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¿Cómo joder a tu ex? cap 35 28 de enero

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Mensaje por FallenLirioo el Dom Mar 27, 2016 7:52 pm
Recuerdo del primer mensaje :

¡Hola! bueno, es un gusto traerles un nuevo proyecto en el que recién estoy trabajando, así que espero les guste y les atrape :)  
AVISO: SOY LA AUTORA, SI, LA MISMA QUE ESTÁ EN AMOR YAOI :)

Tania era en apariencia la mejor pareja: alegre, bonita, algo quejona y muy cariñosa y soñadora... hasta que todo cambió cuando sus sentimientos empezaron a ser diferentes, y ahora..
¿qué pasará con su novia Laura? ¿En dónde quedaron esos bellos momentos de amor y promesas de felicidad? ¿Es que nada valió la pena?
¿Cómo se vengará Laura de la traición de quien creyó ser el amor de su vida?

Terminar con tu novia puede dar paso a cualquier clase de situaciones, ya sea desesperadas, o bien, cómicas. También pueden haber momentos dolorosos, o incluso vergonzosos que finalmente nunca se podrán borrar de la cabeza. Especialmente si eres tú (en este caso, yo) la que está cortando la relación. Había escogido incluso un buen lugar, debajo del mismo árbol en el que nos hicimos novias hacía ya un año. Bueno. Después de todo, éramos apenas unas niñas entrando a la pubertad, y honestamente todavía no sabíamos lo que hacíamos. Nuestras hormonas estaban totalmente fuera de control. Las dos nos encontrábamos solas, sin amigos y con un peculiar gusto por la otra.
Así pues, lo que en el pasado fue una bella amistad infantil, tras brincar de una fase a otra de repente se había convertido en algo más intenso, delicioso y a la vez, confuso. Tuvimos peleas, buenos momentos y una noche de caricias intensas que desgraciada o afortunadamente nunca terminaron en algo más.
Darme cuenta de que tenía otra clase de gustos fue signo de mi maduración personal, y vale, vale, no era justo para ella que ahora mirara con ojos diferentes a los muchachos que pasaban junto a mí, o que dedicara alguna coqueta sonrisa cuando veía a un chico bien perfumado, atractivo y con grandes manos. Me estaba volviendo hétero ¿y qué? Si ella no podía aceptarlo, pues ese iba a ser problema suyo, no mío, y yo no pensaba cambiar sólo para complacerla.
Por otra parte, ella también estaba cambiando. Ahora era más alta que yo, y eso que en un principio las cosas eran totalmente al contrario. Mientras que mis curvas eran más bien calles con baches, ella había desarrollado una prominente pechonalidad que se bamboleaba alegremente cuando caminaba. Ella había reventado los sujetadores antes que yo, y luego adquirió toda una obsesión por la moda y el maquillaje como símbolo de feminidad. Entre tanto, yo me seguía delineando los ojos y pintando los labios con el kit de niñas que mi tía me había regalado en mi cumpleaños dieciséis.
Éramos tan distintas ahora que a penas nos reconocíamos. No la odiaba para nada. De hecho, yo la quería mucho porque era una gran persona, siempre lista para ayudar a los demás, armada con una sonrisa exquisita y una alegría capaz de contagiar a cualquiera. Estaba segura de que a mi madre le hubiera caído bien, pero nunca se la presenté, ni como amiga; sobre todo porque mientras que mi sagrada progenitora era muy recta, femenina y algo homofóbica, Laura era algo descarada y muy cariñosa conmigo. Nos hubieran pillado enseguida, y eso nos daba miedo. Así pues, nadie de mi familia la conocía.
Dejémonos de cosas tristes y de recuerdos que pronto iban a desaparecer. La verdad yo necesitaba un cambio de aires, y debía de estar lo suficientemente lista como dejar atrás mi relación con ella y seguir adelante. Quizá podría invitar a salir a Isaac, que en ese momento estaba loca por él. Era todo lo que yo, en mis inocentes 15 años, buscaba en un chico: amable, atento. Algo cursi e ingenuo que lo hacían incluso más encantador. Mis amigas decían que yo también le gustaba, y casi, casi podía asegurar de que era verdad. De vez en cuando cruzábamos mirada, y habíamos hablado en un par de ocasiones sobre temas tan profundos que mi visión de la vida había cambiado por completo.
Por ejemplo, el doce de marzo me preguntó qué tan bien me iba en la clase de matemáticas.
—Súper.
—¿Me pasas la respuesta siete?
—Sí.
—Gracias.
El nueve de abril, volvimos a hablar.
—¿Te puedes mover? Es que tu cabeza me tapa la pizarra.
—Claro.
El diez de mayo fue todavía mejor.
—¿Sabes? Me encanta tu perfume. ¿En dónde lo compraste? Se lo quiero regalar a mi hermana.
No podía decirle que era un perfume con feromonas de zorra virgen para atraer pareja. Él se moriría de la risa, y de paso, todo el salón.
¿Lo ven? Traía loco al chico. Reconocía mi inteligencia con las matemáticas. Se tomaba la molestia de hablarme y además alababa mi perfume. Si eso no es estar enamorado, joder que no sé lo que será.
Bien. ¿En dónde estábamos? Terminando con Laura debajo de nuestro árbol sagrado, donde la relación había comenzado. Aunque pensándolo bien, quizá no era el mejor lugar, después de todo.
—¿Entonces… me vas a cortar porque ya te aburriste de mí?
—No es que me haya aburrido de ti. Lo que pasa es que… bueno, creo que esta relación no va a ninguna parte. No eres tú, soy yo.
Laura se cruzó de brazos.
—¿Es que eres tan torpe que no puedes pensar en nada más que no sea un cliché?
—Vale.
Una debe de pensar qué discurso decir antes de cortar lo que hasta hacía poco era la mujer de tus sueños. Tomé nota mental de eso.
—Tengo gustos muy raros, Laura. No lo soportarías.
—¿Te gustan las pollas?
Me sonrojé, aunque viéndolo desde otro punto, tal vez sí tenía razón.
—¡Esto no es gracioso! Si no me quieres, sólo dímelo y no antes con rodeos.
—Mira, Laura. Créeme que si esto seguía, ibas a ser tú la que terminaría conmigo. Sólo me adelanto y de quito el trabajo. De nada. Pensé que eras el amor de mi vida, pero me doy cuenta de que ni siquiera tengo veinte años. Entonces ¿qué sé de la vida? Es una cuestión de filosofía.
—Burradas tuyas, Tania.
—¡No lo hagas más complicado!
Laura se puso a llorar, y yo me maldecía por haberlo ocasionado. Sí que esperaba una que otra lágrima, pero tal vez a causa de los golpes para los que yo ya iba preparada mentalmente. Incluso tenía en mi bolsa unas curitas y algo de antibacterial.
—¡Eres una desgraciada! —sollozó. Puede que tuviera razón. Tiró dos años conmigo.
—Laura, cariño. No llores.
—¡No me digas qué hacer! Hemos sido amigas desde la primaria y ahora me tratas así ¿quién te has creído que eres? Y además ¿me terminas en el mismo árbol donde todo comenzó?
—Si, ya. Acabo de darme cuenta de que no fue lo más inteligente. ¿Ves? Soy un desastre como novia. Anda. ¿Sabes qué? Termíname tú a mí.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
—Por eso. Termíname tú a mí.
Laura, con su hermoso pelo rubio metido detrás de sus orejas, me miró con una cara tan despectiva que no hubiera sido raro que me arrancara los ojos en ese momento. Levantó los brazos y los puso en mi garganta.
—Eso, eso. Soy una mala novia. Ahórcame. Tú puedes… tú… espera, espera, Laura, me ahorcas de verdad… espera…
—Debería  matarte.
Tosí y me sobé el cuello. ¡Coño! Que ella de verdad me quería matar.
—Lo decía en sentido figurado…
—Tania… ¡te odio! Pero algo sí te digo, y es que te vas a arrepentir.
—Lo sé. El karma me lo pagará.
De repente un golpe seco me giró el rostro. La mano de Laura, con todo y nuestro anillo de aniversario, hizo que mi mejilla enrojeciera.
—¡Laura! ¿Puedes avisarme la próxima vez que vayas a hacer eso?
—Tania.
—¿Qué? Auch. Cómo duele.
Me soltó un segundo golpe de revés.
—¡Ahora sí te avisé!
—Vale… creo que me lo merezco.
Y totalmente furiosa con el universo, o más bien, conmigo, Laura se sacó el anillo y lo tiró al piso.
—¡Ojalá y te mueras!
Se marchó antes de que tuviera tiempo de responderle. La vi irse, y durante un momento creí que tendría el valor para ir tras ella y pedirle una disculpa. Sin embargo, no logré moverme porque la cara me dolía mucho. No. De hecho, no era la cara, sino el pecho. Tenía un nudo en la garganta y mi corazón estaba acelerado por la adrenalina.
Laura era mi primera ruptura porque fue la primera persona con la que tuve algo realmente especial. Claro que sí me sentía herida, pero al menos las cosas habían terminado para nosotras. Recogí el anillo y me lo metí al bolso. Tampoco iba a tirarlo. Era un bonito recuerdo. Lo que seguía ahora era toda una laaaarga semana de depresión por parte de las dos.
Consulté mi Facebook cuando me llegó una notificación. Era un mensaje de Laura.
—“Ya puedes ir olvidándote de que te regrese tus discos, y también la caja de galletas que me dejaste”.
Joder.
—“Y ya nadie te pasará la tarea de química, ni la de física, mucho menos la de gramática”.
Eso sí era malo.
—“Estoy borrando todas tus fotos.”
¡Ay! Por favor.
—“¿Recuerdas que tengo tus cartas? Pues las voy a quemar ahora mismo”.
La verdad me daba igual. Tras un rato, llegó otro mensaje.
—“Casi quemo mi cocina xD”
Torpe.
—“Todavía te odio, y ojalá te mueras. Despídete de tu cuenta”
—Kha? —le escribí.
Acto seguido, me comenzaron a llegar varios likes de una publicación que había puesto en mi perfil. Qué raro. No he hecho tal cosa.
Abrí mi muro y lo que vi me heló la sangre. La cuenta falsa de Laura estaba publicando pornografía. ¡Porno! ¡Por el amor de Dios! Una tras otra las notificaciones llegaban y una tras otra, los links a páginas xxx llenaban todo mi muro. ¿En dónde estaba toda esa flamante seguridad de la que Facebook presumía?
Intenté mandarle un mensaje a Laura, pero en ese momento mi teléfono pensó que sería buena idea entrar en modo de suspensión debido a que sólo me quedaba un dos por ciento de la batería. Luego se apagó por completo.
Suspiré, agotada. No podía hacer nada para impedir que Laura terminara su venganza contra mí. En cierto modo, tampoco deseaba que lo hiciera porque desquitarse conmigo a través de Internet era lo mejor que ella podía hacer. Mientras no me golpeara ni intentara estrangularme no habría problema. Además, yo la conocía perfectamente y estaba segura de que pronto se le pasaría. No era para tanto ¿verdad? Y entonces, una flor de nuestro árbol cayó justo a mis pies, y me di cuenta de que incluso la naturaleza estaba en mi contra.

