su vista estaba perdida en algún lugar que no era ese, como para que se den una idea tenía el cepillo de dientes en su pelo y la baba se le empezaba a escurrir por una comisura de la boca.

Mía salía del baño, solo con una toalla que apenas le cubría sus partes prohibidas. Ella escudriñaba cada rincón de aquel cuerpo que lentamente se acercaba a la cama, donde ella estaba sentada disfrutando de aquel espectáculo. Se para en frente suyo y empieza a acariciarle el pelo con ambas manos, mientras ella rodea su cintura con las suyas y recorre lentamente el camino hasta sus piernas, pasando un tiempo prudencial en su trasero. Ambas miradas se encuentran y se empiezan a acercar. Cuando sus labios están a punto de encontrarse la alarma de su celular suena. Eran las 11.

Majo reacciona y ve el cepillo enterrado entre los flecos de su peinado despeinado y el hilo de baba. Ahora estaba segura, necesitaba ir al medico urgentemente. En cuanto terminara la venganza iría sin falta.
Se peino apropiadamente y salio del baño, donde se dio cuenta que estaba desnuda. No se había vestido aun, y eran las 11! había un montón de ropa tirada por la cama, y las prendas que no tuvieron tanta suerte estaban en el piso o perdidas en algún lugar del cual probablemente no regresarían.
-¿Qué me pongo? Algo medio formal supongo.. Pero no tengo ropa formal! Entonces será lo menos informal que tenga.. A ver.. A ver.. Este short negro con unas tiras que van desde la parte de arriba hasta donde termina el pantalón parece serio (No tiene mucho sentido de la vestimenta, en general se viste con jeans y camisas). Aunque no se si sea mucho andar mostrando las piernas (Eso es lo que le preocupaba), ¿Y si Mía piensa raro? ¿Qué tan raro podría pensar? ¿Si me ve significa que le intereso? 11.05 concéntrate! Veamos… Ah!!!!!... ¿Para que lo pienso tanto?! Es solo una broma para mi hermano, no tengo que pensar en Mía- Hablaba sola. Agarro su jean favorito y una camisa de manga larga negra. Se colgó una cadena con una media luna que le había regalado su madre y se sentó en la cama, sobre el desastre que yacía en esta.

-11.10 y Mía aun no llega, pensé que seria puntual- Algo se lo había hecho pensar.
Se recostó y su imaginación no tardo en iniciar un nuevo viaje, pero antes que llegara lejos se escucho un ruido que hubiera despertado a cualquiera.
–Le dije mi dirección, pero nunca le dije en que piso vivo!! Que tonta!!- Se levanto de golpe, tomo su cartera y salio corriendo, mientras se frotaba la frente para borrar una mano impresa.

Dicho y hecho allí estaba, sentada en las escaleras de acceso al edificio. Podía reconocerla aun de espaldas. Ese pelo colorado no pasaría desapercibido fácilmente. Se detuvo en seco al verla y un leve sonrojo se poso en sus mejillas. Movió la cabeza intentando volver en si y abrió la puerta.
Mía se dio cuenta en seguida, se levanto y se dio vuelta para saludar. Majo vio todo esto en cámara lenta. Cuadro por cuadro. Ella levantándose, su falda tardando un poco en acompañar dicho acto ya que se había pegado en la piel de su portadora, sus cabellos siendo movidos suavemente por el envión de este movimiento. Estaba perdida. Claramente ya no tenia retorno, aunque ella no se diera cuenta, es un poco bastante lenta.

-Hola!- Dijo Mía con una sonrisa alegre –Vives aquí y llegas tarde, ¿No te da vergüenza?- Dijo entre risitas
-Hola! No me había dado cuenta de la hora – Mentira – Discúlpame –Evito mencionar el hecho que nunca le había dicho apropiadamente donde vivía, y que se había olvidado de este detalle. Si Mía no lo mencionaba, ella tampoco… el plan perfecto.
– Estas muy linda- Estas palabras sonrojaron aun mas a Majo, ella era quien quería decirlas!
-Tu también estas hermosa – “Hermosa! Ella me dijo linda no hermosa!, ¿Por qué le dije hermosa?”
Majo termino de bajar los escalones, le dio un beso en la mejilla por inercia y empezaron a caminar.
-Es a unas 10 cuadras de aquí, llegaremos rápido- Dijo Majo sin despegar la vista del suelo. Mía tenía una mano en la mejilla que había sido besada.
-Que bueno, la verdad traje unos zapatos que no están hechos para caminar-
-Oh! Si quieres pedimos un taxi-
-No! No te preocupes, me gustaría caminar contigo- Majo, quien había vuelto a su color natural, volvió a sonrojarse. No creía que este cambio constante de color fuera saludable. No se equivoquen! No es hipocondríaca, solo que, su mente no esta en buena forma, Mía no sigue ninguna lógica que su cerebro puede procesar, y éste… digamos que se declaro en huelga.

Mía empezó a hablar, y seguía hablando, Majo se limitaba a asentir con la cabeza en señal de que la escuchaba, cosa que era una vil mentira. Estaba observándola detenidamente. “Que figura tan femenina, y esa ropa le queda a la perfección. Una falda blanca con flores azules y celestes y una blusa verde claro con un lirio blanco que la recorre llegando casi hasta su pecho. Su pecho…” Majo volvió inmediatamente la vista al piso totalmente sonrojada. Pero no duro mucho así, no pudo evitar que su mirada vuelva a esa chica que le hacia dudar sobre su salud física y mental.

–Eres hermosa- Se le escapo. Ya no tenía control alguno sobre su cuerpo. Quedo anonadada por lo que acababa de decir. Sus piernas se seguían moviendo, por lo que ella seguía avanzando, pero su mirada seguía posada en Mía, quien se había detenido al instante. Tardo unos segundos en notar que ésta se había detenido. La señal de Stop salio de su cerebro, pero se perdió por el camino. El trabajo fue finalizado por un poste que estaba convenientemente ubicado. Majo choco de lleno, reboto, y al sentir que caía se agarro de lo primero que vio: El poste. Lo tomo con la mano derecha, provocando un pequeño giro en tirabuzón. Cayo con el trasero, y para atenuar el golpe, su mano no tuvo mejor idea que interponerse entre ella y el suelo. Ahora se encontraba sentada en frente a Mía quien no podía ni pestañar ante tal acto. Si lo hubiera querido repetir no le saldría.

-Jajajajajajaja- Mía no pudo evitar reírse, ya saben como es. Si ustedes hubieran visto algo así, podría apostar que también se reirían. -¿Estás bien?- Le pregunto acercándose a ella, sin dejar de reírse.
Majo no sentía ningún dolor, apenas empezaba a recrear sus movimientos en un intento de entender que había pasado. Al escuchar la pregunta, levanta la vista y ve esa risa que le acelero el corazón. –Si, si! Estoy bien!- Dijo, levantando la mano y despejando de su vista unos flecos locos que se la impedían.

-Estas sangrando!- Dijo Mía, cambiando su expresión al modo preocupado. Se acerco rápidamente a Majo y tomo su mano.
Majo estaba hipnotizada por los ojos de Mía, pero cuando ésta le extendió la mano noto por primera vez el dolor. Bajo la vista y efectivamente, tenia una pequeña herida camuflada en un gran raspadura en su mano, y de esta salía sangre sin muchas ganas de parar. –Auchhhhhhhh!-

-No seas tan bebe, no es para tanto- Dijo Mía sacando algo de su cartera. Tomo un pañuelo blanco y le vendó cariñosamente la herida.

–Mejor tomemos un taxi y allí le pedimos a tu tía un botiquín para desinfectar esto-Majo vio a su alrededor para ubicarse.
–No hace falta taxi. Es en esa esquina que acabamos de pasar- Dijo señalando a unos 20 metros.
-¿Nos pasamos? ¿Cómo es posible? ¿Dónde tenias la cabeza?- Dijo riéndose. Le empezaba a gustar la idea de burlarse de la chica, era una manera de acercarse a ella.
-No te rías que estoy herida- Dijo haciendo pucherito, en verdad no sabia donde tenia la cabeza, todo el camino se le había pasado volando y ni se dio cuenta que ya habían llegado.

Mía se levanto y le extendió la mano a la herida para ayudarla a levantarse. Majo dudo en tomar esa mano, pero finalmente lo hizo. En cuanto toco su piel sintió una especie de electricidad por todo su cuerpo. Era tan suave y le hacia olvidar el dolor.
Mía, con un movimiento coordinado entre la mano que sostenía la mano de Majo, y la otra mano, que rápidamente se acomodo en su cintura, la hizo girar.
A Majo no se le ocurría una idea lógica que justificara tal acción, solo se le ocurrió sonrojarse por el contacto. Sonrojarse, a esta altura, esa era su especialidad.

-Perfecto- Dijo Mía observando la parte trasera de su acompañante.
-¿Q… Que dices?!-
-Tu jean esta perfecto, no se rompió ni se ensucio-
Majo tenia el corazón a mil kilómetros por hora. Sin dirigirle la mirada le agradeció a Mía.
-Gracias por todo Mía, en cuanto pueda lavo el pañuelo y te lo devuelvo-
-No te preocupes, puedes quedártelo- había dudado si decir eso o no. El hecho de que Majo le tuviera que devolver el pañuelo implicaba verla una vez más cuando todo terminara.
-V… Vamos- “Perfecto, ahora empiezo a tartamudear. Algo no esta bien” Majo empezó a caminar hacia el restaurante, seguido de Mía quien la observaba con una expresión mezcla de preocupación por la caída e interés.

Majo entro primero al restaurante, y al ver a su tía en la caja, corrió hacia ella.
“Corre medio raro, ¿Se habrá lastimado por la caída?” pensó Mía, observando la actuación de esa chica que tanto la había cautivado. La verdad es que Majo simplemente corre raro.

-tía Vickyyyyyyyyyyyyyyy!!!!!!!- Grito poco antes de chocar de frente con esa persona corpulenta que la envolvió con sus brazos, y un poco de senos y rollos. ¿Dije que era corpulenta?
-Majo querida! Tanto tiempo! Juancito me dijo que vendrían hoy, pero los esperaba para el mediodía-
-Ahm, si, con respecto a eso…- Dijo Majo, dando media vuelta y extendiendo su mano para llamar a su compañera.
Mía se acerco y sin saber porque, al parecer ella tampoco tenía mucho control sobre su cuerpo, tomo su mano.
-Ahm!- Dijo Majo casi gritando y soltando el agarre. La había tomado por sorpresa y se asusto. Este acto fue agradecido en secreto por Mía, quien sabía que había cometido un grave error. –Tenemos algo que decirte tía-
-¿Tenemos?- Dijo viendo de arriba abajo a Mía, creo que se empezaba a imaginar cualquier cosa.
-Ok… vengan, vamos a mi oficina- Dijo adentrándose en el pasillo que estaba detrás de la caja registradora.

Su oficina era básicamente la cocina. En unos 10 minutos le explicaron todo. Como se conocieron y que planeaban hacer.
-Este sobrino mío se paso. Nunca tendría que haberte involucrado Mía. Aunque parte de la culpa también la tienes tu mi’ja. Estas bromas se tendrían que haber terminado hace rato, ya son grandes-
Majo poso su vista en el piso en señal de vergüenza. –Bueno, esta será la última-
-Pero él no vendrá hasta las 12, y conociéndolo eso significa las 12.30 más o menos. Vive acá a la vuelta pero es capaz de llegar tarde, aun estando tan cerca-
-Oh, eso me suena familiar- Dijo Mía, mirando de reojo a Majo con una sonrisita.
Majo se limito a sonrojarse. Se le estaba haciendo un mal hábito.
-Mía, creo recordar que dijiste que eres de otro barrio ¿No?, ¿Majo por qué no la llevas a recorrer un poco los alrededores mientras esperan? Le puedes mostrar el parque donde jugaban con tu hermano-

Majo miro sorprendida a su tía, por un lado era una magnifica idea, podría pasear un rato con ella! Pero por otro lado, se sentía sumamente nerviosa, y no sabia bien porque.

Suspiro. –Bueno, vamos- Dijo levantándose y ofreciéndole su mano a Mía. Ésta la acepto sin pensarlo y salieron del restaurante. Ninguna de las dos pensaba claramente, solo se limitarían a disfrutar mientras tenían tiempo juntas, en un rato todo terminaría.
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:28 pm
Capitulo 3

-Majo- Dijo Mía enfocando su vista en la mano de la chica –No le pedimos el botiquín a tu tía para curarte la herida-
-Oh, es cierto- Dijo Majo levantando su mano para verla mejor. El pañuelo tenía rastros rojos, pero al parecer el sangrado había parado.
Soltó el agarre y abrió el vendaje –Parece que el sangrado ya paró, y no me duele. Mejor sigamos paseando un rato y luego me limpio esto- No quería que nada impidiera ese rato que tenía a solas con la pelirroja que tanto llamaba su atención.
-Bueno, pero si te empieza a doler o a sangrar de nuevo nos volvemos de inmediato!- Dijo con un claro tono de preocupación que hasta se veía reflejado en su cara.
-No te preocupes- Dijo sonriendo –Mira, cruzando esta calle es el parque donde venia de chica con mi hermano- Dijo al mismo tiempo que señalaba al frente.

Llegaron al parque y empezaron a recorrerlo. Mía había quedado impresionada por el paisaje. Era verdaderamente hermoso. Un pequeño bosque en medio de la ciudad.
-Atrás de ese arbusto una vez mi hermano se escondió para hacerme creer que me había separado de él- Dijo señalando un gran arbusto con unos frutos rojos. Mía no entendía como podían disfrutar tanto hacer sufrir al otro.
–Pero él no es tan malo. En cuanto empecé a llorar salió de inmediato y me abrazó hasta que me calme. Luego me compró un helado– Una sonrisa se apodero de Majo, y cautivo a Mía; se veía tan hermosa sonriendo.
–Cuantos recuerdos- Suspiró.
–Claro que, al día siguiente, yo le puse sal a su chocolatada. Vieras que cara puso – Dijo entre risas.
Mía estaba anonadada. No podía creerlo. Estaba paseando con esa chica que le parecía tan especial, en ese lugar único e importante para su compañera y cada minuto que pasaba le parecía más y más hermosa, no solo físicamente. Cuantas mas cosas le contaba Majo, más se adentraba en su corazón y esto entibiaba el suyo.

-¿Estas bien?- Pregunto Majo al ver que Mía se llevaba una mano a su corazón. Claro que al notar donde termino ésta se sonrojo de pies a cabeza. Aun no entendía porque le provocaba tales reacciones. Era solo una chica. “Es solo una chica, tranquilízate un poco!” Pensó, intentando recobrar la compostura.
-Si, si! – Dijo Mía casi gritando y devolviendo la mano a su lugar.
–Es muy hermoso el lugar, veo que es importante para ti ¿Hace mucho no venias?-
Un semblante triste se apodero de Majo y su vista se perdió en el suelo.
-Di… Disculpa, no era mi intención inmiscuirme tanto! No quería ponerte mal. Haz de cuenta que no pregunte nada y sigamos con la cita!-

“Cita” Esa palabra había sacado del transe a Majo y ahora intentaba entender porque había sido mencionada esa palabra.

“¿Cita?” “¿Por qué dije cita?!” Mía se asusto por sus propias palabras. “Esto no es una cita! Solo estamos paseando hasta que sea la hora de la verdad. Pero entonces, ¿Por qué mi corazón se acelero tanto por esa simple palabra?”

Majo observó que Mía tenia los ojos abiertos a más no poder, señal de sorpresa y susto, y tenía una extraña mezcla de palidez (Que se notaba aun cuando era blanca como la leche) y sonrojo que le pareció muy intrigante, pero entendió que esa palabra solo se le había escapado. “No debe haber querido decirlo”.

-Ven, por aquí hay un lago muy lindo- Le dijo Majo, tomando de la mano a Mía. Decidió que lo mejor era evitar preguntar porque dijo lo que dijo. De nuevo su plan maestro, si Mía no lo mencionaba, ella tampoco.
-Sentémonos debajo de ese cerezo- Majo guió a Mía, se sentaron y le soltó el agarre.
“Parece que no noto el rojo en mis mejillas, puedo sentir como hierven. Entre lo que dije, y ella tomándome la mano estaba segura que me desmayaría”

-En verdad es muy hermoso- Dijo Mía recorriendo el lugar con la mirada –Muy hermoso…- Repitió cuando su vista se posó en la chica a su lado, la cual miraba al frente y no notó que se referían a ella.
-Sí. Vivíamos en frente al parque cuando era niña, así que solía venir aquí todo el tiempo, incluso en las mañanas, antes de ir a clases. Me llenaba de energías- Dijo Majo, de nuevo con un aura de nostalgia.
-¿Por qué dejaste de hacerlo?- Pregunto Mía sin pensarlo. Llevándose inmediatamente la mano a la boca, en un intento de callarse a si misma.
Majo giró hacia quien le hablaba, para luego volver la vista al piso. Sentía que no podría contener las lágrimas mucho tiempo. Ante esto, Mía tomo apresuradamente las manos de Majo y la miró a los ojos.
-DISCULPAME! No se porque lo pregunte si claramente no quieres hablar de eso. Soy una idiota, no me hagas caso!-
-No te preocupes- Le respondió Majo, ahora con una sonrisa en su cara. Los ojos de aquella chica lograban hacerle desaparecer todas sus preocupaciones, podría quedarse viendo ese rostro por siempre.
–Mira, ya son las 12. Mejor vamos yendo, capaz Juan se equivocó y llego en horario- Dijo mientras se le escapaba una pequeña risa.
-Ok! – Dijo Mía gritando y levantándose de golpe. Aun estaba conmocionada con todo. Un impulso ganó contra su voluntad y cuando Majo se levanto, la abrazo por la espalda. Simplemente sentía que tenia que hacerlo, los ojos de Majo se lo habían dicho.

Majo estaba paralizada y su corazón estaba a punto de salirse de su pecho. El calor del cuerpo de quien la abrazaba tranquilizo su alma al instante y cubrió cada rincón de su ser. Se sentía en el paraíso. Su perfume le nublaba todos sus sentidos. Quería darse vuelta y besar a esa chica. Eso es lo que subconscientemente quería, su conciencia estaba noqueada y no podía trabajar, por lo que solo se dejo abrazar. Unos minutos después Mía la soltó, le tomó la mano y empezó a caminar de vuelta al restaurante. El plan maestro fue puesto en marcha una vez mas y ninguna hablo hasta que estaban en frente al local.

-Pero mira que raro, Juan si llego temprano. Es aquel, de camisa azul. Ya sabes, el rubio- Majo recordó que Mía había pensado al principio que ella era su hermano y le dio una punzada en el corazón. “¿Qué tal si Mía en realidad gusta de Juan y por eso insistió en todo esto? No, no tengo que pensar en eso. En realidad tengo que dejar de pensar tanto en Mía”
-Dime algo, ¿Cómo vamos a hacer?- Pregunto Mía.
Hasta entonces no habían ideado ningún plan… No sabían bien como seguir a partir de ahora.
-Uhm… Pues… Tú solo sígueme el juego- Dijo Majo con una sonrisa que tranquilizo a Mía (Y derritió su alma, pero eso queda entre nosotros).

Entraron al restaurante, y ante el ruido de la puerta, Juan se dio vuelta.
-Pero mira que raro, José llegando tarde- Dijo Juan con un tono burlón.
A Mía se le escapo una risita al ver que ambos hermanos habían dicho lo mismo, estos dos se parecían mucho sin saberlo.
-Que no me llamo José!- Dijo Majo, con rabia en sus palabras –Si parezco hombre es tu culpa-
-No es mi culpa que tengas esa cara de hombre, yo solo te hice un favor cortándote el pelo, era hora que aceptes quien eres- Dijo, riéndose.
Mía se sorprendió por ese comentario de Juan. Para ella, Majo era la mujer más hermosa que había visto.
-Grr- Se le escapo a Majo. Pudo ver como su tía salía corriendo de su “oficina” con un sándwich en la boca y se posicionaba en la caja, el lugar más cercano a la mesa donde se sentarían.
“Esto no me lo pierdo por nada” Pensó Vicky dándole un mordisco a su almuerzo.

Las chicas se iban acercando a la mesa a la vez que Juan se acercaba a ellas. Mía se había quedado detrás de Majo. Aunque no lo parezca era bastante tímida y como eran de la misma altura más o menos, detrás de ella no podía ser vista. Cuando por fin se encontraron, Juan abrazo a su hermana. Pero la soltó al instante y en su cara se impuso una expresión de susto.
-E… Esa no es Carlos. Q… ¿Quien es?- Pregunto Juan tartamudeando de los nervios.
-Pues Carla- Dijo Majo corriéndose y dejando a la vista a Mía quien miraba el suelo.
-Ca… ¿Carla?!- Dijo señalando.
-Señalar es de mala educación!- Dijo Majo un tanto divertida con la reacción de su hermano. Ya lo estaba disfrutando.
-Pues si, ¿Por qué esa reacción? Es CARLA, tu compañera de trabajo ¿No la reconoces vestida de informal?-
-Ah! Ah si! Carla, claro, mi compañera de trabajo- Dijo Juan, con un tono sarcástico.
-Si, compañera de trabajo, eso ya quedo en claro- Repitió Majo con un tono cansado.

Tomaron asiento, las dos chicas juntas, en frente de Juan.
-¿Sabes? Me lleve una sorpresa cuando llegue al restaurante anoche. Cuando me llamaste para concertar la cita te entendí mal y pensé que me encontraría con un CARLOS. Pero, fue una linda sorpresa- Dijo esto ultimo sonriéndole a Mía.
-Juan, te quedaste corto con lo que me dijiste de tu hermana. No me habías dicho que era tan hermosa, tanto por dentro como por fuera- Dijo Mía, tomándole la mano a Majo.
Juan estaba horrorizado.
-Oh… pues, ya sabes como soy. No puedo decir cosas lindas de mi hermana- Dijo en tono burlón mirando fijo a Mía.

Seguían hablando, sobretodo los hermanos. Mía se limitaba a observar a Majo. Como se comportaba con su hermano, tan libre, sincera. Quería conocerla más y más. De vez en cuando hablaba ella para decir todo lo que le gustaba de Majo. Aprovechaba ese momento para desahogar su alma. Majo cada vez se sonrojaba más. Pero era parejo, porque cuando Majo hablaba hacia lo mismo y era Mía quien se sonrojaba.
-¿Qué desean almorzar mis chiquitines y Carla?- Vicky estaba parada al lado de ellos con una sonrisa de oreja a oreja. Había sido tan silenciosa que tranquilamente podría haberse quedado ahí todo el día y no la habrían notado, a pesar de su contextura.
“Por un momento pensé que la llamaría Mía, pero le dijo Carla. Desde la caja puede escuchar absolutamente todo esta tía mía” pensó Majo.
-Ya sabes lo que nosotros queremos, y trae lo mismo para Carla. Carla, si no te importa, tienes que probar los spaghetti de mi tía- Dijo Juan sin dejar que nadie más hablara.
-En un minuto los traigo mis amores- Era demasiado melosa, pero eran como sus hijos.

Juan no le sacaba la vista a Mía ni por un segundo, la miraba con desconfianza, y cada vez que ellas se tocaban su cuerpo se estremecía de miedo.
Antes que viniera la comida Mía se levantó y fue al baño con la excusa de lavarse las manos. Pero había observado a Juan y estaba claro que la odiaba. Seguro necesitaría hablar con su hermana en privado.

-Vámonos!- Dijo Juan levantándose, al ver que Mía se perdía de vista.
-Vámonos ahora mismo!- Dijo gritándole a su hermana, quien lo veía con sorpresa. Esa reacción no se la esperaba.
-¿Pero que te pasa? Carla aun esta en el baño, no podemos dejarla aquí sin mas-
-Esa mujer es una loca! Debe ser psicópata o algo, mintiendo así, aprovechándose de ti!- Gritó, tomando de la mano a su hermana y obligándola a pararse.
-No entiendo nada de lo que dices. Ella es tu compañera de trabajo desde hace años! Además nos estamos enamorando!- Esa frase provocó que todo su cuerpo se estremeciera y una ola de calor la invada, ¿Tanto le gustaba la idea?.
-No digas esas cosas! Yo no conozco a esa mujer! Cuando te hable si dije CARLOS. Era una broma! Una venganza por lo que me hiciste. Pero esa loca que conocí por Internet se aprovecho y quien sabe que sea capaz de hacer-
-¿Conociste por Internet?- Majo se hacia la que no entendía, por dentro lo disfrutaba tanto.
-No es hora de explicaciones! Confía en mí. Esa mujer debe ser psicópata. Además ¿Qué es eso de que te gusta una mujer? Y encima una que apenas conoces!-
-No es momento de hablar de eso, me gusta y punto- Eso último no fue mentira aunque no lo supiera. Su corazón estaba acelerado, pero no por la charla, sino por sus palabras (Aunque seguía sin darse cuenta de que le pasaba en verdad).
-Ya cállate. Incluso mira tu mano! –Señalo el vendaje –Seguro que ya y hasta te pego! Vámonos- La empezó a arrastrar a la salida. Vicky observaba todo el espectáculo, ahora con un helado en la boca.
-Ya déjame!- Grito Majo soltándose de su hermano –Yo no me voy sin Carla!-
-¿Pero que carajo? ¿Acaso no escuchaste lo que dije?!-
-Si escuche! Pero no me importa. La verdad no me importa nada de lo que me digas, ella me gusta, y aquí me quedo, te guste o no- Sentencio
-Pero déjate de tonterías. No voy a permitir que te haga daño!- Eso le dio algo de culpa a Majo, su hermano en verdad la quería y solo intentaba protegerla. Esa había sido la señal de que era hora de terminar todo.

Mía escuchaba todo desde el baño.

-No me hará daño, y tu debes calmarte- Giro y se dirigió al baño. Juan se quedo paralizado en el lugar, no entendía la reacción de su hermana. Tapó un grito con sus manos, al ver que Majo salía del baño con “Carla”.
-Aléjate de ella!- Tomó de nuevo a su hermana y la arrastro hacia él.
-Ya tranquilízate- Majo volvió al lado de la pelirroja y le tomo la mano (Esto no supo porque lo hizo, no era necesario…).
-Ya ves, no debes jugar con los sentimientos de la gente- Dijo Mía, por fin hablándole de frente.
-¿Tu que sabes?!- Dijo Juan enojado.
-Se que me involucraste en tu bromita pesada. Yo te conocí por Internet, y en verdad te creí. Fui ilusionada a la cita, y me encontré con esta historia- Majo sintió una punzada en el pecho. No soportaba la idea de que Mía se angustiara.
Juan no decía nada.
-Hermano, en cuanto vi que Carlos no era Carlos, sino Mía, supe que era una de tus bromitas. Pero te pasaste. Involucraste a un tercero, y tenias que pagar.
-“¿Esto es una venganza? ¿La broma se volvió hacia mi?”-
-así es- Respondieron Majo y Mía al unísono. Ahí Juan se dio cuenta que había pensado en voz alta.
-Lo… Lo siento- Dijo con un tono sincero de arrepentimiento y culpa -Yo en verdad me enoje con las fotos que pusiste. Entre a missmatch.com y de primera la encontré a ella. Aceptó de inmediato, pero tu no… me la hacías difícil. Cuando por fin aceptaste me alegré mucho, debo admitir. Pero cuando me llamaste para concertar el almuerzo no entendí nada. Supuse que mi vida correría peligro así que mejor te invite aquí-
-Si que eres inteligente- Le dijo Majo en tono de burla.

Juan miraba para todos lados menos a los ojos de sus victimas victimarias.

-Bueno. Tu disculpa suena sincera- Dijo Mía sonriendo – Por cierto, mi nombre es Mía, no Carla, y acepto tus disculpas. Pero por favor, no vuelvas a hacerlo-
-Lo prometo- Aunque sonó sincera esa promesa, Majo no le creyó demasiado, conocía a su hermano, y pronto se la devolvería con creces.

Juan aun no entendía demasiado. Al ver que la discusión había terminado, Vicky decidió que lo mejor seria que hablen tranquilamente con el estomago lleno, así que les llevo el almuerzo.
-Bueno, bueno, ya. Panza llena, corazón contento. Vengan a comer antes que se les enfríe-

El resto del almuerzo fue tranquilo. Ambas partes explicaron todo y al final se despidieron cordialmente.
-Bueno, Juan, no puedo decir que fue un gusto conocerte por todo lo que paso. Pero, no eres tan malo como pensé- Dijo Mía dándole la mano a Juan con una sonrisa.
“No puedo enojarme con esa sonrisa” pensó Juan aceptando el saludo.
-Nos hablamos pronto hermano. Intenta mantenerte lejos del lado oscuro- Dijo Majo riéndose.
-No puedo prometerte nada, pero si llego al lado oscuro, ¿Me dejarías entrar? Tu ya tienes llaves del lugar- respondió Juan riéndose aun mas fuerte que Majo.
-Ya, ya niños, dejen de pelear- Dijo Vicky, dándole un abrazo a cada uno, incluso a Mía quien ya le empezaba a agradar Espero verlos pronto a todos-
Eso dejó pensando tanto a Majo como a Mía. Había llegado la hora de despedirse, y ya no tenían razón alguna para volverse a ver. ¿O si? Quizás podrían hacerse amigas. Se habían llevado bien. Pero Majo no podía pensar en ningún plan para que eso pase y Mía tampoco.

-¿Para donde tienes que ir para volver a tu casa?- Pregunto Majo a Mía.
-Bueno, es pasando tu casa así que te acompaño hasta allí, si no te molesta- respondió Mía sonriendo un tanto nerviosa.
-Perfecto! Me gusta caminar contigo- Dijo Majo. Se le volvían a escapar las palabras.
-Bueno entonces, nos vemos- Dijo Mía saludando a Juan y Vicky.
La caminata fue mucho mas tranquila que la de la ida. No hubo accidentes ni heridos, y la charla había sido amena. Tanto Majo como Mía se sentían felices, pero a la vez tristes porque al llegar a la casa de Majo todo terminaría.
Y así, 5 minutos después estaban en la puerta del edificio donde habían comenzado el día.

