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Mensaje por Yurita el Dom Mar 12, 2017 8:02 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Hola! bueno, aquí les dejo otra de mis mas recientes creaciones, asi que esperemos que les guste. Tiene lemon, así que veamos que tal va jeje.


Última edición por Yurita el Lun Dic 18, 2017 11:58 am, editado 19 veces
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 06, 2017 10:45 am
@Delfi22 escribió:Esta Sara y sus ideas...la verdad no sé como vaya a terminar esta obra de teatro y más teniendo como capitanas a estas dos..Además esas miradas de Nicole y Lucy a ver en como terminan estas dos..Y como siempre un capítulo genial. Nos vemos en el próximo..Que estés bien..   XXXXX..

jeje Sara siempre tiene ideas locas; pero la obra de teatro será divertida e importante para cierta persona xD.
Gracias por leer, y por estar al pendiente de mis historias! un abrazo, Delfi!
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 06, 2017 10:46 am
El ensayo del equipo de Leonore no estaba marchando viendo en popa. Mientras que Nic y Lucy hacían bien su trabajo, Chartlotte y Matilda tenían constantes roces a la hora de llevar a cabo la escena final. Para montarla, habían dispuesto de un lecho hecho con cojines y paños de seda y terciopelo. Matilda, ataviada con un vestido de encaje, bastante ceñido y que realzaba la redondez de sus senos, tenía que tenderse allí en una posición de somnolencia, y después, Chartlotte, que llevaba unos pantalones viejos, una camisola y una chaqueta brocada, entraba y trataba de depositar un beso en la doncella.
Leonore supervisaba la escena desde uno de los asientos del público. Llevaban sólo dos días ensayando y no lograban grandes avances con el acto final. Lucy y Nic, simulando ser guardias derrotadas, estaban echadas sobre el piso. Sus cascos de metal de utilería tenían visores y a través de ellos miraban cómo de desarrollaba el trabajo de sus compañeras.
Chartlotte se acercó al lecho y miró a Matilda con atención. El vestido de telas doradas y encajes en las muñecas le gustaba mucho; pero más la chica que lo estaba portando. El escandaloso escote y el corsé hacían que las tetas de la doncella rica se asomaran hasta la mitad, blancas y redondas como dos perlas. Además, el exquisito maquilla le daba un aire más sofisticado y femenino. Chartlotte se preguntó cómo serían las puntitas de esos candorosos senos. Era una lástima que su amiga fuera del otro bando.
Se inclinó mientras recitaba sus líneas.
—Oh, mi hermosa, mi amada doncella de cabello de oro. ¡Mira lo que te han hecho! Mi amor, mi querida niña de bien, yo te despertaré! Viviremos juntas, seremos felices. Te lo prometo.
Las mejillas de Matilda se sonrojaron mientras se esforzaba por mantenerse dormida. En cualquier momento vendría el beso. Chartlotte, se pasó un mechón de pelo castaño detrás de la oreja y se inclinó para besarla. Lentamente, su respiración suave acarició la nariz de su compañera, y luego pegó la punta de sus labios a los de ella. El beso debía durar lo suficiente como para parecer dramático, y mientras se despertaba, la princesa tenía que envolver a la asesina con sus brazos y acariciarle la cara.
Allí estaba el problema. Matilda apenas movió la mano, tocó a Chartlotte en la mejilla y ésta presionó más sobre sus labios. La muchacha se inquietó y despertó de un brinco. Volvió a golpear la frente de la asesina y toda la función terminó mal.
— ¡No! Chartlotte, basta.
— ¡Corte! —exclamó Leonore —. ¿Matilda?
—Sentí su lengua.
— ¡No es cierto! Tengo los labios húmedos. Eso es todo. Además, ya me duele la cabeza. Matilda es tan mojigata.
—Es que no quiero hacerlo. No me gusta. Me gana la risa, me ganan los nervios. No seré una buena actriz. Por el bien de la obra, cambiemos de papel.
—Yo no besaré a nadie más que no sea a Noriko, y tampoco lo hará Tris, ni mucho menos Lucy.
—Tengo una idea. —dijo Nic, levantando la mano —. ¿Porqué no cambian los roles? Si a Matilda le da pena que Chartlotte la bese, mejor que sea ella quien lo haga. Es decir, que Chartlotte se vuelva la doncella.
Las miradas de todas se pusieron en las chicas.
—¿Les parece la idea?
—Bueno… está bien. —dijo Matilda, inconforme todavía.
Se cambiaron de disfraces, tomaron sus lugares y volvieron a repetir la escena. Esta vez, Chartlotte era la doncella, pero no había podido ponerse bien el vestido porque el tamaño de sus senos difícilmente encajaba en el escote, y le sentía que se los estaban presionando demasiado. Hasta que el ensayo terminara, Lucy haría las adecuaciones necesarias a la ropa.
Matilda interpretó bien su papel y llegó a la escena final. Se inclinó y recitó las mismas palabras que Chartlotte, luego se inclinó. Tragó saliva y notó que su boca estaba seca. Cerró los ojos y le dio un beso de pico a la doncella. Duró menos de un segundo, y se separó.
— ¡Corte! ¡Matilda, tiene que ser sensual, duradero y demostrar amor! ¿Es que no quieres ganar?
— ¡Sí! Es sólo que… no puedo hacerlo. No con las tetas de Char a punto de escapar del vestido.
Tris se rió.
—Uy, eso quiere decir que te apenas al verla.
Repitieron la escena, aunque ésta vez con una manta cubriendo las curvas de la princesa. De nuevo, el beso de Matilda fue demasiado corto y a Char no le dio ni tiempo de acariciarla como estaba en el guión.

En la mansión, el equipo de Zafira no había logrado nada. Estaban en el auditorio, y lo único que se escuchaban eran los besos de las chicas. Tamara y Andrea no dejaban de tocarse en un rincón. En el otro, Elena y Zafira jugaban con sus bocas. Noriko y Ana eran las únicas que estaban trabajando en el guión y haciendo algunas adecuaciones, mientras miraban celosas a las demás.
—Esto no es justo. —protestó Noriko —. Quería ir con mi cariñito.
—Ya. Mejor concéntrate en nuestro trabajo. ¡Oigan, ustedes! Dejen de comerse los morros y vengan a ayudar!
A duras penas, las cuatro muchachas se levantaron y se acercaron para apoyar al ingenio de Ana. Se colocaron los disfraces y se dispusieron en sus sitios para ensayar todo de principio a fin. Ana interpretaba muy bien su papel como la chica del campo, que había venido a buscar mejores oportunidades a la ciudad. Tenía facilidad de palabra, contrario a Andrea, que se trababa con sus diálogos constantemente. Zafira, con las piernas sobre el regazo de Elena, supervisaba el desarrollo de la función y tomaba apuntes sobre algunas cosas que había qué mejorar.
Finalmente llegaron a la escena en donde la campesina se encontraba con su jefa y le declaraba su amor. Tamara, vestida con un sexy traje de ejecutiva, salió detrás de su mesa y tomó a Ana de las caderas.
—Lo siento. Desde que llegaste te he tratado mal, y sin embargo… me gustas mucho. Me haz hecho feliz y me has demostrado la verdadera felicidad en el amor. Ana ¿quieres ser mi novia?
—Lo deseo. De verdad que lo deseo con toda convicción.
Las dos muchachas se besaron lento y pausado, pero después, Tamara se encendió y decidió usar su hábil lengua para encantar a Ana. A esta le extrañó la intromisión, pero se dejó llevar y apretó su cuerpo con el de su amiga. Los pechos de ambas se presionaban mutuamente.
— ¡Bien, corte! —dijo Zafira —. Lo han hecho de maravilla. Ana, sería bueno que fueras un poco más apasionada. Pareces tímida, y tú, Tamara, tienes que poner una expresión de gozo y alegría, no una como si quisieras comértela en la cama. Vamos a volver a repetir la escena las veces que haga falta. No dejaré que una boba empollona como Leonore me gane. Todas, a sus puestos.

Ya era tarde cuando Leonore dio por finalizado el ensayo. Recogieron todo y se dispusieron a salir. Matilda y Chartlotte eran las últimas en irse, y miraban el escenario con una clara mueca de preocupación.
—¿Crees que ganemos, Chartlotte?
—Es probable. Sara quiere ver acción y no dudo que Zafira hará cosas locas en su obra. Hagamos nuestro mejor esfuerzo y veamos qué sucede.
Matilda estiró los brazos.
—¿Realmente soy tan mala besadora?
—No sé por qué no puedes hacerlo, Maty. Sólo es un beso. Imagina que soy un chico rubio y muy atractivo con gran pectoral.
— ¡Ja,ja,ja! No es tan fácil hacerlo. Lo siento, es sólo que… me incomoda mirarte.
—¿Temes que pueda gustarte? —la pulla iba dirigida a hacerla reír, pero Matilda suspiró con cansancio. Desde el medio día había estado quejándose de dolores de cabeza.
—No me gustan las mujeres. Si fueras hombre, ya me hubiera ido a la cama contigo.
—Vaya, creo que tomaré eso como un halago. ¿No quieres que ensayemos ahora la escena del beso? A lo mejor sin la presión de Leonore, ni las bromas de Tris, puedas hacerlo mejor.
—¿Crees que sea eso?
—Podemos intentarlo.
Leonore se asomó por la puerta del teatro.
—¿Vienen?
—Nos quedaremos a ensayar unos minutos más. —dijo Chartlotte. Leonore asintió y se marchó.
—Bien. Vamos a comenzar. Ven, Maty.
Volvieron a ponerse los disfraces. Ahora el vestido ya había sido ajustado para el busto de Char, y le vino como anillo al dedo. A Matilda le gustaba el traje de asesina. La mostraba como una chica dura y decidida.
—Lo primero que debemos hacer —dijo Chartlotte —, es acostumbrarte al contacto físico con una chica. Tienes que ser dócil y gentil. Amorosa y atenta.
—¿Cómo sugieres que haga eso?
Chartlotte se echó en el lecho de almohadas y tomó una posición relajada.
—Móntame. Vamos a acariciarnos un poco.
— ¡Estás loca!
—¿Quieres ganar o no?
Suspirando y avergonzada, Matilda obedeció. Cuidadosamente puso ambas rodillas a los costados de Chartlotte. Sintió el cuerpo de esta entre sus muslos. Tragó saliva. Su amiga levantó las manos y empezó a darle suaves caricias en las piernas, sin apartar la mirada de sus ojos azules. Sonrió al ver lo bonita que se veía Maty con las mejillas coloradas. Subió un poco más hasta posar sus dedos en sus brazos. Le tocó los hombros y le frotó el cuello. Finalmente, le sobó la cara con las yemas de sus dedos. Matilda cerró los ojos.
—¿Te gusta cómo se siente?
—Es… relajante.
Cada caricia le mandaba un escalofrío sobre la piel. Matilda respiró entrecortádamente y aguantó durante unos buenos diez minutos los toqueteos inocentes de su amiga. Abrió los ojos cuando las manos de Char se posaron sobre sus pechos.
—Que me tocaras ahí no estaba en el guión.
—Lo siento. No me pude resistir. Bien. Ahora te toca a ti. Acaríciame. Tienes que acostumbrarte al contacto físico para perder los nervios.
Maty sonrió. Era una cuestión de orgullo. No se permitiría sentir vergüenza. Comenzó primero con la cara de Char. Notó que la piel de su amiga estaba tibia. Le gustó cómo sus mejillas se sonrosaron. Una sonrisa inocente se abrió paso en esos bonitos labios carnosos y al hacer esto, un hoyuelo apareció en la cara de felicidad de la doncella.
—¿Lo estás disfrutando? —le preguntó a Chartlotte.
—Soy una chica a la que le gustan las chicas, y ahora mismo, tengo a una muy hermosa acariciándome el rostro. Me estás excitando.
— ¡Bien, suficiente! —exclamó Matilda e hizo ademán de separarse. Chartlotte la sujetó de las manos.
—Continuemos. Lo siento. No quería incomodarte.
—¡Joder! Sólo no digas estupideces ¿vale?
— Fingiré que duermo. Cerraré los ojos.
Más tranquila, Matilda volvió al trabajo. A los pocos minutos ya se había habituado y le gustaba sentir la suavidad debajo de las yemas de sus dedos. Delineó los labios de Chartlotte, le frotó los pómulos y la frente. Finalmente bajó al cuello, y también a los hombros. Le pareció que era una chica frágil, muy esbelta y bastante guapa. Un cosquilleo en el vientre le hizo sentir escalofríos cuando vio el lindo canalito que dividía los senos de Chartlotte. Se preguntó de qué talla serían, y cómo sería el sujetador que estaba usando en esos momentos. Tragó saliva y parpadeó rápidamente para abandonar esas ideas. Volvió la atención a la hermosa cara de su amiga. Luego, se alarmó cuando ésta la tocó otra vez.
Durante unos quince minutos, ambas chicas permanecieron en silencio, una encima de la otra e intercambiando roces. Las manos de Char volvieron a colocarse suavemente sobre los pechos de su amiga, y ésta los dejó estar. En su fuero interno, sentía cómo sus pequeños pezones se excitaban debajo de la camisa. A Chartlotte se le formuló un poco de sudor en la frente.
—Creo que ya debemos parar. —dijo Matilda, y esta vez, sintiendo cómo le cosquilleaba la entrepierna, Chartlotte asintió.
—Eso fue educativo…
—De repente hace calor. —bromeó la doncella y ambas se rieron —. Ahora viene el beso.
—Pienso que mejor lo dejamos hasta acá.
—Aprovechemos que estamos algo excitadas para hacerlo.
—Yo no estoy excitada en lo más mínimo.
—Tu pecho rojo no dice eso, querida Maty.
Más risas. Matilda tuvo que aceptar que sí se había excitado después de más de media hora de caricias. Chartlotte fue quien la abrazó primero, y lentamente acercó su cara a la de ella.
—Cierra los ojos. No me veas aproximarme a ti. Cuando sientas mi boca, trata de resistirlo.
—No uses tu lengua.
—No lo haré. Sentirás mis labios húmedos. Eso es todo.
El contacto fue débil. Matilda sintió algo… algo delicioso apoderándose de sus células. De repente Chartlotte olía muy rico, y besaba tan bien… tan suave, tan dulce… No tardó en relajarse. Sus manos se deslizaron hasta encontrar el cuello de Chartlotte, y también la abrazó. Al principio sólo estaban pegadas y nada más. Sin embargo, Chartlotte movió su rostro suavemente, y Matilda la siguió. Este cambio hizo que sus labios chasquearan y volvieran a unirse. Los brazos de Maty se apretaron más y los traviesos dedos de su compañera le apretaron la cintura y se metieron por debajo de la camisa hasta rozarle la piel. Como si tuviera miedo, la otra chica la abrazó más fuerte y se sintió… muy cariñosa. Como si quisiera demostrarle cuánto la quería por haberla defendido en los peores momentos.
Chartlotte fue la primera en separarse. Su corazón daba tumbos muy, muy locos dentro de su pecho. Al ver a Matilda frente a ella, con sus brazos todavía rodéandole el cuello, su respiración un poco agitada y su cara roja como un tomate, sintió algo hirviendo que le recorría la sangre. Volvió a acercarse y Matilda no la rechazó, sino que la besó de nuevo, y esta vez sus bocas chasquearon durante un rato más, en medio del silencio. Sin darse cuenta, o tal vez sí, se acomodaron en el lecho de almohadas y sábanas de seda, donde continuaron probando el sabor de los labios de la otra durante diez minutos más.
—No… no está bien, aguarda, Chartlotte. Paremos.
La muchacha se detuvo.
—¿Todo bien, amor? —le preguntó, llena de cariño y ternura.
—No. No está bien. Dios…
—¿Qué ocurre, Matilda?
La chica se tapó la cara con las manos.
—Oye, Matilda…
—Sólo déjame respirar.
Se tomaron unos minutos. La pequeña pasión ahora estaba extinta. Finalmente, Matilda descubrió su cara. Había estado llorando un poco.
— Ay, Matilda…
—No te preocupes. Sólo… me gustó. Eso es todo.
—El cuerpo humano reacciona a estímulos sin importar el sexo. Lo siento, fue culpa mía. Me dejé llevar.
Aunque sabía que también era culpa suya, Matilda se aferró a la idea de que había sido la víctima. No obstante, no ofendió a su única amiga.
—Vamos a la mansión y no le digamos nada de esto a nadie ¿Está bien, Chartlotte?
—Sí. ¿Un último beso?
—¡No!
—Bien, tenía que intentarlo. Disculpa.
Matilda se rió un poco, y como afuera ya era de noche, lo que sí aceptó fue recorrer todo el sendero de vuelta, tomada de la mano de Chartlotte.
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Mensaje por Delfi22 el Dom Mayo 07, 2017 12:24 pm
Jajajaja!---si bien dice el dicho...primero cae un hablador que un cojo..pobre Maty ya esta sintiendo las mieles del deseo por una chica y que mejor que con Chartlotte.. Sad

Bien ahora solo queda ver quién gana y como termina todo este enredo de chicas pervertidas..
Hasta la próxima...XXXX..
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Mensaje por Yurita el Dom Mayo 14, 2017 11:28 am
@Delfi22 escribió:Jajajaja!---si bien dice el dicho...primero cae un hablador que un cojo..pobre Maty ya esta sintiendo las mieles del deseo por una chica y que mejor que con Chartlotte.. Sad

Bien ahora solo queda ver quién gana y como termina todo este enredo de chicas pervertidas..
Hasta la próxima...XXXX..

jaajja sii Maty ya está comenzando a caer, poco a poco se va dando cuenta de que ya le está gustando "el otro lado de la calle" xD, además viviendo con tanta belleza... una tiene sus necesidades.
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Mensaje por Yurita el Dom Mayo 14, 2017 11:30 am
Hola a todas; aunuqe creo que mi única lectora es Delfi xD, en fin, aquí dejo la siguiente continuación.

