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La casa de los Placeres Yuris TERMINADO

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Mensaje por Yurita el Dom Mar 12, 2017 8:02 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Hola! bueno, aquí les dejo otra de mis mas recientes creaciones, asi que esperemos que les guste. Tiene lemon, así que veamos que tal va jeje.


Última edición por Yurita el Lun Dic 18, 2017 11:58 am, editado 19 veces
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Mensaje por Delfi22 el Miér Nov 22, 2017 12:09 pm
Pero Maria que vengativa! hacerle eso a Lena..
Que puedo decir..hasta donde puede llegar la obsesión por una persona y vengarse de esa manera..*te odio Maria*.
Un buen capítulo pero algo triste por lo que le paso a Elena.
Siento que ya pronto terminara esta historia...noooo!
Bien esta vez no hubo sangrado...jajajajaja..
Nos vemos en el próximo..Que estés bien..
Delfi22
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Mensaje por Yurita el Mar Nov 28, 2017 2:40 am
Jajaj lo siento, pero se acerca un capítulo lleno de lemon... casi porno jaja
disfruta mientras lo que sigue
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Mensaje por Yurita el Mar Nov 28, 2017 2:41 am
No había rastro de ella. El equipo de rescate, comandado por Reika había llevado a María y a Marcela al mismo sitio donde la primera le había dado una cruel tortura a la Amazona. Grande fue su sorpresa cuando encontraron el sitio vacío.
—Esta podría ser una buena señal —dijo Reika, examinando la tierra—. Podría seguir con vida.
María sonrió con alegría y casi se desmayó de la emoción.
—Oh, gracias a Dios.
—Pero eso no te salvará en lo absoluto —habló Sarah—. Si vive, sólo ha reducido un poco tu condena. Quiero justicia, niña, y tú la pagarás.
Marcela no se atrevió a hablar. No era una chica creyente, pero en ese momento no dejaba de rezarle al Cielo ni de pedir que alguna clase de milagro hiciera que Elena surgiera mágicamente de entre la maleza.

Unos cuantos kilómetros, al otro lado de la isla, Leonore guiaba la fila. Las chicas gritaban el nombre de Elena por todas partes y el gripo se había separado en formación de diamante, alejadas unos cinco metros la una de la otra. Llevaban mochilas con provisiones alimenticias y médicas. La única que podría defenderlas de algo más peligroso era Leonore, cuyo arco tenso estaba listo para ser disparado.
—Creo que he encontrado un rastro —gritó Matilda, y todo el grupo acudió donde ella de inmediato.
—Son huellas —observó Leonore—, y parece que se dirigen hacia el oeste.
—¿Crees que sea Elena?
—Es probable. Sigamos buscando y traten de no separarse de mí. Este sitio es resbaloso y podrían caer.

Estaba viva, por supuesto. No podía morir. No cuando todavía tenía muchas cosas por hacer. Elena sabía que María iba a pagar por todo lo que le había hecho, y necesitaba seguir viva para asegurarse de que la justicia prevaleciera. Sin embargo, dudaba poder seguir adelante.
Le dolía todo el cuerpo. Cada articulación y cada músculo chillaban como una maquinaria sin aceitar. La sangre martillaba por su cabeza y le goteaba de pequeñas heridas sin cerrar. Tenía frío y muchísima hambre. No dejaba de oír voces en su cabeza que le pedían que se detuviera y que se entregara a la muerte. Estaba aterrada y con muchas ganas de acostarse y dormir.
Muchas cosas pasaron por su mente en ese momento. Su familia, aunque separada, eran los seres más importantes para ella. Inmediatamente después estaban sus amigas de la mansión, y se prometió que si sobrevivía, las trataría diferente; se esforzaría por ser una mejor persona y ya no andaría con cualquiera que se le metiera en el camino. Tenía razones para creer que todo lo que le estaba pasando no era más que un pago de karma por todas las relaciones que había roto, por todas aquellas muchachas a las que había usado cual trapeadores y después, abandonado a su suerte en el maremoto de sentimientos fríos y solitarios.
No era una buena chica. Le dolía que sus amigas pensaran bien de ella. Estaban buscándola, quizá, pero ¿sería buena idea que ella volviera? Temía ver a Zafira a la cara y decirle… decirle que en verdad la quería mucho. Que era más que una hermana. En realidad, Elena se dio cuenta de que amaba a Zafira por encima de todas las cosas.
La tortura le había enseñado las prioridades de la vida en pareja, y quería correr y encontrar a su amiga para gritarle que se moría de ganas por amarla, por sentirla junto a su cuerpo y por declararle tanto amor, que al final se ahogaría en él.
Dios, pensó, qué estoy haciendo con mi vida. Hizo un examen de conciencia mientras trataba de sentarse dentro de una cueva y calentarse un poco. Tosió tan fuerte que sus pulmones casi se le salieron por la nariz, y al escupir, vio que había perdigones de sangre en su saliva. Examinó su cuerpo y al levantarse la blusa, arrugó las cejas ante los dolorosos moretones que le cubrían lo que antes había sido una piel inmaculada.
—Encuéntrenme —susurró, antes de que el cansancio la venciera y cayera víctima de un profundo sueño cercano a la muerte.