Ambas estaban nerviosas y ninguna hablaba. No querían que todo termine ahí, pero parecía no haber salida.
-Bueno! – Dijo Mía gritando –Ya me tengo que ir-
-Si, si claro ¿Cómo vas de aquí a tu casa?- Dijo Majo.
-Pues, son dos estaciones en tren, pero, tengo mi auto estacionado en frente- respondió Mía señalando un auto rojo.
-¿Viniste en auto?! Pero me hubieras dicho! Nos hubiéramos podido encontrar en el restaurante directamente y te evitabas caminar hasta allí- Dijo Majo sorprendida.
-Pero si ese hubiera sido el caso, no podría haber caminado contigo, y en verdad, quería hacerlo. Me gustó mucho- respondió Mía sincera y sonrojada.
Majo también se sonrojo. Le había gustado mucho esa confesión. No quería que esto acabe, quería abrazarla y nunca soltarla. Eso era lo que le dictaba el corazón.

-Bueno, toma mi tarjeta- Dijo Mía dándole una tarjeta a Majo –Ese es mi teléfono y celular. Llámame cuando tengas listo el pañuelo y pasare a recogerlo-
“¿Listo el pañuelo? ¿Qué no había dicho que me lo podía quedar?” –Si, si claro, yo te llamo- respondió con una sonrisa de oreja a oreja Esto quería decir que se volverían a encontrar!. Majo contuvo las lágrimas de emoción.

“Lo aceptó! No se acordó que le había dicho que se podía quedar con el pañuelo. O quizás si se acordó, y esto quiere decir que me quiere volver a ver! Pero ¿Qué cosas pienso?!” Mía se acerca a Majo, la abraza y le da un beso en la mejilla.
El corazón de Majo ya no soportaba más y estaba a punto de explotar por tal acción. Sentía que todo su cuerpo se calentaba y un cosquilleo aparecía en su estómago.
Lentamente Mía se fue separando de Majo. Cuando sus brazos dejaron el agarre sus manos evitaron que se separen tomándose fuertemente. Todo pasaba lentamente y ninguna de las dos separaba la vista de los ojos de la otra. Mía se gira y suelta una de las manos.
En ese momento a Majo le surgió la urgencia de atraer de nuevo el cuerpo de Mía hacia el suyo con el agarre que quedaba. Quería volver a abrazarla, besarla y no dejarla ir. Sentía que no podría sobrevivir la noche sin ella. Pero no hizo nada. El último agarre se rompió y Mía se alejo unos pasos. Se dio vuelta y con una sonrisa le dijo a Majo –La pase muy bien, muchas gracias por todo linda- Ese linda se le había escapado. Entro a su auto y emprendió viaje de vuelta a la vida real.
Majo se quedo allí parada viendo como Mía se alejaba cada vez más. Sentía que su alma ya no soportaría más tiempo y entro corriendo a su departamento.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:29 pm
Capitulo 4

-Los resultados de Electroencefalograma son normales. No veo nada raro con tu cerebro-
-¿Y con el Electrocardiograma?-
-Normal también Majo. No hay nada malo con tu mente o corazón. Estas bien sana-
-No puede ser, algo malo tiene que haber con mi cuerpo que explique que me pasa!-
-Siento no poder ayudarte. Probablemente sea stress. Te recomiendo que descanses. Tienes unas ojeras que se notan a kilómetros-
“Stress. Puede ser. Cansancio… También. Dormí muy mal” Pensó Majo. Las ojeras reflejaban lo mal que había dormido. Ayer, cuando Mía se fue, entro corriendo a su departamento, se tiró en su cama y las lagrimas se apoderaron del lugar. Lloraba desconsoladamente sin entender bien el porque. No podía parar. Sentía un fuerte puntazo en el corazón que no la dejaba siquiera levantarse. Sentía todo el cuerpo pesado. No cenó y se durmió a la madrugada, cuando su cuerpo no resistió más. Aun así, siguió llorando en sus sueños. Soñó con que estaba en un laberinto de espejos y veía a una pelirroja. Ella intentaba alcanzarla pero no podía, se chocaba con las paredes. Aparecía por detrás suyo y aun así no podía alcanzarla. De repente ya no la vio más, y se encontró sola en el laberinto, sin saber como salir. Cabe decir que se despertó con lágrimas en los ojos, lagrimas fría. Se sentía muy mal. Como pudo se levanto y, ese Lunes, fue al medico a hacerse los estudios que creía pertinentes según los síntomas que había presentado estos días.

Aun el cuerpo le pesaba. Se sentía atontada. La gente caminaba a su alrededor, cada uno en su vida, pero ella se sentía aislada de la ciudad. Volvió a su departamento, se recostó y volvió a dormirse.
Se despertó pasado el mediodía ya que su estomago le recordó el hecho de que necesitaba comida para seguir respirando, aunque la idea de dejar de respirar cobraba un sentido inesperado. Sacudió la cabeza sacándose esa absurda idea de su mente y se fue a la tienda a comprar algo de comida congelada. Cuando salio vio a lo lejos a su hermano. La verdad no tenía ganas de ver a nadie, nadie excepto cierta persona que sabia, nunca volvería a ver, no había razón para ello. Se escabullo por detrás de unos árboles y volvió corriendo a su casa.
Comió con la mirada perdida quien sabe donde, ni yo se donde andaba, y cuando termino se tiró en el sillón a ver un poco de tv. Pasaba los canales, uno tras otro, sin detenerse por demasiado tiempo en ninguno. Todo le parecía tan banal, nada tenia sentido. Así estuvo toda la tarde, pasando de canal… viendo la nada. Su corazón perdido en algún lado. Por la noche no cenó. Se volvió a tirar en su cama, y la rutina de la noche anterior se repitió. Parecía que con la llegada de la luna su alma se liberara y ya su cuerpo no podía aguantar tantos sentimientos. Las lágrimas salían sin ningún impedimento.

Al día siguiente el sonido irritante de su celular la despertó.
-José ¿Qué haces que no atiendes? Ya son pasadas las 12 ¿Aun seguías durmiendo? Mira que no es domingo-
La voz de su hermano la devolvió a la realidad. “Domingo” ya no sabia si ese día había sido el mas feliz de su vida, o el mas triste.
-No me digas Jose! Baka-
-Oh, así que ahora me insultas en chino. ¿No eres lo suficiente hombre como para insultarme en español?-
-Es japonés, baka- Respondió con tono fastidiado. Ella no sabia japonés, pero esa palabra la sabía por el simple hecho de que le parecía graciosa, y era un buen insulto, 4 letras que decían todo.
-Ok, ok. Andamos fastidiados hoy, ya veo- ¿Por qué la gente tiende a hablar en primera persona plural cuando son irónicos? Majo no podía entenderlo, le molestaba bastante, pero siendo su hermano, ese pequeño detalle no era nada en comparación con todo lo que le molestaba.
-¿Qué quieres?- pregunto Majo, sin cambiar el tono molesto.
-Pues, hace un par de días que no te veo y andaba medio preocupado. No tenías buena cara cuando nos despedimos el domingo. Vicky anda igual, de hecho estoy con ella en el restaurante en este momento. Ven a almorzar con nosotros-
-No quiero- Respondió Majo, tirándose de nuevo en su cama.
-Levántate de la cama, vaga!- Majo se levanto de golpe ¿Cómo sabia que estaba tirada en la cama? –No fue una pregunta, te esperamos en 15 minutos, o la tía va y te trae de las orejas, tú decides-.
Majo recordó como su tía solía tirarle tan fuerte de las orejas cuando ella se negaba a ir a algún lado, que sentía que se le saldrían. Se tomó las orejas por reflejo y colgó el teléfono. Tenía pocas ganas de salir pero no tenia muchas opciones. Era eso o quedarse sin orejas.

Nadie sabe como, pero en 14 minutos estaba entrando al restaurante. La cara de su hermano y tía reflejaron el aspecto de la rubia. Tenia el mismo pantalón que el domingo, solo se había cambiado la camisa porque no sabía donde había quedado la otra (Seguramente había escapado de sus garras, no era muy buena con la ropa y no era la primera prenda que desaparecía sin dejar rastro. La idea de que se escaparan de hecho cobraba sentido en su mente).
-Mi’ja ¿Qué te ha pasado? ¿Te agarró un tornado o algo? Ese peinado desafía las leyes de la gravedad –Le puso la mano en la cabeza – Este mechón yo no se como se mantiene tan erguido, se supone que la gravedad tira las cosas para abajo, no para arriba –Le empezó a palmar la cabeza –Oh, es un rebelde, no quiere bajar Jajajajaja- Se rindió y dejo que el peinado de su sobrina sea libre e hiciera lo que quisiera.
-José, por lo menos podrías haberte bañado para vernos, que falta de respeto – Su hermano se acercó a ellas y la miró de arriba abajo.
-No me diste mucho tiempo- Majo se sentía un poco avergonzada y enojada, le seguía diciendo José.
-Oh, algo te pasa, no me restaste porque te llame José- Su hermano tenia una sincera expresión de sorpresa.
-Estoy cansada, no he dormido bien-
-¿Mucho trabajo Mi’jita?-
“Si trabajo” –Si tía, ya sabes como me pongo cuando tengo un proyecto-
-Lo se, pero no te sobreesfuerces, te vas a enfermar-
“Ya quisiera, pero el tío no me encuentra nada malo” pensó haciendo pucherito
-¿Qué pasa?- preguntaron los dos testigos al unísono, al ver el cambio de expresión de la chica.
-No, nada, ¿Almorzamos? Tengo hambre-
-Asumo que tampoco has comido bien, seguramente solo almorzaste ayer una comida congelada- Majo trago profundamente, esta señal le dio la razón a su tía. La conocía demasiado bien. –Debes aprender a cocinar-
-¿Para que? Si tengo una tía que cocina muy bien y nunca se negaría a alimentarme- Dijo Majo sonriéndole a su tía, sabía que no podría resistirse, y que le encantaba que la adulen.
-Ya para chiquita, no cambies el tema ¿Les traigo lo de siempre?-
-Ya sabes la respuesta- Dijo Juan con una sonrisa de oreja a oreja, en verdad amaba las pastas que hacia Vicky.

El almuerzo transcurrió con tranquilidad. Hablaron de todo un poco, pero sobretodo le llovieron preguntas a Majo, quien ya se empezaba a poner nerviosa al no saber que respuesta inventar, se quedaba sin ideas. Su salvación llego cuando la cajera se les acerca.
-Disculpe Señora Vicky- así hacia Vicky que sus empleados la llamen –Ya es hora de cerrar, tengo que ir por mi hijo a la escuela-
-Oh si si! Puedes irte nomás, yo limpio esto y cierro. Buen trabajo- Le dedicó una sonrisa que provocó que las mejillas de la cajera cambien de color.
-G… Gracias!-

-Que chica más trabajadora- Dijo Vicky cuando la susodicha se fue –Su marido la dejo cuando el niño nació, y ella tuvo que empezar a trabajar para sobrevivir. Al mismo tiempo estudia-
Ambos chicos pusieron la misma cara de asombro. Fue tan idéntica la reacción que Vicky se hecho a reír.
-Parecen gemelos!- Vicky se reía cada vez mas.
Los chicos se sonrojaron. No sabían si eso era algo bueno o malo. O Majo parecía hombre, o Juan parecía mujer.
-Bueno, tengo que ir a seguir con el proyecto- Dijo Majo levantándose.
-Vaya mi’ja, pero ya le dije, no se exija mucho, si se me enferma Juan tendrá que ir a cuidarla-
-Oye, ¿Por qué yo?- Dijo Juan un poco molesto.
-Que buen hermano eres- Dijo Majo con tono sarcástico.
-Vale, vale, yo te cuidare siempre hermanito- Dijo, abrazando a Majo.
-Casi me convences- Dijo Majo zafándose del agarre de su hermano –Pero me vuelves a decir José, o tratar como hombre y te bajo todos los dientes.
-Que respuesta propia de un chico!- Dijo Juan sonriendo –Bienvenido al lado oscuro!- No pudo aguantar mas la risa.
-Yo te lo advertí!- Dijo Majo intentando tomar por el brazo a su hermano pero éste era demasiado rápido. Había desarrollado buenos reflejos por pura necesidad de sobrevivir a su hermana.
-Jajajajaja José! José- Juan seguía riendo mientras corría alrededor de las mesas.
-Ya vas a ver!- Majo estaba totalmente roja de ira, aunque ya se había acostumbrado a sus bromas. No sabia porque, pero las emociones que reflejaba no tenían que ver con lo que acababa de decir el chico, salían de un lugar mucho mas profundo. Por culpa de su hermano había conocido a Mía. Si no la hubiera conocido, no se sentiría así. El chico se paró en la puerta, al ver que su hermana había dejado de perseguirlo. “No la hubiera conocido” pensó Majo, esa idea, al contrario de lo que hubiera pensado, le provocó un dolor tremendo en su corazón, un dolor que casi la tira al piso.
-¿Estas bien hermano?- Pregunto Juan, preocupado, pero sin dejar pasar la oportunidad de tirar una bromita.
Majo lo vio, despejo todo pensamiento sobre Mía de su mente y le siguió el juego a Juan. –Si, solo te estoy dando 5 metros de ventaja, unos 3 segundos. 1… 2…-
La cara de Juan pasó de una risa desaforada, a una expresión de miedo total.
-3!- Majo salio corriendo, al igual que su hermano. Majo era muy atlética, pero su hermano también. Ambos habían sido los mejores en el club de atletismo en la preparatoria, en sus respectivos grupos. Pero por la ventaja de 5 metros, Majo no pudo alcanzarlo. Juan la saludó mientras corría de espaldas tirándole un beso.
-Te cuidas hermanito!- Le gritó luego del beso –Gracias por la comida tía, mañana nos vemos- Se dio vuelta, y se perdió de vista. Majo volvió a donde estaba su tía.

-Este chico no cambia mas- Dijo Majo jadeando.
-Pero bien que lo quieres, y él a ti. Esta es su forma de demostrarlo- Majo miro al piso un poco sonrojada.
-¿Viene todos los días a comer?- Pregunto Majo, cambiando de tema.
-así es, todos los días, sin falta- Dijo Vicky sonriendo. Disfrutaba de sus sobrinos.
-Que garrapata que es. Yo por lo menos me consigo mi propia comida- Dijo Majo, recobrando aire.
-No digas eso, yo disfruto alimentándolo, a ti también, pero tu nunca vienes- Dijo Vicky, poniendo una expresión de tristeza que le angustio el corazón a Majo.
-Disculpa tía, no lo hago a propósito (mentira) pero ando ocupada, y bueno, ya sabes-
-No tienes que disculparte chiquita!, con que de vez en cuando vengas, yo soy feliz- Dijo Vicky palmándole la espalda a su sobrina.
-Gracias por todo tía, ya me tengo que ir- sentía como ese ejercicio extra había sido demasiado para su débil cuerpo.
Vicky le dio un beso en cada mejilla a Majo, y el correspondiente en la frente, que nunca puede faltar.
-Te cuidas mi’ja. Vuelve pronto-
-Lo haré tía- Besó la mejilla de su tía, y emprendió el camino de regreso a casa.

Tomo una Aspirina y se tiró en la cama, sentía que su cuerpo estaba al limite, o quizás era su alma. Se quedo viendo el techo. De repente sintió como la puerta de su cuarto se abría lentamente, y un cuerpo se acercaba a ella. Pero no sentía miedo, al contrario, sabía perfectamente quien era. Su corazón se aceleró. Cuando el cuerpo se acercó al rayo de luz proveniente de la luna que se colaba por su ventana la pudo ver perfectamente. Era un ángel, un ángel solo para ella. –Mía- murmuro Majo. –Soy solo tuya- Le respondió la persona parada frente a ella. La luz de la luna no hacia más que resaltar la belleza de esta. Piel Blanca como la luz que la iluminaba, cabello rojo como el fuego que sentía en su interior, ojos azules como la noche, que capturaban su alma, y no la dejaba ir. La pelirroja se acercó a una Majo que yacía sentada en el borde de su cama, mirando con total admiración a la chica. Mía pasó sus manos por las mejillas de Majo delicadamente, provocando un ligero estremecimiento en ésta. Luego posó sus manos en los hombros de Majo, y lentamente la fue recostando, mientras su propio cuerpo seguía el movimiento quedando sobre ella. Majo estaba perdido en los ojos de Mía, luego posó su vista en los labios de esta. Un manjar que deseaba más que cualquier cosa en el mundo. Eran de un rojo similar al de su cabello, ese rojo que la volvía loca. Majo acarició suavemente esos labios para luego detener su mano en la mejilla de ésta, tomando delicadamente su cara y acercándola a la suya. Pero antes que pudiera sentir eso que tanto anhelaba Majo volvió a la realidad.

Se encontraba sentada en el borde de su cama, y lo que la había devuelto de su nube eran un mar de lágrimas heladas que salían de sus ojos. Su alma estaba en las últimas, lo podía sentir. Aunque para su mente se hubiera sentido real, su alma sabia la verdad.
Fue al baño, se dio una ducha con agua fría para calmar su cuerpo. Sentía como si acercaba un fósforo a su pecho, este se prendería. Pero de su cuerpo fluían lágrimas frías. Algo estaba mal. Tomo un somnífero para poder dormir. No aguantaba seguir llorando.

Se despertó al mediodía siguiente. Pero no se sintió mejor. Su cuerpo pudo haber recuperado energías, pero su alma no. Decidió ir a almorzar a lo de su tía para distraerse un poco. Y como pensó, por un par de horas su mente se relajo. Su hermano no paraba de molestarla, cosa que en ese momento agradecía y su tía la mimaba todo el tiempo. Se sentía tan bien, pero todo tenía que terminar, y ya se encontraba volviendo a su casa.


-No Majo, no tienes nada malo. Los resultados del Electroencefalograma son los mismos que hace dos días. Exactamente los mismos-
Majo miró incrédula al doctor. Abrió la boca para decir algo pero su tío le ganó.
-Lo mismo con el electrocardiograma. No hay nada malo con tu cuerpo-
-Pero, eso no puede ser! Casi me atropellan por esas alucinaciones que me persiguen!- Mientras caminaba de vuela a su casa desde el restaurante, otro sueño como el de anoche la invadió. Para cuando volvió en si se encontraba en medio de la avenida y un auto había frenado a menos de 2 cm de su cuerpo.
-Ya te dije, debe ser stress. Vicky me contó que andas con mucho trabajo y no has dormido o comido adecuadamente-
Majo miro el suelo un tanto avergonzada.
-Mi’ja- Sin duda era su tío –No debes exigirte tanto. Trabajo es trabajo, no es la vida-
-Algo debe estar mal! – volvió a decir Majo. Algo debía estar mal, nada podía justificar lo que le andaba pasando desde que conoció a Mía. –Es la única explicación para los constantes cambios de color de mi piel. Los cambios en la velocidad de latidos de mi corazón. Y las alucinaciones! Solo algo en mi cerebro explicaría las alucinaciones- Dijo Majo angustiada.
-Majo, querida. No tienes nada en el cuerpo. Lo tuyo va por otro lado. ¿Hay alguien especial en tu vida? ¿Alguien nuevo?- Majo se sonrojó de pies a cabeza.
-Eso pensé… Eres medio lenta- Esto último los susurro de manera que solo él escucho.
-Por favor- Majo tomó la mano de su tío –Revisa los resultados una última vez, no te volveré a molestar-
-No es molestia Majo. Sabes que dos análisis de este estilo en dos días no se le hace a nadie, pero por ser tú, y por la cara que tenías, hice una excepción. El resultado será el mismo, pero si me lo pides así, los revisaré, ahora vuelvo- Dijo Víctor, su tío, saliendo de la habitación.

Majo ya no daba mas, sentía tanto cuerpo como mente saturados. Se apoyó en la pared y cerró los ojos. Pero el ruido de la puerta la devolvió a la realidad.
-¿algún cambio?!- Pregunto Majo, un tanto excitada.
-Ningún cambio, mis sentimientos siguen siendo los mismos- Esa voz asustó a Majo. Mía cerró la puerta tras de si.
“No de nuevo” pensó Majo. Ya no sabia que era real y que no.
-Tu… Tu no eres real, no estas aquí! Sal de mi mente!- Gritó Majo, pero Mía le tapó la boca con dos de sus dedos. Ese simple contacto hizo que el corazón de Majo se volteara.
-Si no soy real no hay problema con que haga esto en un lugar público- Dijo, corriendo lentamente los breteles de su vestido rojo, provocando que este cayera al piso. Majo estaba totalmente sonrojada, y su corazón latía a mil por hora, pero algo no se sentía bien. Su alma no se tranquilizaba.
Mía se deshizo de toda prenda innecesaria. Majo sentía que estaba a punto de desmayarse. –Si no soy real, dime ¿Por qué te estremeces cuando me tocas?- Dijo Mía tomando la mano de Majo y acercándola a su pecho.
Majo volvió en si al sentir algo que caía por su boca. Su nariz estaba sangrando. Y las mismas lágrimas frías caían por sus ojos. Rápidamente tomó un algodón del escritorio de su tío e intentó parar la hemorragia.

-Los resultados son los mismos Majo- Dijo Víctor entrando de nuevo a la oficina
-¿Pero que pasó?!- Dijo, corriendo hacia su sobrina quien tenía las manos ensangrentadas intentando parar una hemorragia nasal.
-Tira la cabeza hacia atrás- Le dijo. Tomó un poco de algodón e hizo un tapón. En pocos minutos paró la hemorragia.
-Te dije que hay algo mal conmigo!- Dijo Majo un tanto asustada.
-Dime algo mi’jita ¿Pensabas en alguien cuando empezó la hemorragia?-
Majo se sonrojo
-¿Pensabas en la misma persona que se te aparece en las alucinaciones?- Majo fijó la vista en el piso, avergonzada.
-Mira para arriba Majo- Dijo su tío tirándole de nuevo la cabeza hacia atrás -¿Era cierta pelirroja que acabas de conocer?- Dijo ahora sonriendo. Majo se limitó a asentir en silencio.
–Querida! Lo que tu tienes ningún doctor lo puede curar- Majo puso de nuevo esa expresión de susto.
–No te preocupes! Solo hay una persona que te puede ayudar, pero no te diré quien es, no tendría gracia – Majo empezó a mirar feo a su tío quien seguía sonriendo.
– No me mires así!, dime ¿Conoces el manga Shojo?- Majo lo miró extrañada. Ya podía bajar la cabeza.
–Hija, tu eres muy mala para estas cosas. Con Esteban tardaste 10 años en darte cuenta. Todos ya lo sabíamos menos tu. Esto te ayudará a entender que te pasa- Majo cambió la cara al escuchar ese nombre, quería olvidarlo, ¿Por qué su tío lo nombraba? ¿Qué tenia que ver el en todo esto? (Ella establece un nuevo nivel de lentitud sentimental. Nivel: Majo).
-Mira. Ve a la tienda que esta en frente y compra estos mangas, hazme caso, te ayudará- Le entregó a su sobrina un papel con el nombre de tres mangas escritos.
–Y relájate, ya pasará- Su tío le dedicó una sonrisa que en verdad tranquilizó a Majo.

-G…Gracias tío. Por todo-
-No te preocupes. Espero que pronto se solucione todo- Dijo, dándole el característico beso en la frente.
-Nos vemos uno de estos días para almorzar los 4- Dijo Víctor mientras caminaban hacia la puerta de la oficina.
-Claro tío- Le dio un beso en la mejilla y salio de allí.

No sabía que sentir ¿Un manga la ayudaría? No tenía mucha confianza en el remedio que le dio su tío, pero no tenia nada que perder, y estaba desesperada. Compró los mangas, la cena y se dirigió a su casa. Mientras caminaba iba viendo los mangas. Al parecer todo era romántico ¿A su tío le gustaban esas cosas?. A majo se le escapó una sonrisita al imaginar a su tío leyendo esto a escondidas.

Iba en su nube, y de repente se dio cuenta que se había pasado la entrada de su casa por un metro.
-Aaaauuuchh- No podía evitar darse esos facepalm ante su propia ineptitud.
-Deberías dejar de golpearte- Esa voz paralizo a Majo. Lentamente se dio vuelta y frente a ella estaba su ángel, su Mía sonriendo.
No podía ser verdad, debía ser otra alucinación. Se golpeo un par de veces mas a ver si así despertaba.
-¿Qu… Que haces?!- Dijo Mía asustada, tomando la mano de Majo para frenar la agresión.
Ese contacto se sentía totalmente diferente, era calido y hacia que su alma se tranquilizara. Su corazón estaba a punto de salirse de lugar. Majo levantó la vista y la llevó hacia esos ojos que tanto la atraían. Azul oscuro, como la noche que iniciaba. Esto se sentía diferente. No como en sus sueños. Su subconsciente sabía la verdad y su alma le volvió al cuerpo.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:29 pm
Capitulo 5

“Mía… Mía!” Pensó Majo, pero las palabras no salían de su boca. Al parecer Mía estaba igual porque ninguna de las dos pronunciaba palabra alguna.
Pasaron unos minutos en los que solo se miraron fijamente, sin soltarse. Majo sentía que esa mirada podía ver su alma llorando de felicidad. Mía sonrío y por fin habló.
-No me llamaste- Dijo.
-¿De que hablas?- Dijo Majo extrañada, una vez que recobro el habla.
-Pues, del pañuelo. Te dije que me llames cuando lo tuvieras limpio.
Majo sintió como su corazón dio un vuelco. Lo había olvidado, o no lo había captado del todo. Tanta angustia que se hubiera ahorrado si tan solo la hubiera llamado.
-Esperé unos días, pero al ver que no llamabas pensé que quizás habías perdido mi teléfono-
-Oh, no, no, no fue eso. Es que anduve ocupada. Lo siento- Majo no podía creerlo, si era ella, estaba en frente suyo, algo que pensó, no volvería a ocurrir.
-Bueno, si no lo tienes, puedo pasar otro día- Esas palabras entristecieron a Majo, ¿Esto significaba que se volvería a ir?
-Creo que mejor me voy. Estabas por cenar ¿No?- Dijo Mía viendo las bolsas. Majo no podía permitir eso.
-Q… Quédate a comer!- Grito Majo.
-¿En serio? No quiero ser una molestia- Dijo Mía.
-Nada de eso! Seria un placer- Dijo Majo, no pudiendo esconder su felicidad. Una sonrisa ocupaba toda su cara.
-Si me lo pides así…- Dijo Mía, con una sonrisa similar a la de Majo. Ambas se sentían muy felices, y querían pasar más tiempo juntas, sea como sea.

-Por curiosidad ¿Qué tienes para cenar?- Pregunto Mía.
-Pues, una bandeja de pollo- Dijo Majo, viendo dentro de la bolsa.
-¿Comida congelada?- Pregunto extrañada Mía.
-S…Si ¿Qué tiene?- Pregunto Majo, un tanto avergonzada, aunque no sabia porque. Para ella era normal cenar comida congelada.
-Nada de eso. No puedo permitirte comer eso tan poco sano- Dijo Mía, sonriéndole.
Esa sonrisa derritió el corazón de Majo ¿Acaso Mía se estaba preocupando por ella?
-Uhm, ya se! Ya que tu pones la casa, yo te cocinare- “Yo haré la cena! Eso debí haber dicho!” Pensó Mía, arrepintiéndose de la selección de palabras usadas.
-Me parece bien!- Dijo Majo, dando un pequeño salto de felicidad que provoco una risa en Mía y que, de paso, su corazón explotara de felicidad.
-Perfecto- Dijo Mía con esa felicidad que sobrepasaba la capacidad de su cuerpo.
-Acá a la vuelta hay una tienda, ahí puedes comprar todo lo que necesitas-
-Ok, ¿Qué quieres comer?-
Esa pregunta desconcertó a Majo. Ella siempre comía lo mismo, o pollo congelado, o fideos donde su tía.
-Ya se! No es por competir con las famosas pastas de tu tía, pero haré mi receta personal. Solo para ti- Dijo Mía con sus ojos iluminados.
“Solo para mi” Majo estaba que explotaba. Esa chica la volvía loca. Mejor dicho, ya la había vuelto loca.

Compraron todo lo necesario y volvieron al departamento de Majo. Ésta abrió la puerta e invitó a pasar primero a su pelirroja (Si, su pelirroja. Ya estaba perdida).
-Por aquí esta la cocina. Si necesitas algo dímelo. No te molestare, estaré aquí viendo la tele- Dijo Majo mostrándole la cocina a Mía. La separación entre ésta y el living era una mesada como de bar.
-No te preocupes- Dijo Mía sonriendo.

Majo observaba, primero de reojo, como se movía Mía en la cocina. Pero al poco tiempo estaba totalmente hipnotizada por ésta y la observaba detenidamente. Se movía como un pez en el agua. Como si fuera dueña del lugar. Mía notó como era observada, pero no quería que ese contacto se cortara así que hizo como que no vio nada. Le encantaba que esa rubia la mirara. Le encantaba esa rubia.
- Ya está! –Anuncio Mía –Todo listo- sonriendo.
-¿En serio?!- Dijo Majo entusiasmada –Yo pondré la mesa! Puedes traer las cosas aquí– Dijo despejando la mesa del living.

Mía sirvió los platos y empezaron a comer. No había notado lo lindo que era el departamento de Majo. Había una tele con un sillón convenientemente ubicado, ambos frente a un gran ventanal que dejaba ver toda la ciudad. Majo vivía en el último piso de un edificio de 15 pisos. Era una vista sumamente bella. En medio de la habitación estaba la mesa donde cenaban. En frente suyo, dándole la espalda a la ventana estaba esa rubia que había robado su corazón. La vista no podía ser mejor, la ciudad de fondo y esa belleza como personaje principal de aquel cuadro.
Hablando de cuadros, había varios en ese recinto. Mía quedo sumamente absorta por uno en particular.
-La pintura es mi pasatiempo- Dijo Majo viendo como su compañera estaba embobada por una de las pinturas.
-Lo se- Dijo Mía, sin despegar la vista de éste.
“¿Cómo lo sabe?” Pensó Majo, pero prefirió preguntar otra cosa
-Dime ¿Qué crees que significa ese cuadro?-
-Pues no se, tu deberías saber… tu lo pintaste- Dijo Mía extrañada.
-Es cierto, yo lo pinte, y un cuadro refleja el corazón de su autor, pero… El significado queda por parte de quien lo ve. Es él quien le confiere sentido-
Mía separó la vista del cuadro y lo posó en su autora, quien la miraba detenidamente, con los ojos brillosos, esperando una respuesta.
-Veamos dijo. Es un cuadro abstracto, hecho todo con pinceladas de colores oscuros, seguramente reflejan sentimientos no muy felices –Dijo con un tono de angustia, “¿Por qué Majo habrá pintado algo tan triste?” Pensó.
-Como por ejemplo, tristeza el azul, angustia el marrón, melancolía el verde, ira el bordó, y el fondo negro refleja la soledad que rodea todo- Dijo Mía.