Era el tercer día del ensayo, y cada una de las muchachas ya se habían metido muy bien en sus papeles. Lucy y Nic preparaban los vestuarios y les daban los últimos retoques, mientras que Leonore y Zafira intercambiaban algunas opiniones, sin mencionar nada de la naturaleza de sus obras. Era muy raro que Leonore se sorprendiera por algo. La chica a menudo era una persona serena, que no se dejaba intimidar y siempre mantenía la compostura. Por eso es que fue tan impactante cuando se quedó con la boca abierta y los ojos desorbitados al ver a Chartlotte y a Matilda unidas en un afanoso beso.
—¡Corte! —exclamó al final y se cerró el telón.
Chartlotte abrió los ojos y sonrió a Matilda. Ella, con las mejillas todavía muy rojas, se separó lentamente, como en un sueño.
—¡Eso fue fabuloso! —exclamó Lucy —. Pude sentir el amor, el romance, la pasión en su beso. ¿Cómo lo hicieron? ¿Son novias o algo así?
Chartlotte decidió no bromear con esa idea. Notaba, pese a todo, la incomodidad de Matilda cuando sus labios se tocaban. No negaba que le gustaba la forma tímida en la que ella la besaba; pero tampoco era como para hacer un escándalo y llamar la atención.
—Sólo estuvimos hablando y decidimos que era mejor aguantarse y darlo todo por la obra.
—¿Entonces no hay nada entre ustedes? —preguntó Tris, emocionada. Las dos muchachas en cuestión se miraron con cierta simpatía, y rieron.

—No hay nada. Sólo somos actrices profesionales. —fue la respuesta de Matilda.
—Bueno. Ensayemos una vez más. Hay ciertos detalles que me gustaría acomodar.
Las muchachas se tomaron un descanso antes de volver a las prácticas. Nicole, que había visto encantada la genial actuación de sus compañeras, sintió deseos de besar a Lucy. Era un hecho que la muchachita le gustaba mucho. Era delicada y femenina. Si pudiera hacer alguna analogía con ella, sería con una bonita y solitaria flor. Tal vez un girasol. Además, le intrigaba sobremanera su extraño comportamiento nervioso y vigilante. No dejaba que nadie la tocase, ni tampoco se mostraba muy social en ocasiones. Constantemente estaba metida en sus propios pensamientos y a veces su mirada se perdía en la nada.
—¿Estás bien? —le preguntó Nicole, sentándose junto a ella en el borde del escenario. Lucy estaba comiendo un poco de comida china con unos palitos de madera y hasta ese momento tenía la mirada melancólica y vacía.

—Estoy bien. Déjame comer tranquila. —A Nicole le pareció que su voz tenía un mensaje oculto, como un cristal que está a punto de romperse.
—Oye… no sé qué te haya ocurrido; pero las cosas mejorarán. Eres una buena chica y he notado que todas te quieren. Sonríe un poco más. Tienes una boca muy bonita.
En cualquier otra ocasión, Lucy se habría sonrojado. Sin embargo, lo que hizo fue romper en llanto. Un llanto silencioso. Nic se asustó y miró a su alrededor pensando qué hacer o qué decir. Los palitos que sostenía Lucy entre sus delgados dedos cayeron al piso y estuvo por soltar la caja de su almuerzo. Sólo por Nicole, que la agarró en el último segundo, evitó que todo se desperdiciara.
—Lucy… ¿quieres un abrazo? —le preguntó mientras la rodeaba, pero como si su piel estuviera rodeada de espinos, la chica se apartó de inmediato.
—Evita tocarme, por favor. No es personal. Sólo… no me gusta.
—Bu-bueno, vale. Lo siento. No quería invadir tu espacio personal.
—Déjame sola un rato. Me sentiré mejor después, durante el ensayo.
De repente Nicole se sintió muy triste. Quiso acariciarle la barbilla, y al no poder hacerlo, ni consolarla tampoco, se apartó y fue a hablar con Chartlotte.
Encontró a la doncella en el camerino, poniéndose un poco de polvos en la cara. Estaba frente a un tocador, con el espejo iluminado por varios focos encendidos.

—¿Podemos hablar un momento, Char?
—Ah, hola. ¿Vienes a alabarme por mi buena actuación?
—De hecho, es algo más serio.
Char se dio media vuelta sobre su silla.
—¿Qué pasa, Nic?
—Es sobre Lucy. Verás… quisiera saber qué es lo que le sucedió. Está un poco trastornada, y hace ratito se puso a llorar mientras comía. Siempre parece estar sola y en ocasiones tiene la mirada un tanto extraviada en la nada. ¿Está ella bien?
Chartlotte sonrió para sus adentros.
—¿Ella te preocupa de verdad, o eres chismosa?
—Me preocupa. No me gusta ver a las personas tristes y siempre que se pueda, intento ayudarlas. Mi mamá murió de depresión…
—Oh, lo siento, Nic…
—Descuida. Eso fue cuando yo tenía diez años. Ahora soy diferente. ¿Qué le pasa a Lucy?
Quizá debería de haberse quedado en silencio, pero Chartlotte decidió contarle la verdad, aunque le suplicó a Nic que no le dijera nada a nadie. Lo hizo por el bien de Lucy. Nic parecía estar interesada en ella de un modo más profundo. Había visto la forma en la que la pelirroja se le quedaba mirando, y le gustaba imaginar que, con la salida de Sam, una nueva oportunidad de amor se le presentara a Lucy.
A medida que lo escuchaba, la cara de Nic pasó de la sorpresa al asco total. Repitió el nombre de Samanta dentro de su cabeza, y se le formó la imagen de una chica sádica, sin corazón, superficial y poco ética. Se preguntó cómo había sido posible que un dulce pan de azúcar como Lucy fuera novia de alguien como ella. Cuando Chartlotte le contó la parte donde Lucy perdió la virginidad de manera forzada, Nic ya no quiso seguir escuchando.
—Bien, creo que comprendo lo que sucedió. ¡Dios mío! Lucy… ella debe de sentirse poca cosa, como un trapo usado. Con razón no deja que nadie se le acerque.

—Así es. Por eso es que todas la cuidamos y tratamos de animarla. Sin embargo, las cosas no marchan muy bien. Aunque parece que está saliendo a flote, Leonore y yo nos hemos dado cuenta de que su cara está cambiando y refleja lo mucho que sufre.
—Tengo ganas de abrazarla.
—Lucy es una buena chica. Todas aquí la respetamos. Además, es la menor de nosotras, y era la única virgen. Por eso nos sentimos indignadas cuando Samanta la…
—Entiendo. No digas esa palabra. ¿Hay algo que pueda hacer?
—Supongo que si Lucy te gusta, podrías tratar de acercarte. Si de verdad la quieres para algo más que una simple amiga, tendrás la fuerza y la perseverancia para sacarla del agujero en el que se está metiendo. Sin embargo, las cosas están recientes. Sus heridas tardarán en sanar.
Nicole suspiró con cansancio. Nunca antes había tenido novia, ni tampoco se había interesado por alguna chica. Se consideraba bisexual porque no negaba la posibilidad de verse implicada en una relación lésbica. Ahora que al fin se sentía atraída por alguien, lo experimentaba de una forma más dolorosa y confusa de lo que hubiera imaginado.
Se despidió de Chartlotte y salió a caminar un rato para poner en orden sus pensamientos.

Por la noche, Lucy bajó a cenar. Lo hizo cuando todas las demás ya se habían ido a dormir. Quedaban sólo unos pocos días para los estrenos de las obras y ella se sentía más cansada de lo normal. El comedor estaba casi a oscuras, y ella encendió solamente una lámpara que aportó una tenue iluminación. Se sentó frente a un plato de ensaladas de frutas con yogur, e intentó comer antes de quebrarse en llanto. Las comidas nocturnas eran cosa de Samanta, y el estar haciendo ella lo mismo, recordó a su ex novia.

Lloró en silencio durante unos pocos minutos antes de comenzar a comer. Las frutas no tenían sabor dentro de su boca, y le estaba comenzando a doler la cabeza.
—¿Quieres compañía? —le preguntó Nicole, sentándose junto a ella en la mesa.
—¿Qué haces despierta? —inquirió Lucy, a la defensiva.
—Sólo bajé a tomar mis medicinas. Tengo el azúcar un poco elevada. Soy pre-diabética y debo controlarme, o de lo contrario lo lamentaré el resto de mi vida.
Lucy asintió como si esa respuesta fuera suficiente. Se concentró en su cena, aunque comió sin mucho interés. Decidió ignorar a Nicole, hasta que ella volvió a hablarle.
—¿Te gustaría una malteada?
—No tenemos.
—Puedo hacerte una. Hay leche y helado. Espera aquí un momento.
Sonriendo por lo bonita que era Lucy, Nic se apresuró a mezclar helado de fresa con un poco de leche. Le agregó azúcar y algo de canela para darle un toque picante. También pulverizó algunas galletas de chocolate que encontró en la alacena. Lo juntó todo dentro de una licuadora.
Lucy la miraba sin poder entender cómo es que Nicole no la dejaba sola. ¿Qué tendría que hacer? ¿Gritarle? No necesitaba a nadie junto a ella. Tampoco deseaba estar en la casa. Quería volver a su ciudad y perderse entre sus sábanas para ignorar al resto del mundo y la forma tan horrible en la que le habían roto el cuerpo. El daño físico era irreparable. Nunca volvería a sentirse completa. No era como una herida que cicatriza. Sin quererlo, se había convertido en una mujer y el peso de esa realidad le estaba comiendo las entrañas.
Nicole volvió con ella y le sirvió la improvisada malteada en una copa grande.
—Seguro te gusta. Le puse un montón de cosas.
—Está muy dulce. —dijo Lucy, nada más probarla. De todos modos le gustó, y la bebió por completo en medio de un incómodo silencio. Nicole no dejó de mirarla con ternura. Tenía un brillo especial en sus ojos. Un brillo que le gustó a Lucy —. ¿Por qué estás muy interesada en mí?
—Creo que eres una chica muy especial. Y desde que te vi llorar… no sé.

—¿Me tienes lástima? —preguntó con una nota de enojo —. No necesito que me tengan compasión.
—Yo lo llamaría ser empática.
—No sabes lo que siento.
—Pues me gustaría tener una idea. Escucha, Lucy, sé que estás triste constantemente. Desde que llegué pocas veces te he visto sonreír. Incluso Leonore que es como una estatua, se ve más alegre que tú.
Lucy se levantó.
—Pues si río o no, es problema mío. No te metas en mis cosas.
Y diciendo esto, se dio media vuelta y subió por las escaleras. Nicole, anonada por ese repentino estallido, se quedó en la mesa suspirando. Al parecer, Lucy de verdad quería estar sola y no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo.

—Hazlo más despacio… no tienes que hacerlo tan fuerte. —dijo Chartlotte a Matilda.
—Lo hago lo mejor que puedo. No te muevas ¿de acuerdo? Nunca le había echo esto a ninguna mujer.
—¡Auch! Me lastimas. Eres violenta, Matilda. Sé gentil. Vas a arrancarme la piel.
—¡Quédate quieta!
— ¡Pero me duele! ¿no puedes usar menos dedos?
— Ya estoy poniendo los suficientes. Deja de quejarte.
Leonore, que miraba todo, habló.
—Si usan hielo, será más fácil para ambas.
— ¿En dónde voy a ponerle hielo?
—Justo allí. Ya verás cómo le gusta a Chartlotte.
Matilda bajó a la cocina. Llenó un vaso con cubos de hielo y volvió a subir al cuarto. Chartlotte la esperaba en la cama.

—Bien. —dijo Leonore —. Ahora tienes que hacer que se moje.
—Ya estoy bien mojada. —rió Chartlotte —. ¡Ay! ¡Está helado!
—¿Cómo demonios fue que te pegaste goma de mascar en el cabello?
Había sido una tontería de parte de Chartlotte dormir masticando chicle. Sin saberlo, se le había salido de la boca y al girar en su cama, se le pegó en el cabello. Desde entonces, Matilda y Leonore habían estado ayudándole a quitárselo. La castaña se negaba a cortarse el pelo, y durante los últimos quince minutos había tenido que soportar las uñas de Maty tirándole del cuero cabelludo, evidentemente sin mucha consideración. Leonore les explicó que si congelaban el chicle, sería más fácil quitarlo de su pelo.
—¿Se está yendo? Oh, por favor, Matilda, dime que funciona.
—Creo que si. No te muevas mucho. Voy a tirar un poco más.
— ¡Au! ¡Mi hermoso cabello! ¡Es mi mejor atributo!
—¿En serio? —Matilda luchaba con el peine —. Pensé que tus ubres eran tu mejor atributo.
—No les digas así. No tengo la culpa de haber producido mucho estrógeno durante mi adolescencia temprana.
—Todas aquí te envidiamos por eso. —señaló Leonore, y volvió su atención al guión. Estaba haciendo los últimos ajustes.
Finalmente, el chicle salió del cabello de Chartlotte, y esta, casi al borde de las lágrimas corrió al baño para darse una ducha de agua caliente. Matilda respiró con más alivio y tiró el chicle, todavía con mechones de pelo, a la basura.

—Tus besos han mejorado, Matilda. Lo haces bien.
—Gracias. No es difícil una vez que me acostumbré a sentir la lengua de Chartlotte en mi boca. Ni tampoco el sabor de su saliva. Debo decir que besar a una mujer es… interesante.
Leonore sonrió apenas.
—Bueno. Vives aquí con once chicas lesbianas. Era el momento de que experimentaras.
—Espero que Chartlotte no interprete mal nuestro beso. Es decir… no quiero darle falsas esperanzas.
—Estoy segura de que ella sabe perfectamente eso. Además, es la amante de Zafira. Las últimas noches ha dormido con ella.
—Lo sé. Las escucho gemir. A veces pienso que Sara construyó esta mansión y puso esas rendijas de ventilación de tal forma que todas pudiéramos escucharnos.
A Leonore también se le había ocurrido esa posibilidad.
Zafira entró al cuarto de Chartlotte y las vio reunidas allí.
—Wow ¿qué es esto? Hacían una orgía sin mí ¿verdad?
—¿Siempre piensas en sexo? —le recriminó Matilda.
—Mi vida, con esa minifalda que tienes y esas fabulosas piernas, tengo deseos de hacerte mía.
— ¡Ay! ¡Aleja tus pervertidas miradas de mí!
— ¡Ja,ja! ¿en dónde está Chartlotte?
—En la ducha. —respondió Leonore.
—Bien, es hora de hacerle una visita. Si quieren unirse, están invitadas.
Matilda, sorprendida por el cinismo de la mujer, vio cómo esta entraba al baño. Poco después, oyó los sonidos de las risas de Chartlotte y de Zafira. Leonore, a los pocos minutos, se levantó.
—Vamos. No me concentro. Además, quiero darme una ducha con Noriko. La he tenido un poco abandonada.