Las pisadas las llevaron a través de la maleza hasta perderse en una ladera escarpada. Oyeron las ramas moverse como si algo estuviera detrás de los arbustos. Leonore preparó una flecha.
—Puede ser un puma —susurró a sus amigas.
Charlote abrazó a su novia, lista para protegerla con su cuerpo. Zafira tenía una piedra afilada que de poco serviría, pero quizá podría golpearse la cabeza con ella hasta quedar inconsciente.
La figura saltó hacia afuera y Leonore disparó la flecha.
La punta afilada cercenó unos cuantos cabellos negros de Pilar, y la chica colombiana se tiró al piso luego de chillar de terror.
—¡No me maten!
—¿Qué demonios haces aquí? —exigió saber Leonore, apurándose a ponerla de pie.
—Lo mismo que ustedes: busco a Elena. Me salí antes para asegurarme que… bueno…
—¿Has hallado algo? —preguntó Zafira, apartando a Leonore con el brazo—. Dime que al menos tienes una pista.
—La tengo —asintió la muchacha y les mostró un pedazo de la blusa de Elena. Estaba ensangrentada, pero habían arrancado la tira como si quisieran improvisar un vendaje con ella.
—¿Hacia dónde crees que se ha dirigido?
—Hacia allá —señaló Pilar—. No hay nada en la dirección de la que vengo.
—Entonces ¿tenemos que tomar el camino de vuelta? —a Matilda no le gustaba nada la idea, y dio voz a todas las demás—. Estoy muy cansada.
—Sentémonos unos minutos —ordenó Leonore.
Matilda sacó unas cuantas barras energéticas para repartirlas entre todas. Comieron en silencio durante unos minutos antes de que Zafira rompiera el silencio.
—La vamos a encontrar ¿verdad?
Necesitaba oírlo, y sabía que sus amigas pensaban de la misma forma.
—Claro que la hallaremos —le calmó Charlote, acariciándole la espalda—. Sólo hay que tener más fe.
—¿Qué haremos con María? —preguntó Leonore—. Es obvio que pagará, pero… ¿no deberíamos cobrarnos?
Miraron a Pilar, porque ella había pertenecido a la casa de Carolina.
—Por mí, háganlo. Lo que hizo es imperdonable.
—Recuerdo la primera vez que vi a Elena —dijo Charlote—. No dejaba de observar mis pechos. Llegó a incomodarme.
—Yo tampoco dejo de verlos —rió Matilda—. Es más, cuando encontremos a Elena, te doy permiso de que se los enseñes.
—Creo que eso le alegraría —dijo Zafira con diversión.
Leonore era la más seria. Terminó de comer antes que las demás y siguió adelante. Sus amigas la siguieron pocos pasos atrás, entusiasmadas e inspiradas ante la fortaleza de la Leona.

Elena despertó y al moverse, su cuerpo volvió a quejarse de dolor.
—Debo continuar —se puso de pie tan rápido como pudo, que gracias a sus heridas, no fue tanto como le hubiera gustado. Salió de la cueva y miró hacia el cielo cubierto de nubes oscuras. No le quedaba más remedio que seguir caminando y concentrarse en no morir.
Una hora después, sus amigas llegaron a la cueva. Elena ya no estaba allí, pero vieron pequeños rastros de sangre sobre una piedra.
—Estuvo aquí —les aseguró Leonore—, y nos estamos acercando.
—¿Deberíamos dividirnos? —preguntó Charlote, y aunque no era una buena idea, el bien mayor era la prioridad.
—En parejas. Yo seguiré sola —aceptó Leonore, y las chicas se fueron en distintas direcciones sin dejar de gritar el nombre de Elena.

La Amazona escuchó algo. Aunque los oídos le zumbaban, le pareció haber captado la voz de sus amigas. Se giró hacia donde creyó que provenía la voz y regresó por todo el camino de vuelta. La llama de la esperanza se volvió a encender y caminó lo más rápido que pudo. Tropezó. Los golpes que le habían dado le dolieron como si le clavaran un cuchillo en el corazón. Intentó gritar sólo para darse cuenta de que no podía hablar más allá de unos simples susurros, y que al mover su boca, las quemaduras en sus mejillas le ardían mucho.
Pronto vio huellas que no le pertenecían. Oyó su nombre y sonrió al reconocer la voz de Pilar. Dio un paso hacia el frente y su pie se apoyó sobre una piedra que estaba por desprenderse de la tierra. Pisó con cuidado y se agarró a una rama. Tiró de ella para moverse y luego de sortear ese pequeño obstáculo, comenzó su ascenso por la empinada. Pronto las hallaría. Podía sentirlo ya en la sangre.

—Creo que no está por aquí —dijo Zafira—. Volvamos.
—Ve tú —dijo Pilar—. Me quedaré aquí un rato más.
—¿Quieres compañía?
—No. Sólo quiero estar sola —Zafira quiso acompañarla en su momento de tristeza. Se sentó al lado de ella y la abrazó. Pilar se echó a llorar de inmediato.
—Es mi culpa. Lo sé —sollozó—. Me obsesioné con ella y mira lo que sucedió.