Majo asintió con la cabeza. Pero su mirada reflejaba cierta tristeza.

-Pero- Dijo Mía provocando que una luz de aparezca en los ojos de Majo –Ese pincelado rojo brillante, que atraviesa el cuadro desde una esquina hasta la esquina opuesta en diagonal –Dijo Mía señalando el recorrido de dicha línea con sus dedos –Significa amor-

El corazón de Majo dio un vuelco. Tenia sentido. Esa chica le había enseñado el significado de la línea hecha por ella misma hacia tres días y que, en su momento, no sabia porque lo había hecho. “Amor” Pensó Majo. Una sonrisa se dibujo en su cara.
-¿Acerté?- Pregunto Mía volviendo la vista a su compañera.
-No lo se. Ya te dije. El significado se lo da quien lo ve –Dijo con una sonrisa -Si a ti te parece que eso significa, entonces eso significa- Dijo no pudiendo ocultar su felicidad.
Mía se había dado cuenta que la línea roja había sido hecha mucho después que el resto del cuadro, pero no preguntó porque era así, en su interior sabia la respuesta. O sabia una respuesta que quería, fuera la verdadera.

Ya habían terminado de cenar, y la charla había sido muy amena. Hablaron de todo un poco, pero nada muy personal. Ninguna quería invadir la privacidad del otro. Cuando ya no había más que hacer para alargar la velada, un aire de tristeza invadió el lugar. Ninguna se quería separar.

-¿Quieres un te o café?!- Pregunto Majo, en un tono medio elevado. Se le había ocurrido de repente. Perfecto para posponer el tan indeseado final.
-Un te estará bien. Debo dormir esta noche- Dijo entre risas.
-Ok, yo lo preparo- Dijo Majo.
-Oh, así que algo sabes cocinar!- Dijo Mía, sin poder aguantar las risas.
-Cállate- Dijo Majo sonriendo –Que hago el mejor te del mundo-.
-Jajajajaja- Mia no podia aguantar mas. No había hecho el mejor chiste del mundo, pero se sentía tan feliz.
Esa risa provocaba en Majo que su alma quisiera salirse de su cuerpo y fundirse con el alma de Mía.

Sirvió el te con unas galletitas que había encontrado. No recordaba cuando las había comprado, pero las había probado y estaban buenas.
Ninguna de las dos dijo más de dos palabras. Solo se miraban intensamente. Las miradas se encontraban y solo eran abandonadas para tomar un nuevo sorbo del te. La tensión en el ambiente aumentaba.

-Estuvo muy rico- Dijo Mía, apartando la taza vacía.
Majo vio la taza con tristeza, ya no tenía mas excusas para retener al ser de sus deseos.
-La cena también, estuvo deliciosa- Dijo Majo, fingiendo una sonrisa. La cena si había estado deliciosa, la mejor que hubiera probado nunca, pero su corazón estaba muy triste por tener que dejar ir a la mujer.
-Mucho mejor que la de mi tía!- Dijo –Pero, por favor, no se lo digas. Temo por mi bienestar si se lo dijeras- Dijo haciendo pucherito con la cara, y luego soltando una risa, que fue acompañada por una risa de Mía.
-No diré nada. No quiero perderte tan pronto- Eso ultimo se le escapo a Mía
Ambas se sonrojaron.

Mía tomo su cartera, y ambas se dirigieron hacia la salida.
Majo abrió la puerta de calle y la acompaño hasta bajar las escaleras. En frente pudo vislumbrar al auto rojo que provoco que su estomago se achicara.

-La pase muy bien- Dijo Mía volteando hacia Majo.
-Yo también. Tenemos que repetirlo- Dijo fijando la vista en esos ojos que adoraba. Vio como se iluminaron con lo dicho y provocó que un calor saliera de su corazón y se esparciera al resto de su cuerpo.
-Claro que si. Cuando quieras- Dijo Mía sonriendo. Se acercó a Majo, y como noches atrás, la abrazó. Se quedaron unos minutos así. Ninguna de las dos quería separarse. Todo era igual. Majo lo sabia, sabia que seguiría a continuación, pero no lo quería. No quería que todo se volviera a repetir. Sentía que si la dejaba ir no podría sobrevivir la noche. Lo que no sabia, es que si la dejaba ir, no podría sobrevivir ninguna noche mas. Mía sentía lo mismo, pero no había nada que pudiera hacer. Separó su mentón del hombro de Majo y le dio un tierno y largo beso en la mejilla.
“No, no lo hagas” Pensaba Majo. Mía separó sus brazos del cuello de ésta y los bajo lentamente para irse. Pero, como antes, Majo se lo impidió, tomando sus manos con determinación, pero una determinación lábil. Mía fijó sus ojos en los de Majo, amaba esos ojos verdes. Sentía como unas lagrimas estaba por escaparse de sus ojos. No quería que Majo la viera así.
Se separó un poco más y logro soltar uno de los agarres. Se dio media vuelta y comenzó a caminar para romper el otro agarre. Majo veía todo en cámara lenta. Todo era idéntico. Todo. Era ahora o nunca. Tenía que tirarla hacia ella, tomarla y nunca dejarla ir. Tenía que hacerlo. Pero antes que se atreviera, el agarre se soltó y Mía comenzó a hacer el movimiento necesario para dar un paso.
Antes que el brazo de Mía llegara al costado de su cuerpo, Majo lo tomó fuertemente de nuevo, tiró y Mía cayó en sus brazos, como Majo había calculado. La tomó fuertemente de la cintura. Brevemente sus miradas se encontraron. Temió por un momento que Mía saliera corriendo por lo que había hecho, pero en sus ojos pudo ver sus sentimientos. Los mismos sentimientos que sus ojos reflejaban.
Suavemente atrajo aun más sus cuerpos, sintió como Mía pasaba sus brazos por su cuello y finalmente sus labios se fundieron en un beso que tanto había sido deseado, y que tanta angustia había producido por eso mismo.
Ese beso tan dulce que las dos necesitaban con urgencia cada vez fue cobrando más pasión. Ahora era acompañado con caricias en la espalda de Majo y lo propio en la espalda de Mía. Majo acariciaba cada rincón de esa espalda. Pero pronto se hizo evidente que no era suficiente, para ninguna de las dos.
Sin desearlo, pero inevitablemente, sus cuerpos se fueron alejando lentamente. Ninguna separaba la vista de los ojos de la otra. Ambas estaban ruborizadas y sus cuerpos se llamaban a gritos. Majo tomó la mano de Mía y, sin decir nada, la guío hacia la puerta de su departamento. La noche apenas comenzaba.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:30 pm
Capitulo 6


Una suave brisa entró por la ventana del cuarto que hasta hace pocas horas había sido testigo del mas puro amor. Lo que despertó a Majo no fue la brisa per se, sino el frío que este le provocó. Se le pararon los pelitos del brazo que tenía al descubierto y se le puso la piel de gallina. Hizo un movimiento para taparse pero algo no se sintió bien.
Recordaba perfectamente la noche que había vivido. Cuando las energías de ambas se agotaron completamente el sol había empezado a escurrirse por las cortinas de la habitación. Los cuerpos cayeron rendidos y las amantes se abrazaron para no perderse en sus sueños. Mía tenía su cabeza apoyada en el pecho de Majo, y con su brazo derecho rodeaba la cintura de ésta. En cambio, Majo, la había inmerso totalmente en su abrazo y suavemente le acariciaba la espalda hasta que el sueño les ganó.

No había sido ni un sueño, ni una alucinación. Todo su cuerpo y alma se lo decían. Aquello que recordaba tan nítidamente había sido real, había ocurrido hace unas pocas horas, en ese mismo lugar. No podía haber sido un sueño… No había posibilidad alguna de ello. ¿O si? Su cuerpo y alma le decían una cosa, pero la realidad parecía ser otra. Mía no estaba por ningún lado, y no había rastro de ella. No había rastro de la noche anterior ni evidencia alguna de lo que allí había sucedido. Ninguna evidencia, más que los sentimientos y las sensaciones que reinaban el ambiente. “¿Qué esta pasando?” Esas palabras resonaban en la mente de Majo mientras recorría su departamento. Nada, ni un rastro de nada. La misma comida congelada de siempre en la heladera. La ropa tirada por la habitación. Todo igual, todo excepto Majo, ella había cambiado, pero ahora no estaba segura de nada.

-¿Mía? ¿Dónde estás?- Empezó a decir Majo tras abrir cada puerta del lugar.
-¿Mía?!- Decía cada vez con más desesperación.
Las lágrimas empezaron a aparecer en sus ojos.
-Por favor Mía ¿Dónde estás? No es divertido- Majo sabía que Mía era incapaz de hacer una broma así, pero su desesperación alcanzaba un nuevo nivel.
Salió a la calle y nada, no había rastro de nada. Le preguntó al portero del edificio si había visto a la pelirroja, pero el lo negó. Le pregunto si la había visto llegar a ella con alguien mas la noche anterior, pero también lo negó. Lo que Majo no sabía era que, la noche anterior, el portero había estado muy ocupado con el partido de futbol de su equipo favorito y, la verdad, no sabía ni que pasaba en la misma oficina donde se suponía que trabajaba.

Volvió a su cuarto, se sentó en la orilla de la cama, tomó su cara con sus manos y las lagrimas volvieron a salir. Empezó a temblar, pero no de frío, porque era un día de lo más agradable para cualquiera, menos para ella. Se sentía desesperanzada. No entendía nada. ¿Acaso había sido un sueño? “NO! Ni lo pienses, no fue un sueño. Fue real. Fue real!” Tiró para atrás su cuerpo de un envión y se quedó mirando el techo. Las lágrimas no habían cesado. “¿Qué voy a hacer?” Se preguntó, su mente estaba al límite. Su cuerpo gritaba por la pelirroja, al igual que todo su ser.
-Mía…- Dijo en un suspiro antes de quedar dormida nuevamente.

Se despertó unas horas después, cerca del mediodía, con la cara húmeda por haber llorado aun en sus sueños, bueno pesadillas. Se levantó violentamente y escrudiñó todo el lugar con una esperanza que pronto se esfumó. Aun no había rastros de su Mía. Salio rápidamente del cuarto y volvió a recorrer todo el lugar gritando –Mía!- Pero nada. Nadie respondía, nadie más que el silencio, que pronto se apoderó de todo, incluso de la propia rubia.
El teléfono la volvió a la realidad. Lo miró como intentando descifrar que tenía que hacer a continuación, hasta que dos neuronas hicieron contacto y entonces levantó el teléfono.
-Josecito!- La voz de su hermano ahora parecía incluso mas irritante de lo normal.
-…- El silencio también fue la respuesta para Juan.
-¿Estas ahí?- Dijo, ahora con tono preocupado.
Majo suspiró profundamente -¿Qué quieres?- Preguntó, molesta.
-No, nada, solo quería preguntar como andabas ¿Qué acaso no me puedo preocupar por mi hermana?- Dijo, aun preocupado.
-Por fin reconoces que soy mujer- Dijo, intentando ocultar su estado emocional.
-Jajajaja. No, eso no lo puedo reconocer, sabes que no puedo mentir- Dijo Juan, a ver si su hermana reía, eso le indicaría que estaba bien.
Pero Majo no rió, no dijo absolutamente nada.
-¿Qué te pasa?- Preguntó, ahora mas preocupado aun.
-Nada, nada, estoy muy estresada, es todo- Dijo Majo intentando, de nuevo, evitar la realidad. Siempre metía la misma excusa, hacía como una semana que ni tocaba su trabajo.
-Mmm… Si tú lo dices. No te exijas demasiado o la tía ira por ti y ya sabes de que es capaz-
-No le digas nada, en cuanto pueda me doy una vuelta por el Restaurante y hablamos-
-Ok, te tomo la palabra. Cuídate- Dicho esto se cortó la llamada.

Su hermano no podía ser más inoportuno. Bueno, si podía, siempre la sorprendía. Volvió a recorrer el living con su mirada y las lagrimas amenazaron con salir nuevamente, pero su estomago lo evitó, ya que con una orquesta completa, le indicó que necesitaba comer. No tenía las mas mínimas ganas de comer, pero su estomago no la dejaría en paz. Sentía todo el cuerpo pesado. Ya conocía perfectamente estos síntomas. Exhausta física y mentalmente se recostó en el sillón. Como se acababa de despertar no pudo conciliar el sueño tan fácilmente, mientras esperaba que ocurriera, volvían a su mente imágenes de eso que ya no sabia si había pasado. Con todas sus fuerzas se aferró a sus pensamientos.

Estaban subiendo al último piso por el ascensor. Ninguna de las dos emitía palabra alguna. La única comunicación en el lugar eran sus miradas, que no se separaban la una de la otra ni para pestañar, y sus manos, tomadas firmemente para asegurarse de no separarse ni un centímetro y como única evidencia que tenían sus cuerpos de que, efectivamente, la otra estaba al lado suyo.
La puerta del ascensor se abrió y ambas salieron lentamente Ssus miradas se seguían a pesar de que avanzaban. Llegaron a la puerta del departamento y Majo tuvo que soltar el agarre para buscar la llave correcta y abrir el lugar. Mía sintió como si esa rubia tan importante para ella estuviera a punto de desaparecer si no volvía a tomarle la mano pronto. Como si Majo hubiera leído su mente, rápidamente entrelazó sus dedos con los de Mía y le dedicó una sonrisa que derritió hasta al vecino. Con la mano libre abrió la puerta y ante sus ojos apareció el lugar donde sus sentimientos podrían ser totalmente libres.
Mía entró primera y Majo detrás de ella, cerrando la puerta. La pelirroja recorrió fugazmente el paisaje con la vista, pero pronto volvió a su propia realidad cuando Majo la rodeó con sus brazos. Se sentía tan calido y pacifico. Podía sentir el corazón de su amada coordinado con el suyo propio. Abrazo esos brazos que tanto la reconfortaban y apoyó su cabeza en el hombro de la rubia, quien la miraba con tanto amor que podía sentir esos ojos verdes, aun con los suyos cerrados. Pero la urgencia tomó posesión del lugar y de un movimiento giró su cuerpo, quedando frente a frente. El beso no tardó en llegar. Por fin esas miradas se separaban, dejándole el lugar a sus labios. Parecía que se conocían desde siempre. Estaban hechos los unos a los otros. Eran suaves y pasionales, pero a la vez delicados. Pronto una lengua, que a esta altura no sabría a quien pertenecía, pidió permiso para aventurarse en la boca la que tenia en frente, a la cual sentía tan cerca, pero a la vez tan lejos. Ese sentimiento se terminó con la llegada del permiso. La otra chica separó lentamente los labios y un torbellino de pasión se apoderó de ese acto. Mía sentía que se estaba a punto de caer. Habría sido así si no fuera por el fuerte agarre de Majo. Ésta se sentía en las nubes, unas nubes donde solo estaba ella y esa pelirroja que ya le había robado el corazón y mas.
Las acciones no bastaban para expresar todos los sentimientos que dominaban esos cuerpos. Las manos recorrían todo a su paso como buscando algo, algo que no encontraba, pero que al tocar la suave piel que yacía debajo provocaba un gemido que solo lograba aumentar las ganas de encontrarlo.
Majo guío paso a paso a Mía hacia el sillón y cuidadosamente la depositó en él, sin separarse ni un milímetro. Ella con el mismo cuidado se posicionó sobre el cuerpo agitado de su amada. Lentamente separó el contacto entre sus labios un poco, lo suficiente como para ver esos ojos profundos, que ahora reflejaban un sentimiento que Majo no había visto nunca, pero que sabía perfectamente cual era, ya que sentía como sus ojos expresaban exactamente lo mismo. Mía sonrío. Fue una sonrisa sincera, proveniente de lo mas profundo de su ser. Esa sonrisa hizo una marca en el corazón de Majo que jamás se borraría. Así es como estaba tan segura que no había sido un sueño. Los labios volvieron a unirse y la pasión ya no tuvo freno.

Todo eso había ocurrido en ese mismo sillón. El mismo en el que ahora estaba acostada. Ya no lloraba, solo porque las lágrimas se habían agotado. Solo quedaba el sentimiento de soledad y desesperación total. Sus parpados fueron cediendo lentamente al peso de sus sentimientos y el sueño volvió a apoderarse de ella. Pero no duró mucho. Unas horas después el timbre la devolvió a su realidad.
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:31 pm
Capitulo 7

Los rayos que entraban por el gran ventanal del living eran cada vez más tenues, señal que la tarde estaba terminando y le daba lugar a la noche. A lo lejos podía ver como el sol se empezaba a perder entre los edificios. El timbre sonó una vez más y logró despertar completamente a Majo. Se preguntaba quien podría ser. Seguramente sería el molesto de su hermano, que como la conoce tanto, habría adivinado sus sentimientos a través del teléfono. No tenía ganas de hablar con él. No quería ver a nadie. El timbre sonó una vez mas, esta vez acompañado de una voz.

-Majo ¿Estas ahí? Abreme que vengo cargada-

Esa voz provocó un estremecimiento que recorrió todo el cuerpo de la rubia. Su corazón se aceleró hasta casi salirse de su lugar. Diría que casi de un solo salto llegó a la puerta y la abrió violentamente, no a propósito claro, pero la emoción le ganó. No podía estar alucinando tanto.

-M… Mía!- Dijo Majo con nuevas lagrimas en sus ojos y abrazando fuertemente a la pelirroja.
-¿Qué te pasa Majo?- Dijo Mía, intentando como podía, abrazar a su amada, quien lloraba profusamente.
Majo no la soltaba, no dejaba de llorar y abrazarla fuertemente. Mía sentía como sus brazos estaban a punto de ceder ante el peso de las bolsas que traía.
-M… Majo, déjame apoyar las bolsas y te sigo abrazando- Dijo con una sonrisita. No sabía porque la rubia lloraba, pero quería reconfortarla completamente.
Majo se separó y vio que Mía traía dos bolsas totalmente cargadas en cada mano. Rápidamente las tomó, las apoyó en la mesa del living y volvió a abrazar a su amada, quien acababa de entrar y cerrar la puerta.

-¿Qué te pasa?- Dijo evidentemente preocupada y abrazando con todo el amor que le tenia a la ojiverde.
-¿Por qué te fuiste?! ¿Por qué me dejaste así de repente?!- Dijo entre sollozos.
-¿De que hablas? Te dejé una nota diciendo que me iba a trabajar y volvería al anochecer con la cena-
Majo rompió rápidamente el abrazo y le dedicó una mirada que expresaba incredulidad.
-No me dejaste ninguna nota- Dijo levantando una ceja. Parece que de repente se olvido que lloraba.
-Claro que si. La deje en tu mesita de luz. Entraba a trabajar a las 10 y tenía cosas que hacer antes así que me fui temprano. No te quería despertar, dormías tan placidamente que me dio pena- Se sonrojó.
Majo seguía con la ceja levantada –No había ninguna nota en mi mesita de luz-
-Que si…- Dijo Mía sonriendo, seguramente no la habría visto.
-Que no…- Dijo Majo, iniciando el viaje hacia su habitación, seguida de la pelirroja.
-¿Ves? Ninguna nota- Dijo Majo señalando su mesita de luz vacía.
Mía recorrió brevemente la zona con la vista y de repente se agachó.
-Aquí esta- Dijo, levantando un papel del suelo y dándoselo a Majo.
La rubia miró el papel de un lado y del otro, varias veces. Allí estaba, y como había dicho su amada, decía que llegaría con la cena.

-Creo que con el viento que entra por la ventana se voló el papelito. Lo siento, veo que te hice preocupar. Debí haberlo asegurado con algo pesado- Dijo Mía bajando la vista.
-No! No te preocupes. No fue culpa de nadie. Yo tampoco busque en el piso. Creo que simplemente asumí que me habías abandonado-
-¿Abandonado?- Ahora era Mía quien levantaba una ceja. Extrañamente levantaba la ceja contraria a la que había levantado majo.
-Si… Es que… -Dijo Majo sonrojándose –Cuando me desperté no estabas y no te encontraba por ningún sitio-
-Oh…- Dijo Mía apenándose, acercándose y acariciando la mejilla y luego el hombro de la rubia.
-¿No supusiste que había sido un sueño?- Preguntó sin mas Mía.
Majo solo se sonrojo.
-Porque yo si. Bueno, cuando llegue a mi casa por un momento pensé que capaz lo había soñado todo. Digo, había soñado tanto con poder decirte que sentía que quizás mi mente me había jugado una broma. Pero en seguida abandoné esa idea. Todo mi cuerpo y mi alma me decía que había sido real. Todo lo que te extrañe durante el día solo me lo confirmó-

Majo sintió que el peso de todos sus sentimientos superaba la capacidad de su cuerpo y cayó en la cama. Tanto sufrimiento que había sentido durante el día. Es cierto, solo habían pasado unas horas sin saber de ella y ya había estado a punto de desfallecer. Cayó de espaldas de modo que podía ver perfectamente esa mirada azul que tanto le gustaba. Acto seguido se sentó y rodeo con sus brazos a su amada, apoyando su cabeza en su vientre. Mía le respondió acariciando su cabello.
-No me volveré a ir así- Le dijo cariñosamente.
-No te dejare ir así - Dijo Majo sonriendo –De ahora en mas solo te podrás ir de esta casa si me has dado un beso- Dijo levantando la vista y fijándola en los ojos azules que la miraban con tanto amor.
-Me parece bien- Mía se agachó y la besó. Majo aprovechó este acto para volver a la posición en la que estaba antes, pero llevándose a Mía con ella.
Tenía esa mirada profunda sobre ella, esa mirada que era capaz de llegar a su alma, y ésta la reconocía perfectamente. Lentamente Mía se fue acercando y le dio un beso apasionado que venia anhelando desde el mismísimo momento en que había dejado ese departamento en la mañana. Su mano acompañó la acción acariciando suavemente la mejilla de la rubia, la cual ya tenía enredados sus dedos en la cabellera pelirroja y que rápidamente empezaron a buscar entre la camisa de su amada esa piel que tanto deseaba.


A Majo le encantaba tener entre sus brazos a Mía, sentía que ese era su lugar en el mundo. Cada vez le gustaba más. Acariciaba suavemente su brazo sintiendo esa piel que le provocaba más de una reacción. Ante esta caricia el cuerpo de Mía respondía estremeciéndose un poco y una especie de suspiro/gemido salía de su boca.
Ambas sonrían a más no poder. Se sentían en la gloria. No hablaban, no era necesario. Las caricias y sonrisas decían todo por ellas. Sus almas estaban conectadas. Pero la paz y tranquilidad del momento se vio interrumpida por un ruido que a Mía le provocó una risa sincera y a Majo un sonrojo de pies a cabeza.

-¿De casualidad tienes hambre?- Dijo Mía aun riéndose.
-Bueno… quizás- Dijo Majo ocultando su rostro en el pelo de Mía. Era un buen escondite de hecho, digo, rojo con rojo.
-¿quizás? Jeje- Dijo levantándose un poco y quedando a la altura de los ojos verdes que tanto la atraían.
–Yo creo que eso es un si- Dijo Mía ante un nuevo ruido.
Majo intento agachar la mirada, pero Mía se lo impidió, tomándola del mentón y dándole un beso profundo.
-Mejor vamos a cocinar algo- Dijo Mía separándose de a poco y quedando sentada.

Nada cubría su piel. Podía verla completamente. Era tan hermosa. La persona mas hermosa que jamás haya visto. Estos pensamientos estaban tanto en la mente de Majo como en la de Mía. Ambas admiraban el cuerpo de la otra, y al llegar a sus ojos sonreían.
Majo también se sentó. Con una mano se sostenía, y con la otra le quitaba un mechón de pelo que le cubría un ojo a Mía. Corrió el mechón y con su mano lo llevó detrás de la oreja de la pelirroja. En el camino su mano acarició lentamente un hombro que en un principio se estremeció y luego se relajó totalmente, a tal punto que Mía apoyó su cabeza en esa mano. Majo levantó la mano de apoyo y la posó sobre el cuello de su amada y de nuevo un beso fue arrebatado. Mía rodeo con sus brazos la cintura de Majo y le respondió el beso. Pero haciendo esto perdió el equilibrio y ahora la rubia se encontraba encima suyo.

Amaba tanto esos ojos verdes. Le hacían olvidarse del resto del mundo. En el momento que ambas miradas se encontraban, solo existían ellas dos. La mano de la ojiazul empezó a aventurarse por la espalda de Majo hasta llegar a su glúteo, y de allí emprendió el viaje de regreso. Repitiendo esto un par de veces.
La pasión volvía a aparecer, pero también esa orquesta que ya estaba a punto de iniciar una revolución en el estomago de la rubia si no recibían alimento pronto.
Majo se levantó un poco y llevó su mano al estómago, acto seguido por los ojos azules. Pronto las risas se apoderaron del lugar y ambas chicas por fin se levantaron y vistieron.


Una vez en la cocina Mía empezó a sacar lo que había traído en esas bolsas que parecían tan pesadas y, de hecho, lo eran. Majo ayudaba guardando las cosas donde creía era conveniente. La verdad, no tenía ni idea donde iban esas cosas. Ella solía meter todo en la heladera.

-Las latas no van en la heladera- Dijo Mía riéndose.
-Ya lo se! Nomás te estaba probando a ver si estabas prestando atención- Dijo Majo sonrojándose y mudando todas las latas que había puesto en la heladera a la alacena.
-¿Qué quieres comer?- Preguntó la ojiazul alcanzándole el último paquete a Majo, quien lo guardó también la alacena, nomás porque ya se encontraba allí y le pareció un lugar apropiado para eso.
-Pues…- Dijo Majo tomándose el mentón y fijando la vista en el techo, señal de que estaba pensando –Pollo!- Dijo por fin.
-¿Tanto pensar para eso?- Dijo Mía riendo aun mas fuerte –Veo que te gusta el pollo. Eso o no sabes que otra comida existe- Dijo tranquilizándose un poco.
-Se que existen las pastas y la pizza también!- Dijo Majo, haciendo pucherito con la cara.
-Bien, muy bien jeje- Dijo Mía acercándose a la rubia y abrazándola –Si quieres pollo, pollo tendrás. Con el tiempo te enseñare mas comidas-
-¿En serio?!- Dijo Majo sonriendo como niño en una juguetería.
-Jajajaja Si- Dijo Mía conmovida por esa sonrisa –Pero tu me ayudaras a cocinar tu pollo- Dijo sonriendo.
-¿Yo? ¿Estas segura de lo que dices?!- Majo la miró fijamente, sus palabras las había dicho totalmente en serio.

Antes de que Mía respondiera sonó el teléfono. Majo atendió rápidamente sin quitar la vista de los ojos azules, como diciéndole que lo pensara.
-Diga- Dijo Majo.
-¿Esta todo bien?!- Dijo Juan, con un tono preocupado.
-Claro que si, mas que bien ¿Por qué lo dices?-
-No se, estaba a punto de cenar y sentí un escalofrío en la espalda y se me erizaron todos los pelitos de la piel- Dijo, aun mas preocupado –¿No estarás planeando hacer nada raro no?-
“¿Cocinar es raro? Un momento, si se refiere a cocinar ¿Cómo se enteró?” Majo no pudo contener una risita que se asomaba.
-¿De que te ríes?- Pregunto Juan.
-Nada, nada. No te preocupes, no haré nada raro- Le guiño un ojo a Mía, quien entendió que aceptaba ser su ayudante.
-Bueno… No se… No destruyas al mundo!- Dijo Juan y cortó la llamada.

Majo no podia parar de reirse.
-¿Como supo que iba a cocinar?!- Dijo riéndose.
-¿Era tu hermano?- Pregunto Mía desde el otro lado de la mesada.
-Pues si! Dijo que estaba cenando y sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Ya me empieza a asustar, creo que estamos conectados- La risa no paraba.
-Jajajajaja. Bueno, después de todo son hermanos. Solo espero que no estén tan conectados como para que supiera que pasó aquí-
Majo se sonrojo pero siguió riendo mientras volvía a la cocina.

-Bueno ¿Qué quieres que haga?- Pregunto sonriendo.
-Tu ayúdame cortando las verduras para la salsa y la ensalada- Dijo entregándole verduras de todos colores, muchas de las cuales Majo nunca había visto.
Sin decir más empezó a cortarlas como podía. Mía la miraba atentamente mientras cortaba el pollo.
-No me mires así que me distraes- Dijo Majo sin apartar la vista de la cuchilla.
-Lo haces bien, pronto podrás cocinarme tu a mi- Dijo Mía sonriendo.
-¿Pero que cosas dices?! Jajajaja Tú te quieres envenenar sola-

Mía pronto terminó con su tarea, mientras Majo luchaba con los últimos vegetales. Aprovechando que la rubia tenía las manos ocupadas Mía se puso detrás suyo y la abrazó. Majo se sonrojó y sin dejar de cortar se apoyó en ese cuerpo que la hacia sentir tan viva. La pelirroja acariciaba suavemente la panza de la rubia y le daba suaves besos en el cuello.
-Vas a provocar que me corte un dedito!- Dijo, sin apartarse de la pelirroja.
-Nunca dejaría que te pase nada- Respondió Mía sin apartar las manos de su cintura ni la boca de su cuello –Tu puedes hacerlo aun conmigo aquí-

-Ya esta!- Dijo Majo sonriendo al ver finalizada su labor. Se dio media vuelta y buscó desesperadamente esos labios que tanto se habían hecho desear.