Matilda asintió, pero mientras salía del cuarto de Chartlotte, no pudo evitar mirar hacia el baño. Imaginó que ambas chicas estaban besándose… y sintió celos.----
-ñ--´-------------------

Celos, dulces y hermosos celos...
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Mensaje por juliana mosquera el Mar Mayo 16, 2017 9:45 am
Que locura esa casa... jajjajaja.... es de espanto jajjajaja... gracias por otro capítulo y no sólo tienes una lectora hay más solo que hay veces que no nos reportamos éxito con tu historia y espero conti pronto
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Mensaje por Delfi22 el Jue Mayo 18, 2017 2:23 pm
Si que Lucy la esta pasando mal y se esta encerrando más en ella misma, solo espero que Nicole sea muy paciente y logre sacarla de esa depresión. Pensé que Chartlotte y Matilda ya habían pasado de nivel..jajajaja.. Y solo era una goma de mascar... Y Zafirina tan perve y la pobre de Matilda empezando a sentir los famosos celos.Bien a la espera del próximo cap.Que estés bien..
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 20, 2017 5:20 pm
@juliana mosquera escribió:Que locura esa casa... jajjajaja.... es de espanto jajjajaja... gracias por otro capítulo y no sólo tienes una lectora hay más solo que hay veces que no nos reportamos éxito con tu historia y espero conti pronto

ejej gracias Juliana por comentarme! me alegra que te gustara XD, la verdad es que me hace feliz saber que tengo mas de una lectora que disfruta con mi ocurrencias. Espero te guste la siguiente actualización y te mando un lindo abrazo Smile
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 20, 2017 5:21 pm
@Delfi22 escribió:Si que Lucy la esta pasando mal y se esta encerrando más en ella misma, solo espero que Nicole sea muy paciente y logre sacarla de esa depresión. Pensé que Chartlotte y Matilda ya habían pasado de nivel..jajajaja.. Y solo era una goma de mascar... Y Zafirina tan perve y la pobre de Matilda empezando a sentir los famosos celos.Bien a la espera del próximo cap.Que estés bien..

Hola! gracias por leerme Delfi jeje, y tienes razón con que estas dos chicas se están poniendo mas calientes jajaj, bueno, espero te guste la siguiente actualización y que puedas disfrutar del hermoso mundo del yuri con estas chicas. un abrazo y nos vemos en el siguiente capítulo!
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 20, 2017 5:22 pm
Chartlotte iba nerviosa de un lado a otro de su camerino. Era el día del estreno de las obras y temía que se le olvidaran los diálogos. Al igual que sus amigas, quería ganar. Sus acostones con Zafira le habían dado una idea de la magnitud de la producción que ella iba a montar, y era muy erótica. Estaba segura de que a Sara iba a gustarle. Leonore, al contrario, se había ido más al dramatismo y a la tragedia. La suya no era una obra que hiciera reír, aunque la directora confiaba en que tendrían una participación destacada y que las cosas irían bien.
—¿Quieres estar tranquila? Me pones de los nervios. —le riñó Matilda, maquillándose frente al tocador.
—Nunca antes había actuado en una obra. relajada
—Mamá me metió a clases de actuación cuando era niña. Yo estoy bien.
Chartlotte sonrió.
—Pero si ya hasta sabes cómo besarme. Has perdido la vergüenza por completo.
A Matilda se le tiñeron las mejillas de rojo. No pudo recordar cuantos besos ya llevaba con su amiga, y de lo que si estaba segura era de que con cada uno de ellos, la necesidad de tocarla y de provocarla estaba haciéndose más fuerte. Matilda podía sobrellevarlo mentalmente, y ponerse restricciones psicológicas y emocionales. Sin embargo, su cuerpo le reclamaba otra cosa. Ardía en la necesidad de dessnudarla y acariciarla en sitios donde no le daba la luz del sol. Agradecía que la obra ya fuera a terminar. No volvería a probar los labios de Chartlotte nunca más.
Pocos minutos después, Nicole entró echa una tromba al camerino.
—¡Chicas! ¡Tienen que venir a ver esto!
Siguieron a la pelirroja y se asomaron a un costado del escenario. ¡Tenían público! A Chartlotte y a Matilda les temblaron las piernas por un momento. Un aproximado de sesenta chicas estaban allí. Y eso no era todo. Ocupando las primeras filas estaban unas mujeres adultas, cada una más sensual que la anterior, vestidas con indumentarias nobles que demostraban un alto puesto dentro de la sociedad. En medio de ellas, estaba Sara. Lucía despampanante con su vestido escotado de color rojo y el collar de perlas que brillaba por encima del cerco de sus senos.
—¿Quiénes son todas estas muchachas? —preguntó Nicole. Estela, que estaba con ellas, les contestó.
—No son las únicas. Hay otras mansiones, y esas chicas que vinieron viven en ellas. También están aquí con sus directoras, que son las adultas que se sientan al lado de Sara.
—¿Todas son…?
—En su mayoría. —asintió Estela. Chartlotte pensó que Zafira debía sentirse en el paraíso. Volvió la vista y contempló asombrada la cantidad de belleza y sensualidad que manaban de las chicas. Todas parecían tener su edad. Algunas eran morenas, otras rubias y unas más parecían tener el pelo teñido de colores celestes o rosados. Vio vestidos elegantes, minifaldas coquetas y jeans ajustados. Algunas chicas se estaban besando con sus novias, mientras que otras charlaban animadamente y probaban de los bocadillos que otras sirvientas como Estela estaban sirviéndoles.
—¿Por qué nadie nos dijo que tendríamos público? —cuestionó Zafira, asomándose detrás de Chartlotte y abrazándola por la espalda.
—Fue una sorpresa de mi señora. —contestó Estela.
—¿Qué haces tú aquí? —la voz de Matilda sonó un poco hosca, sin querer. Se dirigía a Zafira y no pudo reprimir un pinchazo de furia al ver cómo la lengua de la morena recorría el cuello de su amiga.
—Vine a desearles suerte. Nosotras vamos primero, así que espero que su obra no quede opacada por la nuestra.
—Qué curioso. —habló Leonore, ya disfrazada como una malvada hechicera —. Acabo de visitar a tu equipo y todas tus actrices dijeron que no estaban listas.
—Ah, carajo. Voy a matar a esas niñas. —tomó a Chartlotte de las caderas y le plantó dos besos en la boca. —Te veré en la cama esta noche ¿de acuerdo, mi muñequita?
—Sí. Suerte.

Lucy vomitó en el lavamanos, y Nicole le acarició la espalda con cariño. La pequeña actriz no se esperaba tanta gente reunida, y sus nervios la habían traicionado sobremanera. Devolvió el escaso desayuno y sintió su boca amarga. Nicole le pasó una servilleta y un vaso con agua tibia.
—¿Cómo te sientes?
—Mal. No creo poder hacerlo.
—Apenas tienes diálogos. Estarás bien, Lucy. Eres una actriz muy bonita. Las otras chicas estarán encantadas con tu belleza. —mientras lo decía, Nic arreglaba el pelo de Lucy. Para la ocasión, se lo había ensortijado y le quedaba muy bien. Le daban un aire más adulto, y Nicole sentía su piel estremecerse al tener cerca a una mujer de su calibre.
—Bien, haré lo que pueda. Al menos llevaré casco y nadie me verá la cara.
—Ignora a los demás. Todo estará bien. Confío en que lo harás maravillosamente, Lucy.

Tris y Ana se besaron una última vez. Ambas, casi esposas, estaban en un rincón e intercambiaban arrumacos para bajarse la ansiedad.
—Escuché que tu obra es un poco pervertida. —dijo Tris —. Espero que Zafira no te haya puesto a hacer cosas feas.
—Descuida, cariño. Estaré bien. Soy muy buena fingiendo.
—Mmm… no quiero verte haciendo nada depravado en el escenario. No somos como estas niñas —. la tomó de las manos y la besó en los nudillos —. Nos casaremos dentro de poco. Ya somos casi señoras.
—Somos muy jóvenes todavía.
Tris sintió que le habían dado un golpecito en el pecho.
—Pero nos casaremos ¿verdad?
—Claro que si, tontuela. Bueno, me tengo que ir. Suerte, mi amor.
Tris asintió, pero por alguna razón, no se estaba sintiendo especialmente confiada.

Madame Minerva, quien dirigía la mansión del oeste, se dirigió a Sara.
—Espero que esas chicas valgan la pena. Tuve que traer a las mías desde tan lejos, y fue un terrible desastre el que hicieron en el hotel.
—Oh, querida. Estoy segura de que las obras serán de tu agrado. No tienes de qué inquietarte. Además tus chicas estarán muy complacidas con la calidad que encontrarás en el escenario.
Minerva agitó su ensortijado pelo negro y se dirigió a Candance, una exuberante morena de casi dos metros de altura. Era la chica más alta de todas las presentes en el teatro.
—¿Escuchaste eso, Candance? Lady Sara dice que sus chicas nos dejarán un buen sabor de boca.
Candance sonrió sin alegría.
—Espero ansiosa, señora.

De un momento a otro, las luces se apagaron y Estela se paró frente al escenario. Un foco de luz blanca la cubrió.
—Bienvenidas a la mansión del este. En nombre de la señora Sara, agradecemos el honor de su visita y esperamos que disfruten de la función.
Zafira miró a sus amigas y asintió con la cabeza.
—Aquí vamos. Impresionemos a estas bellezas.

La obra dio comienzo, y Sara se relajó en su silla ubicada en primera fila. Al principio resultó un poco aburrida toda esa sarta de la chica que había llegado del campo buscando oportunidades para crecer; pero cuando Tamara entró en acción como la malvada jefa, las cosas se tornaron de repente interesantes. En el primer acto, las peripecias por las que Ana tenía que pasar causaron saludables risas en todas las muchachas. Resbaló mientras trapeaba el piso, y se quejaba con remilgados insultos en un acento gracioso y poco convencional. Una escena especialmente encantadora fue cuando Ana descubrió a la sensual jefa masturbándose. Claro que Tamara no lo estaba haciendo de verdad, y estaba de espaldas al público; pero sus gemidos sonaban auténticos y amplificados por el micrófono de diadema que llevaba. Algunas de las chicas del público se sonrojaron. Otras “Zafiras”, pertenecientes a sus respectivos grupos, intercambiaron miradas traviesas. Algunas “Lucys” decidieron reírse en voz baja.
Tris observaba la obra con inquietud. Se estaba comiendo las uñas, y notaba algo raro agitarse en sus entrañas. No le estaba gustando nada, nada, nada, la actuación de su prometida. Ana no sólo era coqueta con Tamara, sino que en las escenas “picantes”, no tenía ninguna clase de remilgo y tampoco parecía disgustada. Cuando la obra llegó a su punto cúlminante, después de un montón de chistes verdes y momentos embarazosos, Ana y Tamara se abrazaron y se recostaron en un lecho improvisado con almohadas y cojines. Al inicio, sólo parecía que estuvieran hablando sobre cosas tiernas y sobre su futuro, pero luego comenzaron a besarse con delicadeza.
— ¡Awww! —exclamaron las chicas del público, brutalmente conmovidas al ver cómo la jefa Tamara se hacía sumisa y cambiaba su forma de ser. Los besos se hicieron más apasionantes. Algo había cambiado en Ana. Algo andaba terriblemente mal.
Chartlotte y Matilda se miraron inquietas. Leonore frunció las cejas, horrorizada ante lo que veía. Miró a Zafira, que parecía igual de sorprendida que las demás. Inclusive Sara, que sabía que tal muestra de pasión no estaba en la obra, se revolvió incómoda en su asiento. Candance se acercó a su señora, Minerva.
—¿Esto es parte de la obra? Parece como si fueran a desnudarse en cualquier momento?

—No lo sé, hija. No lo sé.
Tris ya tenía lágrimas en los ojos. Nicole y Lucy la miraron sin saber qué decir. Definitivamente allí estaba ocurriendo algo más que una profesional actuación. Algo no andaba bien. Noriko le lanzó una mirada a Leonore, desde el otro extremo del escenario. La muchacha comprendió, y se apresuró a desatar la soga para cerrar el telón. Tras un momento de silencio, los aplausos llenaron todo el teatro. La buena actuación de las mujeres había impresionado no sólo a Sara, sino a las otras señoras.
Ana se separó al fin, y se dio cuenta de lo que había hecho.
—Oh… no. —alzó la vista hacia Tris. Su prometida lloraba. Antes de que pudiera levantarse para ir a por ella, Tris se dio media vuelta y salió corriendo del escenario.
Leonore y Chartlotte no pudieron hacer nada para detenerla. Ana corrió tras su prometida, asustada y confundida. ¿Qué demonios le había ocurrido? ¿Por qué se había dejado llevar tanto por la obra? La siguió, ante la mirada sorprendida de las demás. Sin embargo, Tris había desaparecido de su vista y ya no supo dónde seguir buscando. Además, su nombre sonaba por el altavoz, y tuvo que volver con su equipo para saludar al público y agradecer por los aplausos.

— ¡¿Es que te has vuelto completamente loca?! —le gritó Chartlotte a Zafira —. ¡¿Cómo pudiste dejar que Ana interpretara ese papel?! ¡Sabes que está prometida con Tris!

— ¡Ella no puso ninguna clase de objeción! ¡Sabía a lo que se metía! Además ¿Quién eres tú para gritarme? Ni que fueras mi novia.
— ¡No! ¡Y gracias a Dios que no lo soy! Heriste los sentimientos de Tris.
— ¡Ah, pero no fui yo quien perdió el control con Tamara! —Zafira, furiosa, señaló a la aludida y esta se encogió de hombros. Tamara no sentía un mínimo de remordimiento —. Grítale a ella y no a mí.
—Ella ya tendrá su regaño. —dijo Leonore, con voz sombría —. Además tú también hiciste que Noriko dijera e hiciera cosas que no iban con ella.
Zafira rió.
— ¡Por Dios, chicas! ¡Sólo estábamos actuando! ¡Actuando!
— Todos sabemos que eso fue más que una actuación. —replicó Matilda, urgida por apoyar a Chartlotte —. Nosotras no hubiéramos dejado que Tris hiciera eso. Fue culpa suya también el haber cedido a la tentación, pero en primer lugar, tú tenías la responsabilidad de cuidarla. Es de sentido común. ¡Sabes que están a punto de casarse!
La morena se sintió atrapada, y cuando eso sucedía, no temía sacar uñas y dientes para defenderse.
—¡Todas ustedes son una putas mojigatas que le tienen miedo a todo! ¡Vienen a acusarme cuando todas ya sabíamos para qué entrábamos a esta mansión! ¿Lo recuerdan? Sara prometió que probaríamos nuestros límites y que experimentaríamos cosas nuevas. Querían un poco de drama en sus vidas ¿Verdad? Pues aquí lo tienen. ¡Váyanse todas al diablo!