—No la tienes —contestó Zafira, dándole un amoroso beso en la boca—. Cariño, no es culpa tuya que María esté loca. Esa mujer merece lo peor, pero nosotras no somos como ella. Queremos a Elena. La amamos ¿verdad?
—Sí. Aunque… tú tienes más derecho de estar con ella que yo.
—Eso no significa nada —dijo Zafira, dándole otro beso para consolarla. Pilar respondió bien al gesto y acarició su lengua un poco con la de la morena. Los besos eran deliciosos y le consolaban mucho.
—Gracias. La hallaremos.
—Claro que lo haremos. ¿Segura de que quieres estar sola un rato?
—Sí. Te alcanzaré luego.
Cuando la muchacha se fue, Pilar siguió llorando en silencio hasta que se quedó sin lágrimas. Se limpió la cara con la manga de su chaqueta y se preparó para continuar.
Entonces oyó un grito, y se giró rápidamente.

Elena había caído y lo único que la separaba de la muerte era una delgada rama que en esos momentos se estaba separando de sus dedos. El terreno irregular y la tierra desprendida habían hecho del ascenso una misión muy difícil que ella, en su estado, no podía pasar.
Alargó un brazo para sujetarse de una piedra, pero esta también se desprendió. Miró hacia abajo. Al menos una caída de diez metros le rompería los huesos a una persona saludable. Ella estaba al borde de la muerte. Soltarse sólo equivaldría al suicidio.
Los dedos le dolieron a morir y su brazo se estaba acalambrando. Poco a poco, deslizándose por la mojada rama, su vida pasaba delante de sus ojos y se dio cuenta de que no tenía muchas cosas por las qué sentirse orgullosa. Si moría ¿Quién iría a su funeral? Sólo le estaba ocasionando problemas al mundo, problemas a sus amigas. Incluso había hecho enfadar a María y ahora esa mujer estaba más loca que una cabra. En el fondo, también era su culpa. Todo era su culpa.
Sin hacer nada más, se soltó.
—¡Elena!
La voz viajó más rápido que la señal para dejarse morir, y Elena volvió a agarrar la rama con ambas manos.
—¡Pilar! —gritó con fuerzas renovadas, aunque sintió que su garganta se deshilachaba por eso.
—¡Espera un poco!
Desesperada y con las manos temblando, Pilar sacó una cuerda y la amarró a un tronco. Después, la sujetó a su cintura. Hizo un nudo en un extremo y se la lanzó a Elena.
—¡Mete tu pie! ¡Te subiré!
Elena atrapó la soga con las últimas fuerzas que le quedaban e hizo lo que Pilar le ordenaba. En esos pocos segundos, la colombiana ya había preparado la pistola de bengala. Disparó al aire.
—¿La tienes?
Elena asintió. Ya no podía hablar.
Pilar se echó para atrás, sujetándose de la soga y caminando en reversa. Sorpresivamente Elena no pesaba mucho. Sus botas resbalaron un poco y casi tropezó. Supo que si lo hacía, Elena probablemente se soltaría. Ahora que la había encontrado no podía dejarla ir. Le salvaría la vida. Se lo prometió y también juró que cuando todo terminara, arreglaría las cosas de una vez por todas con ella y no volvería a causarle ningún problema.
—¡Resiste! —gritó. Ya no podía asomarse al borde, pero sabía que Elena estaba allí. Tiró más rápido y con más fuerza. Hundió los pies en el barro. Sus piernas comenzaron a arderle. No lo lograría, y perdió el equilibrio.
Zafira la sostuvo, y al verla allí, Pilar sintió deseos de besarla.
—Te dije que no te abandonaría.
Agarró la cuerda y con una fuerza abrumadora, producida sólo por la esperanza, comenzó a tirar junto con Pilar.
Una mano apareció en la orilla. Zafira, sin dejar de tirar, caminó hasta ella. Casi perdió la soga al ver a Elena subiendo, malherida y casi al borde de la muerte.
—Hey… —dijo Elena al verla—. ¿Por qué… has tardado tanto?
—Me gustan las entradas dramáticas —sonrió Zafira en el momento en que le sujetó del brazo y con un último tirón, la subió y le salvó la vida.
Pilar se quitó las cuerdas y corrió al encuentro. Literalmente se lanzó sobre ellas y el trio de chicas se abrazó y se besó mutuamente sin poder creer que lo habían conseguido. Volvían a estar juntas. Las tres se amaban demasiado y se adoraban. Lloraron y rieron.
La muerte que Elena sentía sobre sus hombros, de pronto, al sentir los labios de las chicas sobre ella y el calor de sus cuerpos, se fue para siempre.
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Mensaje por Delfi22 el Sáb Dic 02, 2017 6:00 am
Wow! por poco y Lena se nos va....

Ahora solo espero que María reciba su merecido y que todo mundo regrese a la mansión.Y así Elena le dice a Zafira que la quiere!
Y Pilar pues también, pero mejor que se vaya.-eso no quiere decir que quiero ver un trio, eh!-
Nos vemos..Que estés bien..
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Mensaje por Yurita el Lun Dic 18, 2017 11:55 am
ajjaja Delfi gracias por comentar en cada capítulo!