Transcurrieron seis meses después de eso, yo ya tenía 16 años y no había sabido mucho de Laura desde entonces. Efectivamente me eliminó de cuanta red social tenía: Facebook, Whatsapp, Twitter e Instagram. No es que yo fuera la señorita sociedad, pero tenía uno que otro fan por las reseña de anime que subía a mi cuenta de Youtube. La verdad es que me daba lo mismo si Laura me odiaba o no. Ambas estábamos madurando y era parte de nuestra vida recibir altos y bajos. Bueno, yo recibía más bajos que los demás, pero afortunadamente podría salir adelante.
Medio año se fue muy rápido, y durante ese tiempo experimenté una depresión que duró la ridícula cantidad de ocho semanas, en las cuales me dediqué a comer helado y a ver televisión. El resultado, una talla extra y unos bonitos cachetes. Por fortuna antes de todo esto yo era más bien esquelética, así que unos kilos de más no me vinieron nada mal. Además mis pechos eran un pelín más grandes ahora, y mi autoestima estaba un punto más arriba de lo normal.
Por otro lado, Laura seguía siendo la misma chica elegante y guapa. Había probado salir con una niña de medio curso, y las cosas terminaron mal para las dos cuando una profesora las atrapó besándose en el baño. Gracias al Cielo no ocurrió  nada más que eso, sin embargo fue suficiente para que las cosas se terminaran.
A veces veía a Laura centrando su atención en mí, y yo la saludaba con la mano. Ella me levantaba el dedo medio y se iba muy campante a otro sitio. El que ella no superara su ruptura conmigo me hacía sentir entre afortunada y triste a la vez. La primera porque significaba que yo era muy importante para ella. La segunda era precisamente por eso, pues yo le había fallado.
Cuando terminamos la secundaria, Laura ya era un poco más madura y seria. Ahora estaba muy centrada en sus estudios para ingresar a una buena preparatoria ¿cuál? Pues ni yo lo sé. El punto es que se había apuntado a unos cursos especiales para poder pasar el examen de ingreso. Un día de esos en los que nos cruzamos, ella me pidió un consejo.
—¿Crees que debería de pintarme el cabello? Me gusta que sea rubio, pero he pensando en que me quedarían bien unas mechas de colores.
—Parecerás un payaso.
—Gracias por tu apoyo, bitch.
—¿Qué dije?
Y se fue campante a tomar el autobús.
Aquella fue la última vez que la vi, y honestamente comencé a echarla un poco de menos. Atrás dejábamos la secundaria. Yo iba a irme a una prepa local, mientras que mi hermano iba a continuar su último año en otra ciudad. A él también lo iba a extrañar. Incluso mi madre, que estaba muy encariñada con él.
Así pues, otro lapso de seis meses se fue y yo ya había crecido en todos los aspectos. Cuando reventé mi primer sujetador gracias al tamaño de mis pechos, me sentí tan feliz que comencé a dormir sin él. Era pervertido, pero me gustaba sentir la calidez de mi colcha frotándose contra mis puntitas rosadas. La ropa de niña adolescente estaba en el ático. Ahora yo vestía más a la moda y de acuerdo a mi edad. Una que otra minifalda hacía un buen juego con una blusa estampada. Me depilaba las piernas, que gracias a un par de meses en el gimnasio, habían adquirido un bonito perfil. Además, por consejo de mi madre, había ido frecuentemente a la playa para broncearme un poco y alejar toda esa palidez que a mí no me gustaba en lo absoluto. Antes era flaquita, sin nada que presumir y muy blanca. Era como tener el disfraz de un zombie. Ahora, era toda una morena de casi 1.67 m. de altura, con un buen par de melones adelante y una linda retaguardia. Tenía amigos, aunque el buen Isaac seguía sin hacerme caso a pesar de que íbamos a la misma escuela.
Tampoco le daba mucha importancia al asunto. Pretendientes no me faltaban, pero continuaba siendo virgen, lo cual a veces me alegraba, pero otras me hacía pensar en cuál era mi lugar en la cadena social. Todas mis amigas tenían novio, y yo seguía siendo la única chica lo suficientemente tímida como para lanzarme a una conquista.  
De todos modos me iba bien con la vida. Laura estaba en el pasado y sólo me quedaba mirar hacia adelante.
Cierto día de vacaciones de semestre me encontraba limpiando mi habitación y ordenando los cajones de mi ropa interior. En algún punto había remplazado las braguitas de niña y había comprado algo más de encaje. Sí, vale, era un poco retraída en ocasiones, pero eso no significaba que no quisiera verme bien en ropa íntima, aunque no hubiera nadie más, además de mi madre (que a penas aprobó mi primer cachetero) que me viera.
—Tania —dijo mi padre entrando sin tocar a mi cuarto. Él era el más incómodo al verme crecidita y todavía no lo superaba. Para él seguía siendo su princesa. De vez en cuando me traía esos dulcecitos de fresa que tanto me gustaban e insistía en leerme un cuento antes de dormir.
—¿Qué, papá?
—Tú hermano va a venir a cenar.
—¿De verdad? —Me alegraba mucho que él viniera. Después de todo eran vacaciones intersemestrales y yo me moría de ganas de verlo. Tal vez incluso podríamos ir a pescar.
—Sí. Vendrá con un amigo, o algo así. Ayúdale a tu madre a preparar la cena. Quiere dar una buena impresión.
—Sí. Enseguida.
Cocinar no era mi fuerte, pero dada la ocasión, mi hermano se lo merecía. Mamá siempre nos enseñó que era muy importante que las personas pensaran bien de otras, así que era necesario dar buenas impresiones aún cuando las cosas fueran mal. Por eso estaba muy metida en su papel de ama de casa., puesto que no sólo era su hogar, mas bien algo así como su santuario. Ella manda. Ella dice sí o no. nosotros sólo somos esclavos. Incluso mi padre ayudó yendo a comprar ingredientes, aunque él era tan malo como yo en la cocina. Sus ganas de ayudar era visibles, y me dio pena cuando mamá lo mandó a ver el partido de fútbol en el sillón.
—Te pondrás algo decente, Tania. No quiero verte enseñando las piernas frente al amigo de Marcos.
—¿Enseñando pierna? Ay, mamá. Mira el termómetro. Estamos casi a treinta y seis grados.
Además, quise decirle, trabajé muy duro para tener un buen cuerpo y no me parecía justo avergonzarme de él. Nunca, ni de niña, había sido  guapa. Tenía que vivir a la sombra de las muchachas más hermosas de mi colegio, y ahora que al fin tenía algo de lo que sentirme contenta, a mis padres no les parecía. Tampoco se trataba de que fuera por allá enseñando todo. Para salir a la calle, me vestía mejor; pero en mi casa me sentía más libre. ¿Cuál era el problema? Mis padres eran de la edad de piedra.
—De todos modos, Tania, ponte guapa.
—Sí, sí.
Barrí la sala. Ordené incluso los adornos de porcelana que estaban en un mueble y regué las flores del jardín para que se vieran más vivas que de costumbre.
Al final de la tarde, más bien entrada la noche, todo estaba listo. Mi madre y mi padre iban bien arreglados. La primera con un bonito vestido floreado y veraniego, y el otro con camisa de vestir y pantalones vaqueros. Yo, haciéndole caso a la petición de ellos, me puse un vestido con encaje en las mangas y falda suelta. Me quedaba justo por encima de la rodilla. No era escotado, pero orgullosa delineaba la curva de mi busto. ¡Dios! Cómo me quería yo misma. Estaba feliz conmigo, con mi familia. Tenía una bonita vida sin vicios y una estabilidad emocional muy fuerte.
—¡Tania! ¡Tú hermano ya va a llegar! ¡Ven!
Bajé enseguida. Mis padres estaban a la espera, agazapados detrás de la ventana mirando con interés al otro lado de la calle. Yo me senté en el sofá a ver la televisión, mientras pensaba en cómo sería el amigo de Marco. Quizá tendría el pelo rizado, y una bonita sonrisa.
—Aquí vienen. Ya llegó el taxi —avisó mi madre —¿quién es la otra persona?
—Ciertamente no parece ser su amigo. ¿Van tomados de la mano?
—¿Nuestro hijo es gay?
—¿Qué pasa? —les pregunté.
—No, espera —papá se alegró —. Es una chica. Viene con una novia. ¡Ah! Ese es mi muchacho.
—¿Novia? ¿Marco se consiguió una novia? ¡Genial! —aunque sentí celos de hermana.
El timbre sonó. Mi madre se arregló el cabello. Mi papá, el cuello de la camisa, y yo puse la mejor de mis sonrisas para recibir a la novia de mi hermano.
En retrospectiva puedo decir que ese fue el inicio de un gran dolor de cabeza, de una dura temporada para mi psique, y por supuesto, de una nueva y poco querida fase de mi vida. Mi pasado estaba justo ahí, bajo el umbral de la puerta, sonriente como sólo yo lo conocía y tomado de la mano de mi  hermano.
—Laura… —musité.
Ella me miró con una ceja arqueada, como si de repente se hubiera llevado la lotería. La expresión feliz se me borró.
Mis padres, como no conocían a Laura, la saludaron de inmediato. Yo estaba en shock, y ni siquiera reaccioné cuando Marco me abrazó.
—¡Hola, hermanita! ¡Vaya, sí que te ha crecido la delantera!
No me causó gracia. Sólo veía a Laura, que le daba un beso a mi madre y a mi padre después de que Marco los presentara.
—Y ésta es mi hermana, Tania.
—Mucho gusto, Tania.
Se acercó como si no me conociera y me dio un beso en la mejilla. Luego susurró a mis orejas:
—Tú hermano besa tan delicioso. Me recuerda a ti.
—Maldita… —dije con la cara roja de la furia. ¿Qué demonios estaba tramando ella?