Pasó con fuerza entre las demás, empujando sobre todo a Chartlotte, que resbaló y fue a caer a los brazos de Matilda. Las chicas miraron furiosa a la que se iba, y no tardaron en lanzar miradas de fuego a Andrea y Tamara. Ellas comprendieron que tampoco serían bienvenidas, y siguieron a Zafira. Tras esto, se hizo un incómodo silencio entre ellas. Nicole y Lucy se miraron con tristeza. Noriko bajó la cabeza y dijo:
—Supongo que este es el fin de nuestra amistad.
----------------

Chaaan.... ahora sí se prendio esto xD, parece que al equipo de Zafira se le subió la calentura de más no creen?
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Mensaje por Delfi22 el Miér Mayo 24, 2017 1:37 am
Pero mujer si que eres mala.. como que las que tenían un amor más fuerte fueron las que terminaron mal.Realmente Ana la c*** y Tamara por igual.
A lo cual a mi parecer solo ellas son las culpables por calenturientas..jajaja
Bien veremos en como termina todo este embrollo..Buen capítulo como siempre..Bien a la espera del siguiente..Saludos..
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 27, 2017 2:26 pm
@Delfi22 escribió:Pero mujer si que eres mala.. como que las que tenían un amor más fuerte fueron las que terminaron mal.Realmente Ana la c*** y Tamara por igual.
A lo cual a mi parecer solo ellas son las culpables por calenturientas..jajaja
Bien veremos en como termina todo este embrollo..Buen capítulo como siempre..Bien a la espera del siguiente..Saludos..

xD bueno, pues es que al final una de ellas se dejó llevar uwu, y bueno, las cosas se salieron de control.. Pero ya veremos como las cosas se solucionan... si es que lo hacen.

Un saludo y gracias por estar tan al pendiente semana a semana :) espero que te guste el capi de hoy
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Mensaje por Yurita el Sáb Mayo 27, 2017 2:27 pm
Sin Tris para realizar su papel, el equipo de Leonore pudo continuar apenas con la obra. Todavía no sabían nada sobre las dos prometidas, ni cómo iba a terminar su relación. Chartlotte les pidió que se concentraran en la producción para no dejar en ridículo a Sara, y que después se dedicarían a tratar de solucionar el conflicto en el que estaban.

Así pues, ellas fueron las siguientes, y su actuación fue bastante decente a pesar de que les faltaba una chica. Lady Minerva, y la exuberante Candance, se mantenían al vilo en sus asientos, pues la historia de la asesina buscando desesperadamente a su doncella tenía la cantidad de romance lésbico y drama que estaban buscando. Por otro lado, los hermosos pechos de Matilda, realzados perfectamente por su camisola ajustada y su pelo rubio amarrado en una coleta y exponiendo su estilizado cuello, hicieron que a algunas chicas del público les brotaran corazones por las orejas. La muchacha peleaba con valentía, y sus diálogos estaban llenos de determinación.

— ¡Te protegeré, doncella de mi alma! ¡No importa si es contra la terrible magia del tiempo, o contra la fría noche! En mi corazón sólo hay lugar para ti. Tienes que comprenderlo. ¡Sé que puedes escucharme, allá donde estés!
Chartlotte, que estaba haciéndose la dormida mientras Matilda y Leonore se batían en duelo, no pudo evitar sonreír.
—Vienes aquí e intentas sacar a esta doncella del paraíso onírico en el que la he metido. — replicó Leonore, disfrazada de hechicera. El báculo que tenía en la mano se sacudió violentamente con sus palabras —. ¡Tú no sabes nada sobre el dolor que ha tenido que pasar esta mujer! Yo le he dado un descanso que durará por toda la eternidad. ¡Ella está a salvo del mundo externo!
Candance se dirigió a su novia, Lily, y le dio un cariñoso beso en la boca.
—Mi amor ¿te gusta la obra?

Lily, una curiosa chica de pelo negro y de apenas un metro con sesenta centímetros, contestó:
—Mucho. La forma en la que la asesina pelea me gusta. Además, parece que la hechicera no es malvada al fin de cuentas. Quiere proteger a la doncella.
—Así como yo te protejo a ti. —Candance volvió a besarla, y Lily se estremeció en su boca. Automáticamente sus manos buscaron los grandes pechos de su novia, que eran tan grandes como la altura de Candance. Lady Minerva, que estaba al lado de ellas, las miraba de reojo y se sintió complacida por lo que veía.
— ¡Ey! Las manos quietas. —bufó Tábata, una cuatro-ojos de pelo rizado, y que era la única soltera de la casa de Minerva.
—¡Bu! Tábata, no te metas. —le riñó Lily. Tábata le pegó suavemente con una revista. Era algo así como la monja santa del grupo. Era lesbiana, por supuesto; pero era tan mojigata y conservadora que las otras chicas no simpatizaban mucho con ella.

—¡No permitiré que le sigas haciendo daño a la doncella! —la espada de Matilda se movió ágilmente, y la misma Leonore se asustó un momento por la determinación de su compañera. No le quedó más remedio que retroceder y caer muerta cuando esta le clavó el arma en el pecho.
Todas las muchachas se quedaron en vilo, con los ojos abiertos de par en par mientras la hermosa Matilda se quitaba la chaqueta y arrojaba la espada. Por descuido, la camisola se había abierto y mostraba un sostén negro, apretujando un bonito par de senos. Matilda ignoró esto. Sabía que las miradas de más de cincuenta lesbianas estaban puestas sobre ella, devorándola e imaginándose algunas cosas traviesas con su gran actuación. No obstante, lejos de apenarle, se sintió bien.

Se aproximó a Chartlotte y le habló:
—Oh, mi hermosa, mi amada doncella de cabello de cobre. ¡Mira lo que te han hecho! Mi amor, mi querida niña de bien, yo te despertaré! Viviremos juntas, seremos felices. Te lo prometo.
El público estaba atento. El corazón de Matilda latía muy agitado. Vio que las mejillas de Chartlotte se coloreaban. Se aproximó, y la besó con naturalidad. A los pocos segundos, la doncella hizo como que despertaba. Rodeó el cuello de Matilda con sus finos brazos y siguió acariciando sus labios con los de ella. Matilda se relajó lo suficiente y también tocó a Chartlotte, suavemente encima de los pechos.
—Oh, te amo tanto… —le dijo Chartlotte, aunque eso no estaba en el guión. Matilda, con la cara totalmente colorada, carraspeó.
—Ah… yo también, mi amor.
Chartlotte volvió a besarla. Aquello seguía fuera del guión; pero a Matilda no le importó. Disfrutó muchísimo con la suave caricia de la lengua de su amiga, y el telón cayó enseguida. Las chicas se separaron, rieron ampliamente y escucharon la increíble cantidad de aplausos que sonaban del otro lado.

Los dos equipos (o lo que quedaba, pues Tris, Ana, Zafira, Andrea y Tamara, habían desaparecido) se presentaron ante el público e hicieron una profunda reverencia tomadas de las manos. Serían las chicas quienes decidirían la actuación que les había gustado más. Cada una de ellas recibió un papel para que contestaran, y después, sus respectivas sirvientas los recogieron y se los entregaron a Estela. Ella y las otras mucamas se encargarían de contar todos los votos.
Sara apareció en el escenario y tomó el micrófono.
—Gracias, gracias a todas por asistir. Bien, niñas, espero que la actuación de estas hermosas jovencitas les haya gustado. Ya que están aquí, me gustaría invitarles a una cena-baile en la mansión. Espero que hayan empacado lindos vestidos; porque serán bienvenidas y espero que todas disfruten de nuestra hospitalidad. Por favor, en orden, vayamos afuera.
Una horda de aplausos resonó por todo el teatro, y las chicas, seguidas de sus señoras, abandonaron el lugar. Sara fue la última en salir, y se acercó a sus muchachas. Estaban limpiando el teatro y recogiendo la utilería.
—¿Qué fue lo que ocurrió con Zafira y las demás? —les preguntó. Chartlotte respondió enseguida:
—Usted ya sabe que Tris y Ana estaban comprometidas. Ese beso no debió ser. Tris se sintió morir y se fue. No sabemos a dónde.
—Comprendo. Fue una cosa seria lo que hizo Zafira.

—Pero era lo que usted quería ¿verdad? —en la voz de Matilda había cierto reproche. Sara le sonrió con malicia, pero no respondió a eso.
—Felicidades, niña rica. Ese beso les encantó a todas. Incluso Minerva se mostró complacida por aquella muestra de pasión. Chartlotte, felicidades también a ti. Y por supuesto, a Leonore, que fue la creadora de esta maravillosa obra.
La muchacha asintió lacónicamente.
—Las veré en la mansión.
—¿Por qué no nos dijo que daría una fiesta? —preguntó Nicole —. Pudimos haber ordenado o preparado bocadillos.
—No se preocupen. Todo ya está listo. —con una mirada seria, Sara despachó a las demas y se quedó a solas con Lucy. Le acarició la mejilla —. Mi vida ¿cómo te sientes?
—Pues… sigo teniendo pensamientos raros y dolorosos. Es como si Sara todavía estuviera aquí.
—Lucy… me enteré de que quieres abandonar la mansión. Si es así, sólo dilo y me encargaré de que vuelvas a casa.
La chica desvió la mirada y recordó las palabras de Nicole: “todas somos tus amigas”. ¿Podría confiar en ella, en Chartlotte y en todas las demás?
—¿Usted qué opina?
—Que hagas lo mejor para tu salud. Aunque ¿tienes amigas allá afuera?
—No.
—Entonces eres libre de quedarte aquí y convivir con las otras muchachas. Además, Lucy, eres un miembro muy especial, y todas te adoran. No les temas. Nadie te hará daño… y menos con Nicole protegiéndote.
—Nicole me estresa un poco. Está muy cerca de mí.
—Creo que es porque le gustas.
Lucy sonrió tristemente.

—Pues se llevará una sorpresa.
La madame no dijo nada más. Le dio un beso en la mejilla, y se marchó del teatro.

Nicole fue la última en abandonar el teatro. Se aseguró de cerrarlo con llave y recogió la canasta con dulces que había tomado de la mesa de bocadillos. Pensaba compartirlos con Lucy, cuando la vio sentada debajo de la sombra de un árbol, contemplando el atardecer. Ya casi era el ocaso. Un resplandor rojo y naranja tintaba el cielo, como oro líquido, y la enorme silueta de la mansión se recortaba como una sombra a contra luz.
—Hola ¿no irás a la fiesta?
—No soy buena con las multitudes. —contestó Lucy.

Nicole se sentó junto a ella y la miró por el rabillo del ojo. Lucy se había cambiado de ropa, y como aquella era una tarde calurosa, llevaba sólo una sencilla blusa y una bonita minifalda de mezclilla. Sus hombros, blancos y estilizados como el vidrio, estaban al descubierto y bañados por el suave negro de su cabello. La curva de sus pechos le dieron a Nicole una agradable visión, que no le transmitió lujuria alguna; sino más bien una satisfacción propia de alguien que observa una obra de arte. Tampoco perdió detalle de sus piernas, claras y lisas como las de una cría de parvulario, con la piel como el terciopelo. Todo en Lucy era precioso y delicado. Era como si irradiara una inocencia infantil que instaba a las personas a protegerla.
—Lucy, fue una bonita actuación. Lo hiciste de maravilla.
—¿Eso crees? Me parece que tartamudeé en algunos de mis diálogos.
—¡No! Fue perfecto. Mira. Te traje dulces. —Nicole se apresuró a abrir la caja y le tendió a Lucy unos ricos pastelitos de chocolate. La muchacha los tomó después de pensarlo unos momentos, y dio una pequeña mordida —. ¿Te gustan?
—Siempre le digo sí al chocolate.

Comieron en silencio; aunque Nicole tuvo que contenerse para no elevar su nivel de azúcar en la sangre. Le hubiese gustado que Lucy preguntara por ese detalle, pero sabía que la chica no se abriría fácilmente a otra persona. Se sintió asqueada al recordar la terrible experiencia que la puta de Samanta, quien quiera que fuera, le había hecho a un ser tan bello como Lucy.
Y de la nada, Lucy se puso a llorar. Los recuerdos de Samanta seguían embargándola. No sólo los de los días difíciles, sino los días bonitos en los que, como ahora, se sentaban debajo de los árboles a merendar. Encogió las piernas y apoyó la cara en las rodillas.
Nicole tuvo que hacer muchos esfuerzos para no decir nada. Ahora ya sabía cuáles eran las razones de los llantos de la chica, y todo lo que pudo hacer fue acariciarle la espalda y el cabello.
—Voy a abandonar la mansión…
—Oh, no, Lucy. Por favor. No nos dejes. Todas somos tus amigas.
Lucy no respondió. Aguardó hasta que el episodio terminó al cabo de diez minutos, y estiró las piernas y los brazos. Las lágrimas ya estaban secándose y miró a Nicole como si se diera cuenta de que seguía con ella. Nicole, por su parte, le sonrió y le dio una galleta en la boca. Lucy la mordió suavemente, como un pequeño animalito asustado.

—No tienes que irte, Lucy. Mira, lo que te habrá ocurrido de seguro fue malo. Estoy convencida de que no lo merecías., porque siento que eres una personita que es muy especial y querida por todas nosotras. —se inclinó hacia ella, y sin querer, le puso una mano sobre las piernas. Apenas sintió la cálida piel sobre su palma. Habló con determinación. —. No sé cuánto te duele, pero puedo imaginarlo. Tienes amigas aquí en las que puedes apoyarte. Si nos dejas, nos harás sentir que somos unas inútiles. Yo creo que todas podemos hacerte sentir bien. Si abandonas la casa, si te rindes, serás una perdedora. — le sonrió. Su cara estaba muy cerca de la de ella —. Y yo veo, en esos preciosos ojos de color miel que tienes, y en esa boquita de azúcar, que no eres una perdedora.
Por primera vez en varios días, Lucy se ruborizó. Miró la mano de Nicole, que se había metido accidentalmente dentro de la minifalda. Nicole se dio cuenta, también se puso como un tomate, y se retiró como si se hubiera quemado.
— ¡Perdón! No fue mi intención manosearte…

Sus palabras quedaron al aire por una angelical carcajada. Ambas chicas rieron durante unos momentos, y sin decir nada, continuaron comiendo los pastelitos y las galletas.
--------------

Awww Lucy y Nicole al fin tuvieron su momentito a solas! y a Nic se le abrió el corazón jajaj
Un saludo y gracias por leerme semana a semana
nos vemos
Yurita
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Mensaje por Delfi22 el Lun Mayo 29, 2017 1:34 pm
Carambuchis!..así que todas esas niñas lindas quedaron complacidas con las obras y más con la actuación de Matilda y Chartlotte..
Solo me imagino lo que ira a pasar en la dichosa fiesta, teniendo en cuenta a la perve de Zafira. Y Matilda demostrando algo de celos, así que va hacer una noche de lujuria.
Solo espero que Ana y Tris se arreglen y que Nicole de a poco se vaya ganando a Lucy.
Larga espera para el siguiente Bueno nos vemos y que la inspiración te siga acompañando..Saludos..
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Mensaje por Yurita el Sáb Jun 03, 2017 1:28 pm
@Delfi22 escribió:Carambuchis!..así que todas esas niñas lindas quedaron complacidas con las obras y más con la actuación de Matilda y Chartlotte..
Solo me imagino lo que ira a pasar en la dichosa fiesta, teniendo en cuenta a la perve de Zafira. Y Matilda demostrando algo de celos, así que va hacer una noche de lujuria.
Solo espero que Ana y Tris se arreglen y que Nicole de a poco se vaya ganando a Lucy.
Larga espera para el siguiente Bueno nos vemos y que la inspiración te siga acompañando..Saludos..  

xDD Hola Delfi! bueno, es un gusto saber que te agradó el capítulo :) y pues tienes muuucha razón que la actuación de Matilda fue excelente, jaja o quizá no fue actuación? nunca lo sabremos 7u7
de cualquier forma gracias por leerme siempre y comentar. Aquí va la actualización, y también saludos a todas mis lectoras fantasmitas ;) Smile
Yurita
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Mensaje por Yurita el Sáb Jun 03, 2017 1:29 pm
Hola!