Yurita
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Mensaje por Yurita el Lun Dic 18, 2017 11:56 am
Bien, capítulo +18! en serio que fue algo fuerte, así que quedan advertidas

Diez años de prisión habían condenado a María por los crímenes cometidos. El intento de homicidio y un riguroso examen psiquiátrico había demostrado no sólo que ella era una sádica y una psicópata, sino que también era un peligro para todas las personas que la rodeaban.
Elena había sido más afortunada de lo que creía, pero sin duda, haber sobrevivido a semejante acto de traición y crueldad, había cambiado su forma de ver las cosas.
Leonore había sido la indiscutible ganadora del reto de la mansión. Su valentía, sus habilidades innatas en cuanto a liderazgo e inteligencia eran, sin lugar a dudas, extraordinarias. Constituían todo un paradigma para las otras muchachas, y se había forjado una reputación en todas las otras casas.
—Es, sin lugar a dudas, el mejor evento que he tenido hasta ahora —les dijo Sarah en cuanto se reunieron en la mansión—, y estoy segura de que todas estarán de acuerdo en que esta experiencia les ha cambiado por completo.
—Lo ha hecho —contestó Zafira, cruzando las piernas—, y personalmente, creo que he encontrado una pequeña familia entre ustedes.
—No te pongas cursi —dijo Leonore, con una divertida sonrisa en los labios.
—Esta es sólo una de las muchas reuniones que quiero celebrar con ustedes —Sarah tomó una botella de vino que le ofrecía Estela. La abrió y pidió a la sirvienta que llenara las copas de las chicas—. En pocas semanas, doce chicas diferentes habitarán los mismos lugares en los que ustedes vivieron y se enfrentarán a un nuevo desafío.
—Pero de seguro no habrá equipo como el nuestro —dijo Lucy, bebiendo un pequeño sorbo de vino—, somos las mejores ¿verdad?
—Las más guapas, sin duda —rió Sarah, apurando su vino—. Pueden pasar todo un día aquí si lo prefieren. Tendremos una cena y un baile más adelante con las otras chicas de las mansiones vecinas.
—Propongo un brindis —la Leona se puso de pie y levantó su copa—, por la amistad, el amor y el sexo, que ha sido lo que hemos aprendido aquí.
—Salud —contestaron las demás, chocando sus delicadas copas.
—Salud —dijo Sarah al final y se levantó de su sillón. Llevaba un escotado y corto vestido rojo. Lucía impecable como siempre, y emanaba de ella una sensualidad que no se veía en otras mujeres. Las chicas que la rodeaban no eran más que pequeñas flores al lado de un inmenso árbol lleno de frutos como el de ella—. Disfruten de la reunión.
—En realidad —dijo Charlote—, teníamos pensado en darle un obsequio de parte de todas.
—¿Obsequio? Oh, queridas. No deben de…
—Aquí está —Matilda sacó una pequeña caja de terciopelo y se la entregó a su novia. Esta, a su vez, se detuvo antes de dársela a Sarah.
—Espera. Leonore, te corresponden los honores. Eres la ganadora.
—Bien, lo haré —la muchacha se puso de pie y tomó la caja que le ofrecía Charlote—. Sarah, no sólo has sido nuestra madre durante este corto periodo de tiempo, sino que te has convertido en una magnífica amiga nuestra. Este obsequio va de parte de todas.
Sarah la miró a los ojos y sintió deseos de llorar. Dejó a un lado su copa y abrió la caja. Dentro, brillando, había un collar repleto de pequeñas cuentas de cristal y de oro. Debajo, una foto miniatura de todas las chicas de la mansión.
A la mujer se le escocieron los ojos. Le dio el regalo a Estela y abrazó a Leonore fuertemente.
—Vengan aquí —les llamó, y las chicas se acercaron para unirse en -un abrazo fraternal.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Charlote, una vez pasado ese emotivo momento.
—Podríamos meternos todas a la piscina —sugirió Pilar.
—Eso suena bien —respondió Sarah—, aunque no me he cargado el bañador.
—¿Quién dice que necesitamos bañador? —rió Matilda, y todas comprendieron lo que ella quería decir. Incluso Sarah se sonrojó.
Comenzaron, pues, a quitarse la ropa. Primero fue algo vergonzoso, pero después, el morbo invadió el ambiente de la casa, y se desnudaron entre sí.
—Creo que te corresponden los honores de quitarle la ropa a nuestra señora —dijo Nori, luego de que sus pechos quedaran al aire frente a sus compañeras.
—¿Es que tengo que hacerlo todo yo?
—Definitivamente sí —rió Charlote, desprendiéndole el sujetador a Matilda.
—Sin duda, tú —añadió Zafira, despojando de la pequeña tanga a Pilar mientras que Elena le quitaba el brasier.
Sarah, cuyo corazón comenzaba a dar tumbos violentos por lo que estaba viendo, optó por permanecer callada. La mayoría de sus hijas ya estaban desnudas, y paseó su mirada por todas ellas. Aunque ya las había visto detrás de las cámaras, tenerlas frente a frente era algo extraordinario.
Leonore, apenada y todavía vestida, se acercó a Sarah.
—¿Qué dice?