Última edición por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 8:07 pm, editado 31 veces
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Mensaje por FallenLirioo el Lun Ene 16, 2017 12:16 am
@Delfi22 escribió:Caramba! mira que Ximena da a entender que le puede gustar Cami o realmente siente algo por Laura, pero no lo quiere admitir.Bien esperemos haber que pasa con este quinteto de chicas y sus problemas..Nos vemos en el siguiente...Que la fuerza te acompañe...

jaja qe la fuerza te acompañe a ti tambien! de repente parece que Ximena ha tomado mas importancia en la historia, de la que se supone que tendría, aunque todo lo hace por el bien de sus amigas!
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Mensaje por FallenLirioo el Lun Ene 16, 2017 12:21 am
Capítulo 34

—-Tania—


—¿Te puedo preguntar algo sin que iniciemos una pelea? —me preguntó Camila mientras se pintaba las uñas de las manos con un llamativo tono azul.
—¿Qué es?
—¿No crees que le estás dando demasiada importancia a Laura y su nueva relación? Si ya es novia de esa chica, pues déjala. No tienes por qué interferir.
Bien pude haberle dado la razón, pero yo jamás lo admitiría, y es que los últimos días la idea de que Laura tuviera una pareja me estaba cociendo por dentro, y me costaba soportarlo. Ni siquiera yo podía encontrarle una explicación a esto, porque al final de cuentas mis sentimientos por ella estaban muertos y esto era la pura verdad. Debía de ser algo más, como un mal presentimiento. Esa relación terminaría mal y cuando pasara, Laura acabaría peor que al inicio y ¿quién la iba a tener que soportar? Nosotras, sus más grandes amigas.
Ojalá Camila entendiera eso y supiera cómo apoyarme. No obstante para ella, mi preocupación sólo se remitía a sentimientos románticos con mi ex. Nuestra relación estaba poco a poco metiéndose en un bache y ninguna de las dos quería evitarlo, porque hacerlo, enfrentar el problema, terminaría en una pelea sin sentido y sólo nos distanciaría.
—Alice no me gusta, eso es todo. Preferiría que se enamorara de otra persona.
—Sí, claro. Seguramente de ti.
—Bueno, Camila, ya basta. Las últimas semanas he soportado tus celos y no estoy para más.
—¿Y qué hay de mí? —replicó con visible enojo —. Cuando salimos te la pasas mandándole mensajes a Laura, expresando tu malhumor con respecto a su relación ¿qué otra cosa quieres que piense? Me gustaría que le pusieras más atención a nosotras que a ellas.
—Es que no veo dónde está el problema. Te quiero ¿eso no es suficiente? Laura es mi amiga y…
Camila se levantó y guardó sus esmaltes.
—Si me quieres, ojalá lo demostraras, así como yo lo demostré contigo.
Eso me hirió; de alguna manera me hirió y feo porque sentí como si me hubieran clavado una patada en el abdomen. ¡Genial! Ahora me encontraba peor que antes y no podía evitarlo porque, durante un segundo, Laura y Alice fueron más importantes que Camila y Tania. ¿Qué demonios me estaba ocurriendo? Mi corazón ya no latía por mi ex novia y tampoco tenía deseos amorosos hacia ella. ¡¿Qué sucede?! Quería arrancarme las greñas y gritar a los cuatro vientos para que me olvidara de ella.
Okey, es posible que estuviese exagerando un poco. Respiré despacio para serenarme. Apagué mi teléfono con la esperanza de no sentirme tentada a revisar el chat, y fui por Camila, que se había metido a su cocina y devoraba una bolsa de Cheetos.
—¿Qué? —dijo en cuanto me vio entrar —¿También viniste a quitarme mi merienda?
—No debes comer eso, y tampoco sentirte mal. Anda —le tendí mi teléfono —, consérvalo un rato para estar segura.
—No lo quiero. Eres tú la que debe resistir la tentación de llamarle.
—Bueno, está bien —alguien tenía que ceder, y si Camila creía que era yo la del problema… pues bien, ni qué decir. Iba a darle su gusto —. No tendré contacto con ella. Sólo dime una cosa ¿no te enoja que venga a la ciudad y no quiera reunirse con nosotras? Es como si ya nos hubiera olvidado y no me parece correcto. Es como que estuviera violando el código de amistad.
—No está violando nada. Tiene su propia vida y ella decide quién entra y quién se va de ella. No hagas dramas ¿sí?
—Es que… lo siento en el pecho. Algo malo va a traer esa relación. La pobre de Laura acabará destrozada.
—Pues si es así no puedes hacer nada para evitarlo. No eres quién para decidir qué es lo que deben o no hacer las personas. Por mucho que lo sientas ¿qué harás? ¿cómo las separarás? Ya viste los estados de Facebook de esa tal Alice. Parece que está súper enamorada de Laura. Mejor déjalas vivir y concéntrate en lo nuestro.
Arrugué la frente. Una parte de mí quería seguir debatiendo con Camila, pero era razonable que sus puntos de vista tuviesen muchos buenos argumentos. Quizá… yo sólo estaba imaginando cosas. Laura y Alice se veían felices y habían comenzando una relación con el pie derecho. En un mes ya se tenían tanto cariño y eso que salían cada fin de semana. ¿Es posible enamorarse de alguien en tan poco tiempo? Yo opinaba que las cosas entre ellas iban muy bien… demasiado bien, como en un cuento de hadas, y eso era lo que no cuadraba con la realidad. Ninguna pareja es tan perfecta.
Al fin de cuentas decidí no comunicarme con Laura ese fin de semana, pero mis roces con Camila ya estaban hechos y por lo tanto, sin importar cuánto me disculpara (cosa que no hice) seguía siendo víctima de su malhumor. Sólo los días curarían esos pequeños problemas.
—Anda, salgamos un momento —le pedí, rodeándola por la espalda —. Tengo que devolverte todo el tiempo que he perdido pensando en cosas desagradables.
—Parece que al fin entiendes de qué va todo esto. Olvida a Laura y los sentimientos que tienes por ella.
—Que ya te dije que no tengo nada de eso. Es sólo una amistad y al parecer también eso acabará. No es sano que ella esté tan metida en una relación con una persona tan extraña. Al menos nosotras nos conocemos desde la secundaria.
Camila suspiró con lo que yo detecté era cierto enfado. Y que ella se molestara me molestaba a mi. No obstante, por el bien de nuestra relación, las cosas no podían continuar así y si alguien tenía que cambiar, pues sería yo, aunque el mal presentimiento no se me iba de la cabeza.