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La fiesta que Sara había preparado para las muchachas fue bien recibida por todas ellas. Las estrellas ya brillaban por encima de sus cabezas, y era una noche despejada y fresca, cuya brisa soplaba desde la entrada de la costa que estaba cerca de la mansión. Las chicas de las otras casas portaban elegantes vestidos, o ropas más juveniles y a la moda. Era una especie de oda a la belleza adolescente. Algunas estaban con sus parejas, bebiendo champagne, comiendo de la mesa de manjares y viandas, o bailando en el jardín. Algunas más habían optado por meterse a la piscina y chapoteaban en medio de risas y bromas pícaras. Todas sabían que tenían las mismas preferencias, y se gustaban entre sí.

Las señoras, como Sara y su mejor amiga, Minerva, jugaban Black Jack y apostaba mientras bebían de su licor o fumaban sus cigarrillos italianos. Sin embargo, aquel no era un sólo juego para divertirse. Las mujeres ponían a prueba su intelecto y sus corazonadas en las cartas. Lady Sara miraba con atención a Madame Carolina, la más adulta de todas ellas. Sus chicas, que estaban mezcladas con las demás, se distinguían por ser todas de casas nobles y familias ricas. Así pues, las jóvenes que ella había traído no se llevaban muy bien con el resto, y se mantenían un poco apartadas de los grupos que se estaban formando.
Algunas de las muchachas de Sara platicaban con sus compañeras. Sara se dio cuenta de que ella poseía el menor número de chicas a su disposición; pero no se sintió menos por eso. Las otras mujeres ya estaban acostumbradas y habían dirigido mansiones desde que eran todavía unas jovenzuelas con veinte años de edad.

—Esto me está matando del aburrimiento. —bufó la señorita Lidia. Era la más joven de todas, y estaba dirigiendo su primera mansión. —Quiero ir a divertirme con mis niñas.
—Nosotras ya no estamos para eso. —le respondió lacónicamente lady Su. Era la única asiática del grupo, y la mejor jugadora de la mesa —. Pero es cierto que las envidio. Están tan llenas de energía y tienen mucho por delante.
—Señoras, vamos a jugar. —les apremió Sara.

Candance y Lily estaban echadas en el jardín lateral, y miraban las constelaciones cósmicas sin mediar palabra alguna. De vez en cuando se daban algunos rápidos besos y se perdían en los ojos de la otra. Candance nunca había tenido novia, pues su gran estatura la tenía acomplejada y le costaba encontrar confianza en las personas. Era raro que Lily se hubiera fijado en ella. La chica era una minion, pero le gustaba mucho y no perdía ocasión para demostrarlo.

No muy lejos de ellas, los labios de Nancy y Alicia chasqueaban con sus besos. Estaban ocultas entre los arbustos, y no habían dejado de tocarse durante toda la noche. Candance les había dicho que si estaban tan urgidas, podrían irse a una habitación. Sin embargo, Nancy adoraba la naturaleza, y hacerlo con su novia en pleno jardín, con el cielo como techo, le resultaba demasiado excitante.
Al igual que ellas, otras muchachas estaban repartidas por toda la casa. Tris se sentía incómoda en presencia de tanta mujer, y los recuerdos de lo que había ocurrido con Ana no dejaban de atormentarla. Entró a su habitación y vio que su novia estaba alistándose frente al espejo. Llevaba un bonito vestido de color crema, con delgados tirantes y un escote pronunciado. Ana se volvió, y durante un instante ninguna de las dos dijo nada. Tris fue la primera en hablar.
—¿Entonces, bajarás? Pensé que podríamos tomar el tiempo para arreglar lo que hiciste.
—No hice nada, y ya te pedí disculpas suficientes por eso. Si no las quieres aceptar, pues ese es muy tu problema.

—¿Mi problema? O sea, Ana, ¡te besaste con otra mujer frente a decenas de personas! ¡Yo entre ellas! Un simple lo siento no va a cambiar las cosas.
—¿Y qué más quieres que haga? —replicó Ana. Dejó de lado su peine y se puso de pie. —¿Quieres que me arrodille y te suplique? Hice lo que hice y ya no puedo remediarlo. También me duele y estoy arrepentida. No tienes que hacer más grande este problema.
—Es que… no logro entender por qué no te negaste. Ni siquiera parecías obligada. A kilómetros se notó que te gustaron los besos de Tamara.
Ana parpadeó rápidamente y los ojos de Tris se cerraron un segundo.
—Pues si quieres escucharlo, entonces lo diré: sí, me dejé llevar por los besos de Tamara porque me gustaron. ¡Eso es lo que querías! Ya te dije que lo siento, y también siento todas las otras veces que…
— ¿Otras veces? —Tris dio un paso al frente y hundió el dedo en el pecho de Ana — ¿Qué otras veces? ¿Has estado besándote a mis espaldas con otras chicas de la mansión?

Tris escrutó la mirada de su prometida, y entonces, vio la dolorosa verdad. Tamara no era la única persona a la que Ana había besado. La vergüenza en el rostro de su pareja se hizo evidente, y volvió a sentarse frente al tocador. Ahora le había llegado el turno a Ana de llorar.
—Sí…
—¿Con quienes? —los esfuerzos de Tris por calmar su angustia al fin habían dado frutos. Ya no se sentía triste, sino furiosa y traicionada por la persona más importante de su vida amorosa. No quería oír las respuestas, pero a la vez, sí.
—Con… con Andrea y Tamara.
—Esas putas… —por alguna razón, Tris no se extrañaba de eso. Aquella pareja era demasiado liberal y provocativa como para seducir a cualquiera. Siempre estaban calladas, como depredadoras, observando a sus presas y midiendo cuál sería la mejor forma de capturarlas. Eran mujeres despreciables. Al menos Zafira tenía cierto honor en lo que hacía, porque lo mostraba abiertamente.
—Ana… ¿me amas? —le preguntó Tris.

Ana asintió débilmente con la cabeza, pero no fue capaz de mirarla a los ojos para decirlo con decisión. Tris se dio cuenta de lo débil que era la determinación de su prometida, y enfureció todavía más. Las traiciones y los engaños formaban un tormentoso pasado en su vida. Había perdido la cuenta del número de chicas que la habían decepcionado. Creyó en el amor hasta en el último instante, y siempre anheló que Ana fuera diferente.
—La carne es débil. —dijo Ana con tristeza, pero fue más para sí que para Tris. De todos modos, ella lo escuchó. Esa excusa tan estúpida no serviría de nada ahora.
Con la mirada firme, Tris fue al armario, sacó su maleta y comenzó a meter sus ropas dentro. Ana, alarmada, se puso de pie.
—¿Qué haces?
—Me voy a otro cuarto. No pienso seguir durmiendo en la cama de una mentirosa. —dobló como sea sus ropas y cerró la maleta.
—No. No te vayas…
—¡No me toques! ¡Estoy cansada de tanta mentira e infidelidad! El matrimonio puede irse a la mierda.
Abrió de un portazo y se marchó. Como si fuera alguna clase de terrible coincidencia, Tamara estaba en el corredor en esos momentos. Ambas mujeres se miraron fijamente unos instantes, y Tris sintió profundos deseos de estampar la cara de la otra chica contra la pared. Cada fibra de su cuerpo lo pedía. Tamara bajó la vista, avergonzada e intimidada. Esto calmó a Tris un poco, y pasó a su lado, dándole nada más un fuerte empujón.

Chartlotte se sirvió un poco de champagne y bebió despacio. La fiesta le resultaba aburrida, aunque la música era buena y los platillos, deliciosos. Las chicas de las otras casas eran bellísimas y estaban socializando con sus amigas. Desde lo alto del corredor del segundo piso, apoyada en el barandal de madera, vio cómo Lucy y Nicole jugaban al billar con las chicas de la casa de Minerva. Noriko charlaba animadamente con una chica de pelo rosa que seguramente pertenecía a lady Carolina. Leonore estaba en el sillón, rodeada de otro grupo de intelectuales con gafas y parecían charlar seriamente sobre libros de ciencia ficción. Zafira y Elena bailaban animadamente con un par de bellas morenas de la casa Su.
—Zafira… —murmuró Chartlotte. Sabía que las cosas con Zafira ya no iban a ser las mismas durante unos días. Era una lástima, porque de verdad pensaba pasar con ella el fin de semana metidas en la cama, en su lecho de placer. La mujer era una amante excelente, como ninguna otra que Chartlotte hubiese conocido antes. Sabía cómo moverse tanto dentro como fuera; y sin embargo, estaba consciente de que las mujeres como Zafira nunca serían buenas novias. Lo que Char necesitaba era a alguien como Lucy, alguien a quien pudiera proteger y demostrarle su amor mediante cursiladas y cosas de niños. Tenía envidia por Nicole, que estaba haciendo su lucha por gustarle a Lucy.
En ese momento Chartlotte vio a Tris echa una furia pasar tras ella. La siguió y la detuvo.

— ¿Qué pasó, Tris? —miró la maleta —. ¿Te marchas de la casa?
—Sólo quiero buscar una habitación para dormir y no saber nada sobre Ana.
—Bu-bueno, entonces, ven. Conozco de una que no está ocupada.
Tomó a Tris de la mano y la llevó al tercer piso. Los corredores estaban desiertos, y de las varias habitaciones, sólo Lucy y Matilda ocupaban un par. Chartlotte levantó la alfombra que estaba en la puerta de un cuarto y recogió la llave. Abrió y encendió las luces. Tris simplemente echó su maleta a un lado y se dejó caer bocabajo sobre la cama.
—¿Hay algo que pueda hacer por ti? —preguntó Chartlotte, sobándole la espalda. Por un instante Tris deseó con todas sus fuerzas arrancarle la ropa a su amiga y comerle esos maravillosos pechos, sólo para vengarse carnalmente de la traición de su novia. No lo hizo solamente porque sabía que era mejor que Ana y que no se rebajaría a eso.
—Déjame.

—Bueno. Entonces, te despertaré mañana.
—¿Podrías, si no es mucha molestia, subirme el desayuno? No quiero bajar ni mirar a las demás.
—Claro. Lo comprendo. Te lo traeré temprano.

Cuando Chartlotte salió del cuarto, vio que Matilda estaba entrando al suyo, y fue a detenerla. La rubia estaba ataviada con un hermoso vestido negro, de finos tirantes y un escote recto amarrado con listones y que mantenía su bonito busto firme. Llevaba una horquilla para el cabello y se había delineado los ojos con una sutileza propia de una mujer de alta cuna.
—Ah, hola, Char.
—Matilda, que sensual te vez.
—Sí, pero he bebido tanto champagne que ahora sólo quiero acostarme. Buenas noches, Chartlotte.

—Esperaba que pudiéramos hablar un poco.
Matilda soltó el pomo de la puerta.
—¿Sobre qué?
—No lo sé. Platicar. Estoy muy aburrida y todavía no tengo sueño.
—Bueno… —dijo Matilda, rascándose la cabeza —. ¿Quieres pasar?
—Gracias.
Una vez dentro, Matilda se dio cuenta de lo linda que se veía Chartlotte con su vestido rojo vino y sus hermosos pendientes de pedrería colgando de sus orejas. Vio su refinado cuello, y recordó lo caliente que era su piel bajo sus besos. Las dos se sentaron en la cama, y Chartlotte le dio un sorbo de su copa.
—Creo que la obra fue todo un éxito. Ojalá ganemos. ¿No lo crees, Maty?
—Uhm… —la muchacha bostezó —. Pues espero que sí. Tuve que hacer muchos esfuerzos y tú te saliste del guión con ese “te amo”.
— ¡Je,je,je! Lo lamento. Es sólo que sentí que iba bien con la naturaleza de la escena y a todas les gustó. Creo que deberíamos hacer una nueva obra.
—¿Y besarnos? No, gracias. —rió Matilda. Chartlotte también y luego, ambas se quedaron quietas y mirándose fijamente.
— Oye, Matilda. Sé que ya acabó la obra, pero ¿podríamos besarnos una vez más?
—¿Qué? —las pálidas mejillas de la chica enrojecieron —¿Te has vuelto loca? Eso sólo fue durante la actuación.

—Sí, lo sé. Simplemente quería volver a probar tu boca. Sé que no eres lesbiana ni nada de eso; pero besas muy bien y…
—Creo que has bebido demasiado champagne.
—¡Ay, Matilda! —Char hizo su primer movimiento y comenzó a acariciar el brazo de su compañera. Ésta puso los ojos en blanco, y sonrió un segundo.
—¿Lo dices de verdad? ¿Tan buena impresión te causé?
—Vamos, sólo un beso más y ya. Juro que no volveré a molestarte.
—No soy les. Lo sabes.
—¿Y qué con eso? Sólo es un beso. No es diferente al beso que nos damos de buenos días o antes de dormir. ¡Anda, anda! — Chartlotte dio brinquitos en la cama y sus senos se bambolearon alegremente. Pese a que Matilda sabía de sus propias preferencias, no negó que le gustó ese lindo movimiento de vaivén. Resopló y se encogió de hombros.
—Bueno. Vale. Supongo que no pasará nada mala si lo hacemos otra vez.
Feliz, Chartlotte dejó su bebida en la mesita y se pasó el pelo detrás de las orejas. Matilda se quitó la horquilla para el cabello y su melena dorada se sacudió como la de un león alrededor de su nuca. Chartlotte sintió que su corazón daba un brinco al ver tanta belleza junta. E iba a besarla. Envolvió a su amiga con sus brazos, y Matilda le tocó las caderas mientras se inclinaba al frente para besarla. Sus labios entraron en contacto, y permanecieron unidas durante treinta segundos antes de separarse y volver a unirse. Sus bocas chasquearon mientras las lenguas se acariciaban tiernamente la una a la otra. Las manos de Char bajaron por los brazos hasta la cintura de Matilda, y la atrajo más hacia sí. Matilda se sintió bien al sentir la necesidad que Chartlotte tenía de ella, y correspondió aumentando la intensidad de sus besos y acariciándole la espalda.

—Oh… Matilda. — murmuró Chartlotte, exponiendo el cuello. Matilda se detuvo un instante, como pensando si era lo correcto. Lo era, y se lanzó contra la perfumada piel de la garganta de su amiga. La recorrió con su lengua y se estremeció cuando Chartlotte lanzó unas risas y después, un verdadero gemido de placer. Ambas se rieron y se separaron.
—Wow ¿te hice gemir?
Chartlotte asintió, tomándola de las manos.
—Me excitas, Matilda. Haces que mi cuerpo tiemble de gozo.
Apenas estaban separadas. Chartlotte tomó la iniciativa y volvió a besarla con más pasión y fuerza. Matilda cerró los ojos y deslizó los labios sobre todo el rostro de su amiga. El calor que producía la piel nacarada le fascinó. Su respiración aumentó y notó que su corazón latía excitado. Sintió cosquillas en el bajo vientre. Chartlotte ejerció más presión sobre ella, hasta que ya no pudo soportar su peso y delicadamente, ambas chicas se apoyaron en las almohadas para acomodarse mejor. La boca de la que antes fue la doncella, recorría amablemente el cuello y los hombros de Matilda. La otra, con los ojos cerrados y la cara ardiéndole, se dedicó a acariciarle la espalda con las uñas. Los labios húmedos descendieron por todo el cuello y llegaron a la parte superior de los pechos.
—Espera… Chartlotte.
—Hueles tan bien, Maty. Eres tan dulce.
—Aguanta…