—Pues… —sonrió la señora—, con gusto.
Las chicas se sentaron de nuevo al lado de sus parejas para disfrutar del pequeño espectáculo.
Sarah se dio la media vuelta y se soltó el pelo. A continuación, Leonore tomó la cremallera del vestido corto, y la bajó hasta donde terminaba la espalda. Vio la blanca y suave piel de su señora, y por un momento, le cruzó la traviesa idea de besarla. Después, ayudó a Sarah a desprenderse de los tirantes. Le terminó bajando el vestido hasta quitárselo por completo. Entonces, todas se maravillaron ante el despampanante trasero que ofrecía la mujer. Las nalgas eran redondas y respingonas, y el encaje de una pequeña tanga rosada hacia un excelente juego con sus curvas.
Leonore desprendió el gancho del sujetador. Todas contenían el aliento. En cualquier momento Sarah se daría la media vuelta. Finalmente, la Leona removió la ropa interior que sobraba y regresó a su sitio. Sarah se giró, y todas sonrieron con picardía.
—¿Qué? ¿Nunca habían visto a una mujer desnuda? Andando, vamos al agua.
—¿Eh? ¿Y nadie me quitará la ropa a mí? —protestó Leonore, pero nadie le hizo caso. Las muchachas escoltaban a su señora como pequeñas doncellas al lado de una alta reina.
Leonore se desnudó por completo y las siguió a la piscina. Fue la última en meterse. Todas las demás ya estaban nadando o charlando animadamente mientras bebían bajo la luz del sol.
Matilda nadó hasta la orilla y se sentó. Echó su pelo rubio para atrás y arqueó la espalda, de modo que sus bellos senos se abultaron más. Cerró los ojos y respiró ese delicioso aire natural que bajaba de la montaña. Oía las risas de sus compañeras y miró a su alrededor para estudiar la escena. En el pasado, se habría sentido asqueada ante la imagen de tantas mujeres juntas. Ahora, admitió que le excitaba.
De un lado estaban Elena, cuya belleza poco a poco estaba regresando. Abrazaba a Zafira y a Pilar al mismo tiempo y no dejaban de reír. Del otro lado, Estela, Sarah y Charlote, brindaban y comían bocadillos. Leonore le ponía crema bloqueadora a Noriko, y Lucy y Nicole se estaban besando descaradamente en la orilla.
Vio cómo las manos de la pequeña Lucy acariciaban las firmes piernas de su novia, y luego, Nicole abría sus muslos hasta exponer su estrecha raja. Lucy, sin vergüenza, la tocó de una vez y su novia cerró las piernas para dejar su mano atrapada.
—¡Esa mano! —gritó Matilda y todas miraron hacia la pareja que comenzaba a calentarse.
—¡Uuuhh! —abuchearon las demás. Lucy y Nicole estaban que se morían de la risa.
—Oigan —nadó Charlote hasta ellas—. Hay habitaciones allá arriba. Si tantas ganas tienen, vayan y no estropeen nuestra fiesta.
Matilda se lanzó al agua y nadó rápidamente hasta Charlote. Esta seguía sermoneando sobre los modales y la descencia cuando su novia la atrapó por detrás y le cubrió los pechos con las manos. Charlote gritó, asustada.
—¿Qué haces, Matilda?
—Nada, sólo dando un lindo espectáculo a las demás.
Por un momento hubo silencio y luego, risas. Charlote se dio media vuelta. Miró a su novia con amor y le rodeó el cuello con sus brazos. No tardó nada en besarla profunda y pasionalmente.
Las demás las miraron con sendas sonrisas. Les encantaba el cambio que había tenido Matilda. Zafira, algo molesta aun por la relación de Charlote, decidió ignorarla y besó a Pilar en la boca. Todo esto a los ojos de Elena. A su vez, la Amazona no dudó en ponerse detrás de su mejor amiga y comenzó a recorerle la espalda con besos.
Las risas se hicieron insonoras. Al ver que todas estaban ocupadas ya, Sarah agarró a Estela e intercambiaron besos coquetos. Mientras, Leonore, que acariciaba la espalda de su novia mientras le ponía bloqueador, decidió que no se quedaría atrás. También quería disfrutar, y así, separó las nalgas de Noriko y hundió la lengua entre ellas.
Lucy y Nicole vieron que ya no había vergüenza en ninguna pareja, y reanuadaron sus arrumacos. Ahora Nicole abrió las piernas por completo, exponiendo su rosada vagina mientras los deditos de Lucy acariciaban el capuchón de su clítoris y lo apretaban.
Charlote tomó a Matilda de la mano y la subió a la orilla, justo al lado de Lucy y de Nicole.
—Abre —dijo Charlote, y Matilda así lo hizo, de modo que sus rodillas y las de Nic se tocaron.
Lucy, al ver que la boca de Charlote cubría la raja de Matilda, también bajó al agua y comenzó a practicarle sexo oral a Nicole. Las que lo recibían se miraron sonrientes y ruborizadas. Traviesa, Nicole alargó una mano y acarició la parte interna de las piernas de Matilda. Luego, ascendiendo, sus pechos y después la cabeza de Charlote.
