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Un metro y medio sobre el nivel del mar (Oneshot)

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Mensaje por ushiomurasame el Vie Dic 05, 2014 6:48 pm
Hoy ando productiva Very Happy recuperando mis historias.
De antemano gracias por leer.



Un metro y medio sobre el nivel del mar.



Después de ver salir de casa a esa patética mujer –me apena decirlo, pero es mi tia-, azotando la puerta tras de ella, no pudo evitar explotar

-¡En verdad estoy harta de esto!

-¿Qué es lo que dices? –en realidad sé de qué habla, pero mi total estupidez al manejar estos temas, hace que de mi boca salgan sólo preguntas tontas. - ¿De que estas harta?

-De todo, -pone sus ojos en blanco, supongo que me conoce mejor de lo que creí. – Estoy harta de tu madre que siempre está detrás de nosotros, -duda por un momento, pero luego de verme a los ojos un pequeño instante, toma valor y continúa. –Estoy harta de ti haciendo todo lo que te ordenan… ya no puedo con esto… decidí estar a tu lado y enfrentar los obstáculos junto a ti, pero ¿sabes? no hemos enfrentado nada, sólo hemos evadido cada uno de esos obstáculos y yo… simplemente no aguanto más.

- Espera. –me acerco y suplicante tomo su mano. -Tenemos que resolverlo, hablemos por favor

-¿Hablar? Pero si ya hemos hablado cientos de veces. ¿No ves que ya me cansé de todo esto? Ya no puedo, es que no puedo seguir con esto.

-Regina,-me aferro a eso que ahora mismo parece imposible de rescatar. -Por favor, dame otra oportunidad.

-Entiende por favor, ya no hay más oportunidades… -y es ahora ella quien tiene una mirada suplicante, pero en lugar de tomar mi mano, se deshace de cualquier contacto físico entre nosotras. -La vida que me planteé junto a ti se ha ido por el retrete. Y ahora esa mujer, echándonos un sermón porque estamos juntas… ¿por qué sólo bajaste tu cabeza y dijiste si a todo lo que decía?

-Es que… ella…

-¿Ella qué? Sé que pagó tus estudios por tres años, pero no por eso es la dueña de tu vida… de nuestra vida. –Su mirada ya no se centra en mis ojos, la pesadilla se vuelve cada vez más real. -Es todo, yo de verdad … yo… no puedo seguir a tu lado.

-no, por favor, no te vayas –mis piernas por un momento dudan, no responden a la orden “corre tras ella” Aún me aferraba a cualquier esperanza que existiera de mantener a mi lado a la morena, que en este preciso instante me miraba con rabia, o quizás con lástima, decidida a marcharse. –

–… –suspiró con ¿decepción? No pude definirlo– me voy, has con tu vida lo que te plazca, más aún, lo que les plazca a tu familia. –dicho esto tomó las llaves de su minivan y salió apresuradamente.

Era ahora o nunca, la decisión más importante de mi vida la tomé en unas cuantas milésimas de un segundo y fui tras de ella, ni siquiera me aseguré de apagar la estufa, tampoco me preocupé de cerrar la puerta con seguro, si le sucedía algo a la casa o no, me importaba un carajo.

-¡V…voy contigo!- me hice escuchar por ella.

-¡no vas! Eres la última persona quien quiero hablar ahora.

-Pues entonces no hables conmigo, pero llévame contigo a donde quiera que se te antoje ir. –argumentos de este calibre siempre me funcionaban, mucho más con ella y esta no fue la excepción, pues quitó el seguro de la puerta del copiloto, permitiéndome entrar a su vehículo.
El maldito silencio incómodo llenó el ambiente en cuanto puso en marcha la minivan… de no ser porque le prometí no hablar, habría dejado salir cualquier plática inútil para vencer esa incomodidad.

Regina por su parte hizo sonar el estéreo. My Chemical Romance entró en acción con su particular música de fondo, perfecta para nuestra situación actual.

I don’t love you
like I love you
yesterday

M.A.L.D.I.C.I.O.N.


Me monté en la estúpida camioneta para buscar una nueva oportunidad en la que definitivamente no la regaría como lo hice tantas veces, una oportunidad de no dejarme guiar por lo que me decía mi familia que debía hacer y de una jodida vez hacer lo que en realidad tenía que hacer… pero no sabía qué decir, además Regina tenía una expresión muy seria, no, la palabra es enojo (enc&$#”&ada, diría yo), y ese enojo iba en aumento y mientras tanto, la cancioncita esa seguía sonando, haciendo que quisiera romper de una vez por todas el estéreo.

Dejé de ver a Regina y me concentré en el paisaje que me ofrecía mi lado del auto, por primera vez había puesto atención en el camino, así que tuve que ocultar mi sorpresa al descubrir que habíamos salido de la ciudad.