Chartlotte no aguantó. Hundió la nariz en el apretujado cerco que separaba ambos senos y lo llenó de besos. Las risas pudieron más y Matilda comenzó a abrir las piernas para dejarle espacio a su amiga. Sabía que lo que estaba haciendo era incorrecto. Ella no era lesbiana, por el amor de Dios. Sin embargo, su cuerpo decía otra cosa. Chartlotte, no obstante, sabía que debía controlarse. Se mantuvo en la parte superior del busto, besando con cuidado, mordiendo apenas y tentándola con la lengua y mordiéndole las puntitas por encima de la ropa. La suavidad y firmeza de esas curvas la tenían como loca. Buscó las manos de Matilda y las unió con las suyas. Después, volvió a trepar por su cuello y depositó más besos en su boca. Luego de nuevo al cuello, y al fin, Matilda jadeó de gozo.
—Ahh, te saqué un gemido.
—Paremos… por favor. Siento que mi cuerpo se va a quemar. Chartlotte… ah… Chartlotte piensa en nuestra… amistad. Para, por favor.
No quería cometer errores. Chartlotte se detuvo cariñosamente y miró a Matilda mientras le acariciaba las mejillas.
—Amiga mía, eres tan linda. Disculpa. Me deje llevar un poco. Matilda. Me gustas mucho.
—¿Esa fue una confesión de amor?
—No. —respondió Chartlotte, frotando la mano de Matilda contra su mejilla y cerrando los ojos —. No, mi vida. Sólo te digo que me gustas mucho. Quiero que lo sepas.
—Vale. Capto el mensaje.
Ambas sonrieron y se separaron.
Aquí no pasó nada.
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owo estas dos jajaj, siguen dándole y dándole después de la obra xDD gracias por su tiempo al leerme y nos vemos en la próxima semana
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Mensaje por Delfi22 el Lun Jun 05, 2017 1:52 pm
Creí que iba ser un capítulo con derrame con tanta niña linda en la mansión.
Mira que Ana salió canija, pobre de Tris puras decepciones y engaños.
Y Matilda porque más que lo niegue y ponga la amistad de por medio, creo que se ha equivocado de calle..
Bien a la espera del siguiente..Saludos...
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Mensaje por Yurita el Dom Jun 11, 2017 11:16 am
@Delfi22 escribió:Creí que iba ser un capítulo con derrame con tanta niña linda en la mansión.
Mira que Ana salió canija, pobre de Tris puras decepciones y engaños.
Y Matilda porque más que lo niegue y ponga la amistad de por medio, creo que se ha equivocado de calle..
Bien a la espera del siguiente..Saludos...  

aja en serio te gustaría ver a mas de dos chicas participando en la cama? xDD bueno... creo que podría encontrar alguna forma de hacerlo jajaja. tal vez invite a otras mansiones para coff. un examen médico xD gracias por siempre leerme y comentar, Very Happy Very Happy (y también a mis tímidas lectoras fantasmas, un besito)
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Mensaje por Yurita el Dom Jun 11, 2017 11:18 am
Tres días de una constante tensión entre las chicas de la casa había vuelto el ambiente un poco lúgubre. Chartlotte, al igual que Matilda, Leonore y Noriko eran de las pocas que deambulaban por las instalaciones, mientras que las demás preferían quedarse en sus cuartos y no hablar con nadie. Zafira, por ejemplo, estaba avergonzada por lo que había sucedido en la obra. Tris y Ana no se dirigían la palabra y dormía en habitaciones separadas. Tamara y Andrea, conscientes de que todas las del grupo las odiaban, daban rienda suelta a sus pasiones en la privacidad de sus lechos. En cuanto a Lucy y a Nicole, algo había sucedido y estaban tomándose un poco de distancia, aunque se seguían hablando cada vez que se encontraban.

—Este ambiente me está matando. —dijo Chartlotte, tomando un sensual ángulo para golpear la bola de billar con el taco. Matilda era su compañera de juego, y compartía esa opinión —. Me pregunto si deberíamos hacer alguna clase de reunión para que todas volviéramos a hablarnos.
—No te metas con eso. —le respondió lacónicamente Matilda —. No será tan fácil. Además, lo que sucedió no es algo que se tolere fácilmente. Déjalas en sus cosas. Estarán listas cuando el tiempo lo diga.
—Eres un poco fría a veces.
Las cejas de Matilda se fruncieron. No mostrarse sentimental era la mejor manera de lidiar con esa clase de problemas. Jamás sería como Lucy, que parecía estar tan en contacto con sus emociones que podría echarse a llorar en cualquier momento. Permanecer neutral le garantizaría a Matilda una sana salud mental.
Leonore, que recostaba sobre las piernas de Noriko, en el sofá, había escuchado la sugerencia de Chartlotte y pensó en que no sería tan mala idea hacer alguna clase de reunión. A lo mejor una bonita cena donde todas pudieran resolver sus diferencias…
—Sí, claro… y luego podríamos darnos abrazos y cantar alrededor de la hoguera.
—¿Qué dices, cariñito? —le preguntó amorosamente Noriko.
—Nada, amor. Sigue leyendo.
Matilda se inclinó sugerentemente para golpear la bola, y al hacerlo, Chartlotte no perdió detalle de la perfecta curva de sus tetas. A Chartlotte le gustaba Matilda, y ese era un hecho que no pensaba negar de ninguna manera. Tambien era una realidad que su amiga comenzaba a desarrollar un saludable gusto por las chicas; pero seguía siendo demasiado tímida como para darse cuenta. Por encima de todas las ganas que tenía de llevársela a la cama, Chartlotte sabía que su amistad era lo más importante, y por ello se mantendría lejos, a menos que Maty quisiera acercarse.

En ese momento la voz de Sara se oyó por las bocinas. Pidió que las chicas se reunieran para una reunión informativa. Chartlotte y Matilda se miraron con preocupación. A menudo eso no era nada bueno. Y no lo fue cuando todas, incluso Ana y Tris, bajaron. Ambas prometidas (si es que todavía lo eran) se veían más adultas de lo que eran en realidad. Lucían más pálidas y sus rostros eran más delgados de lo normal. Se sentaron sin fuerzas, lejos la una de la otra. Estela entró por la puerta lateral con una mesita que tenía una laptop encima. El Skype estaba encendido. Vieron el rostro de Sara.
—Buenos días, niñas. No les quitaré mucho tiempo. Este es un mensaje importante que Ana y Tris tienen que darles.
—Oh, no… —murmuró Chartlotte. Su mirada, y la de todas las demás, se posaron en ambas chicas. Por un rato nadie dijo nada, pero fue Tris quien rompió ese silencio.
—Bueno… como saben, las cosas no marchan bien entre Ana y yo. No queremos que esto… siga afectando el humor de la casa.
—Hemos decidido abandonar la mansión por nuestra cuenta. —siguió Ana.
—¡¿Qué?! —exclamó Chartlotte —. No pueden hacerlo. Es decir ¿tan grave es? ¿No podemos hallar una solución todas juntas?
Tris le sonrió cariñosamente a su amiga.
—Ana y yo hemos charlado sobre esto. Queremos salir y tomarnos un tiempo para pensar bien en nuestra relación.
—Ya no sabemos si el matrimonio es lo mejor. —había tristeza en la voz de Ana. Tris hizo un mohín de disgusto —. Por eso necesitamos tiempo a solas y pensar mejor en nosotras.
—Pero…
—Char —advirtió Leonore, y la castaña cerró la boca.
—Fueron todas buenas amigas. Las vamos a echar de menos. —dijo Tris, sonriéndoles a todas, menos a Zafira, Tamara y Andrea.

Al medio día, las maletas de las muchachas ya estaban listas y comenzaron las despedidas. Ana fue la que menos interactuó con las demás, consciente de que gran parte de la culpa sobre lo sucedido era suya. Evitó mirar a Zafira, y sólo asintió lacónicamente mientras salía antes que las demás. Tris abrazó a la mayoría de ellas, menos a las que habían sido las culpables de lo sucedido. Le deseó mucha suerte a Lucy, y habló con ella un poco más apartada de las demás.
—¿Sigues creyendo que existe el amor? —le preguntó Tris —. No confíes en nadie, Lucy. Yo estaba tan enamorada… iba a ser su esposa —. sonrió sin alegría alguna —. Ya ves cómo terminó. Pero he aprendido algo importante, y es a no dar todo de mí. Te evitas muchos problemas.
Lucy bajó la cabeza. Quizá… quizá había mucha realidad en las palabras de Tris.
—Cuídate. Tú corazón es lo más importante. Qué importa el de los demás. Mientras no te hieran a ti, estarás bien.
—¿Dices que debo cerrarme al amor?
Tris se encogió de hombros.
—Yo me abrí demasiado a las ilusiones, y mira cómo acabé. No se los dijimos al momento, pero francamente ya no puedo volver a confiar en Ana. No después de todas las cosas que ya me dijo que piensa y hace a mis espaldas. Es una perfecta mentirosa. —le dio un beso en la mejilla —. Cuídate, hermosa. Estará bien.
Y con esas últimas palabras, salió de la mansión.

Zafira se limpió las lágrimas con un pañuelo desechable y se metió a la ducha. Elena estaba bajo la tibia agua de la regadera, y recibió a la muchacha con un caluroso beso en los labios. Zafira respondió sin mucho interés, aunque dejó que las manos de su amiga hicieran de todo con ella. Ya no se sentía como antes, porque en su fuero interno sabía que todo era culpa suya. Cuando repartió los papeles, lo hizo con la malicia de provocar cierto drama en las otras muchachas, esperando desconcentrarlas lo suficiente como para que fallaran en sus actuaciones. El tiro les había salido por la culata. Además, Sara y las otras señoras habían votado por la obra de Leonore, y en consecuencia, la estúpida obra de la asesina y la doncella había sido la ganadora. Sobre todo por el beso apasionado entre Chartlotte y Matilda. Esa derrota pesaba mucho. Zafira se sentía devastada.

Una tormenta castigaba la mansión. Las luces falseaban y los truenos estaban agitando los vidrios de las ventanas. Chartlotte se encogió de piernas mientras miraba la televisión, que ya se había apagado en dos ocasiones. Además, la señal estaba fallando y el programa sobre animales que miraba presentaba interferencias. Zafira, que bajaba por un poco de soda, vio a Chartlotte solita en la sala de estar, y decidió que ya era momento de hablarle. Desde la obra, ya había transcurrido una semana y desde entonces no habían cruzado palabra.
—Hola. —le dijo al sentarse junto a ella. Chartlotte la miró sin mucho interés.
—Hola. ¿Cómo sigues con respecto a todo esto?
—Pues… creo que me siento mal por lo sucedido. No esperaba que Tris y Ana fueran a marcharse. Ahora somos sólo diez.
—Debiste pensar mejor las cosas antes de dejarte llevar.
Aquí viene, pensó Zafira. Era el momento para que Chartlotte se dejara llevar y expresar su enojo. Sin embargo, no pasó de eso. Una semana había sido tiempo suficiente para que las cosas se calmaran. Zafira permaneció callada un rato, y después, tímidamente, acomodó su cabeza en el hombro de su amiga. Se derrumbó en ese instante.
—Perdón…

El sollozo sonó verdaderamente auténtico, porque la chica realmente lo sentía. Chartlotte apagó la televisión y miró a su amiga llorar. Suspiró y aunque sabía que lo que había hecho era muy malo, en el fondo no podía seguir molesta con ella. Chartlotte no era rencorosa, y amaba a sus amigas. Así pues, la abrazó con cariño y se recostó sobre ella contra el sofá. Le dio un beso en la boca para que dejara de llorar.
—¿Char? ¿Qué haces?
—No es a mí a quien debes pedirle perdón. Más bien era a Tris y a Ana, pero se han marchado.
—Cuando salga de aquí, veré si puedo encontrarlas y les ofreceré disculpas.
Chartlotte se sintió conmovida por la humildad que había aprendido su amiga, y le agradeció con más besos, esta vez en todo el cuello y en la parte superior de los pechos. Zafira sonrió con placer. Ya extrañaba a su pareja habitual. Sara era muy sumisa en ocasiones, y no era muy activa en la cama. Chartlotte, por el contrario, demostró ser igual, o un poco más intensa y apasionada. A menudo Zafira terminaba con mordidas y arañazos en la espalda que no se preocupaba en disimular con sus blusas.

Buscó la exquisita boca y la llenó de besos húmedos. Sus lenguas se volvieron a unir en una batalla campal en la que sólo se separaron cuando se quedaron sin más aliento. Besó el cuello blanco, haciendo a un lado el cabello castaño y brindándole bonitas mordidas en la delicada piel. Todos sus movimientos, sin embargo, estaban siendo observados por los lacerantes ojos de Matilda. En ellos había algo muy parecido al odio, especialmente para con la puta morena que había ido a llorarle a Chartlotte.
—¿Es que esa vieja no conoce la vergüenza? —se preguntó, y dio media vuelta para irse de allí. No se sentía celosa en lo absoluto. Más bien, indignada y de muy mala leche. Esperaba que las cosas con Zafira fueran diferentes, y a menudo se preguntaba por qué se habrían ido Tris y Ana, y no ella en su lugar.

Por la noche, las muchachas cenaban comida tailandesa, y estaban en los sofás de la sala, alrededor de la televisión. Miraban una película de terror sobre un exorcismo, y como tenían todas las luces apagadas, y afuera la tormenta no dejaba de soplar, estaban nerviosas. Zafira y Elena miraban con atención la pantalla, y de vez en cuando, la morena le lanzaba miradas ardientes a Chartlotte. Casi podía agradecerle a su amiga por ir vestida de esa manera tan provocativa, con unos cortísimos shorts que podrían parecer bóxers y un camisón que mostraba una bonita porción de sus piernas. Leonore vestía igual de sexy e inocente, sólo que Zafira no fantaseaba con ella. Era su archienemiga y no merecía ni siquiera un lujurioso pensamiento de su parte.
Nicole estaba resistiendo la tentación de abrazar a Lucy. No podía decirse que sus esfuerzos no estaban yendo en vano, porque en ese momento ambas compartían un sillón y estaban muy juntitas. El simple aroma dulce que se desprendía de la piel de la pequeña florecita de la casa bastaba para que Nic se sintiera como una abeja danzando alrededor de una fuente de polen.

Matilda era la más aterrada. Las pelis de terror no eran de su agrado, y estaba allí nada más para demostrarle a sus amigas que no era una cobarde. Además, algunas de las luces de los corredores se habían quemado por una sobrecarga de energía y los focos estaban quemados.
Lo que sí no toleraba era la forma en la que Zafira miraba a Chartlotte. Desde donde estaba, podía ver cómo los azules ojos de la morena estaban siguiendo la curva de esos muslos fuertes y torneados. Daba igual que Chartlotte tuviera esos cinco kilitos de más. Seguía siendo una mujer muy guapa y merecía algo mejor que Zafira.
Armada de valor, y más bien, con intenciones de joderle la vida a su rival, Matilda se levantó antes que Zafira y se fue a acomodar al lado de Chartlotte. Lo hizo de tal forma que Chartlotte, sorprendida, no tardó mucho en abrir sus piernas para que su amiga se acomodara entre las mismas. Después, la abrazó por la espalda y pegó el mentón sobre su hombro. Se sentía rara teniendo a Maty tan cerca. Podía olerle a la perfección el pelo rubio y seguir de cerca la línea curvada de su cuello y su hombro. Además, sus brazos estaban cerrados por debajo de sus generosos pechos. Aunque estaba de espaldas a ella, le pareció imaginarse la carita asustada. Llevada por la delicia, comenzó a darle suaves besitos en el cuello y en la nuca, usando sólo la puntita de su boca. Matilda sentía escalofríos, y una parte de su cabeza seguía diciendo que estaba “cruzando la calle” para irse al otro lado; pero no le importó. Al ver la cara de Zafira, aborchornada y roja, supo que estaba haciendo lo correcto. Expuso más el cuello, y Chartlotte, al sentir esto, aumentó la intensidad de sus besos.

Lo que Matilda no sabía, mientras cerraba los ojos y disfrutaba de esa traviesa boca recorrer su garganta, era que todas las miradas estaban puestas en ellas. Especialmente la de Leonore, pues concluyó en que tardaría horas en explicar todo el proceso mental detrás de las acciones de Matilda; aunque fue la primera en darse cuenta de que lo que se estaba librando allí era una guerra entre dos fuertes bandos: la sensualidad y salvajismo de Zafira, y la malicia y vanidad de Matilda. Leonore sabía que, aunque no lo pareciera, la muchachita rica no era la pura inocencia, ni tampoco la clase de mujer que se deja avergonzar ni amedrentar por otros. A su modo, Maty era despiadada y lista. Una combinación letal.