El viernes Laura nos invitó a un baño de piscina en la casa de su novia, si es que ya lo era. Ella no había mencionado nada al respecto, aunque entre ellas flotaba el aire del amor. Camila no quería ir, y yo tampoco. Si asistimos fue por cosa de Ximena, que se la pasó intentando convencernos de que estábamos pasando poco tiempo juntas y que necesitábamos reavivar la amistad. Además, tan directa como siempre, dijo que ya era hora de aceptar a Alice como miembro de nuestro grupo, aunque eso significara que fuéramos número impar y eso nos trajera mala suerte.
Así pues, el sábado nos reunimos en casa de Alice. Su mamá no iba a estar por todo el fin de semana, así que tenía la casa para ella sola, y adivinen quién iba a hospedarse dos días con ella. Nosotras, desde luego que no. Por otro lado, ese día hacía tanto calor que hubiese jurado que el clima se puso a favor de la nueva integrante de nuestro grupo, y nos recibió en su hogar con los brazos abiertos. Se portó tan amable que yo lo encontraba incómodo, como una ancianita que se esfuerza por caerle bien a los demás y busca nuestra aprobación.
Su piscina era grande, lo suficiente como para albergar a varias personas si se decidía a hacer una fiesta universitaria; pero no, sólo nosotras cinco íbamos a estar ahí, disfrutando del sol y del agua. Todo sería felicidad, buenos deseos, sentimientos mutuos y demás.
¡Qué tontería!
La realidad parecía ser otra. Pese a que hacía un buen sol brillando sobre nuestras cabezas, ni su luz lograba calentar los ánimos entre nosotras. Estábamos las cinco en el agua, pero no sosteníamos ninguna conversación amistosa. Más bien intercambiábamos unas cuantas palabras de vez en cuando. Alice y Laura estaban en un extremo. Camila y yo en el otro. Únicamente Ximena, con su precioso bikini negro, se la pasaba nadando de un lado para otro, intentando que nos comunicáramos. Sus intenciones eran tan obvias que daba pena.
—¿Por qué se comportan así? —dijo con su cabello mojado pegándose a sus mejillas —. Convencí a Alice de que las invitara porque quiero que todas nos llevemos bien y ustedes están de snobs. No las entiendo.
—Si ella es la anfitriona, debería de charlar con nosotras ¿no? —Camila no daba su brazo a torcer, sobre todo porque Laura no le caía nada bien y el hecho de que nos encontráramos en el mismo sitio la ponía gruñona.
—¿Y qué hay de ti, Tania? ¿No querías ver a Laura feliz?
—Hay personas que nos caen mal sin saber por qué. No tengo nada en contra de Alice. Sólo… no me agrada. Eso es todo.
—Son malvadas —en ese momento oímos las risas de Laura, y al mirarla, vimos cómo Alice la tenía contra el borde de la piscina y le daba cariñosos besos en el cuello hasta sacarle unas cuantas carcajadas —¿Ven? Al menos ellas se divierten.
—Creo que deberíamos irnos —le sugerí a Camila.
—No. Tampoco hay que ser tan descorteces. No va conmigo —suspiró con resignación y luego, dirigiéndole una candorosa mirada a Ximena (que era su mejor amiga) hizo un intento de sonrisa —Bueno, por ti, Ximena.
—¿Qué cosa?
Sin que nadie la pudiera detener, nadó sigilosamente hasta la otra pareja y sin que lo esperáramos, tiró del nudo del sujetador del bikini de Alice e inmediatamente salió de la piscina. Nosotras nos quedamos con el ojo cuadrado mientras mi novia se reía ruidosamente.
—¡Eso les pasa por estar muy melosas!
—¡Devuélveme eso! —gritó Alice, cubriéndose los pechos con las manos —¡Te vas a arrepentir!
—¿Lo quieres? Ven por él. Tampoco es como si ninguna de las dos hubiera visto pechos antes.
—¡Ah! ¿Quieres pelear? —Alice sonrió con un porte beligerante, y nadó rápidamente hacia Camila. Mi novia la esperó y cuando la tuvo muy cerca, lanzó el sujetador hacia nosotras. Por alguna razón yo lo atrapé, y tenerlo entre mis manos me dio repelús.
—¡Ximena! —chilló Alice, y en un instante mi amiga me quitó la prenda, se sumergió y nadó bajo el agua. Alice hizo lo mismo y las dos se encontraron en un extremo de la piscina. Ximena sostenía dos sujetadores. Uno era… ¡el mío! ¿En qué momento…? Grité al verme descubierta de la cintura para arriba, y me cubrí los senos. La cara me ardía de la vergüenza.
—¡Oigan! ¿qué rayos les pasa? —exclamó Laura, a la que el jueguito no le estaba haciendo mucha gracia —¡Compórtense, parecen un grupo de…
—¡Cuidado, Laura! —grité, un poco tarde la verdad, porque Alice, de un tirón, le quitó el bra del bikini a su novia y lo aventó a la mitad de la piscina. La pobre de mi ex chilló asustada.
—¡Están locas!
Incluso Ximena se divirtió y al final no tuvo ningún reparo en mostrarnos su frondosa delantera. Para mí que la chica era bisexual. Claro que todas se impresionaron cuando vieron el busto de Camila, tan redondeado que fue muy difícil para mí suprimir mis deseos de llevármela a la cama.
Al inicio no entendía porque Camila decidió hacer ese lujurioso juego, pero al final le hallé el objetivo: que nos uniera más. Cansadas de movernos como sirenas en el agua, mostrando el atributo (por suerte la cerca del terreno de Alice era alta), nos quedamos en el mismo extremo de la piscina, platicando tranquilamente sin pena de mostrarnos semidesnudas. Ximena estaba en el borde y llevaba una muy picante conversación sobre el sexo. Las demás estábamos sumergidas, cubriéndonos discretamente.
—Entonces estoy rodeada de vírgenes —dijo la muy maldita —. Camila se estuvo reservando para Tania. Laura es muy cobarde para estar con un hombre, lo mismo que Tania y Alice… a ella siempre le han atraído las chicas. ¡Ja! Creo que yo soy la más experimentada de nosotras.
—Eso demuestra porqué las salchichas con tu comida favorita —mencionó Laura y todas estallamos en risas. Ximena se sonrojó.
—Bueno… ese es un placer que ustedes nunca comprenderán.
—Ya, Ximena, dinos la verdad —le pedí —¿estás segura de que no eres bisexual?
—Sí, sí —apuró Alice —. Nosotras creemos que juegas para ambos bandos.
—No me acostaría con ninguna de ustedes aunque me pagaran un millón de dolares. Y dejen de comerme las tetas con la mirada.
—Pues tú no haces nada por guardarlas —le dijo Camila.
—Bueno, que las nenas tienen que broncearse. ¿Ustedes no les ponen nombres a sus pechos?
—¡Claro que no! —le contesté con cara de “what”
—Ah… ¡ejem! Yo tampoco.
—Yo te pago dos millones si te acuestas conmigo —rió Laura.
—Ay, Laurita. Contigo podría hacer una excepción, mi amor.
Ximena estaba imparable. Siempre era el alma de nuestras reuniones. Se bajó del borde y rodeó a Laura con sus brazos. Alice se alejó, riendo mientras la pobrecita de mi ex quedaba colorada al sentir los pechos de Xime pegados a los suyos.
—Hasta dejaría que me abras de piernas.
—¡Ja! Eso quisiera verlo.
—¿Cómo que quieres verlo? ¿Tan pronto ya me vas a ser infiel? —bromeó Alice y le mordió la oreja y se la llevó con ella.
—¡Ay! ¡No! ¡Suéltame!
—Nada de eso. Te tengo sólo para mí.
—Bueno, bueno —atajé —creo que Ximena no nos ha respondido.
—¿Qué quieren que les diga? No lo soy. Lo que hago con ustedes es pura broma.
Camila bufó sarcásticamente.
—“Entre broma y broma la verdad se asoma”
—Creo que no lo sabrás hasta que lo intentes —sugirió Alice —Yo propongo que nos besemos y veamos la reacción de Ximena.
—Estoy de acuerdo —dijo Camila y se giró para plantarme un cálido beso en la boca. La pobre de Ximena se quedó ahí, sentadita e incómoda, tratando de hacerse a la tonta mirando para otro lado.
—Ya, ya. Lo admito… pero dejen de hacerlo. Soy bisexual.
—¡Lo sabíamos! —exclamó Laura —¡Por eso eres tan buena amiga!
—Creo que alguien se mojó, y no precisamente por el agua —se burló Camila.
Ahora Ximena, atrapada y avergonzada, se dejó caer al agua para ocultar su vergüenza. Laura se sumergió y salió con ella, muy cariñosa por cierto porque la estaba tomando de los hombros y la tenía muy pegada a su cuerpo. Le dio un besito en la frente y la abrazó para consolarla.
—Ya, ya. El primer paso es admitirlo.
—Bah… estoy contagiada. Me pondré a llorar.
Todas nos reímos. Esa sería la tarde más divertida en mucho tiempo.
Ojalá… nunca se hubiera terminado.

*****

Jaja, a quién no le hubiera gustado estar en esa fiesta!! al fin Ximena admitió algo
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Mensaje por Delfi22 el Vie Ene 20, 2017 6:32 am
Jajajaja...pobre Ximena! Ahora me pregunto.Quién le mueve el tapete
Camila o Laura?
Me mato ese jueguito en la piscina, el tener a las nenas al aire libre.. Bien a la espera del siguiente.Y que la inspiración te acompañe.
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Mensaje por Lirio1704 el Vie Ene 20, 2017 8:26 pm
Holaa!!

Otra fiel fan de tu historia reportandose Very Happy
Me gusto la forma en la que se rompio la tension entre todas aunque pobre Xime fue la que se llevo las de perder (o no depende de Laura). Por otro lado no se que tanta verdad tengan las palabra de Tania sobre si en vedad ya no siente nada por Tania, a lo que me refiero es que hay veces que queremos tanto creer en las mentiras que nos decimos a nosotros mismos que terminamos por creerlas; pero puede ser que sea cierto (poco probable =P).

Saludos y gracias por tu atención a nuestros comentarios.

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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 21, 2017 4:36 pm
@Delfi22 escribió:Jajajaja...pobre Ximena! Ahora me pregunto.Quién le mueve el tapete
Camila o Laura?
Me mato ese jueguito en la piscina, el tener a las nenas al aire libre.. Bien a la espera del siguiente.Y que la inspiración te acompañe.

jajaj ñam ñam todas quisieramos jugar asi con nuestras amigas yuriosas.. si tuviéramos cof cof uwu.
bueno, gracias por leer! espero te haya gustado el capítulo y también el sigiente
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 21, 2017 4:38 pm
@Lirio1704 escribió:Holaa!!

Otra fiel fan de tu historia reportandose Very Happy
Me gusto la forma en la que se rompio la tension entre todas aunque pobre Xime fue la que se llevo las de perder (o no depende de Laura). Por otro lado no se que tanta verdad tengan las palabra de Tania sobre si en vedad ya no siente nada por Tania, a lo que me refiero es que hay veces que queremos tanto creer en las mentiras que nos decimos a nosotros mismos que terminamos por creerlas; pero puede ser que sea cierto (poco probable =P).

Saludos y gracias por tu atención a nuestros comentarios.


hola hola! muchas gracias! jaja para todas fue una sorpresa lo de ximena, es tan asdasd esa chica! y tienes mucha razón en lo de las mentiras. intentamos creerlas, basar nuestras vidas en ella porque cremos que son lo correcto, pero al final toooodo resulta en un engaño fatal para nosotras mismas! es terrible porque sabes que está mal, pero sigues diciéndotelo... ay, bueno... en fin, gracias por leerme!!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 21, 2017 4:39 pm
Hola! continuamos con la historia!