Cuando Lucy notó lo que su novia hacía, decidió tocar a Charlote bajo el agua. Su mano acarició las nalgas de su amiga. Charlote, separándose y mirando a Lucy, le guiñó un ojo.
—Adelante —le dijo con confianza, y Lucy continuó con sus caricias.
Zafira dio un paso más allá y salió con su dueto del agua. Extendieron una toalla y se tiró encima, con las piernas separadas. Pilar se acomodó de inmediato sobre su cara, y bajó su cuerpo para que la morena pudiera disfrutar de ella. Por otro lado, Elena se acomodó entre las rodillas de su mejor amiga y lamió los jugos que esta le ofrecía.
La piscina ahora estaba rodeada del sonido de los chasquidos de los labios y de pequeños gemidos. Ya no había vergüenza alguna en lo que ellas hacían.
—¿Cambiamos? —le preguntó Charlote a Lucy.
—¿Te molestaría?
—No creo que ellas notaran la diferencia —susurró. Lucy lo pensó dos veces, y asintió.
Así, ambas cambiaron sin que sus parejas lo supieran, pues estaban echadas de espaldas mientras se tocaban los pechos. Lucy, frente a los encantos de Matilda, se sorprendió por el color rosado y tierno de los pliegues de esta. Separó los labios de la chica con los dedos, y cubrió su entrada con la boca.
Quien sí notó el cambio fue Nicole. Lucy le chupaba de una forma lenta y tierna. No como si quisiera arrancarle el clítoris. Abrió los ojos y grande fue su sorpresa al ver una cabeza castaña enfraascada entre sus piernas. Le avisó a Matilda, y vio que esta ya se había dado cuenta, pero no decía nada y sus mejillas habían adquirido un divertido tono rojo.
Decidió relajarse y dejar que Lucy disfrutara de otra chica. En esos momentos, sentir celos sería absurdo.
Noriko fue quien tuvo el primer grito de orgasmo y todas miraron hacia ellas. La japonesa estaba a gatas, con Leonore lamiendo todo lo que tenía a su disposición y penetrándola con los dedos. Hicieron una pausa para ver mejor. Aunque Nori ya se había corrido, a su novia no parecía importarle y penetraba más rápido.
Entonces, Leonore se dio cuenta de que la estaban mirando y lentamente sacó sus dedos.
—Am… ¿ups?
Rieron con ella y volvieron a lo suyo, sólo que estaba vez todas salieron del agua y se echaron sobre el césped, como un gran tapete de hermosos y mojados cuerpos. Estaban muy cerca las unas de las otras, por lo que tocarse era inevistable. Charlote y Matilda estaban en medio de todas ellas, dando rienda suelta a su pasión. La rubia, por ejemplo, no dejaba de besar la dulce boca de su novia mientras esta le tocaba el clítoris con los dedos. De repente, Matilda se sintió lamida y miró para atrás. Sonrió.
—¿Sarah?
—¿Qué?
—Nada…
Era como una especie de honor ser disfrutada por la madam de la mansión, así que dejó que esto sucediera y bajó sus labios hasta los grandes pechos de Charlote. Lamió y mordió los pezones de esta con sus pequeños dientes empapados en saliva. A su lado, Zafira y Elena hacían un magnífico sesenta y nueve, mientras que Pilar no para de masturbarse ni de mirar todo el sexo que había a su alrededor. Lucy y Nicole penetraban con sus pequeños dedos la estrecha abertura de Noriko y lamían de su vagina al mismo tiempo. Mientras tanto, Leonore, tras el lindo par de novias, pasaba su lengua de una e introducía sus dedos en la otra de forma alternada.
Estela regresó de la mansión con un juguete largo y de silicona. Con él no dudó nada en dárselo a Sarah y esta, separando las duras nalgas de Matilda, introdujo el juguete en su raja.
Matilda gritó al sentir semejante irrupción y como respuesta, se apoyó en las manos como una gatita y arqueó la espalda hacia abajo. Se relamió los labios. Charlote notó esto y se colocó en un sesenta y nueve bajo su novia. Tenía, ahora, un primer plano de la intimidad de su novia siendo penetrada por el juguete, y los deliciosos jugos de excitación formaban una pequeña película resbalosa que ella se apresuró a recoger con la lengua.
El desenfreno se extendió por un tiempo más, y cada vez, las prácticas lésbicas fueron aumentando de nivel. Hubo un intercambio total en las parejas. Charlote, ahora, penetraba con el juguete de veinte centímetros a Leonore, mientras que Zafira poseía a Noriko y la hacía gemir. Sarah y Estela habían tomado como víctima a la inocente Lucy, y le hacían de todo con el permiso de Nicole, quien sostenía a su chica de los tobillos para dejarla bien expuesta a las atenciones de la señora.
Matilda terminó corriéndose en la boca de Pilar luego de que esta se pusiera sobre ella en sentido inverso. Elena se penetraba a sí misma con un vibrador texturizado. No para de mirar lo que sucedía a su alrededor.
Matilda terminó con Pilar cuando esta decidió que iría a por Elena para tener un momento de intimidad. Hubo un intercambio de parejas, y de repente las únicas que se quedaron solas fueron Matilda y Zafira.