Los dientes de Charlote mordieron la oreja de su amiga, y justo en ese instante se fue la luz en toda la casa. Las muchachas gritaron cuando el trueno estalló, pero sólo Matilda y Charlotte permanecieron en silencio, pues en medio de la oscuridad, sus bocas estaban unidas en un apasionado beso.
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Mensaje por Delfi22 el Jue Jun 15, 2017 7:00 pm
Oh! lamentable lo de Ana y Tris, no esperaba que se fueran ambas pero bueno es por su bien. Pobre Zafira-- los errores se pagan--
No pues si! esta niña ya esta en la calle correcta es solo cuestión que lo admita a los cuatro vientos... Pero no creo que Zafira se la deje tan fácil a Matilda y Charlotte en que dilema se encontrara..
A la espera del siguiente....

P.D..*No quiero un trio ni un cuarteto..cof,cof,cof..menos un quinteto...jajaja..no quiero pervertir más a mi otro yo*
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Mensaje por Isa.Cab26 el Vie Jun 16, 2017 3:23 pm
Vaya pero que historia mas interesante! Espero la conti y animos!
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Mensaje por Yurita el Sáb Jun 24, 2017 1:34 pm
@Delfi22 escribió:Oh! lamentable lo de Ana y Tris, no esperaba que se fueran ambas pero bueno es por su bien.  Pobre Zafira-- los errores se pagan--  
No pues si! esta niña ya esta en la calle correcta es solo cuestión que lo admita a los cuatro vientos... Pero no creo que Zafira se la deje tan fácil a Matilda y Charlotte en que dilema se encontrara..
A la espera del siguiente....  

P.D..*No quiero un trio ni un cuarteto..cof,cof,cof..menos un quinteto...jajaja..no quiero pervertir más a mi otro yo*  

jajaj un quinteto... uf no sabría cómo xD, pero estaría echando sangre por la nariz nada mas empezar a escribirlo XD. Siento qe debo ponerlo. Es mi deber como escritora de Lemon jajaj,
saludos y gracias siempre por estar al pendiente
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Mensaje por Yurita el Sáb Jun 24, 2017 1:35 pm
@Isa.Cab26 escribió:Vaya pero que historia mas interesante! Espero la conti y animos!

Muchas gracias! disfruta los siguientes capítulos
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Mensaje por Yurita el Sáb Jun 24, 2017 1:39 pm
Hola! mil disculpas por no actualizar la semana pasada. Les dejo capítulo doble!

Elena contempló a Zafira, mientras esta se alistaba el cabello y se ponía un poco de labial. No comprendía por qué la muchacha de repente había decidido arreglarse también por las mañanas, y con tanto empeño como si quisiera impresionar a alguien. Sólo la había visto una vez enamorada, y temía que las cosas volvieran a ocurrir de la misma forma.
—¿A dónde vas? —le preguntó Elena, tocándole los hombros y abrazándola por la espalda. El cabello de su amiga olía delicioso.
—A ningún lado. Bueno, más bien sí. Pero no es importante. Sólo almorzaré con Chartlotte en su dormitorio.
—Ah. Finalmente has hecho las paces con ella. —Elena besó los delgados hombros de Zafira, y siguió subiendo por su cuello. La morena sonrió y expuso la fina piel de su garganta. Las manos de su amiga se cerraron sobre sus pechos, y comenzó a tirar de ella hasta arrojarla sobre la cama —. ¿Por qué mejor no te quedas y hacemos cosas pervertidas?
—Aunque me gustaría, le prometí a Chartlotte que iría con ella. Ya sabes. Tenemos que hacer bien las paces. Además de ti, es la única que me habla como si ya nada hubiera ocurrido.
—Le lloraste sobre el hombro. —le recordó Elena, mordiéndole los senos por encima de la camiseta.
—Sí… y fue humillante; pero también me sentí liberada. Ya sabes que no soy buena manejando la culpa… —Elena hizo que se callara con un profundo beso, que Zafira aceptó gustosa. Le gustaba la manera en la que su amiga le brindaba cariño. Se detuvo un momento para morderle el cuello a Elena, que jadeó rápidamente y se quiso quitar la blusa. —No. Tengo que ir con Chartlotte…
—Olvida a Chartlotte un momento. —replicó Elena, ofreciéndole sus frondosas tetas. Zafira ya no pudo resistir aquella tentación. Tomó los pechos como si fueran dos frutas maduras, y los saboreó con su lengua. Aunque no lo pareciera, Elena tenía curvas tan pronunciadas como Chartlotte, y ya que siempre vestía ropa holgada, casi nunca se dejaban ver. Sin embargo, cada centímetro de esa chica era delicioso, y estaba feliz de poder degustarla a placer.

Se quitaron la ropa, y se abrazaron mientras daban rienda suelta a sus pasiones sobre la cama. Elena llevaba el control como siempre. Muchos pensarían que Zafira, con su gran sentido del humor y su salvaje mirada, era una muchacha que tomara las riendas del encuentro; aunque lo cierto era justo lo contrario. En la cama, la morena era fácilmente “jugable” y se dejaba querer. Prefería que le dieran placer, a darlo. Y por ello es que Elena se esforzaba bastante en brindarle caricias bucales por todo el cuerpo. Llevó dos dedos al interior de su amiga, y notó su estrechez. Le mordió la oreja mientras movía los dedos en su interior, preguntándose cuántas chicas más ya habían explorado esa hermosa raja. El jadeo de Zafira la hizo enloquecer, y Elena hizo que se diera media vuelta, con la cara contra el colchón. Tomó el par de nalgas que se le ofrecían, y las golpeó constantemente contra la palma de su mano. El sonido seco se repetía por toda la habitación. Las dos mujeres alcanzaron a mirarse al espejo, y sonrieron con una mezcla de lujuria y cariño. Lo que había entre ellos era meramente sexual, y nadie podría decir lo contrario.

Chartlotte cruzó las piernas y suspiró. Zafira llegaba tarde al almuerzo. Ya estaban dispuestos los platos en la mesita. Pensaban comer en la cama, mirar una película y esperar a que las ganas se les subieran a la cabeza. Luego, simplemente se mezclarían como conejas sobre el colchón. Necesitaba sexo. Lo necesitaba con urgencia porque estaba acostumbrada a disfrutar de los placeres carnales. Era una forma saludable, decía ella, de olvidar que el amor todavía no tocaba a su puerta y que, quizá, lo estaba buscando en el lado equivocado.
Suspiró con molestia y vio el reloj. Media hora de retraso. Pensó en ir al cuarto de Zafira para llamarle, pero el orgullo le impidió hacerlo. Su amiga-amante sabía perfectamente a qué hora era la cita. De repente llamaron a la puerta y Chartlotte, apresurada y mirándose al espejo, fue a abrir. La que estaba del otro lado no le disgustó.
—Matilda ¿qué pasa?
—Nada. Sólo vine a ver qué estabas haciendo. —Matilda husmeó por encima del hombro de Chartlotte. Un parajito le había dicho que la chica pensaba tener una cita con Zafira, aunque al parecer, estaba sola.
—Sólo iba a… bueno, nada. Anda, pasa.
Cuando entró, vio la bandeja con la comida enfríandose, y se sorprendió por el placer que eso le provocó. Sintió la necesidad de pinchar a Chartlotte para saber qué había ocurrido, y demostrarle que Zafira no era una pareja posible para ella. De repente sintió que su amiga la abrazaba por la espalda, levantaba sus senos y comenzaba a darle besos tiernos en el cuello. Matilda se separó casi de inmediato, riendo nerviosa.
— ¡Wow! Tranquila, mujer.
—Ay, Matilda. —replicó Chartlotte, acariciándole la mejilla —. El otro día, mientras veíamos la película, te portaste como una gatita buscando amor.
—Eh… sí. No sé qué me ocurrió. — Chartlotte la abrazó con ternura y le dio un beso en la frente.
—Me gustó. Todas te tienen como al tipa amargada de la casa; aunque yo sé que tienes tu lado tierno. ¡Me fascina!
—No soy lesbiana. —replicó la muchacha, deshaciéndose del abrazo y sentándose frente a la comida —. Bueno, vamos a probar qué tan bien cocinaste esta carne.
Char torció el gesto. Si Zafira no iba a venir, no podía permitir que esa comida se desperdiciara. Se sentó frente a Matilda y probó los platillos que había cocinado desde la mañana, pensando en que iba a hacer las paces con su amante y que tendría toda la tarde para ellas.

Zafira se ajustó el sujetador, y mientras cerraba su hermosos pechos, vio que su piel tenía algunas marcas de dientes. Elena dormía plácidamente en la cama. Había sido una sesión salvaje, más de lo normal. Era como si la mujer quisiera marcar su territorio de alguna manera. Su espalda y sus piernas también tenían marcas de uñas. Suspiró, agotada, y miró el reloj. Una hora tarde. A Chartlotte no iba a gustarle en lo absoluto. Salió del cuarto, bajó la escalera y fue hasta el dormitorio de su amiga. Al abrir, vio que la habitación estaba vacía, y que los platos sucios seguían en la bandeja. Frunció las cejas al ver dos vasos de refresco. ¿Quién habría comido lo que Char había preparado para ella? No le fue difícil adivinarlo, y un sesgo de rabia le cruzó por la cabeza.
—Esa Matilda… ¿qué se trae entre manos?

Mientras bajaba las escaleras, vio a Lucy pasar corriendo junto a ella. La pequeña vestía unos diminutos shorts y un sujetador de bikini.
—¿A dónde vas? —le preguntó, mirando esos lindos senos. Los últimos días el humor de Lucy había estado sombrío, y era raro, pero lindo, verla un poco más animada.
—A la piscina. Hay una pequeña fiesta con Sara.
—¿Sara está aquí? Nadie me avisó.
Lucy se dio la vuelta y salió al jardín, seguida de Zafira. Vio de inmediato la sensual figura madura de Sara. Llevaba un bañador rojo, de una sola pieza y que mostraba su plano vientre. Tomaba el sol, junto a Leonore, que llevaba un traje igual, sólo que más ajustado y con más aberturas. No lejos, Noriko le aplicaba protector solar a Nicole, mientras Lucy se tendía en una toalla sobre el jardín y se ponía unos gruesos lentes negros. Las únicas chicas que faltaban, además de Elena, eran Tamara y Andrea.

—¡¿En dónde te habías metido?! —preguntó Chartlotte a espaldas de la morena. Cuando Zafira vio el revelador bikini, se quedó sin aliento. Si bien no era provocativo, era algo pequeño y alzaba las curvas de su amante. Tras ella estaba Matilda, también con un lindo bikini negro y la blusa abierta, mostrando un sostén con corazones en las copas.
—Ah… mi amor. —dijo Zafira, a propósito, y le dio un beso de pico a Chartlotte. —Lo siento. Me quedé dormida.
—Bueno, pues para la próxima pon tu alarma.
—Claro. Es más. La próxima vez yo cocinaré.
Char sonrió para quitarle importancia al asunto, y siguió su camino. Matilda empujó a Zafira con el hombro al pasar, y la aludida sintió que la ira le empezaba a acidificar la sangre. ¿Qué se traía esa muchacha? Comenzaba a ponerla de los nervios.

Mientras todas las demás nadaban o se echaban clavados, Lucy permanecía en un rincón y de espaldas a ellas. Se apoyaba en la orilla de la alberca, y miraba el tronco de un abeto. Intentaba buscar alguna forma en las extraños surcos del tronco, y dejaba volar su imaginación. Había hablado con Leonore sobre su problema con respecto a su distanciamiento de los demás, y la muchacha le había dicho que lo mejor era distraerse un poco, y comenzar a aceptar que la vida seguía y que una pésima relación no significaba precisamente que la siguiente iba a ser así. Sin embargo, las palabras que le soltó Tris seguían firmemente sujetas a su mente, y dudaba de que Leonore conociera todas las respuestas. La miró a ella y a Noriko, que jugaban con la pelota al lado de Elena y Zafira. Se preguntó cómo es que alguien como ellas podrían entender cómo se sentía la soledad y el sentimiento de haber sido traicionada por el ser más querido.
Dio un brinco cuando sintió una mano sobre su espalda.
—Tranquila. Soy yo. —le dijo Sara amablemente —. Querida mía ¿cómo te has sentido?
—Pues… más o menos. Hay cosas que me siguen molestando, y eso es todo.
—¿Algún progreso con Nicole?
—Nicole no me interesa, aunque se ha vuelto algo así como mi amiga. No un interés romántico.
—No desprecies el amor que las personas sienten por ti. —advirtió Sara en tono conciliador, pero a Lucy no le gustó recibir esa información.

Sara notó el enojo que le había causado a la chica, y se alejó nadando hacia las demás muchachas para unirse a sus juegos.
Nicole había visto la reacción de Lucy, y suspiró con tristeza. Por cada paso que se acercaba a Lucy, ella se alejaba dos y no parecía tener intenciones de acercarse. La chica realmente parecía necesitar ayuda profesional. Leonore no podría remplazar a una psicóloga certificada, y todas lo sabían.
Nadó hasta acercarse a Lucy, pero esta ya salía de la alberca y entraba a la casa. Nicole se envolvió las caderas con una toalla y la siguió. Su instinto le decía que la chica estaba triste y que necesitaba consuelo, aunque se negara a admitirlo.
—Debes conservar la calma. —le dijo antes de que Lucy entrara a su habitación. Ni siquiera se había secado el cabello, y los mechones le caían pegados a la piel de sus hombros. Eso sólo le daba un aire más angelical. Nicole realmente la quería como novia.
—¿Qué tienes contra la forma en la que me siento? —Lucy estaba molesta todavía por las palabras de Sara —. Entre nosotras no hay nada y nunca, nunca va a haber nada, Nicole. Ya métetelo en la cabeza. No me interesas más que como amiga, pero si sigues molestándome, ya no querré que te acerques a mí.
A medida que hablaba, Lucy se dio cuenta de que realmente no sentía gran parte de lo que estaba diciendo. Entró a su cuarto nada más para huir y no escuchar a la chica replicar. De todos modos, Nic lo hizo al otro lado de la puerta.
— No es justo que me trates así… cuando yo no he hecho más que preocuparme por tu bienestar.
La voz se le quebró, y Lucy se tapó las orejas. No toleraba que nadie llorara por ella. No necesitaba a nadie. Le puso seguro al cuarto, se quitó toda la ropa mojada y se recostó, desnuda, esperando que al final el sueño se la llevara.
Nicole siguió intentando charlar con Lucy. Le hablaba y le pedía que abriera la puerta para poder hablar sobre algunas cosas sobre ellas. Después de diez minutos, se dio cuenta de que la chica en verdad no estaba interesada.
—Te hace falta dignidad. —dijo Tamara, mirándola sombríamente, al otro lado del corredor.
—Y supongo que tú y tu novia tienen mucha de ella.
—Toda la casa nos odia, pero no vamos por allí intentando llamar su atención. Al parecer tú no sabes aceptar un no por respuesta. No le importas a Lucy. Nunca le importarás.
Nicole apretó los puños. No había discutido nunca con Tamara ni Andrea. Evitaba acercarse a las muchachas las pocas veces que las había visto. Las respetaba como personas, aunque de repente sólo tenía deseos de golpearle en toda la cara.
—No vuelvas a hablarme de ese modo. Ni siquiera somos amigas.
—Pff. Ni que me interesara ser tu amiga, Nic. Nosotras no necesitamos a nadie más, y sobre Lucy. Bueno, ella buscó que la violaran…
La frase se quedó en el aire. Nicole, en un arrebato de furia, golpeó a Tamara en la mandíbula. No fue una simple cachetada, sino un puñetazo con todas las de la ley. Tamara cayó cuan larga era, casi inconsciente por el fuerte golpe. Andrea, que había presenciado todo desde el otro lado del corredor, se llenó de ira y atacó por la espalda. Nicole no pudo verla venir. Sintió que le jalaban del pelo y que la aporreaban contra la pared. Nicole gritó, intentando liberarse y también tomó a Andrea de las greñas. Tamara se levantó, todavía aturdida.
— ¡Sostén a esta idiota! —gruñó. Buscó la cara de Nicole y le clavó los dientes en la mejilla. Nicole gritó y toda la casa pudo escuchar su chillido. Las chicas salieron rápidamente de la piscina y siguieron a Sara al interior de la casa.