—-Laura—


Alice me abrazó por la cintura y plantó un bonito beso en mis labios, de esos donde la punta de su lengua se rozó con la mía y me produjo toda una oleada de deliciosos escalofríos.
—Creo que la fiestecita salió muy bien. No dejabas de bromear con todas. Me hacia falta ver esa parte de ti.
—En la secundaria éramos unas locas, aunque debo admitir que jamás habíamos llegado a algo como hoy, todas mostrando los pechos como si fuera lo más natural del mundo.
—Todo gracias a tu amiga Camila.
—A la cual no dejabas de verle las ubres.
Hice una falsa cara de molestia. La verdad es que disfruté de la vista que ofrecía Camila y creo que hasta Tania se dio cuenta de lo bien que se veía su novia. El haber jugado con ellas, platicado de cosas íntimas y reír juntas me transportó a esos días cuando las cosas eran más simples, cuando era yo la chica alegre. Tanto deseaba el pasado que a veces sentía ganas de llorar por la mera nostalgia.
Pues bueno, eso se estaba acabando. Tenía que dejar la melancolía atrás y darle una buena patada en los bajos para que se olvidara de mí y me dejara ser feliz. Con Alice yo tenía una segunda oportunidad para renacer, encontrar mi camino y alejarme de esos problemas familiares que tanto daño me estaban causando. Sacar todo lo malo de mi sistema. Necesitaba una fuerte diarrea emocional, como Ximena decía.
—Y me sacó de onda que Ximena resultara ser bisexual.
—Eso hasta a mí me sorprendió —tuve que admitir que ninguna se lo esperaba. Después de que nuestra amiga lo confesara, nos contó que había estado enamorada en secreto de una chica llamada Scarleth, la cual, por desgracia, tenía novia y por si fuera poco tuvo que dejar la ciudad para irse a estudiar a otro lado. Nos mostró unas cuantas fotos que guardaba de ella en su teléfono, y debo decir que esa tal Scar era bastante atractiva, como una Camila en versión pelirroja. Desde eso la pobrecita de Ximena trataba de mantener sus otros gustos recluidos en una parte muy oscura de su mente. Ojalá tuviera una segunda oportunidad. Todas queríamos lo mejor para ella, por ser la que nos había unido en la secundaria, y no sólo entonces, sino también ahora.
Durante el almuerzo Alice y Tania habían conversado animadamente, y a mi parecer las dos estaban empezando a caerse de maravilla. Eso me alegraba porque si tanto ella era capaz de aceptar a Alice como nuestra nueva amiga, más fácil sería para mí aceptar a Camila. En fin que las cosas no irían tan mal si lográbamos establecer un fuerte vinculo de amistad entre las cinco, o como Ximena lo llamaba: tener una orgía amistosa. Era una locura.
—¿Sabes que es lo mejor de que tus amigas se hayan ido? Que ahora tenemos la casa sólo para nosotras. Ven, tengo algo que hacer contigo.
Me tomó de la mano y me subió hasta su habitación. Nada más llegar allí, me tiró a la cama de un empujón y no perdió un sólo segundo en quitarse la blusa y tirarse encima de mí. Atacó mi cuello con veloces mordidas, sonoros besos y húmedas lamidas. Yo me estaba muriendo de la risa porque me producía tantas cosquillas en la garganta que casi me asfixié. Cuando logré detenerla de las mejillas, la besé muy suavemente. Ella se separó un poco, permitiendo que me deshiciera de mi camiseta. Con el torso desnudo, rodé para quedar arriba y me apresuré a comer sus labios a besos.
Sentía mucha adrenalina por todo mi cuerpo. Nadie nos iba a interrumpir porque su mamá volvería hasta el lunes. Además, Alice y yo ya habíamos conversado y llegamos a la decisión de que aprovecharíamos éste fin de semana para dar rienda suelta a todos nuestros deseos reprimidos. Toda esa tensión sexual que brotó desde que me conoció. Me sentía lista, animada y sobre todo, hirviendo por dentro.
—Entonces ¿lista para pasar el mejor rato de tu vida? —le dije, quitándole el resto de la ropa.
—No suelo ser muy cursi en la cama, así que prepárate.
—Ay, ajá.
Nunca había experimentado tanto placer, y me encantó que casi creí que me podría volver adicta. Ahora esperaría cada fin de semana sólo para tener la posibilidad de acostarme con Alice, de hacernos el amor tan rico y lento como si todo el tiempo lo tuviéramos a nuestro favor. ¡Qué feliz me sentía!

Más tarde, al anochecer, mientras estábamos cobijadas mirando la televisión en su sala, recibí la llamada de mi mamá. Me temía que eso sucediera porque ésta vez vine sin su permiso. Resulta que ella estaba cansada de que saliera cada fin de semana. Pensaba que me escondía un novio y ya que ella estaba en su etapa de “todas las relaciones son una mierda”, se había puesto muy brusca en su intento por no dejarme venir.
Obviamente no contesté esa llamada y me limité a mirar la pantalla de la tele, pero el maldito teléfono siguió sonando y sonando, pese a ponerlo en silenciador. Incluso decidí apagarlo, pero antes de eso Alice me detuvo y sugirió que contestara, porque daba igual lo mucho que detestara a mi madre; tenía que decirle que yo estaba bien y que volvería cuanto antes. Resignada, y sobre todo porque no podía negar que mi novia tenía razón, contesté y lo primero que recibí fueron los gritos de mi madre.
—¡¿Es que te has vuelto loca?! ¡¿Con quién estás?!
—Con una amiga… volveré mañana.
—¡Vienes ahora mismo! ¡Tengo algo muy importante que tratar! ¡Es sobre la herencia de la abuela!
—¿Herencia?
—Sí. Al parecer… la casa en la que vivía está en el testamento y a tu nombre.
—¿Tengo… una casa?
—¡Ven, rápido!
—¡Tengo la casa! —exclamé, si es que se puede estar más feliz —¿No me estás mintiendo?
—Hija, por favor… mamá está preocupada y quiero que vengas ahora. Toma un taxi y que te traiga. Yo lo pagaré.
—Sí… esto… —tapé la bocina un segundo —¿Alice? Me llevas a mi casa. Es de urgencia.
—Sí, claro —dijo mi novia y se levantó para cambiarse e ir por las llaves.
— Estaré allí en un par de horas.
—Gracias, cielo. Y perdón por gritar.
—No te preocupes. Está bien.
A penas colgué, salté de alegría. La casa, la adorable casa en la que mi abuela y yo habíamos vivido era mía. Estaba en el testamento, y eso significaba que ya no tendría que preocuparme por el futuro. De inmediato imaginé cómo sería vivir otra vez allí, despertar por las mañanas y cuidar de su jardín, regar los rosales y plantar zanahorias y papas en el pequeño huerto que tenía en la parte trasera. Ese aroma tan peculiar a canela y sentarme en la chimenea a mirar las fotos de mi abuelita mientras las llamas me daban calor.
—¿Tan importante es esa casa?
—No tienes idea de cuanto —de la pura felicidad besé a Alice muchas veces antes de subir a su coche. Le platiqué de lo bonita que eran esas cuadro paredes y techo, porque era mi hogar, en sitio en el que había vivido la mejor época de mi vida al lado de una mujer que me quería más que a su propia hija. Mi abuela era lo mejor del mundo.
—Nunca te había visto tan feliz.
—Le llamaré a Ximena. Tiene que saberlo.
Y aunque Xime no comprendió muy bien porqué me ponía tan contenta tener una casa para mí sola, compartió la alegría conmigo. Y es que ahora no tendría porqué mudarme a ninguna otra parte, y cuando fuera mayor y tuviera empleo, me iría a vivir allí y comenzaría una nueva vida con la segunda oportunidad que el universo me había dado. Creo que todo lo que necesitamos los seres humanos es algo que nos motive a seguir adelante. Si nos lo quitan… simplemente nos queremos morir. Así somos y esa es nuestra naturaleza.
—¡Maldición!
—¿Qué pasa, Alice?
—Nada… me pasé la entrada. Me distrajo tu felicidad.
—Lo siento. El siguiente retorno está hasta…
—Diez kilómetros. Creo que mejor seguimos por aquí. Perderíamos tiempo volviendo.
—Tú eres la experta —me incliné para besarle la mejilla con mucho cariño y continué ilusionándome en las cosas buenas que estaban en mi porvenir. Inclusive me moría de ganas por entrar a la universidad y comenzar una nueva vida, de mejorar, porque de eso se trata la vida. De ser siempre la mejor versión de sí mismo y de…
—¡Sujétate!
Hasta ese momento no comprendí porqué Alice gritó de esa manera, ni porqué todo el coche dio vueltas. En algún punto, en esos poquísimos segundos, mientras toda la mente se me ponía en blanco, mientras sentía mi cuerpo hacerse más pesado y dar tumbos hasta detenerse abruptamente y golpearme muy fuerte la cabeza con el vidrio, sólo me pregunté ¿qué estaba ocurriendo?
Y lo supe poco después, luego de que volviera en mí y que mis ojos respondieran a los estímulos del interior. Un sonido metálico, casi eterno, se escuchaba y me taladraba los oídos. Era la bocina del auto, gritando sin parar porque la cabeza de Alice, estrellada contra el volante, la mantenía sonando. Quise hablar, mas no pude hacerlo porque no lograba articular una sola palabra. Intenté moverme, pero mis piernas estaban atrapadas entre los retorcidos fierros del coche.
Y la bocina sonaba.
En mi mente llamé a Alice. Con un tremendo dolor, extendí mi brazo, y sólo al verlo lleno de heridas, deformado por la fuerza del impacto, supe cuánto me dolía. Todavía así estiré la mano para rozar la mejilla de mi chica, y al hacerlo, la sangre que escurría de su sien mojó mis dedos.
Y la bocina sonaba.
En ese momento oí el ulular de las sirenas. A mi alrededor todo estaba oscuro, pero mi mente cruel se defendía de la muerte llenándome de recuerdos, de esos besos de miel, de esa mirada de amanecer y ese rostro tan hermoso que ahora se encontraba cubierto de heridas. Y a pesar de no poder hacer sonido alguno, lloré.
Y la bocina sonaba.
*****