-¿Ahora que?- Preguntó Majo una vez se separaron lo suficiente como para hablar, pero sin soltar el agarre.
-Tu dime- Dijo Mía sonriendo y mirándola fijamente.
-Bueno, no creo que el pollo se pueda comer así, así que supongo que habrá que cocinarlo- Dijo Majo seria.
-¿Sabes? Opino igual que tu- Dijo Mía sonriendo y soltándose completamente.
Tomó el pollo y en una sartén con aceite empezó a cocinarlo. Majo se fue al otro lado de la mesada y la observó detenidamente. En verdad se movía como pez en el agua, era tan majestuosa, tan hermosa.
Los olores se hacían cada vez más intensos e irresistibles. Una vez Mía se detuvo Majo preguntó algo que, a mi parecer, debería haber preguntado hace rato.

-¿De que trabajas?-
Mía la miró sorprendida por un segundo, y después cayó en cuenta que nunca le había dicho –Soy Chef-
-Ahhhhhhhhhhhhhhhh- Dijo Majo.
-Jajajaja, ¿Por qué ese Ahhhh?-
-Es que, ahora todo tiene sentido- Dijo Majo riendo.
-¿Todo?-
-Si jeje. Es que, te mueves como pez en el agua en la cocina, y todo lo que haces es delicioso-
-¿No podía simplemente ser buena cocinera?- Preguntó Mía acercándose a la rubia mientras sonreía.
-Bueno, si, claro que si! Pero tiene mucho sentido que seas Chef-
Mía le robó un beso a Majo y se sentó en el sillón, acompañada por la rubia.
-Esto me hace notar que no hemos hablado mucho- Dijo Majo mirando el piso, un tanto avergonzada.
-Es cierto, pero yo siento que te conozco de toda la vida- Dijo Mía mirándola fijamente.
-Yo también! Es extraño, a tu lado me siento como jamás me sentí-
Ambas chicas se miraron detenidamente. Majo admiraba tanto esos ojos azules, no podía resistirse, quería besarla de nuevo y por siempre. Se empezó a acercar a esa boca que tanto deseaba pero la pelirroja reaccionó más rápido.
-La comida!- Dijo Mía levantándose rápidamente y corriendo a revisar lo que se cocinaba.

Majo la miraba totalmente atontada con su belleza. La amaba, bueno eso es lo que rondaba por su mente desde hacia días. Amor, eso es lo que sentía, puede sonar descabellado ya apenas hace unos días se conocen, pero estaba totalmente segura, la amaba. Pero sabía que era muy pronto para decirlo. No estaba segura de que sentía Mía. Quizás la amaba también, o quizás aun no estaba en esa etapa y diciéndoselo solo la asustaría. Optó por esperar el momento indicado.
Yo les puedo decir, que en, ese momento, Mía estaba pensando exactamente lo mismo. De hecho, lo viene pensando incluso desde antes que Majo.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:32 pm
Capitulo 8


Habían pasado unas dos semanas, era Viernes en la mañana, bien temprano, y Mía comenzaba su odisea para liberarse de los brazos de su amada, volver a su casa e ir a trabajar. Este trabajo lo había hecho varias veces. La primera había tenido éxito en liberarse de su captora, pero el papel que había dejado indicando que volvería a la noche se perdió y su rubia la había pasado muy mal. Entonces le prometió que jamás se volvería a ir sin darle un beso de despedida. Y ella se prometió que nunca volvería a hacerla sufrir.

Majo estaba recostada sobre ella, durmiendo placidamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Se veía tan hermosa. Siempre se ve hermosa, pero cuando duerme se ve en paz. Mía se quedó unos minutos observándola y abrazándola lo más que podía. No le gustaba nada tener que irse, pero no tenia opción.

La intentó apartar un poco pero todo lo que obtuvo fue un ligero ¿Rugido? Por parte de Majo.
-Majo, despierta, me tengo que ir-
-Ahmgrahmhhm con la alpargata no-
-¿Qué?!- Dijo Mía entre risas –Despierta o hay alpargata- Dijo para ver como reaccionaba la ojiverde.
-ahmrhmgahm No mama, 5 minutos mas-
-Jajajaja Amor, despierta- “Amor! Que no me haya escuchado” Dijo Mía, cerrando los ojos y deseando que no hubiera sido escuchada.
Pero todo lo que sucedió fue que Majo giró la cabeza y se acomodó, largando un pequeño ronquido al final.
“Ufff... Casi” Pensó Majo. Movió de nuevo a la rubia. Hasta que por fin logró despertarla. O eso creía, era difícil decirlo.

-¿Majo?-
-No te vayas-
-Tengo que, ya lo sabes-
-No tienes que, es temprano, quédate un rato más-
-Lo haría, pero tengo que ir a mi casa a bañarme-
-Báñate aquí-
-Tengo que ir a desayunar-
-Desayuna aquí-
-Tengo que cambiarme-
-Te cambias aquí-
-¿Tienes una respuesta para todo no?-Majo sonrío sin abrir los ojos, estaba sumamente cómoda sobre su amada –No tengo ropa acá-
-Te ropas aquí-
Majo abrió los ojos de repente y se levantó un poco para ver a su pelirroja, la cual estaba riendo a más no poder.
-Jajajajajaja, si que estas dormida ¿Ropas aquí? Jajajaja- Majo hizo pucherito y Mía le acaricio suavemente la mejilla. –Eres tan hermosa- Le dijo parando la risa y viéndola a los ojos.
-Tú eres la persona más hermosa que jamás conocí y conoceré- Dijo Majo sonriéndole.
Se acercaron lentamente y sus labios se fundieron en uno solo en un beso apasionado.
-Está bien, tu ganas. Me quedo un rato mas, pero si tengo que ir a mi casa a cambiarme-
Majo sonrío y la beso aun más apasionadamente.

El baño tardó casi dos horas. Cada vez que sus miradas se encontraban no podían evitar besarse, y cada vez que sentían la piel de la otra sus cuerpos se estremecían y las caricias se intensificaban.

Por fin salieron del baño. Mía se sentó en el borde de la cama para terminar de vestirse y peinarse. Majo la tenia fácil y ya estaba en la cocina preparando el desayuno.
Cuando Majo vuelve a la habitación para decir que ya estaba todo listo se encuentra a la pelirroja observando detenidamente el cuadro mas grande de la habitación.

-¿Cuál es el significado de ese cuadro?- Pregunta Majo mientras se sentaba detrás de su amada, la abrazaba y apoyaba su mentón en el hombro de esta.
-Es difícil saberlo-Dijo Mía abrazando los brazos de su rubia -¿Qué te han dicho de el?-
-Pues, las 4 personas que lo han visto me han dicho más o menos lo mismo, así que supongo que ese es su significado. Aunque nunca me terminó de cerrar esa idea. Lo pinté hace muchos años, en un momento muy especial para mi-
“¿4 Personas?” Pensó Mía “Vicky, su hermano, su tío y… un 4to ¿Quién seria? Bueno era obvio que ha tenido mas parejas, pero ¿Solo una había llegado a su cama?… ¿Una había llegado a su cama?” Sus pensamientos fueron interrumpidos por un suave beso en su cuello.
-Me dijeron que refleja la soledad pura- Dijo Majo –Que esa chica sola, en medio del bosque debe ser la persona mas solitaria del mundo- Mía levantó la vista y detalló el cuadro. Una chica, no sabría decir la edad, sola, en medio de un bosque espeso y oscuro, frente a una fogata.

-¿Soledad?- Preguntó Mía. Majo abrió los ojos, se le estaba a punto de escapar una lágrima que la pelirroja no podía ver.
-Si, soledad, eso me han dicho-
-Pues, yo no veo donde esta la soledad que ellos dicen ver. Es cierto que la chica es la única persona en ese bosque, pero para mi no esta sola. Puede sentir de todo, pero soledad no-
Majo abría aun más los ojos y escuchaba detenidamente. Escuchaba tan atentamente que aflojo un poco el agarre. Mía lo sintió y fue ella quien lo reforzó. Al parecer iba por el camino correcto. Bueno no había camino correcto, pero su interpretación se acercaba más al corazón de Majo que la interpretación de los demás.
-Fíjate como mira atentamente la fogata. Podría ser el fin del mundo y ella no separaría la vista de aquella. Tiene una expresión de preocupación, pero serena a la vez. Tiene un montoncito de madera al costado para avivarlo cuando el fuego disminuya e incluso tiene una ramita en la mano para hacerlo al instante. Esta dispuesta a no comer con tal que ese fuego no se extinga. Mientras ella se encarga de la fogata, todo el bosque la protege. Mira, para mi todos los árboles están rodeándola y pareciera que la miran de lejos. La están protegiendo con su vida. Las ramas como están dibujadas, parece que la estuvieran abrazando. Han hecho una muralla con sus troncos y ramas para protegerla. Incluso diría que ese árbol grandote parece Vicky- Dijo señalando el árbol más grande.

A Majo le dio un vuelco el corazón. Otra vez, su ojiazul tenía razón. Tenía toda la razón del mundo. Entendía su corazón mejor que ella misma. Incluso con un cuadro tan viejo. Sintió muchas ganas de llorar pero las lágrimas fueron contenidas por un tierno abrazo de su amada, quien al percatarse que Majo había soltado el agarre sintió la inmensa necesidad de abrazarla. De estar cerca de ella. Solo se limitó a abrazarla por unos 5 minutos, en los cuales nadie mencionó palabra alguna.
(La chica del cuadro era, sin dudas, ella misma. Eso lo sabía desde siempre. Lo que Mía le contó le había hecho dar cuenta que la fogata representaba a su hermano, y los árboles a su familia y amigos que los habían protegido desde siempre. Cualquier otra interpretación es bienvenida).

-¿Algo huele a quemado?- Dijo por fin Mía.
-Las tostadas!!- Dijo Majo levantándose de un golpe y saliendo corriendo. A Mía le encantaba esas reacciones de la rubia, con las cuales, al parecer, se olvidaba de todo lo que pasaba segundos antes de la reacción.
-Se quemaron…- Dijo Majo, entrando en la habitación, con la tostadora llena de pan totalmente carbonizado. Un pucherito se formo en su cara.
-No te preocupes, al cabo no quería tostadas- Dijo Mía, riéndose un poco y abrazándola por la espalda. Hay un paquete de galletas en la alacena, con eso tenemos-
A Majo se le formó una sonrisa en la cara. Que rápido podía olvidarse de todo lo malo.
-Si galletitas!!- Dijo mientras salía corriendo nuevamente, y Mía se quedaba en el lugar abrazando al aire y sonriendo. “Esta chica…” Esa chica le encantaba.

Mía entró al living y se sentó de frente al ventanal. Le encantaba la vista desde allí. Majo llegó con la comida y se sentó a su lado. Quería estar lo mas cerca posible de su amada, pues sabia que seguía. En estas dos semanas no se habían podido ver tanto como quisieran. La mayoría de las veces había sido un par de horas en las tardes, cuando Mía tenia descanso. Las noches que habían pasado juntas se podían contar con una mano. Y en todo ese tiempo se la pasaban hablando de cosas triviales o… ustedes saben. Los horarios de Mía eran tan extraños y extensos. Majo odiaba a su jefe por eso, aunque no lo conociera.

-No podremos vernos hasta el Martes- Dijo Mía al terminar una galleta.
La expresión de Majo cambió de felicidad a tristeza. Y automáticamente la abrazó lo más fuerte que pudo.
-Odio a tu jefe!- Dijo sin soltarla. Mía sonrío.
-No hay nada que pueda hacer. El lunes es feriado y los fines de semana largos son los de mayor recaudación-
La expresión de Majo no cambiaba.
-Pero por esta razón, el martes no trabajo. Tengo todo el día libre, solo para vos-
“Toda para mi” Pensó Majo con una sonrisa cubriendo toda su cara. Se separó un poco, tomó con ambas manos la cara de su amada y la besó profundamente.

“Te amo tanto” Pensó para si. Tenía tantas ganas de decírselo, pero aun tenía miedo. No se quien de las dos pensó esto, pero yo creo que las dos.

-Entonces esta noche te llamo y me dices que quieres hacer en ese día- Dijo Mía sonriéndole.
-Ok!- Majo sonrío y la volvió a besar.
Mía no quería separarse por nada del mundo, pero las responsabilidades la llamaba.
-Me tengo que ir…- Dijo dándole un beso.
-Lo se- Otro beso fue dado.
Se levantaron sin separarse.
Mía tomo su cartera y ambas se dirigieron a la salida. Una vez allí Majo pudo divisar el auto rojo en frente. La pelirroja se le acercó, la abrazó y le dio un beso con todo el amor que le tenía.
-Te a…- Dijo Mía. Tragó rápidamente y al ver la expresión de Majo dijo –Te hablo esta noche!-
El corazón de Majo le dio un vuelto que creyó que de esta no sobrevivía.
-Si… si! Intentaré pensar en algo para hacer-
Se miraron por un momento. Mía le dio un pequeño beso, cruzó la calle y entró a su auto. Desde allí la saludó y se retiró.

Majo se quedó viendo el camino por unos minutos. Había quedado medio shockeada. “¿Qué me estaba a punto de decir?! ¿Te amo? No, no, no debió ser eso. Te hablo, eso había querido decir desde el principio, si. Eso era” Entró a su casa y se sentó en el sillón.
-Cuatro días…-
Sonó el teléfono -No estas haciendo nada ¿No? Necesito que me ayudes con un proyecto-
Era increíble la capacidad de su hermano para detectar que pasaba con ella. Ahora tenía días libres y ya le había encontrado algo para hacer.
-¿Qué necesitas?-
-Lanzaremos un nuevo producto al mercado y necesitamos que nos diseñes la caja en la que se venderá-
Ya que… tenía cuatro días libres y le vendría bien una distracción para no deprimirse.
-Ok… Nos encontramos en lo de Vicky para almorzar y ahí me cuentas todo-
-Dale, nos vemos hermanito- Dijo Juan y cortó. Majo dio un resoplido y se tiró en el sillón. Ya la extrañaba y no habían pasado ni 5 minutos.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:32 pm
Capitulo 9

Por fin era martes y Majo ya estaba en la puerta esperando a su amada. La extrañaba tanto que sentía que no podría esperar ni 30 segundos más. Estaba dale quete dale golpeando el piso con su pie en señal de nerviosismo, hasta que por fin divisó el auto rojo dando vuelta en la esquina y estacionando en frente.
Del auto salió una hermosa pelirroja, que sin mirar para los costados (No lo hagan…) cruzó la calle y fue recibida por los brazos de una rubia que la abrazó tan fuerte que casi le corta la respiración.
-Te extrañe tanto!- Dijo Mía.
-Yo también!! No aguantaba mas, creí que me volvería loca- Dijo Majo.
Por fin se dieron ese beso tan añorado y luego se abrazaron, y se besaron, y abrazaron… y besaron… y ya me marearon.

-Al final no me dijiste a donde iríamos, es más fácil manejar sabiendo a donde te diriges- Dijo Mía cuando por fin se separaron lo suficiente como para verse a los ojos, cosa que no tardaron en hacer.
-Sorpresa!- Dijo Majo sonriendo y dándole otro beso –Y no te preocupes, tu no manejaras-
-¿Lo harás tu?- Preguntó Mía extrañada.
-Claro que no- Dijo entre risitas -El chofer del tren manejara por nosotras!- Mía la miró mas extrañada.
-Quiero decir! El no manejará tu auto! Nos vamos en tren jeje- Dijo Majo al ver la expresión de la pelirroja, pero esa expresión no era por pensar que el chofer del tren manejaría su auto (Solo Majo era capaz de pensar eso) sino por el hecho de viajar en tren. Nunca lo había hecho.
-¿Cómo voy a pensar que el chofer del tren manejaría mi auto?- Dijo riéndose. Majo hizo pucherito con la cara ante lo cual Mía le dio un tierno beso en la frente –Es solo que… nunca viaje en tren-
-¿No?- Dijo Majo sorprendida –Oh, ya veo, tu familia es rica ¿No? Por eso siempre te llevaban en auto y eso-
-Jajajaja nono, es solo que… de chica me mareaba muy fácil y vomitaba si iba en tren… por eso-
-Oh! No lo sabia, lo siento. Si quieres vamos en auto-
-Nonono, nada de eso. Dijiste de ir en tren, ahora iremos en tren. Ya estoy crecidita y no me mareo tan fácilmente- Dijo con una gran sonrisa que reconfortó a Majo.
-Genial!!-

Pero, la realidad es que, por más crecidita que estuviera Mía, a los 2 minutos de viaje ya se le notaba en la cara el mareo. Majo no sabía como hacerla sentir mejor y todo lo que se le ocurrió fue abrazarla y besarla. Y al parecer tuvo éxito, ya que, al sentir los labios de la rubia, a Mía se le iban todos los pensamientos de su mente, incluso el mareo.

El tren que habían tomado era el mismo que llevaba a la casa de la pelirroja, pero estaban yendo en dirección contraria. Alejándose de la ciudad. A la media hora, de hecho, los edificios habían quedado atrás y el campo había tomado posesión del paisaje. Era tan hermoso. Mía nunca lo había visto, no desde esta perspectiva. La carretera por donde solía ir en auto con su familia estaba rodeada de campos cultivados con maíz y soja. En cambio el camino por donde iba el tren se adentraba en los cultivos de flores y frutos y estaba rodeado de árboles hermosos. La pelirroja miraba por la ventana como un perrito y Majo se divertía ante tan hermoso y tierno paisaje que tenía en frente. No se aguantó mas, abrazó por la espalda a Mía y le empezó a besar el cuello. Ésta, al sentir la caricia, se olvidó del paisaje, giró y recibió calidamente el beso.

Unas 2 horas después de haber subido al tren llegaron a su destino. Era un pueblito en las orillas de unos montes cubiertos con flores de todos los colores. Al parecer, en esa zona, el cultivo principal eran las flores. Era tan hermoso. Mía seguía viendo para todos lados, anonadada con tan hermoso paisaje.

-Este pueblito se llama Rosa Jazmín- Dijo Majo tomando la mano de la ojiazul al empezar a caminar, ya que, al parecer, Mía estaba en otro mundo y no caminaría a menos que ella la guiara.

-¿Rosa Jazmín? ¿Eso es lo que plantan en esta zona?- Dijo Mía.

-Pues, si. Pero no es por eso que se llama así el pueblo. Según dicen, hace unos 150 años, dos mujeres se revelaron ante los dogmas de la sociedad de ese entonces al expresar su amor ante todos. Como has de suponer fueron rechazadas rotundamente. Rosa, de 17 años de edad, fue obligada a casarse con un primo suyo y Jazmín, de 21 se escapó de las garras de su familia, quienes, a pesar que la chica era mayor de edad, la querían meter en un convento, ya que habían desistido de la idea de casarla por ser ella capaz de asesinar al hombre con quien la quisieran comprometer. Jazmín se escapó y llegó hasta esta zona. Como puedes imaginar, el camino que hicimos en dos horas, a ella le tomó un día o mas caminando. Cuando llegó se encontró con estos montes, y el río que corre a sus pies y se enamoró. Supo que había encontrado su lugar en el mundo. Solo le faltaba su amada, y no pararía hasta tenerla allí al lado suyo. Con mucho esfuerzo construyó una pequeña cabaña e hizo lo único que sabía hacer, ya que en su casa no tenía demasiadas libertades. Tomó semillas de las flores que encontró a su alrededor y las empezó a plantar. Una vez al mes iba hasta la ciudad a vender el fruto de su trabajo y a obtener toda la información que pudiera sobre Rosa. Un año después, aproximadamente, obtuvo suficiente dinero para llevar a cabo su plan. Compró un par de caballos y disfraces. Sobornó a un hombre de la capital para que contrate al esposo de Rosa como su abogado y lo sacara de la casa por unos días. También soborno a la servidumbre de la casa de ésta y una noche, sin más, se la llevó en sus brazos. Como nadie sabía que había sido de Jazmín (De hecho la daban por muerta ya que nadie podía sobrevivir solo en el campo, mucho menos una mujer) no tuvo mayores problemas. Nadie sabía que había sido de ellas, mucho menos donde Vivian. Nadie sabía de este lugar y solo fueron encontradas 60 años después, cuando las primeras vías del tren llegaron a su pequeño paraíso. Para ese entonces ya habían formado una familia, habiendo adoptado a varios niños que, tras haber quedado huérfanos, vagaban por la ciudad. Y estos, a su vez, ya tenían sus propias familias-

Mía había escuchado todo atentamente y fijó su mirada en el monte lleno de flores. Se había enamorado del lugar, al igual que Jazmín lo había hecho años atrás. De repente Majo frenó y Mía chocó con ella ya que su mente andaba vagando.

-Llegamos- Dijo Majo sosteniendo a su amada quien parecía que se iba a caer.
Mía levanto la vista y vio un hermoso lago. Miro detrás suyo y a lo lejos vio al pueblo, al parecer habían seguido el cause del río hasta llegar allí. Escuchaba agua correr y al ver a su costado encontró una pequeña cascada que alimentaba al lago.
-Hermoso- Fue todo lo que pudo decir antes de que Majo la besara. Mía le respondió el beso y la abrazó fuertemente. Tropezó un poco y ahora su espalda había chocado con una pared formada por la montaña, de la cual, unos metros mas allá caía el agua de la cascada. Los besos se fueron haciendo cada vez mas apasionados, pero la necesidad de aire se hizo inevitable y lentamente se separaron. Sus miradas se habían encontrado de nuevo, y sentían como sus almas podían verse a través de ellos. No aguantaron más y se volvieron a besar. Lentamente las piernas de Mía fueron cediendo y quedó sentada con el risco a su espalda. Majo siguió cada movimiento de ella y había quedado rodeada por las piernas de su amada. Los besos no cesaban, de hecho se intensificaban cada vez más. Pero quien detuvo tal situación fue Majo. Lentamente se separó y se sentó al lado de su amada, quien estaba perpleja. Sentía como si hubiera estado comiendo el manjar más exquisito del mundo y se lo hubieran quitado de la boca. Giró la cabeza y vio a Majo con la vista fija en el suelo.

-¿Estas bien?- Le preguntó.
-Si, si! Dijo girando y mirando a la pelirroja quien tenía una expresión de preocupación que Majo no quería ver, menos por haber sido su culpa –Lo siento, es que… Quería hablar- Dijo por fin.
-¿Hablar? Oh! Sisi, eh… podemos hablar- Dijo Mía recobrando un poco la compostura.
-Es que… llevamos saliendo mas de dos semanas y se poco y nada de ti- Dijo Majo, haciendo círculos con su dedo sobre su pierna.
-Oh… tienes razón. Pues ¿Qué quieres saber?- Dijo Mía sonriéndole. Esa sonrisa derritió el corazón de Majo y no pudo evitar darle un tierno y largo beso.

-Mmmmm… a ver… ¿No puedes cambiar de trabajo? No me gustan tus horarios- Dijo haciendo pucherito.
-Jajajaja no, no puedo… Tampoco puedo cambiar mis horarios, aunque puedo intentarlo-
-¿Por qué no puedes? Si tú no puedes, yo voy y hablo con tu jefe. Tengo unas cuantas verdades que quiero decirle-
-Pues adelante, dímelas- Dijo Mía sonriendo. Majo levanto una ceja en señal de perplejidad.
-Yo soy mi jefe-
-Entonces, ¿Tu te pones esos horarios horribles?! ¿Qué acaso no me quieres ver que siempre andas ocupada?- Dijo sinceramente triste.
-No no! Claro que no. Nunca pienses eso ¿Si?- Dijo Mía tomando la mejilla de la rubia y depositando un tierno beso en sus labios.
-Entonces ¿Por qué tienes esos horarios tan horribles?-
-Es que… Mi ex esposo es el dueño del restaurante- Majo sintió como si el mundo hubiera caído sobre sus hombros.
-E… ¿Ex esposo?- Dijo Majo tragando profundamente, con esto casi se atraganta…
-Si, veras… A mi ex esposo lo conozco desde siempre. No sabría decirte desde cuando. Desde que recuerdo él ha estado en mi vida. Cuando cumplimos 21 fue solo natural para nosotros casarnos. Yo había estudiado para ser Chef y el contador. Cuando nos recibimos el puso la plata para poner el local y yo me encargue del resto. Con mucho esfuerzo levantamos el lugar. Pero no fue como planeamos. El lugar fue ganando popularidad y cada vez trabajábamos más y más y nos peleábamos de igual manera. Creo que en realidad nunca nos amamos. Fue solo que no cabía otra posibilidad en nuestras mentes que no fuera casarnos con el otro. Tres años después, hace dos, nos separamos. Yo me fui a vivir sola y dejé el Restaurante. Pero medio año después el me vino a buscar porque se estaba por ir a la bancarrota y me necesitaba. El restaurante, modestia aparte, solo era popular por mi cocina. No pude decirle que no, necesitaba trabajo, y era buena plata la que ganaría. Pero eso si, la única condición que puse fue que las ganancias las siguiéramos repartiendo 50/50 y el aceptó. Entonces ya ves… no puedo simplemente desaparecerme, o trabajar menos. Es mi negocio también-

Majo no sabia que pensar “Ex esposo”...

-Pero yo no lo amo, nunca lo hice- Dijo Mía tomando con sus manos a Majo y dándole un nuevo beso, un beso que le saco todas las dudas que habían surgido en la mente de la rubia y le planto una sonrisa.
-Ya veo- Dijo Majo.

-Yo soy diseñadora grafica- Dijo Majo cambiando de tema y no esperando la pregunta pertinente.
-Ya lo se- Dijo Mía. Majo se sorprendió, no era la primera vez que pasaba algo parecido.
-¿Cómo que ya lo sabes? Antes también, dijiste que ya sabias que mi pasatiempo era la pintura. ¿Acaso me acosabas?- Dijo riendo.
-Pues… Si… Desde hace años. Creí que ya era hora de decirte la verdad. Hace años que te persigo y te veo en todo momento-
Majo abro los ojos de par en par y su boca acompaño la expresión.
-¿De verdad me crees capaz?!- Pregunto Mía riendo a mas no poder.
-¿Cómo crees tonta?- Majo no sabia que expresión poner así que se limito a palmearle la cabeza a Mía por decirle tonta y Mía le dio un besito para reconfortarla.
-Tu perfil en la página donde te encontré “O bueno a tu hermano” lo decía-
La expresión de sorpresa volvió a la cara de Majo.
-¿Qué mas puso mi hermano en ese perfil?!- Pensó, las ganas de darle su merecido a su hermano empezaban a surgir en su interior, pero si no hubiera sido por eso no hubiera conocido al amor de su vida.
-Pues, ahí decía que eras diseñadora grafica y tu pasatiempo la pintura. decía que amabas dar paseos caminando y amabas la naturaleza así como los animales- Si, todo eso era cierto, su hermano la conocía bien –Decías que amabas la honestidad y no soportabas las mentiras y muchas cosas mas que ya he corroborado en estos días- Dijo Mía sonriendo.
-Ya veo… No tengo secretos para ti, me conoces mejor que yo misma- Dijo Majo volviendo a hacer circulitos con el dedo.
-No es cierto, bueno en parte- Majo volvió la vista a su amada –Te busque en Google y allí decía que de niña eras considerada una genio en la pintura y en otras ramas. Pero que a los 9 años te alejaste de ese mundo y no decía porque – Mía tenia mucha curiosidad de que tanto había pasado en la niñez de su ojiverde pero algo le decía que no tenía que preguntar, cuando fuera el momento adecuado las respuestas llegaría solas.
-Sigo en ese mundo- Dijo Majo mirando el suelo –Solo que ya no me interesa. La pintura es una necesidad para mí. Necesito pintar para liberar mis sentimientos, aunque no los entienda. Los cuadros que menos me importa los vendo. Los que verdaderamente me atrapan los tengo en mi casa-
-¿Los que vendes son los que están en el cuarto frente al baño?- Pregunto Mía antes lo cual Majo se sorprendió.
-¿Viste ese cuarto? ¿Viste el cuadro que esta cubierto?- Pregunto algo acelerada.
-Nono! Claro que no. La primera vez que fui al baño me perdí y abrí esa puerta por error. Acto seguido la cerré! Pero note que habían muchos cuadros-
-Pues si, son esos. Ese cuarto es mi sala de pintura. Allí suelo guardar los cuadros que venderé o en los que ando trabajando. Aunque el caballete suele pasearse por toda la casa-
-Oh, ya veo ¿Y que hay del cuarto frente a tu habitación?- Pregunto Mía, ya que había salido el tema, no quería que la rubia pensase que quería inmiscuirse en sus asuntos.
-Esa es mi oficina. Allí tengo todo con lo que trabajo, aunque también, suelo pasear mis proyectos por toda la casa. Incluso he terminado dibujando en la calle- Dijo Majo sonriendo.
Como le encantaba esa rubia. No sabía cuanto podría contenerse. Quería saber más de ella y contarle más de su persona pero tenía tantas ganas de besarla. Aunque no tuvo que esperar mucho ya que fue Majo quien la beso.
El beso fue ganando energía y pronto la espalda de Mía se encontró con el piso y sobre ella la ojiverde. Las caricias no se hicieron esperar y pronto se les unieron. Pero Majo fue quien, nuevamente, detuvo la situación en el mejor momento. Mía estaba de nuevo perpleja y sentía que perdería la cordura si esto se volvía a repetir.

-Lo siento- Dijo Majo
-No tienes porque pedir perdón. No hiciste nada malo- Dijo acariciándole el pelo a la rubia, quien se había sentado de frente al lago. Mía se sentó detrás suyo y la abrazo. Sintió que algo pasaría y quería estar lo mas cerca posible de su amada.
-Aquí fue donde mi madre le pidió casamiento a mi padre- Dijo por fin majo “Sus padres” pensó Mía.
-En general es el hombre quien lo pide, pero mi madre estaba segura de sus sentimientos, y mi padre era algo lento- “Ya veo de donde saliste” pensó Mía sonriendo, pero pronto esa sonrisa se borro ya que por fin Majo hablaba de sus padres. Ella solo se limito a abrazarla mas fuerte. Lo hizo en el momento indicado para reconfortar a Majo, quien sentía que no podía mantener la compostura mucho más tiempo.