—¿Quieres… hacer algo? —preguntó Zafira, aunque no le gustaba la idea. Estaba mojada, con los pezones duros y el cuerpo bañado de sudor.
—Am… bueno, nosotras no somos algo así como amigas cercanas ¿verdad?
—Podríamos intentarlo. Mira a Charlote.
Charlote intentaba soportar el peso del juguete dentro de ella y las lenguas de Sarah y de Lucy que jugaban dentro de su boca.
—Creo que podríamos hacer algo —aceptó Matilda, y se recostó.
Zafira, insegura todavía, se acomodó a gatas sobre ella. Se relamió la boca y bajó sus labios hasta el cuello de la rubia. Era su rival de amores y no le terminaba de caer bien.
Lamió la piel blanca y bajó hasta los pechos. Los apretó con las manos y juntó ambos pezones para morderlos al mismo tiempo. Matilda cerró los ojos y estiró la mano para ver qué atrapaba. Logró conectar con el trasero de Elena, y penetró por su estrecha raja.
Zafira siguió bajando con su lengua hasta el abdomen. Jugó con el ombligo un poco y después… después allí estaba esa tierna y rosada vagina. Se pasó el pelo detrás de las orejas. Levantó las piernas de Matilda hasta exponer toda su intimidad. Mojó sus dedos. Escupió sobre el rosado e hinchado clítoris, y lamió como si no hubiera un mañana. Le gustó el sabor. Le gustó la cantidad de placer que emanaba de forma líquida del cuerpecito de su rival, y se olvidó de que ella le había quitado a Charlote.
Leonore gateó hasta donde estaba Lucy. Tenía muchas ganas de probarla y de hacerla sentir en el cielo. Ya que ella era la ganadora, Sarah y Estela se alejaron para dejarla. Lucy se sonrojó.
—Oh, no… —dijo antes de que Leonore se apoderara de ella y la hiciera gemir con más fuerza.
Antes de que se dieran cuenta, Leonore, Lucy y Charlote ya formaban un hermoso anillo de cuerpos y disfrutaban la una de la otra. Estela y Sarah se habían ido a un sitio un poco más alejado de las chicas para darse calor. Pilar amaba a Noriko de una forma tierna, y solamente Matilda y Zafira continuaban retozando la una sobre la otra, penetrándose mutuamente. Zafira alcanzó el juguete de silicona y lo introdujo en la boca de la novia de su amiga. Tenía el sabor del sexo de todas las demás. A Maty no le importó en lo absoluto, y cerró los ojos imaginando mil placeres venirse sobre ella.
—Eres toda una maestra en esto —sonrió Zafira, dándole unos besos en la boca—. Ahora entiendo por qué Charlote te ama.
Matilda no respondió en ese momento. Lanzó el juguete a Estela, que lo estaba pidiendo, y se sentó con las piernas cruzadas.
—¿Sigues enojada conmigo?
—Sólo estoy un poco celosa —Zafira decidió tomar un descanso y ambas chicas se fueron de regreso a la piscina. Las demás no notaron su ausencia.
—¿Celosa de qué? Tienes a Pilar y a Elena.
—Ellas no son buenas para el amor —confesó en voz baja. Tenían medio cuerpo dentro de agua y estaban apoyadas en la orilla. Veían la orgía en primera fila—. Sólo son excelentes compañías.
—Pues creo que te equivocas. El amor no debe ser así. Lo que siento por Charlote comenzó como un juego.
—¿No te pone celosa verla con otras mujeres?
—Ahora mismo me parece de lo más excitante, aunque siendo sincera, cuando todo esto pase, habrá ciertos problemas.
—Supongo —rió Zafira y miró a Matilda— ¿Dejamos de lado nuestras diferencias?
—Creo que eso es obvio. Acabo de tener tus dedos dentro de mí.
—Y te gustó ¿verdad?
—No estuvo mal.
Rieron de nuevo.
—Amigas —dijo Matilda por fin.

Luego de refrescarse, volvieron a la orgía y se mezclaron y disfrutaron de todas las mujeres que estaban allí. La fiesta de despedida se alargó, entonces, hasta el atardecer, y cuando el último orgasmo de Lucy fue dado al aire, las mujeres se detuvieron y se quedaron recostadas donde estaban.
—Eso sí que ha sido una despedida —confesó Sarah, tratando de recuperar la respiración.
—Confirmo —aventuró Charlote, pasando encima de sus amigas y poniéndose al lado de su novia. Le separó los muslos y lamió para limpiar la saliva de las otras chicas que la habían usado.
La idea fue copiada por todas las novias, y en unos minutos, el grupo se desintegró y cada quien se fue con su respectiva pareja. Ahora, luego de la diversión, lo único que quedaba era que cada una hiciera el amor con quien le correspondía, y eso, podría alargarse hasta el anochecer.

Yurita
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Mensaje por Yurita el Lun Dic 18, 2017 11:57 am
Epílogo.

Zafira llegaba tarde. Aceleró ruidosamente y el coche deportivo revolucionó hasta rebasar al camión de pasajeros que iba por delante. Volvió a su carril de forma temeraria. No era culpa suya que se hubiese retrasado, pues las chicas de su mansión no eran lo suficientemente listas como para no meterse en problemas sin ella.