La sangre brotó de la herida de Nicole, cuya cara seguía entre los dientes de Tamara. Sin embargo, de repente Andrea se fue para atrás y aporreó la espalda en el suelo. Una chica, envuelta nada más con una toalla, había aparecido, y le dio una fuerte patada en las costillas. Se trataba de Lucy, y al fin, Lucy tuvo a alguien en quién descargar su furia. Tamara se asustó y se alejó. Nicole, llorando de furia, la empujó para atrás. Tamara recuperó el equilibrio, e iba a golpear con los puños cuando una fuerza la jaló para atrás. Notó un fuerte dolor en el brazo y sin saber qué demonios pasaba, de repente estaba contra el suelo, con la rodilla de Leonore oprimiéndole entre los omoplatos.
—No te muevas, perra. —susurró la sombría chica.
— ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —gritó Sara, roja de la furia y la indignación.
Chartlotte y Lucy corrieron a ver a Nicole, que estaba arrinconada, llorando y sosteniéndose la mejilla sangrante. La herida le dolía muchísimo, y su corazón no dejaba de dar brincos acelerados por la adrenalina. Lucy se encargó de abrazarla, y al ver esto, Chartlotte se alejó cuidadosamente para no romper ese momento.
Mientras tanto, Zafira y Leonore habían apresado a Tamara y a Andrea, que se enfrentaban contra la furia de la Señora de la Mansión. Nicole le contó todo lo que había sucedido, y Lucy, que le acariciaba la mejilla mordida con un pedazo de papel de baño, corroboró la historia.
—Andrea, Tamara. Están expulsadas de la mansión, y dado que las dos tienen mayoría de edad, esto no se quedará así. Chartlotte, toma el teléfono que está en mi bolso y llama a la policía.
—¡No, por favor! —gritó Tamara, mientras Andrea se sumía en un terrible lloriqueo.
—No permitiré que esto se vuelva a repetir. Tienen que ser castigadas… a menos que Nicole no quiera.
Las dos muchachas, todavía aprisionadas por Zafira y Leonore, miraron a Nic. La chica, temblando aún de miedo e impotencia, les devolvió un gesto salvaje.
— Que se pudran. Llama a la policía.
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A pesar de todo, Nicole no quería parecer rencorosa ni vengativa frente a las demás chicas, así que no levantó ninguna demanda por la agresión que Tamara y Andrea le hicieron. Lo único que quería era que todo terminara ya, y que pasara al olvido. Tenía otras cosas en las qué pensar, como en empacar sus cosas para largarse de una vez por todas de esa mansión. Metió su ropa en la maleta, y se sentó sobre ella para cerrarla. Ya había un coche esperándola para llevarla a casa.
Las otras chicas no estaban de acuerdo con que se fuera, y habían intentado detenerla por todos los medios. La única que no había hablado era Lucy, y tampoco estaba presente en esos momentos cuando Nicole se alistaba para marcharse. Chartlotte había sido la que más cerca estuvo de convencer que se quedara, pero ni siquiera sus buenos argumentos lograron desvanecer la ira que embargaba a la muchacha pelirroja.
—Lo siento. No hay nada que quiera hacer aquí. —les lanzó una mirada de recelo, agarró sus maletas y se apresuró a bajar por las escaleras. La puerta de la mansión ya estaba abierta y el conductor ya había abierto la puerta del vehículo.
A medida que se acercaba a la salida, Nicole fue sintiéndose devastada y sin ánimos de girarse y despedirse de sus amigas. Sin embargo, una voz hizo que se detuviera.
—No te vayas.
—¿Lucy? —la chica estaba a un lado de la puerta, apoyada en una de las columnas que sostenían el techo. —Lo siento, pero no vine aquí a que me golpearan ni a que me… despreciaran.
Pasó junto a Lucy, y ya había puesto un pie fuera, cuando la chica le tomó de la mano y la jaló al interior de la casa. Nicole quiso protestar, pero se topó con una suave sonrisa. La sonrisa más tierna que había visto en su vida.
—Me dijiste que yo no era una perdedora. —dijo Lucy —. Tampoco creo que tú lo seas. Así que… bueno, no abandones tan fácilmente.
Nicole bajó la vista unos segundos, alicaída, y luego posó los ojos en Lucy.
— Yo sólo quiero acercarme a ti.
—Podemos ser amigas. Ya te lo dije.
Nicole se sintió herida, y quiso soltarse. Lucy no se lo permitió.
—Déjame…
—Escuché lo que dijo Tamara sobre mí. A veces pienso que tuvo razón al decir que yo me lo busqué. Sin embargo… me defendiste. Creo que eso no lo haría una perdedora. Quédate, Nicole.
Lentamente, las fuerzas abandonaron a la muchacha. Soltó la maleta y sonrió sin alegrías. Las otras niñas ya estaban espiándolas, casi ocultas tras la pared, y esperando a ver su reacción. La mente de Nicole pensó rápidamente, enfocándose en ver lo bueno que le estaba ocurriendo y dejando de pensar en lo malo del día. Sin Tamara ni Andrea que estuvieran jodiendo a las muchachas, la casa al fin podría ponerse un poco más amena.

—Vale. Me quedaré por ti, Lucy.
La otra chica sonrió y la atrajo más al interior de la casa. Nicole cerró la puerta con un suave puntapié, y cuando se oyó la tranca correrse, las otras jóvenes lanzaron una exclamación de alegría.

Matilda tuvo que admitir que se sentía más tranquila ahora que Nicole estaba en la casa. No es que la muchacha le cayera bien ni mal. Se mantenía alejada de ella, así como de la mayoría de sus compañeras. Tenía cierta inquietud de que las otras chicas la arrastraran a las mieles de sus preferencias sexuales, y esperaba que no se le hubiera contagiado nada “raro” de ellas.
Salió de la ducha envuelta en una toalla y comenzó a aplicarse crema humectante en las piernas. Mientras lo hacía, contempló su silueta, y se desnudó. Analizó cada centímetro de su cuerpo, cada seno redondo y cada curva, preguntándose si de verdad sus encantos atraerían las miradas de las niñas de la casa. Para Matilda, pechos eran simplemente pechos, y no tenían nada de extraordinario. Le gustaba la redondez de sus curvas, pero seguía prefiriendo la dureza de un buen pectoral masculino.
—Qué tontería. Yo no soy como ellas.
Y sin embargo, ¿porque sentía cierta sensación cosquillosa cuando miraba los pechos de Chartlotte doblar la tela de su blusa? No acababa de comprenderlo. Había experimentado con mirar a las demás con ojos lujuriosos, imaginar su lengua recorriendo, por ejemplo, los delicados pliegues de la intimidad de Leonore, o el trasero de Zafira. Nada de eso le excitaba. La única que podía despertar en ella algo “peligroso” era Chartlotte. Quería conocer la respuesta, pero hacerlo significaba ir más allá.
—Puta curiosidad.
Se vistió con una sencilla falda y un jersey. Luego salió de su cuarto y fue a buscar a Chartlotte para conversar un rato, o quizá ver una película. Era domingo, y la casa estaba sumida en el silencio. Cuatro muchachas ya habían abandonado las instalaciones en menos de dos semanas, y el ambiente ya comenzaba a sentirlo, traduciéndose como un clima glacial y falto de comunicación

El cuarto estaba vacío cuando entró; pero las cosas de Chartlotte seguían esparcidas por todos lados. La muchacha era un poco descuidada con su maquillaje. Matilda se aproximó al tocador y vio las botellas de perfumes. Tomó una y la olió profundamente. Notó cosquillas en el estómago, como si fuera una reacción química que le recorriera la sangre, y visualizó a la guapa de Chartlotte poniéndose ese perfume por todo el cuerpo. Recordó, mientras la besaba, el delicioso aroma que se desprendía del cuello de su amiga. El labial le recordó esa fabulosa boca que hacía maravillas durante el beso, y por un instante, Matilda se imaginó que esos labios recorrían cada centímetro de su intimidad.

Zafira se lanzó a los brazos de Chartlotte para besarla con una pasión conciliadora. Estaban echadas sobre el sofá, y al lado de ellas, Noriko y Leonore también estaban sumidas en un profundo beso. La japonesa acariciaba las piernas de su novia, descubiertas nada más que unos cacheteros, escondidos debajo de un largo camisón.
Lucy y Nicole se sintieron un poco contrariadas por sus amigas. Hasta hacía unos momentos, las seis estaban mirando una película romántica, y en pocos minutos, la situación se fue caldeando y terminó en una sesión de besos por parte de sus cuatro compañeras. Lucy intentaba no mirar, pero Nic veía por el rabillo del ojo cómo las manos de Noriko se metían debajo del camisón gris; y también percibió los dedos de Chartlotte hurgando dentro de la blusa de Zafira, y apretándole los pechos.
— ¡Ejem! —gritó Lucy, estallando al fin. —Tienen sus dormitorios.
—Vamos. —sonrió Zafira, y se fueron enseguida. Leonore y Noriko hicieron caso omiso, y continuaron besándose en plena cara de sus amigas.

Matilda estaba examinado el guardarropa cuando oyó las risas de Chartlotte y Zafira acercarse. Palideció, y presa del pánico, se cerró en el armario. El corazón le martillaba con miedo. Si la descubrían…

Chartlotte cerró la puerta y se lanzó sobre Zafira. Ambas cayeron a la cama y sus besos se intensificaron más. En un instante, la morena perdió la blusa y se quitó los shorts. Chartlotte no perdió el tiempo, y seguía vestida cuando sus labios se pegaron en la estrecha intimidad de la mujer. Notó el calor que se desprendía de ella y la humedad que ya comenzaba a rodearla. Saboreó las mieles de su pasión y no tardó nada en causarle un profundo jadeo a su pareja.
—Oh… Chartlotte. ¿Dónde aprendiste a hacer eso con la lengua?
La chica no le respondió. Estaba enfrascada entre sus pliegues, separándolos con los dedos y hundiendo la lengua en ella. Después, se separó y subió con besos por todo su cuerpo. Zafira no tardó en girarse, apoyando los codos y las rodillas en la cama. Chartlotte se encaramó sobre ella, fundiendo dos de sus dedos en su interior y rasgando suavemente con sus uñas. Sus dientes le daban mordidas a esa hermosa espalda bronceada, y luego continuaban hasta el cuello, donde le siguió mordiendo hasta el lóbulo de las orejas.
Matilda estaba un poco asqueada ante lo que oía. Claramente la boca de Chartlotte estaba llevando la batuta en el encuentro. Durante un instante se le ocurrió que podría mirar a través de las celosías de la puerta y nadie se daría cuenta de ello. Desechó esa idea porque estaba segura de que si lo hacía, cruzaría una barrera que había estado evitando desde entonces.

Los gemidos de Zafira se intensificaron a medida que su orgasmo se acercó. Chartlotte le abrió las piernas y se acomodó entre las mismas, para hacer unas tijeras. Ambas amantes se miraban fijamente a la cara y se tomaban de las manos. Relamían sus labios con gestos sugerentes y de promesas lujuriosas. Sus sexos se besaban mutuamente, unidas al fin en una caricia placentera y cálida. Zafira observó asombrada los magistrales pechos de la muchacha que tenía frente a ella. Los pezones rosados bailaban a medida que se agitaba con sus movimientos. Quiso prenderse de ellos, y estiró una mano para encerrarlos y pellizcarlos. Chartlotte jadeó de dolor y regocijo, y se acomodó a horcajadas de la muchacha.
Zafira la hizo girar, y le besó los senos con una devoción noble. Masticó las hermosas puntitas, y jugó con su tamaño. Embarró saliva en ambos y se dedicó a masajearlos suavemente. Después, sintió la necesidad de tomar a Chartlotte y de probar de ella. Así lo hizo, y los jadeos de la otra chica se intensificaron.
Matilda se había cubierto los oídos para no escuchar los sonidos de las caricias y los besos. Era demasiado para ella.
—Oye, Chartlotte.
—¿Sí?
—Tengo una pregunta. —dijo Zafira, mientras hurgaba en el interior de su amiga con sus manos y le besaba el clítoris. —¿Hay algo entre tú y Matilda?
Chartlotte se sacó sus propios pechos de la boca.
—¿Qué dices? ¿Por qué lo preguntas?
—Pues… me parece que se traen algo. Todas dicen que su beso, durante la actuación, fue fantástico. Yo no lo vi.
—Fue apasionado.
Matilda paró las orejas. Se asomó y vio la cobriza piel de Zafira. Enrojeció y volvió a ocultarse, tratando de borrar de su mente la curvatura de ese trasero.
—Pero no hablo de eso. Ya sabes a qué me refiero.
Chartlotte se lo pensó un poco.
—No hay nada entre Matilda y yo. Ni siquiera le gusto.
—¿Segura?
—Sí. No hay absolutamente nada entre las dos.
Por alguna razón, a Matilda no le gustó esa respuesta. Fue como si le hubieran apretado los riñones. Bajó la mirada y suspiró, mientras las palabras se repetían dentro de su cabeza.
—Ah. Bueno, comprendo. Está bien entonces. —sonrió Zafira, concentrándose más en tocar a Chartlotte por todas partes.
Matilda notó que algo le ardía en los ojos. Parpadeó rápidamente y, armada de valor y coraje, salió del armario. Chartlotte y Zafira gritaron y se cubrieron con las sábanas. No terminaban de entender de dónde había surgido la otra chica. Sin embargo, esta ni siquiera les miró. Caminó con paso firme a la puerta. Abrió y se marchó con un portazo.

Leonore pasaba por el corredor en esos instantes. Había subido a buscar las medicinas de Nicole, y fue cuando se encontró con Matilda huyendo del cuarto de Charlotte. Supo que no tenía por qué preguntar, pues la situación se le presentó tan clara, que sintió lástima por la pobre de su compañera, y también frunció las cejas en señal de que no le gustaba lo que Chartlotte estaba haciendo, al jugar de esa manera tan cruel con los novísimos sentimientos de Maty.
— ¿Todo está bien, cariñito? —le preguntó Nori.
— Sí… todo está bien, al menos para nosotras.
— ¿Qué quieres decir?
Leonore le dio un beso a su novia.
— Llévale esto a Nicole. Tengo algo muy importante que hacer.
— ¿Qué es?
— ¿Me prometes que no le dirás a nadie?
— Claro.
— Voy a… hablar con Sara. Se me ha ocurrido una idea fabulosa.

Estela la guió hasta un cuarto en el sótano, donde las chicas tenían prohibido bajar, a menos que se diera una situación grave. Descendió por las escaleras de madera, que no terminaban de crujir, y cruzaron por una pesada puerta de acero. Dentro, había una silla, y una cámara con una laptop que ya estaba encendida, y mostraba la silueta de una hermosa mujer madura, que fumaba un cigarrillo.
— Eres la primera que solicita hablar conmigo, Leonore.
— Tengo una petición qué hacerle, para la próxima dinámica.
— Yo elijo las pruebas, querida mía.
Leonore sonrió como un abogado que tuviera una buena jugarreta.
— Sí, pero creo que mi propuesta le dará… cierta diversión a esta casa.
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Wujuju qué idea tendrá Leonore en mente? ya veremos xD
Yurita
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Mensaje por Delfi22 el Lun Jun 26, 2017 5:55 pm
Realmente siento que Elena siente algo más por Zafira. Cool

Chartlotte y Zafira se dan la mano por pervertidas..
Tamara y Andrea se pasaron con lo que le hicieron a Nicole.Oh! y Lucy al fin descargo algo de su coraje..aunque esa escena no me la esperaba, bien dos menos... Neutral
Pobre Matilda aunque más lo niegue más acertado esta que anda en la calle equivocada.Aunque Chartlotte si cree que no tiene oportunidad con ella debería de dejar de meterle mano a la pobre niña que solo la esta confundiendo, pero si mira como reacciona cada vez que la toca, entonces debería de hacer su lucha y dejar a la perve de Zafira que cuando no es Elena es Chartlotte.
Esperemos que el plan de Leonore sea algo bueno para Matilda y Chartlotte.
A la espera del siguiente...Saludos..
Delfi22
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