-¿Te acuerdas que te dije que solía ir al parque que quedaba frente a donde vivía con mis padres seguido?-
Mía asintió con la cabeza y Majo sintió la respuesta en su hombro.
-Iba siempre que tenia tiempo libre o me enojaba o cualquier excusa era buena para ir. Un día mis padres iban a ir a la casa de mi abuela, y yo quería acompañarlos, pero no me dejaban ir porque tenía clases. Yo no era caprichosa, pero amaba a mi abuela, y hacia mucho que no la veía y quería ir con mis padres, pero ellos se negaron y me mandaron a la escuela. Yo andaba enojada y decidí saltearme las clases. Deje a mi hermano de 7 años en la escuela a la que íbamos juntos y me volví al parque. Me pase todo el día en mi mundo, con mis amigos, los animales de ese lugar, quienes me entendían mejor que cualquiera. Cuando fue la hora de volver de la escuela volví a mi casa. Pero no estaba preparada para lo que iba a vivir. Cuando llegue encontré a mis tíos. Vicky salio corriendo a abrazarme en cuanto me vio y rompió en llanto. Yo no entendía nada pero la abrace. Mi hermano estaba en un sillón abrazado a su osito de peluche. Estaba llorando al igual que mi tía. No entendía nada, pero fui y lo abrace. El lloraba en silencio y de vez en cuando balbuceaba –P… papa… mama-
-¿Qué pasa?- Pregunte cuando vino mi tío. El me abrazo y me dijo
-Mi’jita… Lo siento tanto- Sentí como mi alma se escapaba de mi cuerpo y un frío se apoderaba de mi. Ellos habían tenido un accidente de auto y habían fallecido y yo había estado feliz en mi mundo mientras ellos sufrían- Dijo ya no pudiendo aguantar las lagrimas. Mía la abrazo aun mas fuerte.
-No fue tu culpa- Le dijo.
-Lo se. Mi tía me dijo que habían estado buscándome en la escuela pero como yo me había escapado no me podían encontrar y eso solo sumo a su angustia. Entonces deje de ir al parque y la pintura fue mi única escapatoria, aunque deje de ir a exposiciones y recién hace un par de años volví a vender mis cuadros- Las lágrimas iban cesando. Majo se dio vuelta y busco desesperadamente a su amada. Pronto la encontró y ésta la beso tiernamente. Sintió como toda la angustia abandonaba su cuerpo para nunca más regresar. Se sentía liberada.

Mía ya no pudo aguantar y recostó a Majo. El sol se empezaba a ocultar dejándole el cielo libre para la Luna y sus estrellas. Mía miro fijamente a los ojos de Majo y las palabras ya no encontraron oposición alguna.
-Te Amo- Dijo y sin esperar respuesta busco los labios de la rubia quien no le correspondió el beso. No porque no quisiera, sino porque intentaba entender las palabras. “Te amo me dijo… Lo dijo…” La emoción empezó a ganar su cuerpo y las lágrimas volvían a aparecer, pero unas lágrimas distintas a las anteriores, provenían de un lugar mucho mas profundo, cerca de su corazón, por donde se encontraba su alma.
-Lo siento! No te quería hacer llorar. Tenia miedo de que no sintieras lo mismo pero ya no me pude aguantar. Lo siento- dijo Mía, levantándose. Pero su acción fue interrumpida por los brazos de Majo quien la tomo rápidamente y la atrajo a su cuerpo.
-Yo también Te Amo. Te Amo con todo mi corazón- Dijo al oído de Mía.
La pelirroja sintió como su alma le volvía al cuerpo y sintió los labios de su amada sobre los suyos. Su amada.
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:33 pm
Capitulo 10

-Y… ¿Que harás el Sábado?- Preguntó Juan a Majo mientras metía otro bocado de su plato favorito en su boca. Un bocado mas grande que la cavidad por cierto.
-No lo se aun- Contestó un tanto angustiada Majo.
-¿Cómo que no lo sabes? ¿No han planeado nada con Mía?- Balbuceó el rubio mientras intentaba que un fideo no se escapara de su boca.
-Pues… no hemos hablado de esto- Dijo Majo, ahora bajando la vista a su plato, mientras con el tenedor jugaba con los fideos.
-Bueno, apúrense… Si no deciden hacer nada con ella podemos irnos de fiesta!- Dijo Juan levantando los brazos y haciendo un intento de baile, aun con el tenedor en la mano.
-No jueguen con la comida!- Dijo Vicky acercándose con el postre y sentándose a un lado de su sobrino.
-Perdón- Dijeron al unísono ambos hermanos, dejando el tenedor en su debido lugar.
-¿Qué harás en tu cumple Mi’jita?- Preguntó Vicky insertando la cuchara en el flan como si fuera un asesino que acuchillaba a su victima.
-De eso mismo estábamos hablando tía- Dijo Juan volteando su vista hacia el postre y relamiéndose los labios –Al parecer no han planeado nada-
-¿Nada? Pero el sábado es tu cumpleaños. 25 añitos, ya dejarás de ser mi bebe- Dijo Vicky refregándose el ojo como si una lagrima hubiera caído por el, todo actuación claro.
-Creo que no soy tu bebe hace rato tía- Dijo Majo, jugando ahora con el flan.

No tenia hambre, en dos días era su cumpleaños y Mía aun no había dicho absolutamente nada, ella tampoco, pero quería que su novia tomara la iniciativa, organice algo romántico, o tierno, o divertido, o algo, cualquier cosa estaría bien mientras fuera con ella.
Nunca le habían gustado sus cumpleaños. Para ella era un día normal salvo por el hecho de que, en lugar de cenar pollo congelado, cenaba pastas con su tíos y hermano. Pero este año seria el primero que pasaría con Mía. Seria el primer cumpleaños con alguien tan especial para ella. Alguien que la hacia sentir amada e importante, como que si desapareciera de un día para otro alguien la extrañaría.

-Bueno, bueno. Ya sabes, si no deciden nada vengan a cenar el sábado y haré algo especial!- Dijo Vicky sonriendo.
Juan había terminado su postre y miraba con recelo el de su hermana, un tanto machacado por la rubia pero apetitoso al fin. Majo lo vio y sin más se lo alcanzó. Juan lo devoró como si no hubiera comido hace semanas, aunque acababa de comer el suyo propio.

La rubia intentaba no pensar en un detalle ¿Seria que Mía había olvidado su cumpleaños?

-Cambiando de tema- Dijo Vicky provocando que Majo vuelva de su nube abruptamente -¿Ya conoces a la familia de Mía? ¿Qué tal son sus amigos? ¿Y su casa es linda?- Una lluvia de preguntas golpeó a Majo profundamente. Tanto que aun un par de horas después del almuerzo seguían resonando en su mente. Ninguna había podido contestar. La verdad era que, a pesar de haber estado saliendo por casi dos meses, no sabía mucho de Mía, más que era divorciada y aun trabajaba con su ex. Esas cosas siempre le daban vuelta por la cabeza, pero le daba miedo sacar el tema. Por algo Mía no se lo había contado. Cuando creyera conveniente se lo contaría, o eso quería creer. Se dejo caer en el sillón del living y pronto el sueño le ganó. Parecería que siempre tiene sueño, pero es que tenía tantas cosas en la cabeza que simplemente no podía pensar y su mente necesitaba descansar para no explotar.

Una hora después Majo despertó con el timbre. Ya sabia quien era, no tuvo necesidad de hablar por el intercomunicador. Apretó el botón que abría la puerta de entrada del edificio y ella esperó en la puerta de su departamento. Dos minutos después la estaba besando apasionadamente.

No importaba cuanto tiempo pasara, ella sentía que sin Mía nada tenia sentido, sentía que dejaría de respirar si no la veía pronto. Sabía que era un pensamiento un tanto infantil. No es que fuera fatal la distancia con su amada, pero su alma y su cuerpo pedían a gritos por la pelirroja. Y el sentimiento era mutuo.
Majo trabajaba en su casa así que no tenia problemas de horarios, a menos que se retrasara con un proyecto, cosa que era raro ya que en general la inspiración le sobraba, al igual que las habilidades artísticas. Pero Mía tenía horarios raros y a veces extensos. Aun asi, desde hacia semanas que pasaban todo el tiempo que podían juntas. Majo le había dicho a Mía que si quería ella podría ir a su casa, pero la pelirroja le había hecho notar que estaría todo el día sola, y acá tenia todas las cosas que necesitaba para pasar el tiempo, que no se preocupara, ella atravesaría cielo y tierra para estar con ella, aunque sean 5 minutos. No había vuelto a salir el tema. Y, dicho y hecho, todos los días los pasaban juntas. Todos excepto los fines de semana. Quizás los días mas divertidos para salir, o para pasar una velada romántica con un ser especial. Pero bueno, ella no se quejaba. Había encontrado a una pelirroja que la volvía loca, y que estaba loca por ella. Más de una vez había quedado claro cuanto se amaban. De eso no había duda.

En cuanto los besos se intensificaron y las caricias les siguieron a la par todos los pensamientos en la mente de Majo desaparecieron y se fueron a un lugar muy lejano. Nada más estaban ella y su amada ojiazul.
-H…Hola- Dijo la rubia mientras besaba profundamente a la pelirroja.
-Ho- Dijo Mía llevando a la ojiverde hasta la cama y recostándola suavemente, sin dejar de besarla –la- Terminó de decir y su mano empezó a aventurarse por debajo de la camisa de la rubia, quien la empezaba a imitar.

Las caricias fueron en aumento y la ropa fue apropiadamente arrancada para dar lugar a la pasión.

Dos cuerpos se movían a la par ya que sus respiraciones estaban sincronizadas. Una pelirroja descansaba sobre una rubia, mientras ésta le acariciaba suavemente el brazo y el hombro.
-Te amo tanto- Dijo Majo, levantando la mano de su amante y besándola.
-Yo también. Te amo mas que a nada en el mundo- Dijo Mía levantándose un poco y besando a una rubia que la miraba con ternura.

-¿Tienes algo que hacer el sábado?- Preguntó la pelirroja acomodándose a un lado de la ojiverde, acariciándole el pelo y la mejilla y acompañando ese acto con un beso.
-A ver, déjame consultar con mi agenda- Hizo la mímica en el aire- No, no tengo nada planeado ¿Por que?- Dijo Majo sonriendo, ¿Seria que Mía se había acordado? Un rayo de esperanza le atravesó, pero pronto se esfumó.
-El sábado es el 100 aniversario del barrio donde vivo y habrá un festival para celebrarlo. Unas amigas dirigen y producen una obra de teatro que presentaran en el anfiteatro y, por la tardecita, allí mismo, habrá un recital de una orquesta local. También habrá puestos de feria y fuegos artificiales como se debe. Será divertido… ¿Vamos?- Preguntó Mía con un brillo de esperanza en los ojos.

A Majo le dolía cada vez más el hecho de que amor no recordaba su cumpleaños. No es que fuera una fecha importante ni nada, pero, era un detalle, que creyó Mía recordaría. En fin, un festejo es un festejo, y aunque no fuera por ella, estaba dispuesta a disfrutar ese día, así que aceptó y quedaron en verse en el mismo parque a la 1 para hacer un picnic, con comida hecha por Mía claro. Majo solo debía llevar algo para beber, cosa que no pudo cumplir ya que se olvidó. Luego disfrutarían de la obra y mientras esperaban por el concierto podrían recorrer los puestos y divertirse un rato.

A la 1 en punto estaba en la esquina donde habían quedado de encontrarse. A kilómetros podía notarse su ansiedad. Tenia la sensación de que Mía no se había olvidado de su cumpleaños. (¿Sensación o esperanza?). Pronto vio a su amada pelirroja venir casi corriendo a su encuentro. Llevaba una hermosa falda negra y una blusa blanca acompañada de un pañuelo bordo alrededor de su cuello. Muy formal para la ocasión pensó Majo, pero en verdad se veía hermosa. Al lado de ella la rubia parecía sapo de otro poso. Tenia un Jean negro un tanto gastado y una camisa blanca con el dibujo de un sapo (que coincidencia) en el. A Majo le encantaba esa camisa, le parecía muy tierno el sapito. Pero ahora se arrepentía de haber elegido ese cambio de ropa. Quedaba totalmente fuera de lugar al lado de su pelirroja.

Se abrazaron y besaron profundamente por unos minutos (Ellas pensaron que habían pasado segundos). Majo tomó la canasta que había traído Mía y comenzaron a caminar hacia el anfiteatro tomadas de las manos y cruzando miradas y sonrisas a cada rato. Yo no se como no les dolía el cuello de tanto voltear. Pero ellas eran felices así, aunque Majo aun sentía una punzada en el corazón.
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:34 pm
Capitulo 11


Faltaban un par de horas para que comience la obra de teatro. Todo el lugar estaba lleno de puestos de juegos, comida y muchas cosas mas. El clima festivo se sentía en el aire. La gente empezaba a llegar y los primeros en disfrutar de la celebración eran los niños quienes no perdían oportunidad de visitar cada uno de los puestos. Se alejaron un poco de esa zona y se dirigieron hacia el anfiteatro. Aprovecharían el tiempo que quedaba para almorzar y hablar un rato. Tendieron una manta en el césped bajo un gran árbol que se encontraba a unos 50 metros del escenario, cuesta arriba. Pusieron la canasta en el medio y se sentaron frente a ésta. Majo procedió a abrirla . No tenía tanta hambre, pero todo el camino que la anduvo cargando fue atacada por el delicioso aroma que emanaba la comida que había preparado Mía con tanto amor. Sacó unos sandwiches de no sabía bien que, unos snacks, unos potecitos con algún tipo de salsa y.. una bebida. La tomó y fijó su mirada en su pareja quien le devolvió una sonrisa. Mía podía ver el brillo en los ojos de su amada.

-Sabía que te olvidarias- Dijo acercándose a la rubia. Tomó la botella de las manos de ésta y la apoyó en la manta. Luego pasó sus brazos al rededor del cuello de la desconcertada ojiverde y le depositó un suave y tierno beso en esos labios que parecían estar hechos a medida. Majo sonrió, abrazó a su pelirroja por la cintura y atrajó mas sus cuerpos, al mismo tiempo que el beso se hacía mas apacionado. Así estuvieron hasta que un ruido las interrumpió.

-Ajam- Una persona que pasó por su lado hizo ese ruido de aclaramiento de garganta claramente para separarlas. Ellas lentamente lo hicieron sin dejar de sonreir y vieron de reojo a la persona que había tenido tal atrevimiento. Una pareja que al parecer tenía el mismo plan de ellos de picnic y obra ya que llevaban una canasta como la suya se encontraba a unos pasos de distancia. Escucharon como el hombre proponía sentarse bajo un árbol cercano al suyo, pero la mujer le dio por respuesta un leve golpe en el hombro las palabras pervertido salieron de su boca. La única intención del hombre era ver como Mía y Majo expresaban su amor. La mujer tomó a su pareja del brazo violentamente y desaparecieron del lugar.

Los ojos de las chicas volvieron a encontrarse y no pudieron contener mas las risas. Rieron por como un minuto hasta que Majo no aguantó mas y literalmente se lanzó hacia Mía. Suavemente la recostó en la manta, la abrazó y besó con la misma pasión que antes. La ojiazul respondió el beso con el mismo sentimiento y rodeó el cuerpo de su amada con sus brazos en un intento de acercar aun mas sus cuerpos, cosa fisicamente imposible.

-Creo que deberíamos comer- Dijo Mía sonriendole a su pareja.
-Pero.. Yo ya estoy comiendo lo mas delicioso del mundo - Besó de nuevo los suaves labios de la pelirroja - Mmmm Que rico- Dijo riendo.
Mía se sonrojó y lentamente separó a la rubia que tenía sobre su cuerpo sin dejar de sonreir.

Comieron todo lo que había. No sobró ni una miga. Era verdaderamente delicioso. Todo lo que Mía cocinaba sabía a gloria para Majo. Guardaron las cosas en la canasta y la rubia se sentó apoyando su espalda en el tronco del árbol que les proveía una sombra perfecta. Tomó la mano de la ojiazul y la guió para que se acomode frente a ella. Cuando la pelirroja se sentó entre sus piernas la abrazó por la espalda y ésta apoyó su cabeza en su hombro para luego cerrar los ojos. El cálido viento rozaba suevemente sus rostros mientras las acobijaba. Ambas sentían tanta paz y tranquilidad que si fuera por ellas permanecerían asi hasta que el frío de la noche las obligue a buscar un mejor refugio. A Majo la embriagaba el aroma a rosas de Mía, la quería sentir incluso mas cerca. La abrazó mas fuerte y ésta se acomodó entre sus brazos. Besó suavemente el hombro de la ojiazul y lentamente el sueño fue ganándoles a ambas.

Mía se despertó de repente por un fuerte y agudo ruido que casi le provoca un infarto. Miró para todos lados intentando recordar donde estaba. Finalmente vio hacia el escenario y se dio cuenta que era la prueba de sonido para la obra, que al parecer, en poco tiempo empezaría. Miró a su compañera quien aun dormía placidamente. "Es tan hermosa" Pensó mientras acariciaba su mejilla.

-Amor, despierta. Ya casi empieza la obra- Le dijo al oido.
-Ahmnmnm- Respondió Majo afianzando el abrazo con el cual aun sostenía a su pelirroja. Ni en sueños quería alejarse de ella.
-Vamos, despierta- Dijo sonriendo -Despierta que es hora del postre-
-¿Postre?!- Dijo Majo abriendo los ojos rapidamente
.
Mía le sonrio, se dio media vuelta aprovechando que la rubia había disminuído la fuerza del abrazo y le dio un tierno beso en los labios.
-¿No hay postre verdad?- Dijo haciendo pucherito.
Mía puso una expresión algo triste al notar que Majo no había entendido que el beso era el postre. Suspiró, le sonrió y se preparó para levantarse. Pero esa acción no se contretó ya que Majo la tomó fuertemente por la muñeca provocando que volviera a su posición original. Tomó su mejilla y la besó.
-Te amo con todo mi corazón- Le dijo a la pelirroja para luego darle otro beso.
-Y yo a ti- Respondió Mía con una sonrisa en su rostro. Esa chica podía hacerle sentir tantas cosas en un segundo. Cada dia la sorprendía mas y mas.
-Debemos acercarnos para ver mejor- Dijo Mía luego de varios besos.
-Bueno- Dijo Majo. No quería separarse de aquella mujer, pero no quedaba otra.

El lugar se había llenado de familias. Habían niños corriendo por todos lados y parejas felices hablando. Esa escena provocó que el corazón de Majo se encogiera un poco. Apenas recordaba la última vez que había vivido algo asi y de esa época quedaba poco y nada. Mía la abrazó por la espalda y le besó el cuello -Alli hay un lugar- Dijo.

Se dirigieron hacia aquel sitio y una vez mas tendieron la manta sobre el cesped. Se entretuvieron hablando y sonriendo un poco mas hasta que la música indicó que la obra daría inicio.

Una mujer de cabello castaño entró al escenario y se acercó al micrófono.
-Buenos dias a todos -Empezó a decir - Espero que esten disfrutando de este maravilloso dia. Hay muchas cosas para hacer y muchos lugares que recorrer. Si aun no han visitado los puestos de comida, se los recomiendo, sobretodo el puesto 9, creo que ya lo he visitado 4 hoy- Todo el público rio al unísono.
-Bueno, les recordamos el cronograma. Ahora presentaremos una obra dirigida por Daniela Ramirez y producida por mi, Camila Suarez que se llama En un lejano tiempo. Se trata de la vida de dos mujeres, en este mismo barrio, en la época que fue fundado el barrio. Una época en que todo era diferente, y, justamente, ser diferente era una perdición -
Majo puso cara de sorpresa "¿Acaso será una historia de amor?" Pensó. Miró a Mía y esta solo le devolvió una sonrisa. Algo sabía que ella no.
-Al atardecer, a eso de las 7 de la tarde, habra un concierto llevado a cabo por la orquesta vecinal y al finalizar un show de fuegos artificiales. Bueno, espero que disfruten mucho la obra. Hemos puesto mucho empeño en ella y esperamos sea de su agrado- Dicho esto salió del escenario llevándose consigo el micrófono.

Efectivamente la obra se trataba del amor entre esas dos mujeres, en la época en que fue fundado el barrio. Se mudaron al naciente pueblo huyendo de todo pero no resultó como esperaban. Aun alli la gente las miraba de mala manera y las excluían. Pero se hicieron un lugar en la sociedad al ayudar a fundar el barrio. Ayudaron tanto o mas que todos sus vecinos y asi se terminaron ganando el respeto de ellos. Majo miraba asombrada la obra. Estaba muy bien actuada y dirigida. Sin darse cuenta del paso del tiempo la obra finalizó ovacionada por el público. Los actores saludaron a sus espectadores y luego le abrieron paso, entre aplausos, a dos mujeres. Una era Camila, la mujer que había hablado antes. La otra, asumía Majo, era Daniela, la directora de tan maravillosa obra. La rubia no pudo evitarlo y terminó aplaudiéndolas de pie, con Mía acompañándola en tal acto.

-Vamos- Dijo Mía. Majo la miró con desconcierto. Guardaron todo en la canasta y se dirigieron apresuradamente a la parte de atrás del escenario. Allí se encontraban, bajo una lona blanca que hacía de techo, los actores de la obra y las mujeres antes mencionadas. Éstas, al verlas sonrieron y fueron a su encuentro.

-Mimiiiiiiiiii!!!!- Gritaron mientras abrazaban fuerte a Mía.
"¿Mimi?" Pensó extrañada Majo.
-¿Como has estado?!- Le preguntó una de las mujeres a la pelirroja. Majo sentía que no era mas que parte de la decoración del lugar.
-Bien bien! Mejor que nunca, ya saben- Dijo sonriendo -Por cierto.. Ella es Majo- Dijo tomando de la mano a la susodicha. Majo se sonrojó al instante, no sabía bien porque.
-Ohhhhhhhh- Ambas mujeres pusieron cara de sorpresa y empezaron a inspeccionar a la chica de arriba a abajo. "¿Que acaso tengo algo en la cara?" Pensó ésta mientras se sentía demasiado observada. Todo lo que atinó a hacer fue mirar atentamente el piso.
-Asi que tu eres Majo.. Esa Majo.. Su Majo..- Dijo la pelinegra -Un gusto- Le extendió la mano sonriente. "¿Acaso me conocen? ¿Quienes son y porque saludan tan amorosamente a Mía?"
Majo dudo en responder el saludo, pero no tuvo mucho tiempo para pensar porque la castaña se abalanzó sobre ella y la abrazó por la espalda.
-Pero no seas tímida- Dijo -Que no mordemos.. mucho- Sonrió.
Majo, al contrario de lo que Mía pensó, con este acto se relajó. A la pelirroja por poco y le da otro infarto.
-S... Si... Espero ser la Majo que creen que soy- Dijo intentando sonreir. Las mujeres se largaron a reir.
-Eres muy tierna!- Dijo la pelinegra acompañando a la castaña en el abrazo. Ahora Majo se sentía asfixiada literalmente.
-Ya, ya.. alejense o les doy con la escoba! - Amenazó Mía mientras recuperaba a su novia y le acariciaba suavemente la mejilla.
-¿Estas bien?- Le preguntó. Majo levantó la vista.
-Si- Le respondió sonriendo.
-Lo siento, son medio bestias- Dijo la pelirroja.
-Oye! No nos digas bestias- Dijeron las mujeres haciendose las heridas, pero a los segundos estaban las cuatro riendo.

-Por cierto -Dijo por fin Majo -¿Quienes son? y ¿Por que te dijeron Mimi?-
-Oh pues -Empezó a decir Mía mirando para todos lados -Es que nos conocemos desde siempre. Crecimos juntas y compartimos muchas cosas, entre ellas nuestro amor por el anime. Cuando eramos chicos nos pusimos sobrenombres de acuerdo a algun personaje de anime y bueno, yo terminé siendo Mimi, Dani es Candy y Cami es Kaori- Dijo sonriendo. Las mujeres sonrieron tambien.
-¿Amor por el anime? ¿Y aun se siguen llamando asi?-
-Si, claro que si! Nos sale mas natural llamanos asi que por nuestros verdaderos nombres. Supongo es por costumbre dijo Candy.

Majo aun intentaba digerir esa información. De hecho ya se había olvidado los sobrenombres.

-Bueno ¿Ya han recorrido el festival?- Pregunto Kaori.
-De hecho no. Llegamos directamente a almorzar y luego bueno.. nos quedamos dormidas- Dijo Mía sonrojandose, pero un sentimiento cálido invadió su cuerpo al recordar lo bien que se había sentido en ese momento.
-Bueno ¿Que esperamos? Nosotras con todo el asunto de la obra tampoco hemos podido ver los puestos- Dijo Kaori.
-Excepto el puesto 9 de comida- Dijo Candy. Kaori se sonrojó y le lanzó una mirada asesina a su compañera.
Todas se rieron y empezaron a caminar hacia la zona de los puestos. La tarde se estaba terminando y pronto le daría paso a la noche.
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:35 pm
Capitulo 12

Aun no entendía bien que estaba sucediendo. Acababa de conocer a las dos mejores amigas de su amada. Dos personas de quienes nunca antes había escuchado hablar hasta ese día.
Por su mente giraban muchas ideas, quizás la mas importante de ellas era “¿Por qué nunca me hablo de ellas?”. Las tres se venían muy felices juntas. Iban tomadas de los brazos, ambas chicas rodeando a Mía. Majo las miraba desde un costado. Mejor dicho las estudiaba.

-Vayamos a aquel juego!- Dijo Kaori soltando el agarre de su amiga y corriendo hacia un juego. Éste consistía en pegarle con un martillo gigante a un circulo en el piso y unas luces subían de a cuerdo a con cuanta fuerza lo habías golpeado. Majo sintió que esta era su oportunidad. Aun le había quedado algo del físico que había ganado en la preparatoria y ninguna de esas chicas parecía ser muy atlética que digamos, con sus anime y obras de teatro. Majo sacudió la cabeza intentando quitar esos pensamientos de su mente ¿Cómo iba a pensar tales cosas de su novia?

-La que pierde invita a las demás al puesto 9- Dijo Kaori sonriendo.
-Tu primero Mimi- Dijo entregándole el pesado martillo a la pelirroja.
-Mira lo que me haces hacer- Dijo haciendo una mueca demostrando sobreesfuerzo al intentar levantar la dichosa herramienta.
-100/1000. Casi nada, un niño de jardín de infantes podría hacer ese puntaje. Ve preparando el dinero- Dijo Candy entre risitas.
-A ver tu mujer forzuda, tu turno- Dijo la ojiazul entregándole como pudo el mazo.
-200/1000 tu no estas mucho mejor que yo- Dijo Mía sonriendo.
-Yo diría que eres como una niña de primaria- Agrego Kaori tomando el martillo –Mi turno- Dijo sonriendo de oreja a oreja.
Las dos mujeres se quedaron boquiabiertas mientras la castaña hacia un pequeño bailecito de la victoria.
-700/1000 Gane!- Dijo señalando a las perdedoras.

Al parecer nadie se acordaba que Majo estaba allí. Un sentimiento de angustia recorrió su cuerpo. Era su cumpleaños y la persona más importante en su vida no se había acordado. Se había propuesto disfrutar ese día como si fuera un festejo para ella pero, a pesar del hermoso comienzo que había tenido, no estaba terminando como quería. Las ganas de salir corriendo de allí y llorar como una niña pequeña la estaban ganando. Pero no dejaría que esos sentimientos crezcan. A paso firme fue hacia la castaña y sin decir nada tomo el mazo. Todas se quedaron viendo y a Mía se le formo una expresión de suma tristeza en la cara. No se había parado a pensar en como se estuviera sintiendo Majo con todo esto. Hacia bastante tiempo no veía a sus mejores amigas y ellas la habían secuestrado, mientras que por su parte se había dejado secuestrar. Quiso ir y abrazarla pero Majo ya había empezado a levantar el martillo en el aire. Con un movimiento rápido éste termino golpeando el círculo del piso.

Las tres chicas se quedaron mirando incrédulas el marcador del juego. 50/1000, el puntaje mas bajo. No creían que fuera posible que alguien superara a Mía en ineptitud para lo físico.

-Yo invito- Dijo Majo dejando el mazo en el suelo, tomando la mano de su novia y dirigiéndose hacia la zona de la comida.
-Ya veo porque están juntas- Le dijo en un susurro Candy a Kaori. Ambas se dedicaron una sonrisa cómplice.
-Gracias por ayudarme amor- Le susurró Mía a Majo para luego darle un tierno beso en la mejilla –Y perdona que haya estado tan distante. Esas dos son muy absorbentes y divertidas y cuando menos te das cuenta pasaron horas.
Mía había sido la única en darse cuenta que Majo había fallado a propósito. Ella sabía perfectamente de que era capaz su rubia y entendió al instante la verdadera intención de ésta.
-De nada, y no te preocupes, tu debes disfrutar de tus amigas también- Dijo sonriéndole y dándole un beso rápido en los labios.
-Vayan a un hotel!- Gritó Kaori unos pasos atrás de las amantes. Candy la acompañó con una carcajada. Las chicas solo se ruborizaron y les respondieron al unísono con una mirada asesina que heló la sangre de las bromistas y las calló al instante. Ante esto las cuatro llegaron riendo al famoso puesto 9.

-¿Helados?- Pregunto incrédula Mía.
-No cualquier helado. Mira!- Dijo la castaña señalando unos potes y cucharas de todos los tamaños –Te puedes armar tu propio helado! ¿No es la idea mas brillante que se le ocurrió a la humanidad?- Dijo sonriendo y sin mas pidió 3 potes medianos y uno grande.

Las tres chicas miraban como si se tratara de una criatura de otro mundo a Kaori. Estaba totalmente absorta y parecía no dudar entre tantas opciones de colores y sabores.
-¿A ti te dicen Candy por que te gustan los dulces?- Preguntó Majo mientras se servía el primer sabor en su pote.
-En realidad no. Me llaman así porque me parecía físicamente a un personaje. La verdad me gustan poco y nada los dulces- Dijo la pelinegra mientras dudaba que sabor elegir. Le daba lo mismo cualquiera, sabía que ella no sería quien terminara acabando el pote.
-Yo amo los dulces! – Dijo Kaori acercándose con un pote revalsando de helado. Majo no entendía como ese postre le estaba ganando a la gravedad.
Candy se sonrojó y le entregó su pote para que sea la castaña quien elija los sabores.