Descubro que vamos a un lado de la playa, esa que nunca tuve la oportunidad de ver, porque me quedaba dormida en cada viaje. Me dejo deslumbrar por la belleza del paisaje, del hecho de que a pesar de llevar varios minutos de carretera avanzando a su lado, parece nunca terminar.

De pronto, sin aviso alguno, los recuerdos de aquella discusión que tuvimos hace seis meses vienen a mi mente

-Quiero vacacioneeees- dije como la niña mimada que era.

-Yo también- suspiró.

No me esperaba que ella dijera eso, puesto que desde que la conocía, siempre estaba muy centrada en sus estudios o en su trabajo (también en nosotras), pero nunca hablaba de distracciones y si yo sacaba el tema me ganaba un sermón –de alguna forma me sorprendía que saliera con alguien como yo, sin contar el hecho que ambas somos mujeres-.

-Pues nos las merecemos ¿qué tal si vamos a esquiar?-sugerí.

-¡Imposible! –negó rotundamente agitando exageradamente la cabeza. -Falta mucho para que llegue el invierno y los lugares nevados quedan demasiado lejos. –buen argumento, pero lo que no dijo es que no sabía esquiar y que odiaba el frio.

-¿Entonces a la playa?

-Pero las mejores playas están muy lejos. -

-¡tenemos buenas playas a la vuelta de la esquina! -Hice uno de mis famosos pucheros.

-¿Por qué no mejor una económica visita al parque?

-¡Playaaaa! –rodé por el piso como un chiquillo –Por lo menos vamos a la que está a la orilla de la carretera

Una sonrisa apareció en su rostro, tomó dulcemente mi rostro con sus manos –okay, tú ganas, iremos a la playa. – y lentamente acercó su rostro al mío, regalándome uno de sus embriagadores besos.
A pesar de ser una persona tan seria, solía ser jodidamente sexy, y algunas veces alocada conmigo –aunque eso ocurría muy rara vez-

Luego de eso mi familia se empezó a entrometer de manera olímpica en nuestra relación, así que nunca pudimos ponernos de acuerdo en el día que iríamos a la playa.


Un movimiento brusco del auto me sacó de mi ensueño, nos acercábamos peligrosamente a una curva y aunque Regina hacía un esfuerzo sobrehumano por dar la vuelta, los malditos frenos no respondían.
“Ahora sí se acabó” sugirió mi encantador optimismo.
Chocamos contra la valla de seguridad y milagrosamente, el auto se detuvo: la arena de aquella playa nos había salvado el pellejo.

Suspiré aliviada -¿Estás bien? –le pregunté a mi amada morena.

-¡Cómo demonios voy a estar bien?! –Gritó hecha un manojo de nervios -¡casi morimos, estamos en medio de la nada, queda poco combustible, el agua salada está por todos lados y para mejorar la situación, tengo hambre!

Lo del agua salada era cierto, unos cinco o seis centímetros de agua de mar cubrían las llantas, definitivamente quedarían picadas.
Además ninguna de las dos tenía señal en el móvil.

Pasaron tres horas desde que nos habíamos atascado en ese pequeño pedazo de playa, ni ella ni yo salimos del auto ni por un minuto a pesar de lo incómodo que nos resultaba estar juntas y del calor abrasador que se colaba por cualquier parte.
Tres horas… tiempo suficiente para reflexionar, para pensar en la felicidad de ambas... o la infelicidad, eso es por lo que apostaba el día.

De pronto, la noche hizo su galante aparición ofreciendo la luz de luna nueva y sus millones de estrellas. Una noche hermosa, de no ser por el mal ambiente que Regina y yo habíamos construido, más yo que ella.

-Regi… -rompí el silencio- perdón por todo lo que te he hecho pasar, creo que aplasté todos nuestros sueños… creo que no tengo remedio y que sólo aparecí en tu vida para traerte mala suerte, para arruinarla a pesar de que nunca fue mi intención.- Tomé aire. - Míranos, estamos en medio de la nada, ya es noche y no hemos probado bocado alguno. –un nudo enorme en mi garganta impide por un momento que salgan las palabras, pero lo fuerzo y dejo salir esas palabras que detesto decir. - Lo…lo pensé y creo que es justo como dijiste en casa,ya no hay última oportunidad, así que en cuanto volvamos a casa seremos unas completas extrañas… mereces ser feliz y mientras sigas conmigo no podrás serlo.

-¿terminaste de hablar?

-Si, eso creo.

-Okay, -una sonrisa dolorosa, tomó forma en sus labios. -será lo que tú digas. –me miraba seriamente, con esa seriedad que me decía a gritos que todo terminaba entre nosotras. –pero primero acompáñame a un lugar que me gustaría que vieras.

Bajó del auto y me indicó que la siguiera, yo lo hacía todo automáticamente, deseando guardar en mi memoria cada segundo… todo, puesto que esta era la última vez que estaríamos juntas.