Alice no murió. Dos días después sus parientes habían venido a visitarla y me habían gritado a mí, reclamando toda la culpa de que ahora ella ya no pudiera caminar. El daño en su columna era grave. Podría recomponerse si hacía terapia. No todo estaba perdido… pero eso a ellos no les interesó. Sólo veían lo que querían ver.
 —¡No quiero que te vuelvas a acercar a Alice! —me gritó una tía —. Maldita perra tortillera ¡ojalá te lleve el diablo!
 —¡Nos iremos a otro lado! ¡Alice no tiene por qué seguir aquí!
 Inclusive la propia Alice, al verme, desvió la mirada.
 —Lo siento… —lloré a solas junto a su cama. Tomé su mano. Ella la retiró y sus ojos mostraron lo que sus labios no podían decir.
 “Te odio”.
 Y me odiaba con razón ¿Cómo no hacerlo? Había sido yo quien le exigió salir. Fui yo la causante de su accidente, de que las cosas salieran de esta manera. Aunque también podría culpar a mi madre, o a lo que produjo que el coche se estrellara.
 Fuera como fuere, ya nadie podría volver el pasado atrás. El destino de Alice y el mío estaba dictaminado por alguna clase de fuerza sobrenatural. Al menos eso le daba un sentido a todo.
 El origen del accidente fue una toro que se cruzó por la carretera, y que se había escapado de una granja que estaba a penas a 500 metros de allí. No era el primer percance de ese tipo que se registraba en ese camino porque aquella era una zona sin mucha vigilancia, donde los animales pasaban de la cerca y se alejaban de esos terrenos.
 Era mi culpa. Si tan sólo me hubiera mantenido callada, si no hubiera distraído a Alice con mis tontas ilusiones de una vida mejor, ella hubiera tomado la salida adecuada y habría conducido por la nueva autopista. Habríamos llegado a mi casa en dos horas, se la habría presentado a mi madre e inclusive hubiéramos pasado ella y yo la noche en mi recámara, dándonos de besos y riendo con los recuerdos de la fiesta en la piscina cuando, por una vez más, fui inmensamente feliz al estar rodeada de las personas que sí me querían y que se preocupaban tanto por mí que estaban dispuestas a dejar lo que estuvieran haciendo con tal de venir y consolarme.
 Pero ahora me sentía sola, y así era mejor ¿verdad? Porque… todos ya eran muy distantes. Mi abuelita en el más allá, mis padres divorciados, mi novia Alice, cuyo amor tierno y todavía en pañales había muerto. Y yo no quería vivir sin ellas. Necesitaba el cariño y el amor de cada una de esas personas, sus abrazos, sus besos, sus palabras de aliento porque imperaba en mí el deseo de superarme, más nunca lo podría hacer ahora porque al final de cuentas me quedé sin nadie. Me tenía a mí, por supuesto, y quizás yo podría ser mi mejor amiga. No obstante ni yo misma me quería ver en el espejo porque de todas esas separaciones, una, al menos una, pude haberla evitado.
Con esa amargura en la mente, con mi corazón dando tumbos en mi pecho y las lágrimas escurriendo de mis ojos ante la dura ausencia y el efímero amor que ahora se me escapaba de las manos, deslicé la cuchilla a lo largo de toda mi muñeca hasta que la sangre emergió cual océano plagado de melancolía, y se derramó por las losetas del baño.
_______

==____== No!! laura!!! qué estás haciendo?? no seas idiota! no vez que todavía hay alguien que te quiere, alguienque te ama... lo de alice si fue terrible, ¿verdad? al final parece que ellas no se amaban, era impsible con el tiempo que llevaban conociéndose. en fin qué opinan? creo que Laura ha tocado fondo ¿verdad?
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Mensaje por Delfi22 el Lun Ene 23, 2017 8:39 pm
WOW! eso si que no me lo esperaba, lo siento por Alice...era demasiado bonito en tan poco tiempo y llevaba la pinta de que algo iba a pasar.Ximena tenía razón un numero impar trae mala suerte.
En cuando a Laura eso de autolastimarse no esta bien, hay que buscar ayuda, aunque como dicen cada cabeza es un mundo y cada quién piensa de forma diferente.Solo ella sabe lo que esta sintiendo más aparte con todo lo que le a pasado.Realmente Laura tiene la culpa de lo que le esta sucediendo?
-Bien veremos como sigue este drama de la pobre Laura.Nos vemos en el siguiente.Que la inspiración te acompañe.
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 7:45 pm
@Delfi22 escribió:WOW!  eso si que no me lo esperaba, lo siento por Alice...era demasiado bonito en tan poco tiempo y llevaba la pinta de que algo iba a pasar.Ximena tenía razón un numero impar trae mala suerte.
En cuando a Laura eso de autolastimarse no esta bien, hay que buscar ayuda, aunque como dicen cada cabeza es un mundo y cada quién piensa de forma diferente.Solo ella sabe lo que esta sintiendo más aparte con todo lo que le a pasado.Realmente Laura tiene la culpa de lo que le esta sucediendo?
-Bien veremos como sigue este drama de la pobre Laura.Nos vemos en el siguiente.Que la inspiración te acompañe.

jajaj si! a menudo en mis historias las cosas se descontrolan y se vuelven un caos! espero que te esté gustando. Tienes razón con Laura, pero mira qe la pobre ha sufrido tanto uwu, pero es una muestra de que ella puede ser fuerte, ya verás. espero que el siguiente capítulo te guste mucho.
saludos!!
gracias por leerme tan atentamente
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 7:48 pm
Hola! aqui les dejo la continuación! gracias por las leídas

Después de eso mi vida no fue tan agradable. Dejando de lado el trauma que les provocó a mis padres mi intento de suicidio, y la inmensa preocupación a la que metí a mis amigas, lo que siguió fue una depresión de dimensiones abismales, de esas en las que sientes que ya no puedes salir por más alto que puedas llegar a brincar.
Me la pasé recostada en la cama de mi dormitorio, en medio de una habitación gris por las cortinas que cubrían las ventanas y por el frío aire invernal que comenzaba a acercarse, como una mancha de nubes grises dibujándose allá en el horizonte.
Pensaba en muchas cosas, y a la vez sólo estaba metida en un pensamiento: la soledad que me embargaba, que me quitaba los ánimos y que me deseaban no sólo estar muerta, sino perderme de los recuerdos de las personas y fingir que yo nunca existí.
—Entonces ¿no harás nada más? —Me preguntó la voz de Ximena, asomándose por la puerta de mi alcoba. Aunque Tania y Camila habían venido a visitarme varias veces y se habían quedado conmigo a platicar, y tampoco es que tuviera mucho que decirles, Xime era la única que venía a verme todos los días, a veces entrada la noche.
—¿Sobre qué?
—Bueno… —entró con timidez y frunciendo la nariz. Mi cuarto apestaba a humedad y era un desastre. Ximena, por el contrario, vestía de una manera sexy, con una pequeña falda de mezclilla y una blusa ceñida a su figura —, pensé que podríamos salir a pasear o ir al cine. Así te sentirás distraída.
Se sentó en el borde de la cama y me revisó la herida de la muñeca. Frunció las cejas. Yo supe lo que estaba pasando por su mente. Sus lágrimas al comprender lo cerca que había estado de quitarme la vida. Ximena había hecho lo que toda mejor amiga en su sano juicio: darme una fuerte bofetada, de esas que te estremecen todo el cráneo y hace que te muerdas la lengua. Se había disculpado enseguida.
—Pues… no tengo muchas ganas de salir —me senté junto a ella —. Mi abuela falleció, mis padres se divorcian, lastimé horrible a Alice y Tania… bueno, ella es otra cosa. Dime ¿no tengo derecho a querer bajarme de la vida?
—Realmente no —dijo sin más y yo sonreí. Me guiñó el ojo y en ese momento recargué mi peso sobre su hombro. Quería volver a llorar. Estaba tan sensible que inclusive la triste melodía de un violín podría ejercer gran presión sobre mi mente —. Laura, Laura, no tienes derecho de morir hasta que folles conmigo.
La carcajada que solté ocultó mi sonrojó. Desde ese día, Ximena había estado comportándose coqueta conmigo. Intentaba animarme usando lo que sabía que me gustaba: las chicas, y más las que llevaban minifalda y mostraban un lindo para de piernas. La miré a los ojos y deslicé una mano por la parte interna de sus muslos. Ella se resistió, cruzó las piernas y los brazos.
—Vale, vale. Lamento haber despertado a la bestia —gruñó, ofuscada —, pero en serio quiero salir contigo, Laura. Tania y Camila están ocupadas con lol equisde chiste aquí chiste allá. Me molestan.
—Tienes que soportarlas.
—Ya decía que era mala idea meternos entre nosotras.
La verdad es que tenía algo importante que decirle a Ximena. Me senté en la cama y abracé mis rodillas.
—Me voy a ir.
—No empieces con…
—Es verdad —le dije —, me voy a ir de la ciudad. Aunque parezca raro en mí, y contradictorio también, quiero empezar de nuevo. Estudiaré ingeniería ambiental y aquí no hay universidad con esa carrera.
Ximena frunció las cejas.
—¿Cuando tomaste esa decisión?
—Pues… hace un rato. Me desperté, vi la foto de mi abuela y recordé lo mucho que ella amaba la naturaleza. Quiero hacer algo por el medio ambiente —. Mi voz era soñadora, de esas chicas que quieren comerse al mundo. Estaba haciendo un esfuerzo titánico para poner en mi mente la idea de que quería ser algo más en la vida.
Mi amiga comenzó a jugar con sus dedos, nerviosa. Se pasó un mechón castaño por detrás de la oreja y me miró.
—¿Te volveré a ver?
—Espero que sí. Son cinco años y después de eso quiero trabajar, juntar dinero y viajar. Aquí… —le eché una mirada a la ventana que daba a la calle —, aquí no hay nada para mí. Creo que debo de ser como una mariposa y volar a donde me lleve el viento.
—Mmm. Yo estudiaré arquitectura. Mi papá ya me metió la idea y no quiero otra cosa sino heredar su compañía.
—Ah, mira. Te forrarás de dinero.
—Sí —rió, avergonzada —, y entonces podríamos irnos de viaje las dos.
Ladeé la cabeza con curiosidad. Algo en la voz de Ximena me provocó un rico escalofrío en mis entrañas.
—He estado contigo por años —empezó a decir, con la vista puesta en el piso —, y te he querido como a mi hermana menor.
—Lo sé, Xime.
—Perdimos el contacto por bastante tiempo, y gracias al Cielo logramos revivir nuestra amistad. Creo que estamos destinadas a ser siempre amigas —sus ojos se encontraron con los míos —, y no sólo hablo de ti y de mí, también de Camila y de Tania. La amistad debe perdurar más allá del amor.
Me encogí de hombros y pensé en Tania.
—Eso díselo a esas dos. Creo que tú y yo salimos sobrando.
—A puesto a que si tú y yo fuéramos pareja, las mataríamos de celos.
Nos reímos por la tonta ocurrencia. Ximena y yo jamás seríamos novias, ni siquiera amantes. La amistad, como bien decía ella, tenía que perdurar incluso por encima del amor. Bajé la mirada y asentí, consciente de que en ese preciso momento estaba tomando una importante decisión al querer darle un nuevo giro a mi vida. Necesitaba comenzar de cero, y comenzar sola.
—Te echaré de menos.
—Tampoco es como si no fuéramos a vernos por el facebook, o por el skype —agregó Ximena, ilusionada y se acarició los senos —, siempre he querido tener cibersexo.
— ¡Ja! Vete al diablo. Sólo vienes a calentarme con tu cuerpecito.
Ximena estalló en risas, risas que después de todo se fueron apagando y me miró con ojitos curiosos.
—Laura. Dame las manos.
—¿Qué cosa? —. Antes de poder hacer algo, Ximena me tomó de las manos y las colocó encima de sus pechos. Yo abrí los ojos de par en par. Ella contenía las risas.
—Anda, apriétalas.
—Pero qué… ¿qué haces?
—No te irás sin haberme tocado aunque sea un poquito. Imagina que mi dos por ciento de bisexualidad te está dando permiso.
Los cachetes se me calentaron. Tenía que darme gusto. Apreté suavemente las tetas de Ximena y ella se rió al fin. Luego de eso nos separamos, y abrazadas, reímos un poco más. Nos dio un ataque de risa tan grande que mi madre tuvo que entrar a ver si estábamos bien o si estábamos fumándonos algo.
—Entonces… —le dije cuando mamá se había ido —, me voy en un par de semanas.
—¡Salgamos! ¡Tengamos una cita! Nuestra última cita.
—¡Vale!