Comieron sus helados mientras recorrían los puestos que vendían cosas. Había de todo un poco. La mayoría cosas artesanales sumamente bellas. Majo se detuvo en un puesto que vendía cuadros y se quedó allí por unos minutos hablando con el artista. Éste al enterarse quien era se emocionó y le pidió que le autografíe un cuadro. Majo no podía creer la reacción del hombre pero accedió a su pedido y terminó firmando 3 cuadros, uno para cada una de las habitaciones de la casa del pintor según confesó éste.

Mía observaba atentamente la escena. Ver a su rubia tan emocionada por algo la llenaba de un sentimiento de felicidad. Que su amor sea feliz la hacia feliz a ella automáticamente.
Majo se despidió de su nuevo amigo y se reunió con sus espectadoras.
Kaori y Candy dejaron de hablar al instante que ella las alcanzó. Quien sabe que tanto decían. Pero se notaba un brillo especial en los ojos de la rubia.

Cuando casi era la hora del concierto volvieron a la zona del anfiteatro. Tendieron la manta en el mismo lugar de antes y se sentaron a esperar el comienzo del espectáculo.

6.55 ya casi era la hora. La expectativa se sentía en todos lados. Unos minutos después la vista de la ojiverde fue guiada hacia el escenario. Los aplausos comenzaron al tiempo que los integrantes de la orquesta se hacían visibles.

Majo quedó maravillada desde la primer canción. Esa orquesta era verdaderamente buena. Y todos estaban allí voluntariamente. Hacían todo eso por puro amor al arte y al barrio. Verdaderamente admirable.
Paso más de una hora de concierto y una canción era mejor que la anterior. Incluso un par de lágrimas se habían escapado de los espectadores.

-Disculpen. Recordé que olvide algo detrás del escenario. Ahora vuelvo!- Dijo Mía levantándose y antes de que Majo pudiera ofrecerse para acompañarla la pelirroja se perdió de vista.
-No te preocupes, pronto volverá- Dijo Candy en un intento de reconfortarla.
-Ok- Dijo Majo sentándose de nuevo en la manta y volviendo su vista al escenario. Un hombre se había adelantado a los demás.

-Muchas gracias por acompañarnos en esta noche tan especial- Dijo haciendo una pequeña reverencia al estilo japonés –Como saben esta orquesta esta compuesta por vecinos que voluntariamente se han ofrecido a cooperar con esta celebración – La gente aplaudió fuertemente –Gracias, gracias. Ahora tengo el placer de presentarles a dos integrantes muy especiales que nos deleitaran con dos canciones a dueto. Ellos han estado con esta orquesta desde que eran unos niños de primaria y son nuestros más grandes orgullo. Sin mas que decir, Gustavo y Mía!- Dijo el hombre aplaudiendo tan fuerte como todos en el campo.

“¿Acaso dijo Mía?” Majo quedó perpleja al ver que efectivamente era la misma pelirroja que hace 5 minutos estaba a su lado.
-Qu.. Que…- Dijo la rubia tartamudeando.
-Sus dos compañeras le sonrieron y palmearon suavemente la espalda. No lo podía creer ¿Qué hacia Mía allí arriba?!

La ojiazul entró al escenario de la mano de un hombre de pelo castaño y sumamente buen mozo, a pesar de lo mucho que intentara negar ese hecho la ojiverde. Ambos venían con un violín en la mano libre y se posicionaron en donde antes había estado el hombre presentándolos. Se miraron una sola vez y con perfecta coordinación empezaron la primer canción, una canción que Majo no reconocía pero que era simplemente hermosa. Era increíble lo bien que esos dos se entendían. Ambos tenían cerrados los ojos pero todo estaba perfectamente coordinado. Parecían un solo ser. Un ser celestial tocando una música maravillosa. Majo en un principio sintió celos de ese hombre y de la conexión que tenía con su novia, pero rápidamente ese sentimiento se esfumó y toda su alma se llenó de esa melodía. Las otras dos chicas la miraban sonriendo.

La segunda canción la rubia si la reconoció. Era Ave María. Una canción que había escuchado cientos de veces, pero que en ese momento sintió que era la primera vez que semejante melodía llegaba a sus oídos. Ésta provocó que las lágrimas se escapen de sus ojos y que nadie pudiera detenerlas. Producía tantos sentimientos hermosos en el corazón de Majo que ella creyó que no podría soportarlo más. Pero cuando terminó sintió un vacío en su interior. Quería seguir escuchando esas hermosas canciones. Sonrío al recordar que esa pelirroja que tocaba como los ángeles era ni más ni menos que su novia. Suya y solo suya y seguramente tendría oportunidad de escucharla nuevamente. (Ni se le pasó por la mente la cuestión de porque no se había enterado hasta entonces que la ojiazul era un prodigio con ese instrumento).

En cuanto terminó la segunda y ultima canción Majo hizo el amague de levantarse pero fue detenida por sus dos compañeras, las cuales solo le sonrieron.

Volvió su vista al escenario una vez más. Mía dio unos pasos adelante a la vez que su compañero se perdió de vista. La luz se posó sobre su cuerpo haciendo que a los ojos de Majo brillara y confirmara su estatus de ángel. Poso el instrumento sobre su hombro y comenzó a tocar una canción mas. Esta vez sin compañía.

A Majo le dio un vuelco el corazón al reconocer la canción. Era la melodía del Feliz Cumpleaños. Su amada le estaba tocando el feliz cumpleaños en frente de todos y con tan hermosa notas. No pudo contener las lágrimas y su vista se nublo por éstas. Se sentía tan feliz. No lo había olvidado. No lo había hecho! Y ahora le regalaba el mejor regalo que alguien le hubiera hecho jamás. Escuchó el resto de la canción con los ojos cerrados y ambas manos en su corazón. Sentía que estaban solamente ellas dos en el mundo. Esa canción era tocada exclusivamente para ella. En ese momento la amo más que nunca. Cuando dejó de escuchar la melodía abrió los ojos y empezó a correr hacia el escenario. En un par de segundos se encontraba detrás del mismo esperando la salida de los músicos. En cuanto vio una cabellera roja volvió a correr y abrazo a esa persona. Sabía perfectamente quien era. Podía sentir su esencia a kilómetros de distancia, incluso entre tanta gente. Su abrazo fue correspondido por uno incluso más fuerte seguido de un profundo beso entre lágrimas.

-Siento si te hice sufrir amor- Dijo Mía sin poder contener las lagrimas –quería que fuera una sorpresa-
-Fue hermoso, simplemente hermoso. El mejor regalo que me han hecho jamás. Te amo con toda mi alma!- Dijo besando mas apasionadamente a su novia.
-Y yo a ti amor! No sabes cuanto!-
Majo rodeó el cuello de la pelirroja y hundió su cara en él. Mía rodeó su cintura y apoyó su cara sobre la cabeza de la otra. Estuvieron así por un par de minutos, sin percatarse que los demás músicos las miraban con curiosidad. Ellas solo querían sentir a la otra cerca.

-Así que por ésta me dejaste y cambiaste de bando- Dijo una voz masculina proveniente desde detrás de la rubia.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:36 pm
Capitulo 13

Al escuchar esas palabras Majo rompió inmediatamente el beso y el agarre y lentamente giró para ver al dueño de aquella voz. Era el hombre que había tocado a dueto con Mía, Gustavo según recordaba. Sus ojos reflejaban odio y rencor.
-No digas esas cosas Lee!- Dijo Kaori al tiempo que le pegaba con una botella de plástico en la cabeza.
-Auch! Pero ¿Por qué me pegas?!- Dijo el castaño al tiempo que se tocaba la zona que había recibido el golpe.
-Por tonto ¿Como les dices esas cosas en un momento tan romántico?! Discúlpate con ellas ahora mismo- Dijo la castaña amenazándolo con la botella. La mirada del hombre cambió por completo a una de sincero miedo. Miró a ambas amantes e hizo una reverencia al estilo japonés.
-Lo siento Mimi, Majo - Fijó su mirada en la castaña quien seguía con la mirada asesina -Soy un idiota- Agregó fijando la vista al piso.
-Asi me gusta- Dijo Kaori sin apartar la vista de su víctima.

Majo entendía poco y nada. Hacía unos segundos ese hombre estaba a punto de asesinarla por ¿Robarle a su mujer? y ahora estaba pidiendoles disculpas y a punto de salir corriendo por miedo a Kaori. Ese dia no podía ponerse mas raro ¿Y por qué le dijeron Lee? Muchas preguntas pocas respuestas.
Candy adivinó los pensamientos de la rubia. Tomó la botella que sostenía la castaña y la tiró a la basura. Sacudió a Gustavo para que saliera del trance en que estaba (Al parecer le tenía mucho miedo a Kaori) y le dedicó una tranquilizadora sonrisa a la perdida ojiverde. Mía mientras tanto miraba con odio al hombre pero al mismo tiempo tenía una sonrisa en la cara producto de la escena que acababa de acontecer.

-Gus...- Empezó a decir Candy pero la pelirroja la interrumpió. Al instante comprendió que le correspondía a ella aclarar las dudas de la rubia.
-Gustavo, este hombre que parece un perrito mojado, es mi ex esposo- Dijo Mía. Majo abrió los ojos a mas no poder de la sorpresa. Ese hombre que tenía en frente suyo, el mismo que hace unos minutos le reclamaba a su novia, era la ex pareja de la misma. La misma persona con quien había tocado el violín tan magistralmente. Ahora tenía mas sentido el porque habían tocado tan compenetradamente, tan coordinados, casi como si fueran una sola persona. Lo habían hecho desde niños. Mía le había explicado que se casó con su amigo de la infancia. Asi que este era dicho "niño". Buen mozo como había terminado de aceptar en el concierto. Un tanto extraño en su comportamiento. Y al parecer muchas palabras pero pocas acciones. Se notaba en sus ojos que aun temía por su bienestar teniendo a Kaori tan cerca. A cada rato miraba de reojo a la castaña para asegurarse que no fuera a pegarle.
-Un gusto- Dijo Gustavo estirando la mano para saludar a Majo.
-I... Igualmente- Dijo Majo devolviendo el gesto.
El silencio se apoderó del lugar. El castaño y la rubia miraban para todos lados algo ruborizados.
Kaori miró el reloj y con los ojos brillosos y una sonrisa gritó.
-Ya es hora!! Vamos a divertirnos ¿Si? Paz y Amor!!-
Todos rieron liberando la tensión que habían acumulado y firmaron un contrato inconciente de pasarla bien y disfrutar sobre todo.

Los puestos empezaron a cerrar para dar lugar al festejo final. Aquel que todos los niños y adultos andaban esperando… Los fuegos artificiales. No habían escatimado en gastos, sería algo memorable.

Majo miraba maravillada como todo a su alrededor cambiaba. Los vendedores de comida venían todos juntos con cacerolas y fuentes enormes. En ellas traían la comida que no se había vendido hasta entonces y que sería degustada por todos los presentes, gratis. No era momento de recaudar sino de disfrutar.
Los actores y concertistas volvieron después de haber desaparecido por unos minutos con los brazos llenos de alcohol y una sonrisa en la cara. Alcohol, a Majo no le gustaba beber. Conocía perfectamente las consecuencias que tenía para su cuerpo y mente. No le caía nada bien y siempre que había bebido al día siguiente no existía para el resto del mundo, la única testigo de su estado era su cama, fiel hasta en los peores momentos.
Los vecinos se iban acercando a la zona del teatro donde se encontraba aquella colina en la cual habían pasado tan hermoso momento y que era el lugar perfecto para ver el espectáculo.

Lee y las chicas las rodeaban y hablaban vaya a saber uno de que. A Majo no le caía muy bien el chico, pero bueno, era entendible, después de todo era el ex esposo de su novia. Le molestaba el hecho de que seguramente el la conocía mejor que ella y que tenían mas cosas en común. Habían compartido una vida juntos. Ella no era una mujer celosa, pero en esos momentos esos sentimientos desconocidos para ella empezaban a surgir.
-Lee, vamos!- Dijeron un par de hombres que pasaron corriendo y de paso se llevaron al castaño sin preguntar. A la rubia le dio gracia la cara de sorpresa del chico, quería verlo sufrir, aunque sea un poco ¿De donde salían esos pensamientos?!

- Amor, vamos- Dijo Mía sonriéndole a Majo y tomando su mano para encaminarse hacia el mismo árbol donde habían almorzado. Detrás de ellas las seguían dos chicas quienes copiaron la acción de las otras y se tomaron las manos.

Todos miraban hacia el mismo lado. Cerca del árbol encontraron al castaño riendo y jugueteando con sus amigos. Era difícil dilucidar la edad de ese grupo. Físicamente parecían hombres ya encaminados en la vida, pero por sus acciones en ese momento cualquiera diría que eran unos chicos de secundaria que habían escapado de sus padres. Majo se preguntaba como era que ese hombre y su novia habían tocado tan unidos siendo tan diferentes. Miraba curiosa la escena pero pronto todos sus pensamientos se desvanecieron al sentir unos brazos rodear su panza y tomarla cariñosamente. Pronto sintió un mentón en su hombro y un aroma ya tan familiar la embriagó. Acarició suavemente los brazos que la hacían sentir tan segura, los abrazó y apoyó levemente su cabeza en el hombro de su pelirroja.
-Te amo tanto- Dijo acomodándose y acariciando suavemente la mejilla de la ojiazul con la suya.
-Yo también amor- Dijo dándole un tierno beso en los labios a esa hermosa rubia.

Un fuerte estruendo se escuchó seguido de gritos y aplausos. Había comenzado. El grupo de Lee por fin se había tranquilizado. Todos miraban boquiabiertos y con los ojos brillosos el espectáculo de fuegos artificiales. Majo los vio de reojo y le causo una risita el hecho de que no se podía distinguir a ese grupo de uno de niños de cómo 10 años que estaban cerca de ellos. Ambos tenían exactamente la misma expresión. Sintió como el agarre se afianzaba y un sentimiento cálido le recorrió todo el cuerpo. Eso era la felicidad absoluta. Simplemente estar allí con la persona que amaba era perfecto. No necesitaba nada más. Siempre que pudiera sentir el corazón de esa pelirroja latir al compás del suyo sería feliz, de eso estaba segura. Se sintió completa y viva como nunca antes. Veía las luces en el cielo pero no escuchaba las explosiones, en su cuerpo solo se escuchaba el resonar de sus corazones y de sus almas comunicándose mediante sus respiraciones coordinadas. Mía sentía lo mismo y Majo se dio cuenta porque al voltear levemente vio a la pelirroja apoyada en su hombro con los ojos cerrados y una perfecta sonrisa en su rostro. En ese momento la amo tanto que sintió que explotaría si no la besaba, y eso hizo. Giró su cuerpo lo suficiente como para quedar en frente a esa persona que la hacía sentir tan viva, sonrío y posó sus brazos en torno al cuello de la misma quien nunca le había soltado el agarre de su cintura. Ésta le devolvió la sonrisa y lentamente se fueron acercando. Sus alientos se hicieron uno y sus labios se encontraron con tanta pasión que pareciera que no se habían visto hacia años. Pronto una de las dos se adentro aun mas en la boca de la otra y el resto del mundo desapareció.

Mía sintió que alguien le tocaba el hombro pero no podía estar segura. El agarre se hizo aun más fuerte y un leve gemido se escapo de cierta rubia. Mía volvió a sentir algo en su hombro y ¿Una voz a lo lejos?
-Ejem- Dijo Candy un poco mas fuerte. Ya era la tercera vez que intentaba separar a esas dos sin éxito.
-Ah…- Rezongó Kaori adelantándose a la pelinegra y empujando levemente a su pelirroja amiga devolviéndola a la realidad de golpe.
Chocó levemente con la ojiverde y rápidamente se dio vuelta para intentar entender que había pasado. Sentía como si la hubieran despertado de golpe de un sueño profundo.

-¿Qu… Que pasa?- Dijo un poco mareada. Candy no pudo contener la risa al ver a la rubia despeinada y sonrojada de pies a cabeza. Mía volteó a ver a su amante y una sonrisa se apoderó de su rostro el cual se tiño del mismo color del de ella.
-Pero que justo que terminaron de demostrarse su amor- Dijo Kaori con tono sarcástico –Es hora de comer- Dijo sonriendo de oreja a oreja.
“A esta chica si que le gusta la comida” Pensó la ojiverde recuperándose del transe.

Se acercaron al escenario nuevamente para disfrutar de los manjares que los puesteros habían donado. Todos disfrutaban. No había distinción social ni nada parecido. Vecinos que no se conocían, compañeros de escuela que hacia años no se veían, niños que se acababan de conocer, todos disfrutaban por igual. Majo no se pudo contener y probó de todo un poco. Mía la veía y no podía evitar sonreír al verla disfrutar tanto. En ese momento tuvo la certeza que quería pasar el resto de su vida con esa mujer. Nadie podría hacerle sentir lo que esa ojiverde lograba con una simple sonrisa.

Una castaña devoraba todo a su paso seguida con la vista por una sonriente pelinegra. Kaori se plantó de repente frente a la fuente con brochetas de pollo, tomó un par, giró y con una enorme sonrisa y los ojos brillosos se los entregó a quien la perseguía. Con ese simple acto Candy se volvió a enamorar de esa mujer que la volvía loca, pero a la vez le había robado su corazón y su alma. Esos pequeños detalles eran los que le conferían el estatus de perfecta ante sus ojos. Las brochetas de pollo eran su comida favorita, como el helado lo era para Kaori.

Cuando las familias se empezaron a retirar el alcohol se transformó en el protagonista del lugar. Lee y sus amigos fueron los primeros en abrir una botella, y en terminársela. La castaña y la pelinegra no se quedaban atrás tampoco. Unos jóvenes observaban de cerca y cuando alguien se distraía tomaban rápidamente los restos de las botellas y se los llevaban para disfrutar de esa acción temerosa con sus cómplices. (La juventud ¿No?).

Las únicas que no parecían prestarle atención a ese néctar que es la perdición de muchos eran una rubia y una pelirroja que disfrutaban de un helado entre las dos. Una le daba a probar a la otra y con cada cucharada una risita se escapaba. Kaori se acercó a las amantes con un par de vasos llenos de un líquido dorado como la miel.
-Vengan, háganse amigas que la noche recién comienza- Dijo, entregándole a cada una un vaso.
Majo lo miró desconfiada. Mía observó a su amor y no le costó nada tomar una decisión. Lo que menos quería era quedarse ahí para tomar y festejar con sus amigos. En ese momento deseaba a su rubia más que a nada en el mundo. Y sabia la rubia la deseaba a ella. Sus ojos verdes se lo decían con cada destello que desprendían al verla. Sonrío, tomó la mano de una desprevenida Majo y se encaminó hacia donde la fiesta recién empezaba.

Dejó los vasos en una mesa donde no duraron mucho sin dueño ya que el grupo de jóvenes que antes se escondía ahora bailaba (sin remera y pronto quien sabe sin que mas) y tomaba todo lo que encontraban a su paso. Mía buscó entre las parejas que bailaban al son de una música que apenas dejaba escuchar sus pensamientos a sus amigas. No tardó mucho en encontrarlas. Le divirtió ver como un par de chicos bailaban con ellas “No tienen oportunidad” Pensó y sonrío. Llegó al lado de la pelinegra y se acercó a su oído. Le dijo algo que solo ella (apenas) escuchó. Le respondió con una sonrisa, se acercó a la castaña, repitió la acción y también le respondió con una sonrisa.
-Hasta mañana!!- Gritaron al unísono a la pareja que se retiraba y continuaron con el baile mientras vaciaban un nuevo vaso.

-¿Hasta mañana?- Preguntó Majo sin entender mucho pero feliz por irse de ese lugar. El ambiente fiestero no la hacia sentir cómoda y el poco tiempo en que había escuchado la música tan fuerte ya le había provocado zumbidos en los oídos. Ese hecho la hizo sentir vieja y patética pero lo único que deseaba en ese momento era a su pelirroja. No le importaba ser vieja y patética siempre y cuando Mía la abrazara.
-Si, es hora de irnos y mañana hay una barbacoa en la casa de las chicas-.
“¿Casa de LAS CHICAS?” Pensó Majo. No se había dado cuenta de nada aun. Mía lo supo por la ceja levantada en señal de no entender nada que puso la rubia. Se rió por dentro y decidió que seria mejor explicarle mañana antes de ir.


Entraron al auto de Mía y se empezaron a alejar del parque. Majo sintió como si hubiera pasado días allí. Había pasado tanto y había sentido tantas cosas diferentes. Pero ahora estaba al lado de la persona que mas amaba en el mundo y era hora de despedirse. Un sentimiento de angustia se apoderó de su corazón y no pudo evitar que su cara lo exprese así que volteo hacia la ventana. Los vecinos al parecer ya habían seguido adelante con sus vidas y esperaban en el mundo de los sueños el inicio de un nuevo día. Se preguntaba si a estas horas aun pasaría el tren o Mía tendría que llevarla hasta su casa. Capaz ya que iba la pelirroja pudiera quedarse a dormir ya que mañana tendrían que ir a lo de “las chicas”. No le gustaba nada la idea de separarse de esa chica. Sentía que sin ella no podría sobrevivir.

-¿No tenias que tomar esa calle para ir a la estación de tren?- Preguntó Majo siguiendo con la vista la calle indicada que ahora había quedado atrás. (Esa misma calle la llevaba a su casa).
-¿Cómo?- Dijo Mía viendo de reojo a la rubia –No vamos a tu casa ¿Crees que te dejaría ir a tu casa habiendo venido por fin hasta acá?
Majo levantó nuevamente la ceja y provocó una sonrisa en la pelirroja.
-Vamos a mi casa amor. Si no te molesta claro- Dijo la ojiazul acariciando suavemente la mejilla de la rubia quien seguía con la ceja levantada.
Majo no lo podía creer “¿Dijo ir a su casa?” Por fin iría a su casa. POR FIN IRIA A SU CASA!!. Este día no podía ponerse mejor. Había sido simplemente hermoso y perfecto. Lejos había quedado los momentos en que sintió tristeza porque no recordara su cumpleaños, o los celos por el castaño.

Unos 15 minutos después un auto rojo se estacionaba frente a una casa blanca con un pequeño jardín en frente.
-Es hermosa- Se le escapó a Majo al verla.
-Jeje, gracias. Espera a verla por dentro. No es muy grande, pero tiene todo lo necesario- Dijo Mía.
A Majo la invadió una curiosidad enorme. Salieron del auto y se adentraron en el jardín.

En cuanto puso un pie dentro de la propiedad se sintió como en su casa. Como en su casa cuando sus padres aun vivían y ella tenía una vida llena de amor y felicidad. No podía disimular esos sentimientos y una sonrisa se dibujó en su cara. A Mía también la invadió la felicidad al verla tan feliz. Su casa se sentía distinta con ella allí. Se sentía como… Como si fueran una familia. No lo soportó y la abrazó de sorpresa. Majo se dejó abrazar y besó suavemente a la pelirroja. Esa casa, esa mujer, esos sentimientos, todo era demasiado y unas lágrimas se escaparon por los ojos de la ojiverde quien al sentirlas se separó rápidamente de su amada, giró para que no la viera y se limpió las evidencias de los sentimientos su corazón.
-Dime ¿Vives con alguien?- Preguntó mientras intentaba recuperar la compostura ¿De donde salió esa pregunta? Si viviera con alguien le hubiera dicho ¿O no? Por algo hasta entonces no había ido a esa casa, ni le habían hablado de ella…
-¿Ah?- Dijo la pelirroja extrañada por la actitud de la rubia –Si- A Majo se le detuvo el corazón. No sabía porque pero que compartiera esa casa con alguien mas no le gustaba ni un poco.
-Vivo con Roger Parker- Dijo Mía como si nada.
“Encima vive con un hombre!!” Giró y miró a su amada quien ¿Sonreía? Con que descaro le decía que vivía con un hombre y encima sonreía como si nada! Quizás ella estaba exagerando en su reacción y solo eran amigos. Quizás hasta era gay. Si, seguro era gay (¿Por qué seguro era gay? Jajaja bueno si ese pensamiento la tranquilizaba).

-Roger Parker!- Gritó Mía.
Majo volteó rápidamente al escuchar un estruendo. No sabía de donde venía pero parecía que alguien bajaba unas escaleras. Aun se encontraban en la entrada de la casa, apenas habían pasado la puerta así que no sabía como era esa casa.
De la oscuridad apareció un perro negro con una mancha blanca en una oreja y un gato anaranjado.
-El es Roger- Dijo señalando al gato –Y el es Parker- Dijo señalando al perro, éste respondió con un ladrido y pasó a oler a Majo hasta el último rincón oculto de su cuerpo.
-Parker!- Gritó la pelirroja empujando a su perro para que deje de olfatear lo indebido.
-Roger… Parker- repitió Majo incrédula. Mía vivía con un perro y un gato! No pudo evitar reírse. Sintió como el alma le volvía al cuerpo.

-Creo que le gustas- Dijo Mía volviendo a donde se encontraba, al parecer se había llevado al perro a algún sitio donde no molestara.
-En general no le agrada la gente. No es que acá vengan muchas personas, nomás las que conociste hoy, pero nadie de ellos el agrada y lo tengo que encerrar. Ni siquiera yo le agrado- Dijo haciendo puchero con la cara –La única razón por la que me tolera es porque le doy de comer, pero ni me deja acariciarlo. Roger es mi mayor compañía en la casa- Dijo acariciando al gato que se había hecho alzar por su dueña –Bueno, lo era hasta ahora- Dijo sonriendo y dándole un beso rápido a la ojiverde.

Se adentraron en la casa y cuando Mía prendió la luz del lugar quedó maravillada. Se encontraban en un living con una mesa en medio, un sillón frente a un televisor y al costado una ventana que daba a otro jardín donde se podía distinguir a Parker yendo y viniendo buscando la forma de entrar. Roger se paró en el sillón y empezó a intentar en vano abrir la ventana.
-Estos dos son como una sola persona- Dijo Mía –Por eso yo les digo directamente Roger Parker. Roger es más perro y Parker es más gato, es increíble. Podría jurar que hasta escuche a Roger ladrar una vez- Dijo riendo.
-¿Quieres algo de tomar?- Preguntó adentrándose en una habitación continua y saliendo con una botella con agua.
-Gracias- Dijo Majo y bebió el agua como si hace días no tomara nada. Toda esa emoción le dejaba la boca seca.
-Arriba están las habitaciones- Dijo Mía señalando la escalera.
“Así que si había una escalera” Se dijo a si misma Majo viendo la escalera.
-¿Cuál es tu habitación?- Preguntó la rubia sonrojándose al instante.
Mía solo sonrío y un brillo apareció en sus ojos. Ya no aguantaba más sus deseos, le tomó la mano y rápidamente subió a su habitación. Pasaron por dos puertas que serian dos habitaciones y entraron en una tercera un poco alejada de las otras.

La noche fue testigo de la pasión de esas dos amantes quienes confirmaban su amor con cada caricia, cada beso, cada sensación que se provocaban mutuamente. El sueño por fin les gano y una rubia cayó rendida sobre su amante pelirroja quien rápidamente la abrazó y acarició suavemente hasta que a ella también le gano el sueño.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:37 pm
Capitulo 14

El mediodía llegó y las dos amantes aun dormían. Majo lentamente fue volviendo del mundo de los sueños gracias a unas cosquillas que empezaba a sentir en su boca. Levantó su mano y la acercó a su cara en un intento instintivo de quitarse lo que la molestaba. Funcionó, por unos segundos, ya que cuando su mano volvió a la cama las cosquillas también lo hicieron. Abrió de a poco los ojos pero no vio nada raro. Entonces notó un calor inusual en su cabeza. Temerosa volvió a levantar la mano para descubrir el origen de esa sensación.
-¿Pero qué...?!- Era Roger, durmiendo tranquilamente en su cabeza. Las cosquillas eran provocadas por su cola que caía libremente por su cara. Lo movió un poco para que se levantara pero lo único que hizo el gato fue empezar a ronronear. Lo estaba disfrutando. Resignada giró un poco la cabeza para buscar su celular y asi saber la hora.
-12.04- Leyó en voz alta.
-Las 12!- Gritó levantándose de golpe y provocando que el gato caiga por la almohada como si fuera una resbaladilla.
Miró hacia el otro costado y Mía seguía durmiendo como si nada. Se quedó embobada con la imagen. La pelirroja dormía dándole la espalda con las sábanas cubriendo solo la parte inferior de su cuerpo. No pudo evitarlo y con un dedo recorrió el camino que su columna marcaba. Con ese simple roce sintió electricidad recorriendo todo su cuerpo y una sonrisa se le dibujo en la cara. Esa caricia provocó que Mía girase y quedase ahora viendola de frente, aun con los ojos cerrados.

-Amor, son las 12. Llegaremos tarde- Dijo acariciandole suavemente la mejilla. Mía no respondió. Solo se le escapó un pequeño ronquido.
-Amor- Dijo en un tono de voz mas elevado moviendola con la mano, pero nada. Al parecer la ojiazul estaba en un lugar del que no quería volver.
Majo dejó escapar un suspiro ¿Cómo la despertaría? Por un lado no quería hacerlo, se veía extremadamente hermosa durmiendo. Pero por el otro llegarían tarde al almuerzo. Entonces la solución entró por la puerta, literalmente.
-Ven- Dijo la rubia haciendo una seña con la mano.
-Aquí- Dijo acariciando la boca de su amada, acto que provocó que se mordiera los labios para evitar besarla.
Parker entendió a la perfección las ordenes (Al parecer con un dia de conocerse ya se habían convertido en mejores amigos) y prosiguió a cumplirlas. Se acercó a la cara de la pelirroja y con entusiasmo lamió cada centímetro de ella.
-¿Pero que?!!- Gritó Mía levantándose de golpe y mirando para todos lados.
-Buen chico!- Dijo Majo. Ante esto el perro movió la cola y se subió a la cama aplastando a la recien despierta ojiazul quien lo miraba con ganas de cocinarlo a las brazas. La rubia le acarició la panza enérgicamente y luego le dio las indiciaciones necesarias para que saliera de la habitación.