-sube al cofre.

-¿EH?

-dije que subas al cofre. Ven, te ayudo. –se acercó a mí y como si fuera un saco de arroz, me cargó y me montó en el cofre de la minivan para luego subir ella.
Sin decir una sola palabra, subió hasta el techo, me tendió la mano dándome a entender que quería que yo también subiera.

-Por fin estamos en la playa. –dijo con una sonrisa de suficiencia una vez que nos acomodamos.

-¿cómo? –pregunté atónita.

-Que por fin pudimos venir a la playa ¿no recuerdas?

-Pe…pero, el auto está estancado, tus frenos no funcionan, queda poco combustible.

-¡¡JAJAJAJAJAJA!! –muestra esa faceta que es casi desconocida para mí - ¿Creíste todas esas bobadas? Lo único que yo quería era algún día poder traerte a la playa a ver las estrellas, aunque luego de lo que pasó hoy con tu tía, quise vengarme un poco.

-¡Espera! ¿Fingiste un choque para asustarme?-intento sonar enojada, pero mi tono de voz es de alivio.

-Nop, en verdad me quedé sin frenos –dijo como si tal cosa-, aunque mi teléfono si tiene señal . La salida a la playa estaba un kilómetro después de la curva… en fin, si ya estábamos en la playa definitivamente teníamos que aprovechar. Sólo actué un poquito para que de una vez pensaras seriamente en lo nuestro.

-¡¡¡TÚ!!! ¡MALDITA! No sabes todo lo que sufrí estas tres horas.-Eso dice mi boca. Mientras tanto todo mi ser no sabe medir cuánto la amo.

-Que te sirva de lección por todo el tiempo que tuve que soportar las tonterías de tu familia. –por más que pudiera estar molesta, no podía contra esa sonrisa que tenía en su rostro: la razón por la que me había enamorado de ella. –ahora, pon atención al cielo nocturno, no todos los días tenemos oportunidad de verlas con tanta claridad.

Todo era perfecto, un cielo casi perfectamente negro que hacía relucir cual diamantes todas las estrellas que lo adornaban, además de esa luna blanca al centro de todo. Regina y yo tomadas de la mano luego de una reconciliación maravillosa.

-Hey –llamó mi atención.

-Mmh? –dejé de prestar atención al firmamento para ver su rostro.

-alguna vez lo has hecho en el techo de una minivan?

-no

-yo tampoco… -dijo con una sonrisa extrasensual

La noche era larga y mejor aún: mañana no había trabajo.
Nos besamos lentamente y dejamos que nuestros instintos tomaran el mando. Si el mundo seguía girando o si se detenía no era mi problema, en este preciso momento tenía mejores cosas en qué ocupar mi mente.


La brisa matutina se encargó de despertarnos al día siguiente. No supimos cómo habíamos sido capaces de dormir desnudas en el techo de un auto y no caer, quizá fue porque no quise dejar de abrazarla y ella tampoco lo hizo.



-Idiota. –se burló la madre de Regina en cuanto subimos a su auto. –Te dije mil veces que debías llevar ese trasto al mecánico. -dirigió su mirada hacia la minivan que era arrastrada por una grúa.

-si mami, lo siento.

-gracias por recogernos. Y de verdad sentimos llamarla tan temprano.

-no es nada, linda. De vez en cuando me gusta mostrarte que mi hija ES una idiota.




-ya volvimos a la ciudad. –dijo Regina en cuanto los edificios se convirtieron en parte principal del panorama -desde ahora somos perfectas extrañas, justo como prometimos ayer.

-estás bromeando ¿cierto? –dije incrédula, se suponía que ya nos habíamos reconciliado… ¿me equivoco?

-Me presento –ofreció su mano para saludarme -Soy Regina, es un placer conocerte. ¿Cuál es tu nombre?
-Mucho gusto Regina –respondí al saludo hechizada por esa confianza que me transmitía su sonrisa. Enamorada de nuevo como una adolescente. – soy…


"soy" ¿qué demo...?
emm, bien, dejo a conveniencia del lector el nombre de la protagonista, llámenle "Lupita", "Gabi", "Pao", "Tiburcia", o como su imaginación les dicte
(no es mi forma de decir que tengo poca habilidad para nombrar mis personajes, ¡Claro que no!) <-sarcasmo.
Comentarios, dudas, aberraciones sexuales, críticas constructivas, etc, háganlas saber.
Gracias por leer!


Última edición por ushiomurasame el Mar Dic 13, 2016 2:09 am, editado 2 veces
ushiomurasame
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Mensaje por francesca lucchini el Mar Dic 09, 2014 10:11 am
Si pase a leer amor jajajaja tiburcia se llamará chilaquila jajajaja te amo!! me encantan tus historias!!!
francesca lucchini
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