Su teléfono sonó y ella contestó sin dejar de conducir.
—¿Qué?
—Mi señora… las chicas preguntan si sería posible que les cambiara el reto.
—¡Ay! ¡Por favor, Rocío! Estoy segura de que puedes encargarte de esto tú sola.
—Con todo respeto, señora, es su mansión y usted convocó a las doce muchachas. ¿No debería estar aquí?
—Tengo otras cosas qué hacer. Te lo he dicho. Resuélvelo, y si una de ellas renuncia al reto, será expulsada.
—Sí, señora.
Rocío se despidió y Zafira lanzó el teléfono al asiento. Aunque tenía treinta años ya, seguía sin comprender cómo es que la juventud se había convertido en un montón de púberes cobardes incapaces de enfrentarse a un reto de nada. Si algo le había enseñado Sarah, era que necesitaba tener mano dura o las señoras de las otras mansiones pasarían sobre ella y se burlarían de sus hijas de la misma forma en la que Carolina se había burlado de Sarah, hacia tanto tiempo atrás.
Recordó con una sonrisa esos bellos tiempos. Eran inolvidables y constituían un sagrado tesoro. No es como si no hubiera vuelto a ver a sus amigas queridas. Hasta hacía un año, seguían reuniéndose para celebrar una orgía en honor de su amistad. La última había sido en diciembre, para amanecer desnudas el primero de enero.
Y desde eso, dos chicas habían decidido dejar de asistir a esas fiestas carnales. Tenía que admitir que sin ellas no era lo mismo. Sin embargo, había una decisión muy importante detrás de sus acciones.
Finalmente apareció la mansión de Sarah en su campo visual. Zafira aceleró y cruzó la verja sin importarle arrollar una planta que se le había cruzado en su camino. Estacionó al lado de los demás coches y se apresuró a bajar. Se acomodó el corto vestido negro, tomó su bolso y subió los anchos escalones. Tocó la puerta con la aldaba y una dulce chica vestida de criada le atendió.
—¿Invitación?
—La olvidé. Déjame entrar.
—No puedo dejar…
—Mira, niña ¿sabes quién soy?
La pregunta tomó a la criada por sorpresa. Zafira aprovechó eso y entró rápidamente. Corrió hacia el jardín y llegó justo cuando Charlote estaba cortando el pastel.
Se quedó allí, quieta y en silencio. Su amiga, su amor platónico e inalcanzable se veía hermosa con su vestido blanco y el gran velo de novia cayéndole sobre la espalda. Junto a ella y rodeadas de sus amigas, otra chica igual de preciosa, con el pelo del color del sol y portando un vestido similar, miraba todo con una sonrisa llena de amor.
Zafira caminó y encontró su lugar al lado de la guapa de Pilar.
—Llegas tarde —le reprochó esta, después de saludarla con un caliente beso en la boca.
—Perdón ¿dónde está Elena?
—No tardará. Su vuelo se retrasó un poco.
La morena echó una mirada a todas sus amigas reunidas allí, y se sintió de nuevo en casa, sólo que ahora ya no estaban allí para celebrar retos ni fiestas grupales. Estaban allí para celebrar una boda, y cuando Charlote y Matilda se besaron frente a su hermoso altar lleno de flores, todas se levantaron y aplaudieron. Incluso las pequeñas gemelas pelirrojas que eran las hijas de Nicole y de Lucy. Incluso Leonore y Noriko que seguían juntas. Incluso Sarah y Estela, cuyos cabellos ya comenzaban a volverse canosos.
—¿Qué planes hay después de esto? —preguntó Pilar a Zafira.
—Simple: comer, embriagarse y ser feliz, pero antes de eso… —se levantó y caminó hacia Charlote.
Matilda, con el hermosísimo vestido de novia, se puso un poco tensa al ver a su rival acercarse. En diciembre habían tenido una pelea y no se habían visto desde entonces.
—Chicas —saludó Zafira y tomó a ambas de las manos. Charlote no podía contener su sonrisa.
—Señora —saludó con una reverencia—. Me alegra que haya dejado su mansión para venir a nuestra fiesta.
—Charlote, Matilda, saben que siempre seré su amiga. Aunque a veces las odio un poco.
—Ese no es precisamente el discurso para una boda —replicó Matilda.
—¡Oh, ven acá! —exclamó una contentísima Zafira, y rodeó fuertemente a sus amigas.
El pasado quedaba atrás. Bueno, sólo las diferencias y las rivalidades. Lo que importaba no era eso.
Ni el futuro.
Tampoco el presente.
Importaban las personas allí reunidas. Importaba el cariño y la amistad que imperaban como una fuerza que unía a todas las almas que estaban en ese mismo jardín.
—Felicidades —dijo Zafira, llorando de felicidad.
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Bien bien! este ha sido el final de esta historia! en realidad pienso que me ha quedado bien divertida y hot jajaja. Gracias a Delfi por estar conmigo en cada entrega. Desde lo mas profundo de mi kora, gracias :( te mando un abrazo. Estoy en wattpad como Leonore40k si quieres seguirme. Saludos y buen día!
Yurita
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