-Un par de horas que se conocen y ya conquistaste a mi perro. Te obedece mas que a mi!- Dijo Mía desde el baño donde se limpiaba la cara.
-No puedo evitarlo, soy encantadora- Dijo Majo riendose.
-Si lo eres- Dijo la pelirroja gateando lentamente por la cama y llegando hasta su amada quien se sonrojo ante tal acto.
Los besos no tardaron en llegar al igual que las caricias. Mía se posicionó sobre la rubia y empezó a acariciarle el cuerpo al tiempo que empezaba a besarle el cuello.
-Amor... Lle... Llegaremos tarde- Dijo la ojiverde como pudo.
-¿Tarde para que?- Dijo Mía volviendo a su boca.
-El... Almuerzo-
Mía se separó de golpe. Por unos segundos pareció irse a otro mundo, o mejor dicho, volver al mundo real. Movió los ojos para todos lados intentando ubicarse en tiempo y espacio y ordenar sus ideas (Estaba en su mundo donde solo había lugar para ella y su amante, en ese momento no tenía ni idea de que almuerzo le hablaba).
-No llegaremos tarde- Dijo por fin sonriendo -Las chicas viven aquí en frente- Dijo dándole un beso rápido.
-¿Aquí en frente?-
-Si. Vivimos todos cerca. El restaurante queda a una cuadra de aquí y Lee vive al lado de el-
-Ohhh... Ya veo. Pero aun asi, ya son las 12 y no se cuanto y aunque vivan tan cerca llegaremos tarde- Dijo devolviendole el beso rápido.
Mia suspiró -Bueno, bueno. Pero tenemos que bañarnos - Dijo levantándose y levantando a la rubia de paso.
Una sonrisa cómplice se apoderó de ambas y prosiguieron a "bañarse". Cabe destacar que para cuando cruzaron la calle ya eran las 2 de la tarde y eso que se apuraron.

Tocaron el timbre, cruzaron sus miradas, y como siempre que esto ocurría, no pudieron evitar comenzar a besarse.
-Aham- Dijo Kaori -¿Quieren pasar o prefieren que vuelva en un rato?- Las chicas se separaron automaticamente sin poder ocultar el sonrojo en sus mejillas.
-Hola- Dijo la castaña sonriendo y dandole un saludo a cada una -Pasen, pasen, que ya todos estan aquí-
-Hola y gracias por la invitación- Dijo Majo.
-Jajajaja no hay de que- Dijo Kaori riendose por la cordialidad de la nueva. "Pero que tierna" Pensó.

Las chicas ingresaron a la casa y enseguida el clima festivo las invadió. Habían algunas personas desconocidas en el living y las demás, al parecer, estaban en el jardín donde, por el olor que Majo percibía, estaban haciendo una parrillada.
-Hola chicas!- Dijo Candy acercándose sonriente y dándole el respectivo beso en la mejilla a cada una -Majo esta es tu casa, no tengas verguenza por nada!-
Se adentraron un poco mas en la casa. Lee las vio y se acercó sonriente (La sonrisa al parecer era contagiosa en ese ambiente). En sus brazos tenía a una pequeña niña de no mas de 2 años. Majo sintió como se le encogió un poco el corazón. Esos dos se veían bien juntos. Peor fue la sensación al ver como su amada iba corriendo a su alcance y tomaba en brazos a la niña de pelo negro, muy parecida a Candy, quien no paraba de reir y que se llenó de felicidad al ver a la pelirroja.
-¿Como has estado mi amor?- Le preguntó la pelirroja a la niña.
-Bien!- Gritó ésta tomando las mejillas de la ojiazul y apretándolas.
-Jajajaja no me hagas eso- Dijo apartando las manitos -Pero que linda que sos! ¿Que hacias con el tio? Seguro que de las suyas! Ustedes dos juntos son un peligro!-
-Jajajajaja- La risa de la niña era demasiado tierna y esa imagen de su amada con la bebe era mas de lo que su corazón podía soportar tan de improviso. Mía se veia realmente feliz con la niña en brazos. "Sería una increible madre" Pensó la rubia. No le gustaban los sentimientos contradictorios que se apoderaban de su cuerpo. Ya los conocía perfectamente y no iba a permitirles ganar.

-¿Estas bien?- Preguntó Mía acercándose a su amada, aun con la niña en brazos.
-Si! Si- Dijo Majo volviendo la vista a su pelirroja. Solo con ver su cara de felicidad volvió a sonreir.
-Majo, esta es Ellie. La hija de Candy y Kaori-
"Ellie la hija de Candy y Kaori" Esas palabras rezonaron en la mente de Majo por unos segundos.
-¿COMO?!- Gritó la rubia sin poder contenerse. Todos se rieron ante su reacción. Como sospechaban, la ojiverde no tenía ni idea de la relación de esas dos.
-Mami, mami- Dijo la pequeña estirando sus brazos en dirección a la pelinegra mayor. Mía se la entregó a Candy y volvió con su rubia.
-Veo que no sabías que ellas dos son pareja ¿No?- Dijo Mía a una aun sorprendida Majo.
-Ehm... Se notaba que se querían pero no imaginaba a una niña producto de ese amor-
-Jajajaja bueno no exactamente producto de ellas pero si. Se casaron hace unos 4 años y Ellie tiene 2-
-Vengas chicas!- Kaori apareció de repente por detrás de ellas -Vamos a comer que ya esta todo listo!- Se podía ver ese brillo característico en sus ojos que aparecía cuando se mencionaba la palabra comida. Majo se preguntaba como podía comer tanto y ser tan delgada.

Salieron al jardín y alli, como sospechaba, habían mas personas. Algunas ya conocidas como los jóvenes que robaban alcohol anoche y el presentador de la orquesta y otras desconocidas.
-Por alli esta la comida, sirvanse lo que quieran! Y como dijo Candy, sientanse como en su casa!- Dijo la castaña para luego ir en busca de su esposa e hija que habían salido delante de ellas. La imagen de las tres era muy tierna. Era la imagen de una verdadera familia.
-Vamos!- Dijo Mía tomando la mano de la rubia (Acto que la trajo de vuelta de su mundo) y guiandola hacia la zona donde estaba la comida.

Las horas pasaron rápido entre conocer gente nueva, charlas y comida. Las risas sobraban y llegó un momento en que ya ni sabían porque se reían. Todos estaban verdaderamente felices.
Majo empezó a sentirse cansada, o mejor dicho, abrumada por tanta gente asi que decidió recostarse en una reposadera que estaba un poco alejada de la gente. Desde alli podía verlos a todos, sobretodo a su pelirroja quien conversaba alegremente con sus amigos mas íntimos. Esa imagen la llenaba de felicidad.
-Muchas emociones para un dia ¿No?- Era Candy quien tomaba de la mano a la niña. Majo suponía que la pequeña se había asustado con su reacción cuando se conocieron asi que no tenía esperanzas en que se le acercara. Aunque a decir verdad ella quería a los niños, siempre había tenido facilidad para relacionarse con ellos, quizas por su personalidad infantil. Al igual que tenía facilidad para tratar con las mascotas.
Pero contrario a lo que ella creía la niña soltó el agarre de su madre y caminó hacia donde estaba recostada.
-Algo así- Respondio la rubia sin despegar la vista de la pequeña pelinegra quien ya había llegado a su destino y la miraba fijamente.
-Hola Ellie, mi nombre es Majo, un gusto conocerte-
-El gusto es mio- Dijo la pequeña con un tono adulto -Ese lugar parece cómodo- Dijo dándole un vistaso rápido a la reposera.
-Lo es ¿Quieres comprobarlo? Te puedo hacer un lugar si quieres-
La niña no respondió e inmediatamente empezó a intentar subirse a dicho lugar. Con un poco de ayuda de la rubia lo logró y rápidamente se acomodó a su lado. Majo la vio con una sonrisa en la cara. Esa niña provocaba mucha ternura y ganas de protegerla de todo. Aunque por su actitud parecía mas grande que la edad que en verdad tenía cuando se acercó a ella pudo percibir lo indefensa que estaba (Majo o Ellie cualquiera de las dos son muy parecidas).
La niña se acercó aun mas a ella. La rubia la abrazó y acomodo un poco. Con esa niña todos sus miedos se esfumaron al instante y un instinto que hasta entonces no conocía despertó en ella. Una sonrisa se apoderó de su cara y el sueño fue ganándole a las dos.

Majo empezó a escuchar unas voces que lentamente se iban acercando (En realidad ella se iba despertando). Abrió los ojos y alli estaban Kaori, Candy y Mía, con una mirada de ¿Ternura? ¿Por qué la miraban asi? Entonces sintió un peso en su pecho. Era Ellie que estaba durmiendo sobre su cuerpo abrazándola fuertemente. Si que parecía un angelito. La rubia acarició suavemente los cabellos negros y la niña se fue despertando. Cuando finalmente lo hizo la miró a los ojos y dijo -Gracias por la siesta- Se levantó y buscó a sus madres.
-Mamu, mamu! - Kaori la alzó y la agarró como si fuera una bebe.
-Quiero helado!- Dijo la pequeña. De nuevo ese brillo característico de los ojos de la castaña apareció. Pero además había un brillo que Majo había empezado a ver ese dia desde que la vio con su hija por primera vez, amor verdadero. Puro y simple amor.
-Yo tambien!- Dijo la castaña y se encaminó en busca del postre con su hija en brazos.
Mía se sentó en la reposera. Majo se levantó un poco y apoyó su cabeza en las piernas de su amada.
-¿Como la tuvieron?- Preguntó. Cuando estaba con su pelirroja todos los miedos desaparecían y no medía con cautela sus palabras -Lo ... Lo siento! No quise ser descortés- Se disculpó.
-No te preocupes linda. Entendí tus intenciones- Dijo Candy que se había sentado en la reposera de al lado.
-El padre es un donante anónimo. Hace 3 años decidimos que queríamos agrandar nuestra familia y obviamente no teníamos muchas opciones... o adopción o inseminación artificial con un donante. Los trámites de adopción son tediosos y practicamente imposibles para una pareja heterosexual. Imagínate para una pareja como la nuestra! Asi que... ¿Tu quien crees que es la madre?- Preguntó con una sonrisa pícara en la cara.
-Pues es muy parecida a ti- Contestó Majo mirándola fijamente. Estaba muy interesada en el tema.
-Si lo es ¿No? Yo creo que la naturaleza es sabia y generosa. En un principio habíamos decidido que yo la tendría. Hicimos todo el tratamiento, el cual no es nada barato, pero no tuvo éxito. Después de tres intentos estabamos devastadas. Al parecer no podríamos cumplir nuestro sueño de una familia. Kaori me vio desecha y no lo soportó mas. Al dia siguiente, sin decirme nada, se fue al instituto e inicio el tratamiento. Con el primer intento quedó embarazada. Cuando me lo confezó no lo podía creer! Ibamos a tener un hijo, nuestro hijo, por fin!!- Candy no pudo contener mas las lágrimas. Eran lágrimas de felicidad pura -Aun no puedo creer lo que hizo. Me dio lo mas preciado que tengo en esta vida-
Majo tenía demasiados sentimientos en su interior. Esas chicas habían deseado tanto tener una familia y lo habían logrado. Ahora eran felices junto a esa pequeña que simbolizaba todo lo bueno de su relación y que era el fruto de su amor.
-Lo siento. Soy muy sensible, sobretodo con este tema - Como si la castaña tuviera un sensor del estado de ánimo de su amada apareció de la nada y la abrazó por la espalda.
-Te amo linda- Le susurró al oido.
-Yo también te amo. Ustedes dos son lo mas preciado que tengo en esta vida- Dijo. Giró y le dio un tierno beso al amor de su vida.
Ellie pasó saltando por su lado comiendo alegremente su helado, ambas la miraron y con una sonrisa la tomaron y sentaron en medio de ellas. La pequeña las vio sorprendida pero sonriendo al ver la felicidad de sus madres. Éstas besaron cada una de sus mejillas y la dejaro seguir con sus saltitos.
-Es muy linda- Dijo Majo levantándose -Ustedes tres se ven muy bien juntas. Como una verdadera familia-
-Gracias- Dijeron al unísono.

-Bueno, creo que es hora de ir yendo- Dijo Mía cuando por fin habló. Se había pasado todo el rato viendo las reacciones de la rubia. Cuando sus amigas la sacaron a la fuerza de la conversación que estaba teniendo con un par de amigos de la orquesta no sabía que esperar de esas dos pero que linda fue la sorpresa. La llevaron hasta donde habían un par de reposeras. En una de ellas estaba su amada rubia durmiendo plácidamente con la pequeña pelinegra acurrucada en su pecho. Se veían tan tiernas. El corazón le dio un vuelco con esa imagen. Era una imagen que le gustaría ver todos los dias. Entonces la amó mas que nunca.
Majo no se quería ir. Eso significaba que se tendría que despedir de su amada y no creía que pudiera hacerlo. Quería estar con ella mas tiempo. Quería estar con ella por siempre. No creía soportar estar sin ella mucho tiempo.

Se levantaron y despidieron de todos los presentes. Buenos de los que conocían. Se despidieron de las dueñas de casa y cruzaron la calle para volver al hogar de Mía. Una vez en la puerta la pelirroja abrazó de sorpresa a la rubia quien solo se limitó a responder el abrazo acercando sus cuerpos. Mía apoyó su mentón en el hombro de la ojiverde.
-Quédate conmigo esta noche- Le susurró la pelirroja al oido.Majo solo respondió con una sonrisa.

Entraron a la casa e inmediatamente empezaron a besarse. Se besaban como si de ello dependiera su vida. Buscaron a tientas las escaleras y las comenzaron a subir. Cuando estaban subiendo el último escalon tropiezan y Majo cae sobre una sonrojada Mía. Sus miradas se encuentran y las sonrisas en sus rostros no tardan en aparecer. La pelirroja apoya una mano en el piso para levantarse pero algo se lo impide. La mirada de la rubia reflejaba deseo y lujuria. Le tomó ambas manos y se las puso sobre su cabeza evitando asi que pudiera hacer algún movimiento. Lentamente las soltó y sin despegar los ojos de su amada comenzó a besarla. En un principio eran besos suaves y lentos, como si sus bocas se conocieran por primera vez, pero con cada segundo que pasaba el ritmo iba aumentando. Su lengua recorría insasiable cada rincón de la boca de su amante, permitiendole el paso a la lengua traviesa que recidía en aquella boca y que con cada beso despertaba mas y mas. Un par de gemidos indicaron que era el momento de seguir. Majo empezó a descender por su cuello lentamente, disfrutando de cada centímetro de su piel. Se detuvo por un momento para besar con pasión ese punto exacto que sabía a la pelirroja la volvía loca, la base de su cuello, mientras que los dedos de su otra mano se enredaban en sus cabellos al sostener su cabeza para acercar aun mas esa zona. Mía no pudo contenerse mas y desde su alma se liberó un gemido que rezonó en todo el cuerpo de Majo provocando que el fuego en su interior cobrara aun mas fuerza. Rápidamente descendió un poco mas hasta ese punto que no solo a la pelirroja volvía loca, sino a ella también, sus senos. Apartó delicadamente la prenda que los cubría y un brillo apareció en sus ojos. Eran perfectos. Comenzó acariciando suavemente uno con cada mano pero no soportó demasiado y sin esperar mas empezó a lamerlo, sin dejar de antender al otro, para luego hacer lo propio con el rezagado. Mía dejó escapar mas gemidos provocando en Majo un deseo irrefrenable. Volvió a su boca para sentir una vez mas ese sabor que tanto provocaba en ella. Las manos de Mía reaccionaron rápidamente y empezaron a desabrocharle el pantalón. Pero la rubia no iba a permitir que ella tome el liderazgo. No. Este era su momento. Nuevamente tomó sus manos y las apartó suavemente. Despegó sus labios de los de su amada y descendió directamente a donde se ubicaba esa zona que la llamaba con gritos silenciosos. Desabrochó uno por uno los botones que evitaba que la gravedad hiciera su trabajo con esa falda y lentamente la fue alejando de su cuerpo. Lo mismo hizo con la ropa interior que esa prenda ocultaba. Cuando la ubicación de esas ropas era incierto fijó su vista en su objetivo. Posó ambas manos en sus gluteos desnudos para luego trasladarse hacia la parte interna de sus muslos acariciando suavemente la piel en su recorrido. Cuando llegó a su destino sin esfuerzo alguno su boca logró hacerse paso hacia ese manjar. En cuanto su lengua hizo contacto con su piel la espalda de Mía se arqueo. Pronto su cadera se empezó a mover al ritmo de la pasión. Majo no dejaba de acariciar sus muslos y de vez en cuando sus manos se aventuraban hacia la zona donde se ubicaba su boca, sin interrumpir con el trabajo que alli realizaba. Pero Mía no queria sentir todo eso sola. Con toda la voluntad que pudo juntar bajó sus manos y levantó la cara de la rubia. Ésta se dejo guiar hasta terminar sentada sobre las caderas que hasta hace unos segundos eran suyas. La pelirroja sonrió y de un movimiento (Con ayuda de la rubia) le quitó la camisa y el sostén dejando su maravilloso cuerpo al descubierto. Mía posó sus manos en los senos de su amante y los acarició suavemente. Majo cerró los ojos y se dejo llevar. La pelirroja luego bajó hasta su pantalón, que ya se encontraba desabrochado. Tomó sus caderas y con sus dedos pulgares empezó a masajear sobre la tela aquella zona. Podía sentir el calor que desprendía y como ese calor iba en aumento. Empezó a quitar esas prendas repitiendo el movimiento ahora sin ningún impedimento. Majo abrió de repente los ojos y pudo ver el brillo de deseo en los ojos de su amada. Con su ayuda las prendas quedaron en el olvido. Se volvieron a besar. Mía empezó a acariciar mas apasionadamente la intimidad de su amada quien no podía aguantar los gemidos que gritaba su alma. Sin dejar de besarla Majo empezó a bajar su mano desde el cuello de la pelirroja hasta su intimidad, pasando por el costado de sus senos, sin poder evitar acariciarlos en el camino. Introdujo un dedo suavemente y empezó a acariciarla por dentro. Mía sentía que no podría aguantar mucho mas. Sentía que en cualquier momento dejaría de respirar. Cuando sus caderas empezaron a moverse al mismo ritmo introdujo un segundo dedo provocando que su amada arquee la espalda y grite su nombre entre gemidos. La ojiazul hizo lo propio sin dejar que su amada quede atras en el camino del placer. Entre jadeos y gemidos se escuchaban nombres y -Te... A...Mo- de una y otra parte. No se podría distinguir de cual ya que para este momento eran una sola persona. Juntas llegaron al climax y Majo una vez mas cayó sobre Mía. Sus respiraciones estaban totalmente coordinadas, lo mismo que sus corazones, los cuales parecían querer escaparse de sus cuerpos.

Cuando recuperaron un poco las fuerzas se levantaron lentamente, practicamente sin despegar sus cuerpos desnudos. Querían sentir la piel de la otra, necesitaban sentirlo. La luz de la luna que entraba por la ventana al final del pasillo las guiaba. Entre besos llegaron a la última habitación y se perdieron en su interior. La misma luna que las iluminaba fue la única testigo de su amor. Esa noche Majo se quedó con Mía, lo mismo hizo todas las noches que siguieron por 1 año.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:38 pm
Capitulo 15

Una rubia descansaba placidamente cuando unos rayos de sol traviesos se metieron por la ventana y fueron a dar a su cara. Lentamente abrió los ojos y sonrío. Dio media vuelta y estiró el brazo en busca de ese cálido cuerpo que la hacía sentir tan segura. Nada. No había nadie a su lado. Recorrió con la vista todo el cuarto sin éxito. Se levantó y revisó el baño. Nada. Abrió la puerta del cuarto y empezó a buscar en cada habitación de ese piso sin encontrarla. Entonces escuchó voces provenientes del piso principal. Rápidamente bajo las escaleras pero quien encontró no era a quien esperaba. La preocupación fue apoderándose de su cuerpo.

-Entonces, nos vemos esta noche- Dijo un rubio muy parecido a la chica desesperada. Colgó la llamada que estaba haciendo, giró y se dirigió a la chica.
-Vaya, hasta que por fin despiertas José- Dijo sonriendo. Pero su contraparte hizo caso omiso a esas palabras.
-¿Qué haces aquí? ¿Dónde esta Mía?- Preguntó con marcada angustia en su tono.
-¿Mía? ¿Qué Mía? Vamos, vístete que es un día largo- Le respondió Juan.
-No me jodas! Mía, mi novia, Mía ¿Dónde está?!- Cada vez se desesperaba más.
-No se de que estás hablando. Dale que hoy es tu aniversario y como buen hermano que soy te acompañaré a comprarle un regalo a tu esposo-
“Esposo” -¿De qué esposo estas hablando? ¿Qué tanto andas diciendo?! Te dije que te dejes de joder! No es momento para una de tus bromas ¿Dónde esta Mía?-
-Y dale con esa Mía. No tengo ni idea de que estas hablando. Espera un momento… ¿Dijiste novia?! ¿Acaso te cambiaste de bando y no me enteré? ¿Sabe Esteban de esto? Seguro que sabe y hasta disfrutan los 3 juntos- Dijo riéndose.
-Ya basta!- Dijo gritando. Cada vez le costaba mas contener las lágrimas. No entendía que estaba pasando. Hoy era su aniversario si… Pero con Mía! -¿Qué carajo estas diciendo? ¿Esteban mi esposo? Si nunca acepte su proposición!-
-Claro que lo hiciste. Si no ¿Cómo es que llevan 4 años de casados?-
-No! Hace 4 años le dije que NO! ¿Cómo iba a aceptar? Si claramente le dije que no podía… No podía!-
- ¿No podías que? Si ya están casados! ¿Qué hay de Andrés? ¿Ahora también vas a negar a tu hijo?-
- ¿Andrés? ¿De que hablas?- Sentía que le faltaba el aire. Necesitaba a Mía, la necesitaba con todo su ser –No, yo no tengo un hijo… No puedo… ¿Qué está pasando?... –
- ¿Majo? ¿Estás bien? Estás muy rara. Mejor llamaré a Esteban-
- No… Esteban no… -El aire le faltaba aunque respirara lo más rápido que pudiera. La habitación comenzó a dar vueltas –MÍAAAAAAAAA!!!!- Gritó antes de desvanecerse.


Una rubia de ojos verdes se despertó sobresaltada con un sudor frío cubriendo su cuerpo. Estaba todo oscuro y no podía distinguir nada. Giró y recorrió el espacio a su alrededor con su mano buscando desesperadamente ese otro cuerpo. Nada. Rápidamente prendió la luz y recorrió con la vista el cuarto sin encontrar rastro alguno de otra persona. La respiración se le empezó a acelerar. Se levantó y buscó en el baño a esa persona que tanto necesitaba, sin encontrarla. Entonces se paró frente a la puerta del cuarto. Lentamente fue acercando su mano a la perilla pero tenía demasiado miedo como para abrirla. Temía encontrar a su hermano del otro lado, o peor, no encontrar a nadie. Cuando estaba por llegar a su objetivo se escucharon unos pasos del otro lado de la puerta. Majo retrocedió un poco, la puerta se abrió y dejó al descubierto a una somnolienta pelirroja con un vaso de agua en la mano.

-¿Amor?- Preguntó con un bostezo.
Majo no dudó ni un segundo y se lanzó a los brazos de su amada quien la recibió sorprendida, intentando no derramar el contenido del vaso.
-¿Estás bien?- Dijo preocupada acercando el cuerpo de su amada al suyo para hacerla sentir a salvo. No sabía que le pasaba a la ojiverde pero su cuerpo reaccionó instantáneamente para protegerla.
-No me vuelvas a dejar- Dijo una angustiada Majo.
“Deja vu” Pensó Mía –No te he dejado amor. Solo fui por un vaso con agua. Jamás te voy a dejar. No puedo vivir sin ti y eso lo sabes muy bien. Solo tuviste una pesadilla- Últimamente su novia había tenido pesadillas bastante seguido pero nunca como para ponerse así. Podía sentir el sudor frío en la espalda de la rubia y su respiración acelerada ¿Qué tanto pasaba por su cabeza como para tener tan malos sueños?
-Lo se. Es solo que… Por un momento pensé que todo podía haber sido un sueño. Un hermoso sueño pero solo eso y esos pensamientos fueron demasiado para mi alma. Sin vos me muero amor- Dijo la rubia apoyando su cabeza en el hombro de su amada. Su aroma invadió todo su ser y rápidamente la paz fue apoderándose de su cuerpo. Sabía que eso no era un sueño. Todos esos sentimientos eran reales.
- No digas eso amor. Todo es un sueño amor, como dijiste. Un hermoso sueño, nuestro y recién comienza. Es un sueño del que nunca vamos a despertar. Y si algún día lo hacemos, será juntas y continuaremos juntas en esa nueva realidad- Dijo la pelirroja acariciando la espalda de su amada quien ya se empezaba a calmar –Vamos a dormir-

Mía tomó la mano de Majo y la guió a la cama. Dejó el vaso en su mesita de luz y se recostó al lado de su amada, con sus cuerpos lo más cerca que la física permitía.
La ojiverde que descansaba en el pecho de la pelirroja pronto sintió como el cansancio volvía y no podría aguantar mucho tiempo despierta. Unas suaves manos acariciaban su espalda, cuello y pelo. Todas sus preocupaciones desaparecieron (Mejor dicho solo se ocultaron momentáneamente). Antes de entregarse al mundo de los sueños dijo –Te amo-
-Yo también te amo- Dijo Mía besando tiernamente la cabeza de su amada.
El sueño las encontró poco tiempo después y así pasaron otra noche juntas, como lo venían haciendo hacia meses, desde que Majo se mudo con ella. Pero esa seguidilla de noches juntas podría acabar pronto.

Majo volvió a despertar por culpa de los rayos de sol que se escurrían por las cortinas de la ventana. Pero esta vez sintió ese otro cuerpo al instante ya que reposaba debajo suyo. Levantó un poco la cabeza y se quedó contemplando como dormía el amor de su vida. Se veía tan tranquila. Era verdaderamente hermosa. No había nada ni nadie en ese mundo con quien pudiera compararse. Sabía que esa mujer era con quien quería compartir el resto de su vida. Estaba totalmente segura de eso, sin embargo unos fantasmas del pasado la perseguían. Se imaginaba una vida con ella, viviendo en esa casa, con Roger y Parker, juntas y quizás… hasta más personas se sumarían a esa vida. Un sentimiento de angustia provocó que su corazón se encogiera un poco. Pero ese sentimiento duró poco ya que unos ojos azules se empezaban a descubrir robándole nuevamente el aliento.

-Buenos días amor- Dijo Majo besando tiernamente los labios de su amada.
-Muy buenos días- Dijo devolviendo el beso.
-Feliz cumpleaños!- Dijo la rubia sonriendo besándola nuevamente. Esta vez el beso fue más largo y apasionado.
-Muchas gracias. Este será el mejor cumpleaños que haya tenido ya que estarás conmigo. Cada día es único y especial cuando estas junto a mí. Eres toda mi vida amor!!- respondió la pelirroja devolviendo nuevamente el beso con la misma intensidad o quizás mas.

Por lo que siguió a ese beso puedo decir que la intensidad del mismo fue mayor. Recorrieron sus cuerpos apasionadamente, redescubriéndose con cada roce, con cada beso. A pesar que se conocían desde hacía un año cada vez que se veían sus mejillas cobraban un color rojizo, cada vez que se besaban se sentía como si fuera su primer beso y cada vez que sus cuerpos se encontraban sentían que sin la otra no podrían vivir.


-Ya tengo que irme- Dijo una pelirroja mientras se calzaba.
-¿Tienes que ir tan temprano? Es tu cumpleaños! Gustavo te explota…- Dijo Majo haciendo pucherito sobre el hombro de su amada ya que la estaba abrazando por la espalda, dificultándole la tarea que hacía la ojiazul.
-Justamente porque es mi cumpleaños tengo que ir. Sabes bien que al mediodía irán todos al restaurante a festejar y alguien tiene que alimentarlos – Dijo la pelirroja sonriendo.
-Que se alimenten solos… - Ese comentario provocó una sonrisa en la ojiazul.
Cuando terminó de ponerse el calzado giró, se sentó sobre las piernas de su rubia rodeando su cuerpo con las suyas y quedando una en frente de la otra. Puso sus brazos alrededor de su cuello y depositó un tierno beso en sus labios. Majo respondió tomando más fuerte su cintura y aumentando la pasión del beso. Empezó a recorrer lentamente la espalda de la ojiazul con una mano y la otra la enredo en esas finas cintas rojas que tanto le encantaban. La pasión se fue apoderando de ellas.

A diferencia de lo que pensarían fue Majo quien cortó con el beso.
-Ya tienes que irte. No quiero ser yo quien arruine tu cumple- Dijo dándole un rápido beso.
-Justo ahora vienes a ser responsable- Dijo sin poder evitar una risa que salió de su interior.
-Veo que tienes ganas de reír- Dijo la ojiverde sonriendo maliciosamente.
La expresión de Mía cambio rápidamente a una de miedo –No, ahora no. Te dije que me tengo que ir! – Dijo, pero Majo era más rápida. Unos dedos traviesos empezaron a rozar rápidamente los costados del cuerpo de la pelirroja y su cuello. Ésta no pudo aguantar más y estalló a carcajadas. Era muy sensible!
-Ya Jajajajaja Ya basta! –
-Di las palabras mágicas- Dijo Majo sin poder parar de provocar esas sensaciones únicas en la ojiazul.
-Por… P… Jajajajaja… Por favor!- Dijo por fin con su último aliento.
-Así me gusta- Dijo Majo sonriendo complacida.
-Eres terrible. Me despeinaste toda. Ahora me tendré que arreglar de nuevo-
-Para mi estas perfecta así- Dijo abrazándola tiernamente.
-Te amo con toda mi alma- Dijo la ojiazul acariciando unos mechones rubios que solo ella podía acomodar.
-Yo también, eso y mas- Dijo la rubia. O eso creo ya que tenía su boca hundida en el cuello de Mía.