Y lo hice. Esa tarde, por primera vez en varias semanas, me vestí con unos jeans de mezclilla y una camisa cuadriculada. Ximena, que había tomado prestado el coche de su mamá, me llevó a la plaza comercial donde estaba el cine, y nos la pasamos dos horas mirando una película de comedia, de esas tan bizarras y vulgares que no son aptas para toda la familia, y entre las dos estallamos en risas con cada chiste malo que se nos presentaba.
Después de eso fuimos a comer. Jugamos en los videojuegos al hockey sobre aire y al tiro al blanco. Pasé unos momentos de verdad gloriosos con la única persona de mi círculo social que parecía quererme tal cual era, que me apoyaba pese a que todo mi mundo pendía de un hilo, y durante ese tiempo no dejé de ver a Ximena sonreír.
De repente, alejarme de su lado, de esa paz que me transmitía, de esa alegría que emanaba de su blanca sonrisa, se hizo muy difícil.
No quería separarme de Ximena.
Pero tuve que hacerlo., y la siguiente semana, allá en el aeropuerto, con mi maleta lista para tomar un vuelo de cuatro horas, Ximena al fin rompió en llanto, y quiero decirte que fue una de las cosas más dolorosas de mi vida. Los ojos vidriosos, la nariz roja, los cachetes mojados y la vocecita de princesa rota me hicieron cuestionarme si de verdad quería alejarme.
—Vete —dijo, limpiándose la nariz —. Vete, porque tienes que empezar de cero, Laura.
La miré a los ojos como quien observa su vida pasar por un efímero momento, y supe que la quería mucho, más de lo que yo imaginaba. Más allá que el amor de una hermana.
Pero me tenía que ir. No había marcha atrás.
—Volveré.
—Claro —se forzó a sonreír —, ni que vivamos en la edad de piedra.
Y entonces me marché a abordar el avión, y lo último que vi de ella fue esa miradita llena de amor.

4 de abril del año 2022.

Me apresuré a meter las maletas en la casa de mi abuela, pero las muy condenadas pesaban tanto que bien podría donarlas a un gimnasio y pagaría por ver a alguien levantarlas. O tal vez yo era muy vaga como para hacer algo más que dieta. ¿Caminar a las cinco de la mañana? Olvídalo, eso nunca sucedería. Me conformaba con ejercitarme con la bicicleta estática que tenía arrumbada en alguna parte del sótano, eso si es que todavía funcionaba. De hecho, me pregunté cuántas cosas servirían de ésta vieja casa, como las tuberías y los contactos eléctricos.
Miré a mi alrededor y descubrí que, como venido de una dimensión secreta, el polvo se había asentado en todos los muebles. La vitrina de la sala tenía los vidrios opacos, pero los adornos de mi abuelita seguían allí, brillando otra vez ahora que volvía a encontrarme con ellos. La puerta de la entrada rechinaba horrible. Quizá sería el mejor momento para cambiar las bisagras, y dicho sea de paso, darle una completa remodelación.
—¡Me encanta el estilo rústico! —exclamé, feliz de estar en mi hogar.
—Pues yo le haría unos buenos arreglos, fijo que sí. Algo más contemporáneo no te vendría mal. Quizá podamos poner un jacuzzi en el jardín.
—Sobre mi cadáver.
—¡Anda! ¡Muévete que no me dejas pasar!
Me hice a un lado para que Ximena entrara trayendo otro par de pesadas maletas. La pobrecita venía cayéndose con ellas, y encima de eso, en la espalda cargaba su tubo de planos de arquitectura y su regla de un metro de largo. Dejó su pesado equipaje en un rincón cuando vio que le sería imposible subir las escaleras, cuya madera rechinaba como el sonido de un cerdo en el matadero.
—De acuerdo, de acuerdo —dijo, mirando de un lado a otro —, quiero la televisión justo allí. Ya es hora de quitar ese vejestorio. Parece un baúl.
—¿De qué hablas? —me acerqué a la vieja tele de mi abuelita —. ¡Es hermosa! Es toda una reliquia!
—Amor… ya te dije que te actualices. Mira, que la mudanza traerá mi radiante televisor de plasma de 39 pulgadas y no va a dar allí.
—Bueno, podemos colgarlo de la pared.
—Mmm… no lo sé. Mi ojo de arquitecta me dice que tendremos mucho trabajo por hacer si queremos que esta casa salga a la vida. Es la más fea del vecindario y yo no me maté en la carrera para vivir en éste sitio del siglo XX.
—Ximena, Ximena, anda, no seas así —la abracé por la cintura y le di un tierno besito en la boca —. Acordamos que al vivir juntas, íbamos a tomar las decisiones como pareja ¿recuerdas?
—Pero…
—Ah, ah. Eso quiere decir, mi bella arquitecta, que ese ojo tan perspicaz que tienes va a tener que consultarme antes de hacer una modificación. No vamos a agregar un jacuzzi al jardín trasero.
—Ajá, la señorita bióloga está enamorada de las plantas. Pues por mí vuélvete vegetariana, que yo no me pondré a cavar y a tener vida de granjera.
—¡Jajaja! No empieces. La naturaleza es hermosa y de hecho estaba pensando en que podríamos comprar el terreno de aquí al lado y hacer un pequeño vivero ¿no te parece buena idea? Podemos llenarlos de flores y de plantas de todo tipo. Una especie de palacio botánico.
—Uhm… eso suena bien —replicó Xime, que finalmente daba su brazo a torcer, y como muestra de que habíamos llegado a un bonito acuerdo, se puso de puntitas y me plantó un besito en la boca —, sólo si me dejas tú diseñar dicho invernadero.
—¿Diseñar? ¿Qué hay que diseñar? Sólo es plantar cosas y ya.
—¿Ah? Eso lo dices porque no tienes ni idea de arquitectura. Mira, tenemos que poner zonas de riego y no puedes mezclar unas plantas con otras. Hay de sol, de sombra…
—Bla, bla, bla. Dejemos de hablar de eso ¿vale? Estamos aquí para iniciar una nueva vida. Nuestra vida.
Ximena suspiró con resignación, y como siempre, fingiendo que estaba enojada conmigo, se dio la media vuelta y se cruzó de brazos adoptando la mejor actuación de tía snob. A mí me encantaba cuando comenzaba con sus pucheros, sobre todo cuando la cortaba una vez que había empezado a hablar de arquitectura. Me reí y la abracé por la espalda, ahora para darle tiernos besitos en el cuello.
—Quiero vivir contigo —le susurré —, porque cuando todos se fueron tú te quedaste a mi lado como mi mejor amiga, y ahora quiero que seamos algo más ¿vale?
—No sé cómo me convenciste para que haga esto.
—Es simple, me amas.
—Te amo, mensa, pero yo quería vivir en la gran ciudad, rodeada de fabulosos edificios y… terminé aquí.
—Junto a mí.
—Bien, eso es lo único bueno.
Con un par de cosquillas más, Ximena cedió y se giró para devolverme el beso.
—Bueno, iré a ver cómo está el resto de la casa. Tú quédate aquí y prepara algo de beber. Una limonada estaría bien, con mucho hielo, por supuesto.
—Anda, ve, y no te vayas a caer al pozo —le advertí y cuando se iba le solté una coqueta nalgada.
Fui a la cocina para comprobar si las tuberías de agua funcionaban. Desafortunadamente no, pero con la ayuda de Ximena podría darle a la casa esa remodelación que tanto necesitaba, claro que sin acabar con el diseño rústico original, pues éste sitio me traía tantos recuerdos.
Mientras pensaba en eso, vi por la ventana a mi dulce Ximena investigando el jardín, que ahora estaba lleno de plantas silvestres que se habían trepado a los rosales. Ciertamente ella era una chica de ciudad, poco acostumbrada a un estilo de vida sencillo, pero prometió que se adaptaría si con eso lograba permanecer a mi lado. Y yo quería que estuviera, porque cuando la gente a mi alrededor pareció alejarse y darme la espalda, fue ella, mi buena amiga, la que siempre intentó animarme sin importar qué día era, la que se quedó conmigo.
Después de la muerte de Alice, la cual todavía me causaba dolor, y luego de mi intento de suicidio, cuya vergonzosa y fea cicatriz todavía tenía en la muñeca izquierda, Ximena me apoyó en todos los aspectos de mi vida. Camila y Tania, aunque habían intentado permanecer conmigo, con el tiempo terminaron distanciándose porque su relación comenzaba a menguar, y dado que no querían terminar esa bonita conexión entre ellas… bueno, ya te imaginarás qué sucedió.
Los meses que siguieron fueron muy duros, demasiado como para poder recordar cuál fue el peor día. Las penas de todos mis fracasos se hicieron evidentes, como la vez que Tania me abandonó en nuestro viejo árbol, nuestro reencuentro que resultó en un triste final, la muerte de mi abuela, el divorcio de mis padres y el adiós a Alice terminaron por corromperme tanto que de no haber sido por las insistencias de Ximena de que me pusiera a hacer algo que valiera la pena, ya hubiera intentando quitarme la vida otra vez.
Aunque Ximena siempre fue la extraña del grupo, muy cariñosa con todas, especialmente conmigo. Tal vez no era raro que terminara con ella. Mi tristeza en esos fatídicos años me había dejado muy vulnerable, encerrada en una burbuja de acero e incapaz de mirar hacia el frente. Se necesitó de alguien muy inteligente como para hacerme salir de allí, y todo se lo debía a ella.
Durante un tiempo dejé de verla, pues se fue a estudiar arquitectura a España. Yo, que amaba a la naturaleza tanto como mi abuela, decidí estudiar ingeniería ambiental. Nos volvimos a encontrar por mera causalidad en una excursión, y desde ese momento nuestra amistad revivió como quien arroja gasolina a una pequeña flama. Y de alguna manera esa amistad se volvió algo más cuando me dio un beso, y yo se lo devolví. Claro que ésta vez no me enamoré de ella en un mes como había sucedido con Alice, sino que tuvo que pasar casi un año para que aceptara la bonita realidad de que mi pareja iba a ser mi buena amiga de la secundaria, y ahora ¡llevábamos dos años juntas!
Venir a vivir aquí fue decisión mía. Como ingeniera ambiental, estaba consciente de los problemas de contaminación de la ciudad, y tardé meses en convencerla de que era lo mejor para nosotras recluirnos en ésta zona, alejada del bullicio de las calles infestadas de coches.
Amaba a Ximena, tanto que no podía imaginar cómo sería mi futuro sin ella. A veces bromeaba conmigo misma pensando “hey, ten cuidado, todo lo que amas termina dos metros bajo tierra”, y me reía y a la vez me ponía a llorar. En consecuencia cuidaba a Ximena como si fuera mi hermana menor, y creo que esa es la clave de nuestra relación, pues somos amigas, amantes, hermanas y novias a la vez.
—¡Una puta abeja! —gritó, dando de manotazos al aire —¡Aléjate de mí! ¡Jodida naturaleza!
Me carcajeé y salí al patio.
—¡Ximena! No le pegues. Ella te perseguirá.
Corrió hacia mí y se escondió a mis espaldas.
—¡Detesto las abejas! ¡Son inútiles!
—No digas eso —me acerqué a la flor silvestre donde la pobrecita abeja recolectaba polen —¿sabes? Las abejas son muy importantes para el ecosistema…
—Aquí vas otra vez..
—Polinizan a las plantas y los grandes campos de cultivo no serían nada sin la ayuda de estos pequeños seres. No tienes porqué tenerle miedo. Mira, ve que no pasa nada. La sostendré.
La puta abeja tardó tres segundos en mi mano antes de clavarme el aguijón. Tuve que apretar los labios para no gritar, ni llorar. Ximena, por otro lado y como venía haciendo desde que éramos jovencitas, se estaba meando de la risa.
— ¡¿Ves?! Eso te pasa por querer ser la señorita naturaleza.
—De seguro… no le caí bien.
—Anda, ven aquí —dijo y me llevó tomada de la mano hasta la cocina. Abrió la nevera portátil que trajimos y sacó una lata de Coca-Cola, que estaba enterrada en el hielo —, necesitas frío o se te va a hinchar.
—No es culpa de la abeja.
—No, que va. ¿Te duele?
—Sí… ay.
—Ya, ya. Puedes chillar.
Sí, abracé a Ximena y lloré un poquito mientras el dolor de la picadura se iba. Ximena no dejaba de sonreír, muy divertida por todas mis desgracias. Le pellizqué los cachetes. Ella odiaba que lo hiciera.
—¡Auch! ¡Noooo! ¡Déjameeeeee!
—Mensa. No te rías.
—Tienes que admitir que fue chistoso.
—Sí, claro. ¿Qué harías si tu novia fuera alérgica a las abejas?
—No lo es porque yo sé todo de mi novia —se sentó en mis piernas y me dio dos dulces besos en la boca —, sé todo sobre ti ¿o es que ya te olvidaste?
—Lo sé, lo sé.
De eso se trata la vida. No hay segunda oportunidad. De hecho, ni una tercera. Son tantas que es imposible asignarles un número. Eso lo había aprendido bien y yo solita. El tiempo lo cura todo, pues justo ahora, después de siete largos años desde la partida de Alice y de mi abuela, al fin volvía a encontrar a alguien a quien amar, alguien que peleara a mi lado en éste singular camino de la vida, llena de abismos, llanuras y montañas, donde nunca se sabe en dónde vamos a parar. Alguien con quien comer galletitas con leche a las cuatro de la tarde, con quién desvelarme mirando películas de acción, con quien ir al cine, tomar un café, leer un libro, escribir un cuento, llorar, bailar, reír cantar, y lo más importante ¡vivir! Porque el tiempo es lo más preciado que tenemos, nuestro tesoro, lo que nos queda y lo que nos debe impulsar a salir adelante, el escultor de la realidad, aquel que reforma la Tierra.
Así pues, sólo hay una pregunta que quiero hacerte ¿con quién quieres pasar el resto de ese efímero momento que es tú vida?
Piénsalo bien.
***********