-A eso de la 1 empezará la comida, ve al restaurante un poco antes de eso. Seguramente estaré ocupada con la comida, así que nomás siéntate donde quieras. Estará cerrado para los clientes por lo que no tienes que preocuparte por nada- Dijo Mía mientras agarraba sus pertenencias para salir.
-Bueno- Dijo una resignada rubia. Aun quería seguir besando y acariciando a su novia pero tenia que dejarla ir.
Se dieron un beso rápido, la pelirroja giró, dio un paso para alejarse de la casa pero fue detenida por la muñeca. Majo la tiró hacia ella, la tomó por la cintura como tanto le gustaba hacer y rápidamente busco los labios de su amada. Se unieron en un largo beso lleno de amor. Se separaron. Sin decir nada, solo con una sonrisa y un sonrojo en sus mejillas se alejaron. Una se fue hacia el restaurante y la otra volvió a entrar a su casa.


A eso de las 12:30 emprendió el viaje hacia el restaurante. En 10 minutos estaba allí. Entró al lugar y ya había bastantes personas. Muchas de las cuales aun no conocía muy bien pero que la saludaron cordialmente. Se sentó en una mesa que estaba contra la pared, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y empezó a dar vueltas una pequeña caja que estaba en su interior. Hacía eso mientras tenía la mente perdida en algún otro lado.
Recordó una llamada que había recibido de su hermano pocos minutos después que Mía se había marchado.

-Hola José! ¿Todo listo para hoy?- Dijo un rubio riéndose. No podía contener la risa cada vez que molestaba a su hermana, por más que siempre haga el mismo chiste.
- Si…- Respondió Majo sin prestarle atención a lo de José. Con el tiempo se había dado cuenta que haciendo eso su hermano dejaba de molestarla mas rápido.
-Esta vez si lo harás ¿No?- Dijo Juan.
-Que si…- Dijo la rubia un tanto molesta.
-Eso dijiste la semana pasada… Y la anterior. Pero bueno, yo no soy quien para presionarte. Por cierto, de nada-
-¿De nada porque? No recuerdo haberte dicho gracias por algo- Preguntó Majo levantando una ceja.
-Se que no me dijiste gracias… Eres una desagradecida! Hoy se cumple 1 año desde la cita a ciegas que te organicé- Dijo Juan sonriendo.
-¿En serio?- Ya no se acordaba de la pesadilla que había tenido. Al parecer su subconsciente si recordaba esa fecha.
-Pues si. Un año ya. Si no fuera por mi no estarías donde estas ahora hermanita- Dijo inflando el pecho orgulloso de si mismo (Como si hubiera sido él quien las hubiera enamorado. Pero bueno, hay que darle crédito).
-Gracias- Dijo Majo sincera.
-¿Lo dices en serio? Jajajaja. No esperaba que me lo dijeras, pero bueno, de nada. Entonces luego me llamas para decirme como te fue. Suerte!- Dijo. Acto seguido colgó la llamada.

Majo se sentó en el sillón mientras los pensamientos se apoderaron de su mente. Un año desde esa cita a ciegas. Tanto había cambiado. Se sentía como otra persona.
“Un momento… Eso quiere decir que ese día también había sido su cumpleaños! Este sería el segundo cumpleaños que pasaríamos juntas. Osea que el anterior decidió pasarlo en una cita a ciegas… conmigo” Un par de lágrimas se escurrieron por sus ojos. La amaba tanto. Cada día descubría algo de ella que reforzaba esos sentimientos. Y sabía que era mutuo.

De repente una voz gruesa la devolvió a la realidad.
-M… ¿Majo?-
Esa voz provocó que su cuerpo se tensara ¿Qué hacía el aquí? ¿Qué hacía el aquí justamente en este momento? Lentamente giró y su corazón dio un vuelco, pero no de amor, sino de sorpresa.
-Esteban- Fue todo lo que pudo articular.
RinaChan
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Mensaje por RinaChan el Vie Oct 31, 2014 9:39 pm
Capitulo 16.. FINAL

-M… ¿Majo?-
Esa voz provocó que todo su cuerpo se tensara ¿Qué hacia él aquí? ¿Qué hacia él aquí justamente en este momento? Lentamente giró y su corazón dio un vuelco, pero no de amor, sino de sorpresa al comprobar de quien se trataba.
-Esteban...- Fue todo lo que pudo articular.

Se quedaron viendo por unos segundos que parecieron eternos.
-¿Qué haces aquí?- Majo no daba crédito a sus ojos. Se levantó para quedar a la altura del pelinegro, de otra forma se sentía muy pequeña.
-Pues, aquí trabajo. Soy el contador del dueño ¿Tú que haces aquí? Creí que estaba cerrado para clientes ¿Acaso eres amiga de Gustavo o Mía?-
"Soy el contador del dueño" Resonó en su mente. Su ex trabajaba con el ex de su novia ¿Qué tanta casualidad era eso? Además ¿Por qué tenía que aparecer justamente ese día?! Era algo que no podía entender. Parecía que el universo se complotaba en su contra. Justo ese día entre tantos otros tenía que aparecer su pasado.

Iba a responderle cuando escuchó que alguien detrás de ella la llamaba.
-Majo! Hasta que por fin volteas ¿Interrumpimos algo?- Dijo Kaori que acababa de entrar junto con Candy y Ellie. La pequeña al verla estiró los brazos intentando alcanzarla. Majo se acercó y tomó a la niña con ternura. Le caía muy bien esa pequeña y viceversa. La niña le tomó cariño porque ella la trataba como un adulto y esa mini Candy era muy madura para su edad así que rápidamente se hicieron amigas. Había crecido mucho desde la última vez que la vio. Ya tenía 3 años y era increíble como cambiaba con cada dia que pasaba.
Candy se acercó a Majo y le susurró al oído –En serio ¿Interrumpimos algo?-
Majo giró para ver al hombre de nuevo y luego volvió la vista a sus amigas. Por un momento se había olvidado de que acababa de pasar –No, no te preocupes. Él solo es…- No pudo continuar porque la niña gritó.
-TÍAAAAA!!- Ese grito en el oído de la rubia la aturdió un poco. La niña prácticamente se tiró de sus brazos y fue corriendo hacia una pelirroja que acababa de salir de la cocina. Detrás de ella apareció Gustavo.
Mía abrazó a la pequeña y empezaron su clásico round de cariño. Majo aun no se podía acostumbrar a esa imagen. Algo en su interior se rompía cada vez que veía lo bien que se llevaba su novia con los niños. Lo bien que se veían juntos. Era como debía ser. Mía había nacido para ser madre, para tener una familia.
Esteban vio la reacción de su ex novia ante la escena y pronto comprendió todo. Incluso antes que la propia rubia.

-Esteban! Amigo mío, que bueno que pudiste venir- Dijo Gustavo dándole una palmada en la espalda al otro hombre.
-No me perdería por nada del mundo una comida de Mía- Dijo forzando una sonrisa.
-Majo ¿Podemos hablar?- Dijo el pelinegro tomando inconcientemente el brazo de la rubia. Quería Comprobar que sus suposiciones eran ciertas ¿Ésta Majo y la Majo de Mía eran las mismas?
No recibió respuesta por parte de la chica sino de un castaño, entrometido como siempre –Perdón ¿Interrumpimos algo? ¿Ustedes dos se conocen?- Dijo el castaño viendo como su amigo tomaba el brazo de Majo.
Mía dejo a la niña en el suelo quien rápidamente fue en busca de la pelinegra. Esas palabras la habían devuelto al mundo real “¿Qué acaba de preguntar Gustavo? ¿Por qué Majo tiene esa expresión?”

-Yo… -Dijo Majo. Sintió una presión en el pecho que la hizo retroceder unos pasos. Metió su mano en el bolsillo y apretó con fuerza la cajita que yacía en su interior. Levantó la vista y vio a su novia con una expresión de preocupación en su rostro. Luego se encontró con su ex. Justamente la persona a quien había negado la proposición de casamiento 4 años atrás por las mismas razones que ahora atormentaban su alma. Ella quería pasar el resto de su vida con Mía, eso lo sabía pero… Pero no podía hacerle eso a su amada. Ella… Ella no podía darle una familia. No había podido hace 4 años y no podía ahora. Giró y se encontró con la peor imagen que podía ver en ese momento. Kaori y Candy abrazando a Ellie. Eran una verdadera familia. Una familia como la que le gustaría tener con Mía. Pero no podía… Si algo pasara… No podría hacerles eso.

Retrocedió un poco mas y vio como las caras de preocupación de todos se intensificaban –Yo… No puedo!- Dijo antes de salir corriendo a toda velocidad. Todos salieron corriendo detrás de ella pero Majo era demasiado rápida y a los pocos minutos se perdió de vista. Mía había corrido hasta la esquina donde la rubia había desaparecido. Al no encontrarla sus piernas cedieron y cayó de rodillas sobre el suelo. Las lágrimas rápidamente se apoderaron de sus ojos y el desconsuelo de su ser ¿Qué le había pasado a su amada? No entendía nada ¿Tendría que ver con las pesadillas que la perseguían? "¿Qué está pasando?" Le costaba respirar y sentía que en cualquier momento se desmayaría.
-Majo… Amor… Vuelve...- Susurró entre sollozos llevándose las manos a la cara.

Dos mujeres se acercaron a ella, la tomaron de los brazos y la llevaron nuevamente al restaurante.
-Siéntate aquí- Dijo la pelinegra –No te preocupes, ya va a volver. Gustavo salió con los demás a buscarla. Ella te ama... Va a volver- Dijo en un intento de consolar a su amiga, pero nada que dijera podía sacar a la pelirroja de ese estado. Lo único que la salvaría sería que la ojiverde volviera.
-Iré por un vaso de agua- Dijo Candy. Se levantó y su lugar fue ocupado por un hombre. Kaori estaba sentada en otra mesa cuidando de su hija quien estaba preocupada por su tía.

Mía sintió la presencia de Esteban y volteó para verlo. Aunque no lo conociera mucho y le cayera mal sin razón alguna no podía evitar ser amable con la gente.
-¿Podemos hablar? Creo que te va a interesar lo que tengo para decir. Solo tú puedes salvar a Majo. Yo no pude porque no era mi deber. Tu eres la persona destinada a estar con ella para siempre- Dijo el pelinegro mirando fijo a esos ojos cuyo azul se había intensificado con la tristeza que habían expresado.
Mía no pudo decir ni una palabra, solo asentir con la cabeza.
-Majo es mi ex novia- El corazón de Mía dio un vuelco –Fuimos novios por muchos años. Nos conocemos desde siempre y fue solo natural que nos pusiéramos en pareja. Todo era perfecto aunque, a decir verdad, nunca nos amamos de verdad. No como lo hacen ustedes. Con solo verlas lo supe. Lo suyo si es verdadero- Las lágrimas volvieron a los ojos azules. Esteban se apresuró a continuar. No soportaba ver a una mujer llorar.
-Supongo que sabes muy bien su historia familiar. Cuando era muy chica perdió a los padres que tanto amaba y la amaban. A pesar que sus tíos se hicieron cargo de ella y de su hermano ella nunca volvió a sentir el amor que le brindaba una familia. Se aisló del mundo. Su única conexión con los demás era Juan quien siempre buscaba la forma de sacarle una sonrisa. A mí nunca me dejo acercarme a lo más profundo de su corazón, mucho menos a su alma. Con los años mis ganas de tener una familia fueron aumentando pero Majo aun tenía sus dudas. Ella me dijo que no quería tener hijos. No quería provocarles esos sentimientos que ella aun sentía de desamparo y soledad. Si algo le pasara a ella su alma no descansaría sabiendo que sus hijos sufrían por su falta. Tampoco podría hacerme eso a mí. Sentía que no podía comprometerse tanto cuando la vida era tan frágil. A pesar de todo, un día, hace 4 años, le propuse casamiento. Pensé que así podría demostrarle que la vida podía ser maravillosa y que por más que algo sucediera ella habría sido importante en nuestras vidas. Pero ella no soportó la idea. Nuestro amor no fue lo suficientemente fuerte como para derribar esas barreras que había levantado con los años. Y ahí se terminó nuestra historia. Sus miedos no hicieron mas que aumentar de magnitud. Supongo que cuando te conoció todo su mundo se dio vuelta y una feroz batalla se desató en su interior... Así que, ya ves. Solo tú puedes salvarla. Se que te ama de verdad. Se que tu puedes derribar esas barreras si es que eso es lo que en verdad quieres-

Las palabras resonaban en la mente de Mía. Todo… Todo había sucedido por miedo. Por el miedo que tenía a hacerla sufrir. A ella y a… a sus hijos. Sintió como las lágrimas amenazaban con hacer su presentación una vez más pero las detuvo a tiempo. Se levantó y decidida se dirigió a la salida.
Volteó hacia el pelinegro que aun permanecía sentado –Gracias. Eres un buen hombre- Le dijo.

Salió corriendo en busca de su amada. No tenía ni idea de donde podría estar pero no se detendría hasta encontrarla. Así pasaron las horas.
La madrugada llegó encontrando a Mía sentada con su cabeza apoyada sobre una de las mesas del restaurante. Cuando se hicieron las 2 am no la dejaron seguir buscando y la llevaron allí para que comiera algo, claro que no probo bocado. No quería comer, no quería hacer nada mas que buscar a su amada.
Kaori se sentó a su lado y con una mano empezó a acariciarle el cabello para tranquilizarla. La pelirroja se incorporó y apoyó su cabeza en el hombro de su amiga.
-Ya va a volver- le decía a la ojiazul solo por deber. Sabía que cualquier cosa que le dijera no la calmaría, pero no perdía nada con intentar.
-¿Por qué se fue? ¿Por qué no me habló? ¿Por qué no me dio oportunidad de ayudarla?- Decía sollozando sin lágrimas. Hacia rato que se le habían agotado.
-No lo se. Pero estoy segura que volverá y te dará una oportunidad. Confía en ella y en el amor que se tienen ¿Por qué no vas a tu casa a descansar?-
-No puedo descansar. No cuando no está ella a mi lado- No se sentía capaz de sobrevivir una noche sin ella.
-Tienes que intentarlo. Vamos, te acompañamos-

Así salieron del lugar y se encaminaron hacia sus casas. Esteban se comprometió a seguir buscándola toda la noche y eso tranquilizó un poco a Mía. Gustavo lo acompañaría.
-¿Segura que estarás bien?- Preguntó Candy a su amiga abrazándola en la puerta de su casa.
-No, pero no tengo otra opción. Gracias por todo chicas-
-Nos vemos a primera hora. Descansa- Kaori se despidió de igual manera y cruzaron la calle hacia su casa.

Cuando Mía entró a su casa se dio cuenta que había sido una mala idea. Todo allí le recordaba a Majo. Camino lentamente hacia una habitación cercana, abrió la puerta y prendió la luz. Era el cuarto que habían destinado como oficina de la rubia. Allí tenía las cosas de su trabajo y además algunos cuadros suyos. Uno en particular le llamó la atención. Siempre estaba cubierto por una tela que impedía ver los colores que, con pasión, habían sido impregnados en el lienzo. Ese cuadro lo había visto de igual manera en la casa de Majo un dia que, buscando el baño, había dado con el cuarto donde guardaba sus obras. Era el único en toda la habitación cubierto. Pero el respeto que le tenía a la rubia era mucho y logró contener los impulsos que la llevaban a destaparlo.
Ahora ya nada le importaba. Solo quería algo que la acercara a su amada. Delicadamente tomó la tela y la dejó caer al piso. Lo que encontró hizo que lágrimas brotaran nuevamente de sus ojos, esas lágrimas que creía agotadas. En el cuadro estaba ella y Majo abrazandola por la espalda con su cabeza apoyada en su hombro, cosa que le encantaba. El cuadro no estaba terminado, había mucho lienzo en blanco. Al parecer era una obra especial para la ojiverde y le costaba terminarlo. Un detalle llamó su atención. Sus manos tomaban los brazos de su amada y en uno de sus dedos un anillo brillaba. Era un anillo de ... No pudo mas y se dejó caer en el suelo. El desconsuelo y la angustia eran mas de lo que su cuerpo podía soportar. Salió de la habitación y rápidamente subió las escaleras. Necesitaba desplomarse en su cama y llorar como si no hubiera un mañana. Y no lo había, no sin ella.

Abrió la puerta de su cuarto y se quedó paralizada. La luz de la luna reflejaba un cuerpo que yacía en posición fetal sobre su cama. Con esa luz tan especial los cabellos rubios de aquella persona brillaban al igual que su piel. Todo en ella la atraía como un imán.
"No puede ser. Debo estar alucinando. Seguro ya me volví loca"
Temerosa pero guiada por una fuerza invisible se acercó a la rubia y se sentó a su lado sobre la cama. Estiró lentamente la mano y con miedo la posó sobre la mejilla de la chica. Sintió una especia de electricidad recorrer todo su cuerpo indicándole que no era su imaginación. Majo estaba allí mismo, a su lado, como todas las noches. La misma electricidad recorrió el cuerpo de quien dormía despertándola. Unos ojos verdes que quedaron al descubierto encontraron unos ojos azules que la miraban reflejando todo el amor que se tenían. Ambas miradas reflejaban los estragos que les había producido haber llorando por horas, pero todo eso desapareció cuando sus almas se encontraron.

Las lágrimas volvieron a los ojos verdes. Majo rodeó delicadamente la cintura de su amada y la atrajo hacia ella depositándola sobre su cuerpo. Tomó su cara con ambas manos y le dio un beso tan anhelado como el agua en el desierto. Un beso deseado y soñado por ambas desde hacía horas (No había sido mucho el tiempo que había pasado desde que salió corriendo pero para ellas habían pasado dias, semanas. El tiempo separadas se hacía eterno). Ese beso fue seguido por otro, y otro, y otro mas hasta que el aire se hizo necesario.

Se separaron un poco dejando sus frentes en contacto de manera que sus miradas se mantuvieran unidas.
-Per... Perdoname- Dijo Majo con tono angustiado y haciendo fuerza para contener las lágrimas.
-No hay nada que perdonar- Dijo de igual manera Mía.
-Yo... Yo lo siento-
-Shhhh...- Mía calló a su amada con un largo beso.
-Esteban ya me contó todo. No tienes que decir nada. Ya pasó. Ya te tengo de nuevo a mi lado y eso es todo lo que me importa. Lo que pasó ya no tiene importancia. No te voy a dejar ir nunca mas. Ahora tenemos que ver hacia adelante- Dijo acariciando la mejilla de la rubia.
Majo sonrió de felicidad por poder volver a sentir a su amada, pero en sus ojos aun se reflejaba angustia. Todo su ser le decía que tenía que desaparecer del mundo pero su alma se negaba a separarse de su pelirroja. Simplemente le era imposible. Todas sus barreras, todas sus miedos, todo en ella era derribado con una simple sonrisa de su ojiazul.

Las palabras no salían de su boca. Ya no tenía nada para decir. Entonces habló Mía.
-Nosotras dos ya somos una familia así que eso ya me lo has dado- El corazón de Majo dio un vuelco de felicidad. Era cierto. Ellas eran una familia. Se sentía completa a su lado. No necesitaba nada mas. Sabía que cualquier cosa que pasara podían contar la una con la otra y sin importar que, allí estaría para ella. Eso era la definición de familia.
Mia respiró hondo -Si no me quieres dar hijos por miedo a hacerlos sufrir, entonces te los daré yo a ti- Majo escuchaba atenta. Cada palabra de su amada tiraba abajo una pared que encerraba lo mas profundo de su ser, sus miedos y su alma -Yo te daré hijos que te amaran y que agrandaran nuestra familia ya formada. Te amarán no importa que porque eres una mujer que nació para ser madre. Lo supe desde que te vi con Ellie. De eso no hay ninguna duda- Parecía que estaba diciendo lo que ella pensaba de Mía -Y no debes tener miedo por hacernos sufrir, porque si algo llegara a pasar, cosa que no sucederá, nos habrás hecho muy felices en ese tiempo. Mas felices de lo que pudieramos alguna vez haber soñado. No nos prives de esa felicidad. No me prives de pasar mi vida junto a tí -Era cierto. A pesar de haber perdido a sus padres el amor nunca le faltó, aunque no era lo mismo -Amor, yo sin ti no puedo vivir. Quiero hacerte feliz como tu me haces feliz a mi. Quiero compartir toda mi vida contigo. Quiero que seas la última persona que vea antes de embarcarme en el mar de los sueños y ser la primera en ver al volver a esta realidad que quiero compartir contigo -Las lágrimas habían vuelto a los ojos de ambas, pero esta vez eran lágrimas de felicidad. Pura y simple felicidad.
-Majo... -Dijo sacando la mano del bolsillo de su chaqueta (La había metido allí sin que la rubia se diera cuenta) -Amor ... Quiero pasar el resto de mi vida contigo y espero que tu quieras lo mismo... ¿Aceptarías ser mi esposa?- Dijo abriendo una cajita que todo el dia había estado esperando pacientemente en el bolsillo de la pelirroja. En su interior descansaba un hermoso anillo de plata con una pequeña piedra azul que con la luz de la luna parecía que destellaba luz.
Una sonrisa se apoderó de ambas y Majo no pudo evitar soltar una risita nerviosa acompañada de un par de lágrimas.
Mía no se puso ansiosa ante el silencio pues ya sabía la respuesta de su rubia. La había visto en sus ojos. Aunque tambien vio algo que no pudo decifrar.
Majo sacó una cajita similar de debajo de la almohada en la que había estado durmiendo. Se había dormido abrazándo esa cajita como si fuera su propio corazón.
-Solo si tu aceptas ser la mia- Dijo Majo con una sonrisa de oreja a oreja abriendo la cajita y dejando ver un anillo, tambien de plata, pero con una piedrita verde.

Toda la tensión la liberó primero con unas risitas nerviosas y sollozos de felicidad al ponerse los respectivos anillos en el dedo indicado y luego, casi instantaneamente, le siguieron los besos y las caricias.

Los cuerpos de dos mujeres desnudas en cuerpo y alma eran iluminados por los débiles rayos de sol que anunciaban el comienzo de un nuevo dia. Mía abrazaba por la espalda a Majo y, a pesar de estar dormidas, el agarre era fuerte, intentando mantener sus almas lo mas cerca posible. Inconcientemente la rubia reforzaba dicho agarre tomando con sus manos los brazos que la mantenían segura al lado del amor de su vida. Todo lo que había pasado el dia anterior había quedado en el olvido.
Majo había salido corriendo impulsada por todos los temores acumulado durante años pero no pudo ir muy lejos. Luego de un par de horas de escapar llegó a una esquina donde se quedó parada mirando para todos lados. Si seguía podría empezar una nueva vida, si volvía el futuro era incierto. Sus pies comenzaron a moverse solos antes que su cerebro procesara una decisión llevándola al hogar que compartía con su amada. Entró y todo estaba desierto, ni siquiera sus mascotas se acercaron. Se sintió tan sola, pero continuó caminando. Entró a su oficina, se dirigió al cuadro que había iniciado hacía un año y lo destapó. En el se reflejaba ella misma abrazando de la manera que mas le gustaba a su novia. Ambas se veían felices, pero algo faltaba. Siempre faltaba algo. Cuando lo inició solo estaba Mía en el dibujo. Nunca supo porque empezó a dibujar aquello. Simplemente lo hizo la noche que regresó de su primer y única cita a ciegas. Aquella pelirroja que intentaba plasmar en el lienzo nunca llegaba a asemejarse a la imagen que tenía en su mente y en su corazón. Todos los dias la retocaba un poco. Con el tiempo empezó a dibujarse a ella misma abrazándola, pero aun asi nunca podía terminar aquel condenado cuadro. Siempre faltaba algo... Lo observó unos segundos hasta que sus manos comenzaron a moverse solas. Buscó las pinturas y un pincel y empezó a pintar. Cuando terminó un anillo resaltaba en la mano de la pelirroja. "Casi perfecto" Pensó. Aun faltaba algo pero no sabía que. Suspiró resignada y sintió como todo el peso del mundo se apoderaba de su cuerpo.
El sol se había ocultad quien sabe cuando y por la ventana del cuarto se empezaba a observar el cielo oscuro. Se recostó en la cama y sacó de su bolsillo aquella pequeña caja que había estado dando vueltas toda la tarde. La abrió y contempló el anillo que ocultaba la tapa. Suspiró, cerró la caja, y la abrazó como si de ello dependiera su vida. Los párpados le pesaban cada vez mas y, gracias a haber llorado hasta no poder mas, éstos los tenía hinchados facilitándole las ganas de tenerlos cerrados. El sueño la encontró pronto, protegiéndola del mundo y de sus miedos, esperando la llegada de la persona destinada a despertarla.

Ahora solo quedaba el presente y el futuro. Dos manos se encontraban entrelazadas siguiendo el ritmo del movimiento de sus respiraciones coordinadas. En ellas se destacaban dos anillos similares pero diferentes. Cada uno representando el corazón de la otra. Mía se fue despertando de a poco. Lentamente abrió los ojos y al comprobar que ese calor que sentía en su pecho era producto del amor de su vida descansando en sus brazos una enorme sensación de felicidad la invadió. La atrajo mas hacia su cuerpo. Al sentir el corazón de su amada responderle al suyo las palabras empezarón a salir sin ayuda.
-Siempre voy a estar a tu lado. Siempre que me necesites voy a estar ahi para tí, y cuando no me necesites también estaré- Las palabras salían en susurros dirigidos directamente a la rubia adormilada.
-Voy a ser tu apoyo en todo momento aunque no te des cuenta, y tú serás el mio-
-Prometo dar todo de mí para que sonrías todos los dias. Y cuando falle en mi propósito, prometo volver a intentarlo todas las veces que sea necesario-
-Prometo nunca rendirme para que tengamos esa vida que tanto deseamos-
-Prometo serte fiel todos los dias de mi vida, y despues de eso, también-
-Mi corazón es solo tuyo y el tuyo es solo mio. Prometo cuidarlo, dar mi vida para asegurar su felicidad-
-Prometo cuidarte aunque eso me cuesta la vida. Mi vida es tuya, si ti no tengo nada. Tú eres mi sol y mi luna, mi aire y mi tierra. Yo existo para solo cuando estás a mi lado-
-Prometo amarte para toda la eternidad. Cuando la vida decida separarnos, prometo esperarte y buscarte para volver a tenerte en mis brazos por siempre-

No se si las palabras entraron por su oido y las llegó a escuchar Majo, pero estoy segura que se abrieron camino por su ser hasta llegar a un espacio vacío en lo mas profundo del mismo, cerca de su alma donde solían ocultarse sus miedos e inseguridades, protegidas por altas y gruesas paredes que fueron derribadas por una ojiazul quien era la única con el mapa para llegar allí y con la determinación suficiente para derribar esas paredes y desalojar todos esos sentimientos. En ese espacio vacío se alojaron las palabras de Mía provocando un sentimiento cálido que se esparció por todo el cuerpo de la rubia, despertándola.
Majo se dio vuelta encontrando esa mirada que tanta felicidad le hacía sentir. Sentía exactamente lo mismo que la ojiazul, tenía las mismas determinaciones y los mismos deseos. Aunque no hubiera escuchado lo que había dicho, su alma si lo escuchó y se lo hizo saber de alguna forma. No pudo evitar sonreir y provocar igual reacción en su amada. Ninguna mencionó alguna palabra mas. Con sus miradas fue suficiente ya que sus almas se comunicaban a travez de ellas. Majo rodeó la cintura de su pelirroja y, aun con una sonrisa en su rostro, besó a su prometida sellando las palabras que habían sido mencionadas y que a partir de entonces serían la guía de su nueva vida.
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Mensaje por MizoreST el Dom Nov 02, 2014 7:49 pm
Recuerdo que lo primero que leí en coyuhi cuando me registré fue esta historia y la razón para seguir leyendo cosas en coyuhi precisamente fue esto, me ha encantado esta historia y me alegro mucho que con la mudanza la hayas traído aquí nuevamente es un placer leer las cosas que has escrito Very Happy
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Mensaje por Delfi22 el Dom Nov 16, 2014 3:19 am
Bueno que puedo decir...buena,muy buena,no, grandiosa.Me gusto mucho,me quede en el tercer capitulo algunos meses atras y nunca imagine que la habías finalizado.Suerte que se vino con la mudanza y suerte la mía de poder leerla.Espero ver más historias tuyas por aquí.Saludos......
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Mensaje por Siale Benoit el Lun Nov 17, 2014 11:22 am
Terminé de leerlo. Me parece interesante la historia en como se conocieron. Aún así prefiero la otra historia xD Saludos.

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Mensaje por Akasha el Sáb Nov 29, 2014 12:16 am
Woah, me encanto la historia! La empecé a leer hoy a la mañana y no pare hasta recién que la terminé... me enamoré de los personajes, hacen tan linda pareja! Son muy tiernas! Podría ponerme a comentar cada detalle pero mis ojos ya no dan más jajaja. Así que bueno nada, sólo quería decir que me gusto muchísimo, y gracias por compartirla acá.

Saludos!
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Mensaje por ushiomurasame el Dom Dic 21, 2014 11:52 pm
Rina chaaan!! hace mucho que no me ponía a leer algo tuyo y como siempre me ha encantado tu manera de redactar, amo a tus personajes. Excelente (como diría Mr. Burns jojojo)
Very Happy  gracias por recuperarla...
nos leemos!
saluditos :)





Última edición por ushiomurasame el Mar Oct 27, 2015 2:25 pm, editado 1 vez
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Mensaje por A_tan el Miér Mar 11, 2015 7:22 am
Tarde tres días para leer ° ^ ° pero aw como me encanto <3 espero encontrar mas historias de tu autoría, uwu extrañare el leer este lindo fic pero bueno todo comienzo tienen un final
A_tan
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Mensaje por juliana mosquera el Mar Ago 11, 2015 11:36 am
Que buena historia, es muy linda y tierna, sobre todo carga una verdad absoluta por miedo puedes dejar lo que realmente te hace feliz... gracias por la historia
juliana mosquera
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Mensaje por juls048 el Lun Feb 01, 2016 2:32 am
Que bonita historia :3 muy buena
juls048
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