saasdad so cute! no lo creen? jaja sé que fue algo que no todas esperábamos, auqnue se veía venir ¿no creen? ahora tengo una pregunta, creen que la historia debería terminar aquí? o quieren ver qué sucede con ximena y Laura, pero ya mayores y viviendo juntas? en mi opinión creo que esta bien hasta acá, porque no sólo deja el final abierto, y nos deja imaginar cómo se dio su relación, sino que... en cierta medida deja una bonita reflexión ¿verdad? jeje
saludos! gracias por leerme tan atentamente
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Mensaje por Delfi22 el Lun Ene 30, 2017 6:18 pm
No puede ser! en serio aquí termina?
Bueno solo puedo decir gracias por tu historia,aunque pensé que estas dos terminarían juntas(Laura y Tania)y que lograrían superar todos sus problemas y obstáculos que se les presentaran..Pero bueno por algo Ximena tenía que estar allí cuando se necesitaba.Y prácticamente fue la salvación de Laura ya que nunca la dejo sola..*Tener una amistad como esa hoy en día, puede ser algo difícil*
Bueno al ver la bonita relación que tienen y ver como terminaron, me gusta este final..Aunque un one-shot ya siendo mayores y tal vez con hijos, además una reunión con Tania y Camila y ver que a pesar del tiempo y los sucesos todavía existe esa gran amistad desde sus tiempos de adolescencia.Bueno si te decides hacerlo estaré al pendiente.Saludos y gracias nuevamente por grandiosa historia..
Que la fuerza y la inspiración te acompañen siempre..
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Mensaje por Lirio1704 el Vie Feb 03, 2017 3:43 pm
Hola,
No esperaba que terminaras la historia tan de repente... avisame caramba!!! jejeje ntc.
Disfrute mucho leyendote y tienes razón, lo de Xime y Laura ya se veia venir, Ximena es una gran persona, mi vida no es tan desastrosa como la de Laura pero me gustaria tener a alguien como Xime (ya se que es imposible pero se vale sonar).
Me hubiese gustado también un final feliz para la bruta de Tania y Camila pero ni modo no se pudo creo.

No puedo decir que quiera una continuación a lo que he leído pero podrias hacer un especial de Navidad (jajaja OK no) pero si me gustaria saber en que momento de esa reunión que tuvieron Laura y Xime fue que se dieron cuenta de que eran la una para la otra.

Y por ultimo quiero agracer por el tiempo que le dedicaste a esta historia y responder a mis comentarios. Donde quiera que estes tienes mi respeto y gratitud.

Saludos y que tengas un dia excelente.
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Feb 04, 2017 12:29 pm
@Delfi22 escribió:No puede ser! en serio aquí termina?  
Bueno solo puedo decir gracias por tu historia,aunque pensé que estas dos terminarían juntas(Laura y Tania)y que lograrían superar todos sus problemas y obstáculos que se les presentaran..Pero bueno por algo Ximena tenía que estar allí cuando se necesitaba.Y prácticamente fue la salvación de Laura ya que nunca la dejo sola..*Tener una amistad como esa hoy en día, puede ser algo difícil*
Bueno al ver la bonita relación que tienen y ver como terminaron, me gusta este final..Aunque un one-shot ya siendo mayores y tal vez con hijos, además una reunión con Tania y Camila y ver que a pesar del tiempo y los sucesos todavía existe esa gran amistad desde sus tiempos de adolescencia.Bueno si te decides hacerlo estaré al pendiente.Saludos y gracias nuevamente por grandiosa historia..
Que la fuerza y la inspiración te acompañen siempre..

hola delfi! muchas gracias por haberme seguido durante la historia jeje, me gustó mucho la pareja de laura y ximena, son tans adasda porque siento que se complementan mutuamente, y tienes razón, ximena es como que la perfecta amistad, de esas que te pueden sacar para ir a pasear cuando peor te sientes y que no temen humillarse en público para sacarte una sonrisa!

jaja la verdad es que si se me antoja mucho hacer algo después con ellas, algunas clase de relación mas profunda, coff ahora son esposas pero todavía falta cosas que contar, como si sus familas lo aceptaron o que problemas se enfrentaron
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Feb 04, 2017 12:30 pm
@Lirio1704 escribió:Hola,
No esperaba que terminaras la historia tan de repente... avisame caramba!!! jejeje ntc.
Disfrute mucho leyendote y tienes razón, lo de Xime y Laura ya se veia venir, Ximena es una gran persona, mi vida no es tan desastrosa como la de Laura pero me gustaria tener a alguien como Xime (ya se que es imposible pero se vale sonar).
Me hubiese gustado también un final feliz para la bruta de Tania y Camila pero ni modo no se pudo creo.

No puedo decir que quiera una continuación a lo que he leído pero podrias hacer un especial de Navidad (jajaja OK no) pero si me gustaria saber en que momento de esa reunión que tuvieron Laura y Xime fue que se dieron cuenta de que eran la una para la otra.

Y por ultimo quiero agracer por el tiempo que le dedicaste a esta historia y responder a mis comentarios. Donde quiera que estes tienes mi respeto y gratitud.

Saludos y que tengas un dia excelente.

jajaj es que mi final fue asi todo que nadie se lo esperaba. todas tenemos un poco de shit en la vida, y la pobre de Laura si tocó fondo, se merecía un momento de decir hasta aquí, pero lo bueno fue que ximena estuvo allí, y ya viste xD, tocar tetas fue un gran consuelo jajaja,
y de nada, a ti por seguirme tan de cerca y que bonito leer tus comentarios de buenos deseos, muchas gracias!! te mando un fuerte saludo
FallenLirioo
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